Reunión en Palacio de Miraflores entre Laura Dogu (EE.UU.) y Delcy Rodríguez (Venezuela) con banderas de ambos países

Diplomacia en movimiento: EE.UU. y Venezuela reabren canales en Miraflores

Giro inesperado: La enviada de Trump para Venezuela se reunió con Delcy Rodríguez en Caracas, marcando un nuevo capítulo en las tensas relaciones entre ambos países.

La vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez, recibió este lunes en el Palacio de Miraflores a Laura Dogu, enviada especial del gobierno de Donald Trump para asuntos venezolanos, según confirmaron fuentes oficiales. El encuentro, celebrado en horas de la tarde, fue anunciado por el ministro de Comunicación, Miguel Pérez Pirela, a través de redes sociales.

Dogu, quien llegó a Caracas el sábado con rango de encargada de negocios, reemplaza en el cargo a John McNamara. Su trayectoria incluye puestos como embajadora en Honduras y Nicaragua, además de haber sido asesora de política exterior del jefe del Estado Mayor del Ejército estadounidense y subdirectora de la oficina del FBI para recuperación de rehenes. Este es el primer acercamiento diplomático formal desde la operación militar que resultó en la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero.

Tres ejes clave: Durante la reunión, Dogu reiteró las tres fases propuestas por el secretario de Estado, Marco Rubio, para Venezuela: estabilización política, recuperación económica y transición hacia una reconciliación nacional, según informó la legación diplomática estadounidense en X. Este marco coincide con los acuerdos preliminares que permitieron la venta de petróleo venezolano a EE.UU. y la liberación de detenidos políticos y extranjeros.

El encuentro también contó con la presencia del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, y el canciller Yván Gil, quien anunció el nombramiento de Félix Plasencia como nuevo representante venezolano en Washington. Plasencia, un diplomático con experiencia en China, Colombia y Reino Unido, viajará a EE.UU. en los próximos días junto a su equipo, según Gil. Este movimiento se enmarca en una “etapa de trabajo” que incluye una revisión de todas las vías de cooperación bilateral.

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¿Qué implica este acercamiento?

El ministro Gil subrayó que la nueva fase en las relaciones debe ajustarse al Derecho Internacional y a la Carta de la ONU, respetando la soberanía de ambos Estados. Plasencia, quien dirigió el Ministerio de Turismo (2019-2020) y Exteriores (2021-2022), llega al cargo en un momento crítico: Venezuela busca reactivar su economía —golpeada por sanciones— mientras EE.UU. evalúa el impacto de la transición política tras la ausencia de Maduro.

Desde el 3 de enero, cuando Maduro fue capturado en una operación militar, Rodríguez ha asumido la presidencia interina y acelerado negociaciones con Washington. Entre los avances destacan la venta de 500.000 barriles diarios de crudo a EE.UU. y la liberación de 23 presos políticos, incluyendo 5 ciudadanos estadounidenses. ¿Podrá este diálogo evitar un colapso económico mayor en Venezuela?

Contexto: Una relación marcada por sanciones y tensiones

Las relaciones entre EE.UU. y Venezuela se rompieron en 2019, cuando Washington reconoció a Juan Guaidó como presidente interino y aplicó sanciones al petróleo venezolano. Desde entonces, el país sudamericano ha perdido más del 75% de su producción petrolera, según datos de la OPEP. La llegada de Dogu —una figura con experiencia en negociaciones de crisis— sugiere un cambio de estrategia: diplomacia directa en lugar de presión máxima.

Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos. Sectores de la oposición venezolana, como Maria Corina Machado, han criticado los acuerdos por considerarlos “legitimación del régimen”. Mientras, en EE.UU., figuras como el senador Bob Menéndez advierten que cualquier flexibilización debe ir acompañada de garantías electorales.

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Félix Plasencia: Un diplomático en la cuerda floja

Plasencia asume el cargo con un desafío doble: reconstruir la confianza con Washington y manejar las divisiones internas del chavismo. Durante su gestión como canciller (2021-2022), logró reabrir diálogos con la UE, pero fracasó en levantar sanciones. Su experiencia en China —principal acreedor de Venezuela— podría ser clave para renegociar la deuda externa, que supera los US$150.000 millones.

¿Logrará este acercamiento evitar un nuevo ciclo de sanciones o es solo un respiro temporal? La respuesta podría definir el futuro de 28 millones de venezolanos.

El precedente de Laura Dogu: Honduras 2009 y la sombra de un golpe de Estado

La designación de Laura Dogu como enviada especial no es casual. Su trayectoria incluye un episodio clave que podría arrojar luz sobre su estrategia en Venezuela: su gestión durante la crisis de Honduras en 2009, cuando fungió como encargada de negocios en Tegucigalpa tras el golpe de Estado contra Manuel Zelaya. Dogu fue testigo directo de cómo la administración Obama —bajo la secretaria de Estado Hillary Clinton— optó por una solución negociada en lugar de aislar al gobierno de facto de Roberto Micheletti, una decisión que aún genera debate: mientras la OEA suspendió a Honduras, EE.UU. mantuvo canales abiertos, facilitando elecciones que legitimaron al nuevo gobierno.

El paralelo con Venezuela es inevitable. En 2009, Dogu trabajó con un equipo que priorizó tres ejes: 1) evitar un vacío de poder (similar a la transición actual en Caracas), 2) garantizar elecciones supervisadas (un punto clave en las demandas de Rubio), y 3) preservar intereses económicos (Honduras era —y sigue siendo— un aliado estratégico en Centroamérica). El resultado fue polémico: Zelaya no recuperó la presidencia, pero el país evitó un colapso institucional. ¿Repetirá Dogu este guión en Venezuela? La diferencia crucial es que, a diferencia de Honduras, Venezuela tiene reservas probadas de 303.000 millones de barriles de petróleo (las mayores del mundo, según la OPEP 2023), un factor que añade presión a las negociaciones.

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Otro dato revelador: en 2018, como embajadora en Nicaragua, Dogu enfrentó la crisis por las protestas contra Daniel Ortega, donde EE.UU. impuso sanciones a altos funcionarios, pero mantuvo abiertos los canales humanitarios. Su enfoque combinó presión selectiva (sanciones a individuos, no al Estado) con diplomacia silenciosa, una táctica que podría aplicarse ahora con figuras como Jorge Rodríguez o Yván Gil, ambos en la lista de sancionados del Tesoro estadounidense.

La prueba de fuego: ¿Podrá Dogu evitar el error de 2019?

El antecedente más cercano —y el mayor fracaso diplomático reciente— es el reconocimiento de Juan Guaidó en 2019, una estrategia que dejó a EE.UU. sin interlocutores reales en Caracas y aceleró el colapso económico venezolano. Dogu llega con un mandato distinto: negociar desde dentro, no desde la tribuna. Pero el riesgo persiste: si las conversaciones no avanzan en garantías electorales (exigidas por Menéndez) o en la liberación de los 200 presos políticos que quedan, según datos de la ONG Foro Penal, la oposición radicalizada —liderada por Maria Corina Machado— podría boicotear cualquier acuerdo. La pregunta no es si habrá diálogos, sino si Dogu logrará lo que ni Pompeo ni Blinken consiguieron: un acuerdo que sobreviva al primer tweet de Trump.

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