Dani Olmo: del niño que ignoró a Messi al 10 que sueña con enfrentarlo en el Mundial
Destino cruzado: Dani Olmo, el 10 de España, revivió su anécdota infantil con Messi y ahora sueña con enfrentarlo en el Mundial.
A los 8 años, el balón era su único mundo. Dani Olmo pateaba contra una pared en Castelldefels, ajeno al partido local donde Lionel Messi observaba desde la tribuna. Su padre, Miguel, le insistió: “Ve y sácate una foto”. Pero él, testarudo, prefirió seguir jugando. “Fui a regañadientes, se nota en mi cara que no estaba contento. Me pusieron junto a Messi y ni siquiera le dije nada“, confiesa hoy, 20 años después, con la foto enmarcada en casa como prueba de aquel momento que ahora valora.
La ironía del destino es cruel: nunca, en dos décadas, ha coincidido con Messi en un campo. Ni en la Finalissima, ni en Champions. “Nunca, pero nunca más, me lo he cruzado a Leo. Y es algo que me jode”, admite. La revancha podría llegar en este Mundial, pero solo “en la final”, bromea. El mediocampista del Barcelona, figura de la España de Luis de la Fuente, abre su Copa del Mundo este lunes contra Cabo Verde en Atlanta.
El peso de un número y un sueño pendiente

El 10 no se elige, se gana. Y Olmo lo lleva con orgullo. Pero hay una deuda histórica: “Contra Cristiano Ronaldo sí he jugado, pero contra Leo no, nunca”. La posibilidad de un España-Argentina en octavos ya asoma, pero él prefiere el camino más épico: “Cuánto más tarde mejor. Para ganar la estrella hay que ganarles a los mejores”. Y añade, con picardía: “No hay que ganarle a los mejores, sino a los que te toquen… pero a mí me gusta más ganándoles a los mejores. Le da más brillo”.
¿Y si el cruce llega antes? “Sería un partidazo, pero ojalá sea en la final”. La pregunta flota: ¿Estará Olmo a la altura de su ídolo cuando el momento llegue?
-¿Y si Messi vuelve al Barcelona? “Uffff, Dios… eso sería un sueño”, suspira. Como culé, lo imagina: “Tener a Leo otro año en el Barça sería increíble. Pero son cosas complicadas. Él no nos debe nada, todo lo que nos ha dado es irrepetible”. Y si no es como compañero, que sea en un homenaje: “¡Ahí espero coincidir con él!”.
Antes, claro, está el Mundial. Y la promesa: “Si nos cruzamos con Argentina, iré por su camiseta. Estará cara, será difícil, pero lo intentaré”.
De Croacia a la élite: el camino menos transitado
Olmo y Messi comparten más de lo que parece: ambos dejaron su país jóvenes en busca de gloria. Él a los 16 años, rumbo al Dinamo de Zagreb. “Nadie deja el Barcelona por Croacia, pero yo lo hice”, dice sin arrepentimiento. Su padre le dijo: “El Dínamo quiere apostar todo por ti”. Eso bastó. “No me importaba dónde estaba. Solo pensaba en el futuro”.
El desafío fue brutal: nuevo país, idioma, cultura. “Pero en el campo el balón es igual en todos lados”. El sacrificio valió la pena. Hoy, como Messi, juega en el club de sus sueños: el Barcelona. “Ojalá pueda ganar muchas más cosas con el Barça, como todo lo que ha dado Leo”.
En Zagreb, además, encontró una familia inesperada: Leonardo Sigali, su “padre futbolístico”. “Llegué con 16 años y a los tres meses subí al primer equipo. Leo estaba allí. Me acogió, era como padre e hijo, compañero de habitación… Siempre estaré agradecido”. Dos argentinos marcaron su inicio: Sigali y Lucho Ibáñez, aunque este último se fue pronto.
¿Y si ahora suma otro? “Con Mac Allister nos entenderíamos bien. Tiene mucho fútbol y es buen chaval”. Y del pasado, sin dudas: Riquelme. “Es uno de los ídolos de mi infancia. Cambió el fútbol del número 10. Para mí, conceptualmente, fue una insignia”.
Entre Maradona y Messi: la división familiar
En casa Olmo, el debate es eterno. Su padre, Miguel, es maradoniano hasta la médula. “Para él, Diego es lo máximo. Y ojo, para mí también es un referente, pero cuando me preguntan Leo o Diego… yo soy de Messi”. La respuesta es clara, pero respetuosa: “Es como preguntar a quién quieres más, si a mamá o a papá. ¡A los dos!”.
Su padre vio a ambos en el Camp Nou: Maradona y Messi. “Pero no hemos hablado mucho de eso”, sonríe Dani. Lo que sí comparte es la fascinación por el legado de Maradona en Nápoles: “Allí es un Dios. Me gustaría ir de incógnito a ver esos lugares”. ¿Y si un día se escapa? “A lo mejor un día lo hago. Al menos una vez en la vida hay que verlo”.
El 10 de España creció viendo a Forlán como ídolo en el Mundial 2010. “Era mi referente. Pero en España, Iniesta era el espejo. Su gol en la final fue el de todos”. La lección es clara: el trabajo tiene recompensa. Y el ejemplo de España en 2010 —tras caer ante Suiza en el debut— es su mantra: “Un bache no define el camino. El Mundial no te dará más oportunidades”.
El 10 en el fútbol moderno: ¿extinción o evolución?

