Wall Street en éxtasis: Nasdaq alza 0,9% y Dow Jones rompe su 6º récord en 2024
Récord en cadena: Wall Street borró el tropiezo tecnológico con un Nasdaq al +0,9% y un Dow Jones que suma seis máximos históricos en lo que va de año.
La sesión del lunes en Wall Street confirmó que el bache tecnológico de la semana pasada quedó atrás. El Nasdaq Composite avanzó un 0,9% hasta los 23.238,67 puntos, el S&P 500 sumó un 0,5% (6.964,82 puntos) y el Dow Jones —aunque solo subió un 0,04%— cerró en un nuevo récord: 50.135,87 puntos, su sexto máximo histórico en 2024. El contexto macroeconómico refuerza el optimismo: el oro repuntó más del 2%, el crudo subió un 1,1% y la rentabilidad del Treasury a 10 años se mantuvo en 4,20%, señal de que los mercados descuentan recortes de tipos por parte de la Fed. La última vez que el Dow superó los 50.000 puntos fue en febrero de 2024, pero entonces la corrección llegó en menos de dos semanas. Esta vez, los inversores apuestan por un escenario de “aterrizaje suave”, con una economía sólida y un mercado laboral que se enfría sin colapsar.
La Reserva Federal enfrenta su mayor transición en una década: el mandato de Jerome Powell termina en mayo, y su posible sucesor, Kevin Warsh, podría alterar el tono de la comunicación monetaria.
Nasdaq lidera el rally; Dow Jones consolida su dominio
El cierre de la sesión pintó un escenario simbólico: el Nasdaq, exponente máximo de la tecnología y el crecimiento, lideró las ganancias con un avance cercano al 1%, mientras el S&P 500 acompañó con un +0,5%. El Dow Jones, aunque más discreto (+0,04%), encadenó su sexto récord del año y se mantuvo por encima de los 50.000 puntos, un umbral psicológico que refuerza la tesis de un rally transversal. En 2023, el Dow tardó siete meses en recuperar los niveles previos a la crisis bancaria de marzo; ahora, lo hizo en solo tres sesiones.
El repunte llega tras la recuperación del viernes, cuando los inversores superaron el nerviosismo por el impacto de la inteligencia artificial en modelos de negocio tradicionales. El mensaje del mercado es claro: mientras el crecimiento no se deteriore y la inflación siga moderándose, los inversores están dispuestos a pagar múltiplos elevados por beneficios futuros. El riesgo latente es que cualquier dato macroeconómico adverso —como un repunte inesperado en el IPC— podría desencadenar correcciones abruptas desde niveles ya exigentes.
Tecnología: el motor imbatible (por ahora)
El sector tecnológico volvió a ser el gran protagonista. El índice de tecnología del S&P 500 se revalorizó un 1,6%, liderando los avances sectoriales, mientras el consumo básico quedó como el grupo más débil. El software fue el subsector estrella, con ganancias superiores al 3% en su índice especializado. La escalada de Oracle —que llegó a repuntar casi un 10% tras una mejora en su recomendación analítica— simbolizó este cambio de sentimiento. En 2023, Oracle cayó un 12% por temores a que la IA canibalizara su modelo de negocio; hoy, los inversores ven en la IA un catalizador de productividad.
Lo más relevante es el cambio en la correlación entre tipos de interés y tecnología. Hace unas semanas, el alza de la TIR a 10 años (ahora estable en 4,2%) penalizaba automáticamente a las tech. Ahora, los inversores priorizan los fundamentales sobre la duración de los flujos de caja. El último ciclo similar ocurrió en 2019, cuando la Fed pausó sus subidas y el Nasdaq se disparó un 35% en seis meses.
Oro, petróleo y dólar: la rotación silenciosa
Mientras los índices bursátiles marcaban récords, los activos reales enviaban señales mixtas. El oro subió más de un 2%, impulsando al índice de mineras auríferas NYSE Arca Gold Bugs un 6%, un movimiento típico cuando el mercado descuenta recortes de tipos y un dólar débil. El metal precioso acumula un alza del 15% en lo que va de año, su mejor arranque desde 2020.
