“Elon y Trump apuestan por Intel, pero ¿logrará Tan salvar el gigante?”
Apoyo de peso: El CEO de Intel, Lip-Bu Tan, suma el respaldo de Trump y Musk, pero el mercado exige resultados concretos tras un año de estancamiento.
Desde que asumió el liderazgo en marzo de 2023, las acciones de Intel no han mostrado la recuperación esperada, mientras la competencia en inteligencia artificial avanzaba sin freno. Sin embargo, Tan ha logrado lo que pocos ejecutivos consiguen: alianzas estratégicas con Apple y Tesla, y el apoyo público de dos de las figuras más influyentes del mundo tecnológico y político: Elon Musk y Donald Trump. Este respaldo, aunque simbólico, ha inyectado un optimismo cauteloso en los inversores, especialmente tras el anuncio de que Apple (AAPL) y Tesla (TSLA) exploran la fabricación de chips con Intel.
El desafío ahora es claro: convertir promesas en productos. Los empleados, tanto actuales como antiguos, cuestionan la falta de un plan técnico detallado para mejorar la fabricación y los diseños de los procesadores. Tan ha admitido que Intel tiene “un largo camino por recorrer“, pero insiste en que la ejecución impecable será la clave para recuperar el liderazgo perdido frente a rivales como TSMC y Samsung. ¿Podrá una empresa con 55 años de historia reinventarse en menos de dos?
La estrategia de Tan incluye una contratación masiva de talento, con meta para finales de junio de 2024, y el uso de su extensa red de contactos para resolver crisis críticas. Uno de sus movimientos más audaces fue asegurar un acuerdo con el gobierno de EE.UU., que ahora es el tercer mayor accionista de Intel tras inyectar fondos para revitalizar la producción nacional de semiconductores. Este respaldo estatal, aunque polémico, podría ser un salvavidas en una industria donde el costo de una fábrica moderna supera los US$20.000 millones.
La alianza con Elon Musk va más allá de lo simbólico: Intel y Tesla planean construir un complejo fabril de vanguardia que podría redefinir la cadena de suministro de chips para vehículos eléctricos y IA. Paralelamente, Intel ya está en las fases iniciales de producción de procesadores para dispositivos de Apple, un movimiento que ha impulsado las acciones en un 7% durante el último trimestre. Sin embargo, los analistas advierten: sin mejoras tangibles en la fabricación, el efecto será temporal.
Los números no mienten: en 2023, Intel perdió US$1.700 millones en su división de fabricación, mientras que TSMC reportó ganancias récord de US$24.000 millones. Naga Chandrasekaran, director de fábricas de Intel, ha sido claro: “Los productos por sí solos no financiarán el capital que necesitamos. Debemos cumplir los plazos tecnológicos o perderemos credibilidad“. La presión es máxima: la empresa debe lanzar su nodo de 20A (2 nanómetros) en 2025, una tecnología que ya compite con los 3nm de TSMC, disponibles desde 2022.
Tan confía en que Intel puede recuperar su trono, pero reconoce que “la credibilidad se construye con resultados, no con anuncios”. Su estilo de gestión, heredado de su paso por el capital de riesgo, prioriza las “conversaciones de alto nivel” y el respaldo a equipos que demuestren potencial. Sin embargo, en la industria de los chips, el diablo está en los detalles: un error de micras en la litografía o un retraso de semanas en la producción puede significar pérdidas de miles de millones. El CEO ha repetido su mantra: “Quiero un equipo unido con sentido de urgencia“. La pregunta es si esa urgencia se traducirá en chips más rápidos, baratos y eficientes antes de que los competidores ahoguen el último aliento de Intel.
El reloj corre en contra de Tan. Mientras TSMC ya fabrica el 90% de los chips avanzados del mundo, Intel lucha por recuperar el 20% de cuota de mercado que tenía en 2015. Los accionistas, cansados de promesas, exigen señales claras: ¿Logrará Intel reducir el retraso tecnológico de 2 a 3 años que hoy la separa de TSMC? ¿O este será otro capítulo en la caída de un gigante que alguna vez definió la era digital?
En un giro inesperado, Tan ha revelado que Intel explorará fábricas “light” en Europa, una estrategia para reducir costos sin depender exclusivamente de Asia. Pero el escepticismo persiste: ¿Puede una empresa con deudas por US$45.000 millones —y una valoración en bolsa que cayó un 40% en cinco años— competir con rivales que invierten el doble en I+D? La respuesta llegará en los próximos 12 meses, cuando Intel deba demostrar si su apuesta por la IA, los coches autónomos y la computación cuántica era visión… o desesperación.
El precedente que persigue a Intel: cómo TSMC y Samsung ganaron la batalla de los 3nm
Mientras Intel lucha por lanzar su nodo de 20A (2nm) en 2025, sus competidores ya dominan tecnologías que, sobre el papel, deberían ser su fuerte. TSMC no solo comercializa chips de 3nm desde 2022 (con clientes como Apple y Nvidia), sino que su proceso N3E, una versión optimizada, ya está en producción masiva con un 35% menos de consumo energético y un 15% más de rendimiento que los 5nm. Samsung, por su parte, anunció en junio de 2023 que su nodo 3GAE (3nm con puertas *all-around*) superaba en eficiencia a los 4nm de Intel, atrayendo pedidos de Qualcomm y Google. La brecha no es solo técnica: es de tiempo y confianza.
El retraso de Intel se remonta a 2015, cuando su transición de 14nm a 10nm se estancó por problemas en la litografía extrema ultravioleta (EUV). Mientras, TSMC invirtió US$12.000 millones anuales en I+D y logró en 2020 lo que Intel aún no consigue: producir en masa chips de 5nm con rendimientos superiores al 90%. Hoy, el 70% de los chips avanzados del mundo salen de sus fábricas en Taiwán. Samsung, aunque con menos cuota, ganó terreno al ofrecer descuentos del 20% a clientes dispuestos a probar sus 3nm, una estrategia que Intel no puede permitirse con sus US$45.000 millones de deuda.
La apuesta de Lip-Bu Tan por las fábricas *light* en Europa choca con un dato incómodo: ASML, el único fabricante de máquinas EUV (claves para nodos avanzados), tiene una lista de espera de 18 meses para nuevos equipos. TSMC ya reservó 12 máquinas para 2024-2025; Intel, solo 4. Sin ellas, su nodo 20A podría llegar tarde, como ocurrió con los 10nm, que debutaron dos años después de lo planeado y con un costo por wafer un 30% mayor que el de la competencia.
| Empresa | Nodo actual (2024) | Inversión en I+D (2023) | Clientes clave |
|---|---|---|---|
| TSMC | 3nm (N3E) | US$11.600 millones | Apple, Nvidia, AMD |
| Samsung | 3nm (3GAE) | US$9.200 millones | Qualcomm, Google, IBM |
| Intel | 4nm (en producción) | US$7.800 millones | Apple (pruebas), Tesla (acuerdo) |
2025: el año en que Intel no tendrá margen para errores
Si Tan falla en cumplir su promesa del 20A en 2025, Intel enfrentará un escenario que ya vivió Motorola en 2004: perder para siempre el tren de la innovación. TSMC planea lanzar su 2nm en 2025, y Samsung ya tiene contratos firmados con Microsoft para chips de IA de próxima generación. El respaldo de Musk y Trump puede comprar tiempo, pero no solucionará el problema de fondo: Intel gasta US$3.000 millones al año en subsidios para retener clientes, mientras sus rivales reinvierten en reducir costos. La pregunta no es si Tan puede salvar a Intel, sino si el gigante aún tiene algo que salvar.