“Hay dieces, pero adquieren otro rol por el fútbol moderno”, explica Olmo. Los entrenadores prefieren todocampistas como Enzo Fernández. “La figura del 10 sigue existiendo: jugadores entrelíneas, que buscan el regate, el pase o el tiro de la nada. Pero en las formaciones actuales se pierden”.
¿Y el futuro? “Lamine Yamal es único, pero compararlo con Messi no tiene sentido. Leo es único, sus 8 Balones de Oro lo demuestran. Lamine está centrado en hacer su camino”. La admiración es absoluta: “Si nos cruzamos con Argentina, a Leo lo marcamos como si tuviera 20 años. No le puedes dejar un metro nunca”.
Olmo vivió desde La Masía la explosión del MSN. “Era nuestro referente total. Aquel equipo representaba el estilo que queríamos seguir”. Hoy, el Barça intenta mantener esa esencia. “Hacer lo mismo que Leo era complicado, pero tenías esa idea adelante, ese juego colectivo para aprender”.
España: de la frustración a la favorita

Con Luis de la Fuente, Olmo ha ganado casi todo: Euro Sub 21, Liga de Naciones 2023, Euro 2024 y plata en Tokio. “Son muchos años juntos. Él ha construido un equipo, una familia. Nos conoce a la perfección”. El Mundial es el único título pendiente. “Ojalá podamos conseguir la segunda estrella. Sería bonito ser anfitriones como campeones en el próximo Mundial”.
La herencia de Luis Enrique también pesa. “En 2022 éramos jóvenes. Pensabas: “Podríamos haber hecho más” [tras caer con Marruecos en octavos]. Pero eso te ayuda. Luego llegaron los títulos”. Hoy, España es favorita. “Prefiero estar en el lado de los favoritos. Que te valoren entre los mejores es porque te lo has ganado. Bendita presión”.
¿Y si el camino se complica? “En la Eurocopa pasada nadie confiaba en nosotros. Hemos estado en las dos caras de la moneda. Pero hoy somos candidatos”.
El Mundial 2026: expectativas y rivales

Olmo no descarta sorpresas: “En cada Mundial hay una selección que despunta. En este, las fuertes vamos muy fuertes… pero por nombrar una: Estados Unidos. Me gusta el proceso de Pochettino. Y jugando en casa, tienen motivación extra”.
El Balón de Oro ya no es un duelo entre dos. “Ahora hay más nombres: Mbappé, Dembelé, Vinicius, Haaland… Es bueno para la competencia. Pero los premios deben valorar lo colectivo”. Y entre los suyos, destaca a Pedri: “Está en un nivel espectacular. Cuántos más españoles, mejor”.
Sobre el formato: “Ojalá las nuevas normas den más fluidez al juego, menos pérdidas de tiempo. Que el público disfrute”. Y sobre el calor y las distancias: “Todo el mundo espera un gran Mundial”.
El secreto del éxito: “Jugar con los buenos te exige. Si ves a un compañero correr, tú no te quedas atrás. Un jugador puede ganar un partido, pero no un campeonato. Cuando las individualidades entienden el sentido colectivo, ese equipo es poderoso”.
¿Y Argentina? “Otamendi fue intenso, intimidatorio. Y Lautaro me impactó en Champions con el Inter”. Pero el verdadero intenso, dice, es Simeone: “El Cholo siempre compite. Es fútbol, dentro del campo nos podemos picar, pero es fútbol”.
¿Julián Álvarez al Barça? “Los grandes jugadores siempre suenan para los mejores equipos. Es normal”.
La Bombonera y un sueño culé
Nunca ha estado en Argentina, pero Sigali se lo ha recordado: “Me ha insistido mucho”. Su meta: la Bombonera. “¿La están renovando? Escuché que la gente no quiere que pierda la esencia. Pero está en medio de casas… Al menos como fanático alguna vez estaré allí. Y si es en un superclásico, mejor”.
Y el sueño culé persiste: “Ojalá Messi vuelva al Barça. Sería un sueño, aunque sea en su último año”.
¿Qué Mundial imaginás? “Con más juego fluido, menos parones. Que el público disfrute”. Y la reflexión final: “Un jugador puede ganar un partido, pero un campeonato se gana en equipo”.
¿Estará Dani Olmo, el niño que ignoró a Messi, a la altura de su ídolo cuando el destino los cruce?

El duelo simbólico que trasciende el fútbol
La anécdota infantil de Olmo con Messi no es solo un recuerdo curioso: es el símbolo de un círculo que el destino parece empeñado en cerrar. El rechazo de un niño a interrumpir su juego para conocer a su ídolo se convierte ahora en la ironía de un enfrentamiento pendiente, cargado de significado.
Lo que esto significa es que el Mundial no solo será un escenario deportivo, sino un espacio donde se dirimirá una deuda personal y generacional. Olmo, el 10 que hoy asume el legado de un número mítico, podría medirse al fin contra el jugador que redefinió ese rol. La implicación inmediata es clara: si el cruce llega, no será un partido más, sino la culminación de dos décadas de expectativa.
El peso del número 10 en la espalda de Olmo adquiere así una dimensión extra: no solo representa a España, sino también la evolución de un estilo que Messi llevó a su máxima expresión. La pregunta clave ahora es si el fútbol moderno, con sus exigencias tácticas, permitirá que ese duelo sea también un homenaje al juego de siempre.
¿Estamos ante el último gran duelo de dieces?
El enfrentamiento entre Olmo y Messi, de concretarse, podría ser el último capítulo de una era. Un choque entre el pasado y el futuro del número 10, donde el legado y la ambición se darán la mano en el campo.