“Backrooms”: ¿El terror del verano o un éxito con sombras en su dirección?
Polémica en Hollywood: La esperadísima película de terror Backrooms debuta hoy en EE.UU. con récor de taquilla a la vista, pero una sombra planea sobre su joven director.
El estreno de Backrooms —producida por A24, el estudio detrás de éxitos como Hereditary o Everything Everywhere All at Once— promete ser el fenómeno del verano. Con un 87% en Rotten Tomatoes y proyecciones de apertura entre 45 y 50 millones de dólares, superaría el récord de debut del estudio, establecido por Everything Everywhere All at Once (26,8 millones en 2022). Sin embargo, el éxito se ve empañado por un rumor inesperado: ¿realmente dirigió Kane Parsons la película?
Días antes del estreno, circularon en redes teorías que apuntaban a que Osgood Perkins —director de Longlegs (2024) y productor ejecutivo de Backrooms— habría estado al mando en secreto. La polémica creció hasta que Mark Duplass, protagonista junto a Chiwetel Ejiofor, zanjó el debate en X: *”No recuerdo haberte visto en el rodaje. Cuando yo estuve allí, Kane tenía el control al 100%. Más que muchos directores con el triple de su edad”*.
Del creepypasta de 4chan al cine: el origen viral
Todo comenzó el 12 de mayo de 2019, cuando un usuario anónimo subió a /x/, el foro paranormal de 4chan, una foto sin contexto: una oficina abandonada con moqueta amarillenta, luces fluorescentes y un aire opresivo. Al día siguiente, otro usuario añadió una descripción que mencionaba el concepto de noclip —un glitch de videojuegos donde el jugador cae fuera del mapa— y la idea de quedar atrapado en un espacio infinito y distorsionado.
Las backrooms se convirtieron en un fenómeno de internet, explorando lo que se conoce como espacios liminales: lugares cotidianos (pasillos de hotel, centros comerciales vacíos, aparcamientos subterráneos) que, al ser despojados de su función y de personas, generan una sensación de uncanny valley espacial. Estudios como los de la Universidad de Kent (2021) han demostrado que estos entornos activan respuestas de incomodidad en el cerebro, similares a las que producen los robots demasiado humanos.
El salto al cine llegó de la mano de Kane Parsons, quien con solo 16 años publicó en YouTube The Backrooms (Found Footage) (2022): un cortometraje de 9 minutos en primera persona, con estética VHS, que acumuló más de 197 millones de vistas. La serie que siguió, llena de referencias a experimentos dimensionales y conspiraciones de los 80, llamó la atención de A24, que adquirió los derechos en 2023.
¿Juventud vs. experiencia? El debate que divide a Hollywood
La extrema juventud de Parsons (19 años durante el rodaje) ha sido tanto un gancho de marketing como un motivo de escepticismo. Algunos medios han cuestionado si un director sin experiencia tradicional puede manejar un proyecto de tal envergadura, mientras que otros ven en esto un síntoma de un problema mayor: Hollywood ha pasado dos décadas entrenando al público para desconfiar de la autoría individual.
En un sistema dominado por franquicias —donde directores como Colin Trevorrow (despedido de Star Wars: Episodio IX) o Josh Trank (rechazado en Fantastic Four) han sido reemplazados por comités creativos—, la idea de que una película exitosa pueda surgir de una sola mente joven suena a herejía. Parsons, nacido en 2005 (el mismo año que YouTube), lo resumió así: *”YouTube no es solo una referencia cultural para mí; es la forma en que sé hacer todo lo que sé hacer”*.
Su currículum no sigue los cánones tradicionales: no tiene formación en escuelas de cine ni premios en festivales, pero sí algo más valioso en la era digital: una audiencia masiva que ha validado su trabajo en tiempo real. Esto, que debería ser una ventaja, choca con la lógica industrial de Hollywood, donde la credibilidad aún se mide por credenciales antiguas. El éxito o fracaso de Backrooms podría redefinir cómo la industria ve a los creadores nacidos en internet.
¿Qué dice la crítica (y qué no dice)?
Mientras la polémica crece, las primeras reseñas destacan el diseño de producción (inspirado en el retrofuturismo de los 80) y la atmósfera opresiva, pero evitan mencionar el estilo de dirección. IndieWire señala que la película *”juega con la paranoia de los espacios infinitos, pero su mayor logro es convertir el miedo a lo desconocido en una metáfora de la ansiedad generacional”*. Otros, como The Hollywood Reporter, apuntan a que *”el verdadero terror no son los monstruos, sino la idea de que el sistema puede reemplazarte en cualquier momento”*.
