Bandera de China sobre gráficos de exportaciones con símbolo de dólar roto por aranceles del 15%

“Guerra arancelaria relanzada: Pekín contraataca con advertencia a EE.UU.

Nuevo round comercial: China exige a Washington eliminar los aranceles unilaterales y promete defender sus intereses con “firmeza”, tras el fallo de la Corte Suprema de EE.UU. que anuló los gravámenes de Trump.

El Ministerio de Comercio chino escaló este domingo su presión sobre Washington, exigiendo la eliminación inmediata de los gravámenes unilaterales impuestos a sus productos y advirtiendo que “protegerá con determinación” sus derechos económicos. La reacción llega tras el veredicto de la Corte Suprema estadounidense, que frenó los aranceles iniciales impuestos por Donald Trump en 2018 bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), y la posterior respuesta del mandatario con nuevos impuestos del 15% amparados en la Ley de Comercio de 1974.

Hemos registrado la resolución del Tribunal Supremo y estamos analizando a fondo su alcance e implicaciones“, declaró un portavoz del ministerio en un comunicado publicado en su portal oficial. La postura de Pekín, sin embargo, no varía: rechaza cualquier incremento unilateral de derechos aduaneros, una práctica que, según el gigante asiático, viola las normas de la OMC y perjudica el comercio global. En 2022, los aranceles de EE.UU. afectaron exportaciones chinas por valor de US$360.000 millones, según datos de la Administración General de Aduanas de China.

“En un conflicto comercial no hay vencedores”, sentenció el funcionario, quien advirtió que el proteccionismo “no conduce a soluciones sostenibles” y solo genera “daños colaterales para ambas economías”. El vocero denunció que las medidas unilaterales de Washington —incluyendo los aranceles punitivos y aquellos vinculados al fentanilo, un opioide sintético que ha desatado una crisis sanitaria en EE.UU.— “quebrantan las reglas del comercio internacional” y, paradójicamente, la propia legislación estadounidense.

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La escalada no termina ahí. China acusó a la administración Biden de preparar “acciones alternativas”, como investigaciones comerciales, para mantener los gravámenes sobre sus aliados. “China monitoreará de cerca esta situación y protegerá con determinación sus intereses legítimos“, subrayó el portavoz, en un tono que evoca la guerra comercial de 2018-2019, cuando ambos países intercambiaron aranceles por más de US$550.000 millones en bienes, según la Peterson Institute for International Economics.

El contexto es clave: el fallo de la Corte Suprema anuló los aranceles originales de Trump, pero Biden actuó en menos de 48 horas, invocando el artículo 122 de la Ley de Comercio de 1974. Esta norma le permite imponer gravámenes de hasta el 15% durante 150 días; después, cualquier extensión requerirá la aprobación del Congreso, controlado actualmente por los republicanos. ¿Logrará Biden el respaldo bipartidista en un año electoral? La respuesta definirá el futuro de una relación comercial ya de por sí tensa.

Con esta postura, el gobierno de Xi Jinping —quien en 2023 reiteró que China “no será intimidada” por presiones externas— marca un nuevo capítulo en su estrategia: combinar diplomacia con advertencias claras. Mientras tanto, las empresas de ambos países enfrentan incertidumbre en cadenas de suministro críticas, como la de semiconductores y productos farmacéuticos. ¿Hasta dónde llegará esta vez la escalada?

El precedente de 2018-2019: cómo la guerra arancelaria lastimó a ambas economías (y qué sectores podrían repetir la historia)

La advertencia de Pekín sobre los “daños colaterales” no es retórica. El último gran enfrentamiento comercial entre EE.UU. y China (2018-2019) dejó cifras concretas que explican por qué ambos gobiernos evitan —al menos en discurso— una escalada prolongada. Según un informe de la Reserva Federal de Nueva York (2020), los aranceles de Trump redujeron el PIB estadounidense en 0,5 puntos porcentuales solo en 2019, mientras que China perdió 1,7 millones de empleos en sectores exportadores, según datos del Instituto de Investigación del Desarrollo del Consejo de Estado chino. Pero hay un detalle clave: el 72% del costo de esos aranceles lo absorbieron empresas y consumidores estadounidenses, no China, según un estudio de la Universidad de Chicago.

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Tres sectores fueron los más golpeados entonces —y podrían volver a serlo ahora—. En agricultura, las exportaciones de soja estadounidense a China cayeron un 98% en 2018 (de US$12.200 millones a solo US$300 millones), según el Departamento de Agricultura de EE.UU.. Los agricultores de Iowa y Illinois tardaron tres años en recuperar los niveles previos, incluso con subsidios federales. En tecnología, empresas como Cisco y Dell trasladaron parte de su producción a Vietnam y Malasia, pero el costo logístico aumentó sus precios finales entre un 8% y un 12%. Y en automóviles, BMW y Tesla —que ensamblan en China para el mercado global— vieron cómo los aranceles del 25% a las piezas chinas encarecieron sus modelos en EE.UU. hasta en US$5.000 por unidad, según estimaciones de J.P. Morgan.

Hoy, la situación es más compleja. China ya no depende tanto de las exportaciones a EE.UU. (que pasaron del 19% del total en 2018 al 14% en 2023, según aduanas chinas), pero sí de componentes críticos como los semiconductores avanzados, donde EE.UU. mantiene restricciones desde 2022. Mientras, Washington enfrenta una paradoja: el 40% de los fármacos genéricos que consume proviene de China, incluyendo principios activos para medicamentos contra el cáncer, según la FDA. Si la escalada afecta a este sector, el impacto sería inmediato en hospitales y seguros médicos estadounidenses.

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La clave no está en los aranceles en sí, sino en el plazo de 150 días que tiene Biden para convencer al Congreso. Los republicanos, que controlan la Cámara de Representantes, ya han señalado que no aprobarán extensiones sin concesiones de China en temas como el fentanilo (responsable de 70.000 muertes por sobredosis en EE.UU. en 2021, según los CDC) o el acceso a mercados para empresas estadounidenses. Pekín, por su parte, tiene un as bajo la manga: el yuan digital, que en 2023 ya se usó en US$14.000 millones en transacciones comerciales con Rusia e Irán, eludiendo el dólar. Si la guerra arancelaria se prolonga, China podría acelerar su uso con aliados como Brasil o Arabia Saudita, reduciendo aún más su exposición a las sanciones de Washington. La pregunta no es si habrá más aranceles, sino qué sacrificará cada bando para evitar un daño mayor.

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