El crudo avanzó más del 1%, respaldado por el estímulo fiscal en EE.UU. y la demanda asiática, mientras el dólar retrocedió un 0,8% frente a una cesta de divisas. El bitcoin, en cambio, registró leves descensos, recordando que el apetito por riesgo no beneficia a todos los activos por igual. En 2023, cada rally del S&P 500 venía acompañado de un dólar fuerte; hoy, el patrón se invirtió.
Este comportamiento revela una recomposición de carteras: parte del capital que estaba en liquidez busca coberturas en metales y energía, anticipando el final del ciclo restrictivo de la Fed. Históricamente, cuando el oro y el Nasdaq suben en tándem, la Fed recorta tipos en los siguientes tres meses (ocurrió en 2001, 2008 y 2019).
La Fed en la cuerda floja: empleo e inflación deciden el siguiente paso
Esta semana será clave: se publicarán el informe de empleo de enero (aplazado por el cierre administrativo), las ventas minoristas y los datos de inflación. Todo bajo el escrutinio de una política monetaria en transición, con los tipos oficiales en 3,50%-3,75% tras tres recortes en 2023. El consenso espera 70.000 nuevos empleos en enero, pero en 2023, el mercado sobreestimó la creación de puestos en un 20% en tres de cada cuatro informes.
La figura de Jerome Powell entra en su recta final: su mandato termina en mayo, y la Casa Blanca ha nominado al exgobernador Kevin Warsh como sucesor. Aunque el cambio de liderazgo podría alterar el tono de la Fed, los mercados saben que los datos mandan. Analistas de Capital.com advierten: si la inflación se muestra “pegajosa”, la Fed podría mantener una postura más restrictiva de lo esperado, lo que pondría en jaque el optimismo actual. En 2018, un error similar de la Fed desencadenó una corrección del 20% en el S&P 500.
Las encuestas de la Reserva Federal de Nueva York reflejan un mercado laboral ambiguo: los hogares perciben menos riesgo de despido, pero anticipan mayor desempleo en 12 meses. Este escenario alimenta la tesis del “aterrizaje suave”, pero la historia advierte: los giros bruscos en empleo suelen llegar tarde a las estadísticas. La última vez que la tasa de paro subió sin recesión fue en 1995; hoy, el riesgo es que la Fed actúe demasiado tarde.
Europa y Asia se suben al tren alcista
El optimismo de Wall Street se contagió a los mercados globales. En Asia, el Nikkei 225 se disparó un 3,9% y el Kospi surcoreano avanzó un 4,1%, impulsados por la recuperación tecnológica y la expectativa de tipos más bajos. En Europa, el DAX alemán subió un 1,2%, el CAC 40 francés un 0,6% y el FTSE 100 británico un 0,2%, consolidando una rotación hacia sectores cíclicos. El Stoxx 600 europeo acumula un alza del 8% en 2024, su mejor inicio de año desde 2019.
Lo notable es que este rally ocurre mientras los bancos centrales europeos mantienen un discurso cauto sobre recortes. El BCE recortó tipos por última vez en septiembre de 2019; hoy, el mercado descuenta dos bajadas para 2024. La señal es clara: EE.UU. sigue siendo la locomotora, pero el apetito por riesgo se extiende a regiones con exposición tecnológica, como Corea del Sur y Alemania.
Riesgos en el horizonte: IA, valoraciones y la trampa de la inflación
Tras meses de subidas, la pregunta no es qué impulsa el mercado, sino qué podría frenarlo. En tecnología, parte del optimismo se basa en expectativas sobre la monetización de la IA generativa. Nvidia, que subió un 237% en 2023, cotiza a 35 veces sus beneficios estimados para 2024; en 2000, las dot-com colapsaron con múltiplos similares. Cualquier decepción en resultados o adopción empresarial podría desencadenar correcciones.