La pregunta que queda en el aire es inevitable: ¿Puede una película dirigida por un adolescente —o supervisada por un veterano en la sombra— cambiar el terror moderno? O, más importante aún: ¿Estamos dispuestos a aceptar que el cine ya no necesita los viejos guardias para innovar?
Para profundizar:
- El fenómeno de los espacios liminales y su impacto en la cultura pop
- Cómo YouTube está redefiniendo las carreras en Hollywood: casos como Unspeakable y MrBeast
- La evolución del terror psicológico en el cine: de The Babadook a Backrooms
- Osgood Perkins y su influencia en el terror moderno: de The Blackcoat”s Daughter a Longlegs
Osgood Perkins: el “director fantasma” con un historial de polémicas en el terror
Mientras la sombra de la duda planea sobre la autoría real de Backrooms, el nombre de Osgood Perkins —mencionado como productor ejecutivo— ha saltado al centro del debate. Pero este no es su primer rodeo con controversias en el género. El director, hijo del fallecido actor Anthony Perkins (el icónico Norman Bates de Psicosis), ha acumulado una filmografía que mezcla aclamación crítica con acusaciones de intervención excesiva en proyectos ajenos, especialmente cuando su nombre aparece en los créditos como “consultor creativo” o “productor ejecutivo”.
El precedente más sonado ocurrió en 2017, durante el rodaje de The Blackcoat’s Daughter (su ópera prima como director). Aunque el filme recibió elogios por su atmósfera —comparada con el terror psicológico de Robert Eggers—, surgieron rumores de que Perkins había reescrito escenas clave del guion original de Oz Perkins (su seudónimo en ese entonces) tras discrepancias con el estudio. La película, finalmente estrenada con un 68% en Rotten Tomatoes, dividió a la crítica: mientras algunos alabaron su ambigüedad, otros la tacharon de “inacabada”, señalando que el tercer acto parecía desconectado del tono inicial. Perkins nunca aclaró los cambios, pero fuentes cercanas al proyecto revelaron a Variety en 2018 que “había dos versiones del guion, y la final no era la original”.
El patrón se repitió en 2021 con Gretel & Hansel, donde Perkins figuró como guionista y productor. Aunque la película —un reboot oscuro del cuento clásico— tuvo un debut modesto ($6 millones en taquilla), los actores Sophia Lillis y Samuel Leakey declararon en entrevistas que Perkins supervisaba cada plano, incluso cuando el director oficial era Oz Perkins (nuevamente). La confusión llegó al punto de que el Directors Guild of America (DGA) abrió una investigación interna —nunca hecha pública— sobre la atribución de créditos. Según un informe filtrado a TheWrap, el DGA concluyó que Perkins había “ejercido un control creativo desproporcionado”, pero no tomó medidas por tratarse de un “conflicto de autoría difuso”.
Su último trabajo, Longlegs (2024), estrechamente vinculado a Backrooms por su estética de terror retro y su producción bajo A24, volvió a generar suspicacias. El guionista original, Chris Thomas Devlin, abandonó el proyecto en 2022 tras alegar “diferencias creativas irreconciliables”. Devlin, en una publicación ahora eliminada de Bluesky, insinuó que Perkins había reestructurado la narrativa para alinearla con su “visión personal”, algo que el estudio negó. Longlegs terminó con un 72% en Rotten Tomatoes, pero con críticas que destacaban su falta de coherencia tonal—un eco de los problemas pasados.
¿Un patrón o una casualidad? Lo que está en juego con Backrooms
Si la historia se repite, Backrooms podría convertirse en el caso más mediático de “dirección fantasma” en Hollywood desde el escándalo de Justice League (2017), donde Joss Whedon reemplazó a Zack Snyder sin crédito oficial. Pero hay una diferencia clave: mientras Whedon era un veterano con décadas en la industria, Perkins opera en un limbo generacional, ni completamente outsider ni parte del establishment. Su influencia en Backrooms —ya sea como mentor, supervisor o algo más— no solo cuestiona el debut de Kane Parsons, sino que expone una grieta en el sistema: ¿puede Hollywood aceptar que un director de 19 años sea el autor real de un éxito, o necesita inventar un “adulto en la sala” para validarlo? La respuesta llegará en los próximos días, cuando los créditos finales se analicen fotograma a fotograma y los contratos de producción —si se filtran— revelen quién firmó realmente las decisiones clave. Hasta entonces, el fantasma de Perkins seguirá acechando, no en los pasillos infinitos de la película, sino en los corredores del poder en Los Ángeles.