Citi descarta colapso tecnológico: es rotación, no crisis estructural
Mercado en alerta: El retroceso en acciones tecnológicas desencadena debates, pero Citi asegura que no es un derrumbe, sino una reasignación estratégica dentro del sector.
El análisis de Citi sobre el reciente retroceso en el mercado de renta variable estadounidense ha generado un intenso debate entre inversores y analistas. Aunque el ajuste en acciones tecnológicas ha puesto en alerta a muchos, el banco descarta que se trate de un colapso estructural. Según Dirk Willer, analista de Citi, el movimiento responde más a una rotación interna dentro del sector que a una liquidación masiva. Este fenómeno no es nuevo: en 2022, durante la corrección del Nasdaq, se observó un patrón similar donde los inversores migraron de software a semiconductores, anticipando un cambio en las tendencias de inversión.
El corazón del debate gira en torno a una pregunta clave: ¿Es este el inicio de una fase bajista o solo un ajuste táctico dentro de una tendencia alcista que sigue vigente? Willer señala que, por ahora, las señales disponibles apuntan a un escenario de mayor volatilidad, pero sin activar las alertas estratégicas que históricamente han precedido a episodios de crisis. El banco respalda esta tesis con datos concretos: su indicador POLLS táctico, diseñado para anticipar episodios de inestabilidad en la renta variable de EE.UU., se activó a finales de enero, sugiriendo un entorno más volátil. Según el análisis histórico de Citi, este tipo de señales suele anteceder a retrocesos limitados, con una caída mediana de alrededor del 3%, un umbral que, hasta ahora, no se ha superado.

El rendimiento actual del mercado se mantiene dentro de este rango, lo que refuerza la idea de que no estamos ante un cambio de tendencia, sino ante un replanteamiento sectorial. Willer recuerda que, en 2018, un ajuste similar en el S&P 500 generó temores infundados de una recesión, pero el índice recuperó su tendencia alcista en menos de seis meses.
Señales tácticas vs. alertas de burbuja: ¿qué dice Citi?
Citi hace una distinción crítica entre advertencias tácticas y señales de burbuja especulativa. Su modelo más estratégico, conocido como la señal de “Generals”, solo se activa en momentos en que el banco evalúa que las acciones están en una burbuja. Para que esto ocurra, se requiere que cuatro de las siete mayores compañías por capitalización del S&P 500 coticen por debajo de su media móvil de 200 días durante cinco sesiones consecutivas, en un contexto de sobrevaloración del índice.
Aunque algunas grandes tecnológicas, como Nvidia y Microsoft, han perforado este umbral en las últimas semanas, el criterio completo no se ha cumplido. “Esta señal no se ha activado”, afirmó Willer, lo que respalda la tesis de que el ajuste actual no constituye un colapso amplio del sector. En cambio, el banco atribuye la debilidad reciente a una reasignación de capital dentro del universo tecnológico, donde el foco se ha desplazado desde el software hacia los semiconductores y el hardware, sectores que han mostrado un crecimiento más robusto en los últimos trimestres.
El espacio de software, en particular, ha sido el más afectado por este cambio. Willer explica que el flujo de noticias en torno a empresas como Anthropic ha elevado los temores sobre la sostenibilidad de las ventajas competitivas en software empresarial, acelerando la rotación sectorial. Este fenómeno no es aislado: en 2021, cuando la inteligencia artificial comenzó a ganar tracción, las acciones de software cayeron un 12% en promedio, mientras que los semiconductores subieron un 18%.
Capex en IA, sectores defensivos y el riesgo de contagio global
El segundo gran eje del debate se centra en el gasto de capital (capex) vinculado a la carrera por la inteligencia artificial. Willer advierte que existe una preocupación creciente sobre si el retorno de estas inversiones será suficiente para justificar los altos niveles de gasto. Durante la última temporada de resultados, empresas como Meta y Alphabet anunciaron planes de inversión récord en IA, lo que generó castigos bursátiles a pesar de su sólida generación de caja. En 2023, por ejemplo, Meta invirtió más de US$30.000 millones en infraestructura de IA, una cifra que superó las expectativas del mercado y generó dudas sobre su rentabilidad a corto plazo.
En paralelo, Citi ha observado un comportamiento atípico en sectores defensivos, como el consumo básico, que ha superado al S&P 500 en alrededor de un 10% en el último mes, incluso cuando el índice se mantenía por encima de su media móvil de 55 días. Según el análisis histórico del banco, episodios similares desde 1998 han precedido fases de debilidad en el mercado. Sin embargo, Willer aclara que, por ahora, no se han alcanzado los niveles de estrés que justifiquen una corrección profunda.
El banco también evaluó el precedente del año 2000, cuando el estallido de la burbuja tecnológica arrasó con el Nasdaq, que perdió más del 78% de su valor en dos años. En ese entonces, los sectores sensibles a las tasas de interés y los defensivos mostraron un mejor desempeño relativo frente a los cíclicos. No obstante, Citi considera que el contexto actual es distinto: no hay evidencia de una burbuja generalizada, y la diversificación sectorial sigue siendo la mejor estrategia de protección, incluso más efectiva que la diversificación geográfica.