La política monetaria sigue siendo el mayor riesgo. Los mercados tienden a subestimar la inflación y sobreestimar la velocidad de los recortes. Si los datos de esta semana muestran que la desinflación se estancó, el discurso de “tres o cuatro bajadas en 2024” podría evaporarse. En 2022, la Fed sorprendió con siete subidas cuando el mercado esperaba solo tres.
El peor escenario sería una combinación de crecimiento desacelerado, inflación por encima del 2% y tipos altos. Históricamente, esto genera mayor volatilidad, ampliación de diferenciales de crédito y correcciones en activos de riesgo. ¿Están los inversores repitiendo el error de 2021, cuando ignoraron las señales de inflación hasta que fue demasiado tarde?
El precedente de 2019: cuando la Fed pausó sus subidas y el Nasdaq se disparó un 35% en seis meses
El actual rally tecnológico, con el Nasdaq Composite avanzando un 0.9% y el sector de software liderando con ganancias superiores al 3%, evoca un patrón histórico que los inversores no deberían ignorar. En 2019, tras una pausa en las subidas de tipos de la Fed, el índice tecnológico experimentó una escalada del 35% en solo seis meses, un movimiento que hoy podría repetirse si las condiciones macroeconómicas se alinean. La clave entonces, como ahora, fue la percepción de que la Reserva Federal detendría su política restrictiva sin que la economía entrara en recesión.
En aquel año, el S&P 500 también registró un avance del 28% en el mismo período, mientras que empresas como Microsoft y Apple —que hoy vuelven a liderar el mercado— subieron un 45% y un 50%, respectivamente. Sin embargo, el contexto actual presenta una diferencia crítica: en 2019, la rentabilidad del Treasury a 10 años rondaba el 2.5%, casi 2 puntos porcentuales por debajo del nivel actual (4.2%). Esto significa que, aunque el escenario de aterrizaje suave se repita, las valoraciones de las tecnológicas podrían enfrentarse a una presión adicional por el costo de financiamiento, algo que en 2019 no fue un obstáculo.
Otro factor a considerar es el comportamiento del oro, que en 2019 subió un 18% en los seis meses siguientes a la pausa de la Fed, casi idéntico al 15% que acumula en lo que va de 2024. La correlación entre el metal precioso y los recortes de tipos es clara: en los tres últimos ciclos de flexibilización monetaria (2001, 2008 y 2019), el oro registró ganancias superiores al 12% en los tres meses previos al primer recorte. Si este patrón se mantiene, el reciente repunte del 2% en el oro podría ser solo el inicio de un movimiento más amplio, especialmente si la inflación se modera sin sorpresas.
Sin embargo, hay una advertencia histórica que los inversores no pueden pasar por alto: en 2018, cuando la Fed subestimó la inflación y mantuvo una postura más restrictiva de lo esperado, el S&P 500 corrigió un 20% en solo tres meses. Hoy, con el Dow Jones en su sexto récord del año y el Nasdaq cerca de máximos, el riesgo de una corrección similar no es remoto, especialmente si los datos de empleo e inflación de esta semana —claves para la próxima decisión de la Fed— muestran señales de sobrecalentamiento.
¿Estamos ante un déjà vu o una trampa del mercado?
El paralelo con 2019 es tentador, pero la historia también enseña que los mercados rara vez se repiten de la misma manera. Esta vez, el dólar débil y la rentabilidad elevada de los bonos añaden capas de complejidad. Si la Fed actúa con la misma cautela que en 2019, el rally podría extenderse, pero si los datos de inflación sorprenden al alza —como ocurrió en 2021, cuando el IPC superó el 5% y la Fed se vio obligada a acelerar las subidas—, el escenario podría virar rápidamente. Los inversores están apostando por un aterrizaje suave, pero la pregunta clave es: ¿cuánto margen de error tiene este optimismo?