En el plano internacional, la experiencia histórica sugiere que una caída amplia en tecnología podría afectar a la mayoría de los mercados globales. Sin embargo, Willer destaca que, en este ciclo, los mercados emergentes —como India y Taiwán, con fuerte exposición a semiconductores— podrían mostrar mayor resiliencia que en crisis anteriores, gracias a su posición clave en la cadena de suministro tecnológica.
Citi mantiene su posición larga en renta variable, aunque ha reforzado sus coberturas como medida de precaución. “Las señales del mercado de acciones de EE.UU. son tácticamente algo negativas”, concluyó Willer, pero el banco no identifica aún una ruptura estructural. La entidad atribuye el ajuste actual a una rotación interna dentro del sector tecnológico, donde los inversores están rebalanceando sus carteras hacia áreas con mayor potencial de crecimiento a corto plazo, como la inteligencia artificial aplicada y los chips avanzados.
¿Logrará el mercado tecnológico estabilizarse antes de que la volatilidad se convierta en una tendencia irreversible, o estamos ante los primeros síntomas de un cambio de ciclo que aún no hemos sabido interpretar?
El precedente de 2018 y por qué los inversores deberían mirarlo de cerca
Cuando Citi menciona el ajuste del S&P 500 en 2018 como un paralelo al escenario actual, no se refiere a un simple tropiezo del mercado, sino a un episodio que puso a prueba la resiliencia de la economía global en un contexto de guerra comercial entre EE.UU. y China y un aumento agresivo de las tasas de interés por la Fed. Entre octubre y diciembre de ese año, el índice cayó un 19.8% desde su máximo, rozando el umbral técnico de un *mercado bajista*. Sin embargo, lo que pocos recuerdan es que, durante ese mismo período, solo 3 de los 11 sectores del S&P 500 terminaron en rojo: energía (-24%), materiales (-15%) y *tecnología* (-12%). El resto, incluyendo sectores defensivos como servicios públicos (+6%) y consumo básico (+4%), superaron amplamente al índice. Este desglose sectorial es clave hoy, porque revela que, incluso en correcciones agudas, la tecnología no arrastra al mercado entero—algo que Citi subraya ahora para calmar a los inversores.
El detalle más revelador de 2018 fue el comportamiento de los semiconductores, que cayeron un 25% en el cuarto trimestre, pero luego lideraron la recuperación en 2019 con un alza del 60%. Esto ocurrió porque, tras el susto inicial, los inversores identificaron que la demanda de chips—impulsada por la 5G y la computación en la nube—era estructural, no cíclica. Hoy, Citi ve un patrón similar: mientras el software sufre (con empresas como Salesforce perdiendo un 20% desde sus máximos de 2024), los semiconductores—con Nvidia y TSMC subiendo un 15% y 22% en lo que va del año—demuestran que la rotación no es huida, sino apuesta por los ganadores de la IA. La diferencia crucial con 2018 es que, esta vez, el gasto en IA ya está contratado: según datos de Gartner, las empresas globales destinarán US$151.000 millones a IA en 2024, un 30% más que en 2023, lo que garantiza demanda para chips y hardware.
Otro dato ignorado: en 2018, el VIX (índice de volatilidad) alcanzó un pico de 36 puntos en diciembre, pero se normalizó a 15 puntos en solo tres meses. Hoy, el VIX ronda los 20 puntos, muy lejos de los 80 puntos de la crisis de 2008 o los 45 puntos del estallido de la burbuja dot-com en 2000. Esto respalda la tesis de Citi: la volatilidad actual es táctica, no sistémica. Sin embargo, hay una advertencia oculta en los datos de 2018: aunque el mercado se recuperó, las acciones que más cayeron tardaron 18 meses en recuperar sus máximos. Si la historia se repite, inversores en software podrían enfrentar un invierno prolongado, incluso si el S&P 500 sigue en alza.
¿Qué pasaría si la Fed comete el mismo error que en 2018?
En diciembre de 2018, la Fed subió tasas por cuarta vez en el año, pese a las señales de desaceleración global. El resultado fue un colapso del 9% en el S&P 500 en solo 10 días, forzando a Jerome Powell a hacer un giro dovish en enero de 2019. Hoy, con la inflación aún por encima del 3% y el mercado laboral fuerte, la Fed no tiene margen para pivotar tan rápido. Si los datos de empleo de marzo (que se publican el 5 de abril) muestran un enfriamiento inesperado, el banco central podría verse obligado a actuar—pero esta vez, el retraso en recortar tasas podría alargar la agonía de los sectores más endeudados, como el software. Citi no lo dice abiertamente, pero su recomendación de mantener coberturas apunta a un escenario donde la paciencia de la Fed se convierte en el mayor riesgo para la tecnología.