Crisis diplomática: Rusia expulsa a 20 diplomáticos alemanes en represalia por espionaje
Golpe a la diplomacia: Moscú escaló la tensión con Berlín al declarar persona non grata a dos decenas de funcionarios.
El Ministerio de Exteriores ruso anunció este lunes la expulsión de 20 diplomáticos alemanes, acusándolos de “actividades incompatibles con su estatus diplomático”. La medida, calificada como “una respuesta necesaria a acciones hostiles”, llega tras semanas de crecientes roces entre ambos países por supuestos casos de espionaje en territorio ruso.
En un comunicado oficial, la cancillería rusa detalló que los diplomáticos, adscritos a la embajada alemana en Moscú, tenían 72 horas para abandonar el país. “Rusia no tolerará intromisiones en sus asuntos internos”, advirtió la portavoz María Zajárova, quien vinculó la decisión con “operaciones encubiertas” presuntamente orquestadas desde Berlín.

La expulsión masiva —la mayor desde 2018, cuando 23 diplomáticos británicos fueron declarados persona non grata por el caso Skripal— se produce en un contexto de máxima tensión entre la UE y el Kremlin. Alemania, como miembro clave de la OTAN, ha sido uno de los principales apoyos a Ucrania, suministrando armamento por valor de €17.000 millones desde 2022.
El portavoz del gobierno alemán, Steffen Hebestreit, tachó la medida de “injustificada y contraproducente”, y advirtió que Berlín “evaluará una respuesta proporcional”. Fuentes de la cancillería alemana revelaron a En Foco Hoy que se barajan opciones como la expulsión de un número similar de diplomáticos rusos en Alemania o nuevas sanciones económicas.
La crisis diplomática se enmarca en una ola de expulsiones cruzadas en Europa. En abril, Polonia y República Checa expulsaron a 45 agentes rusos por espionaje, mientras que en marzo, Bulgaria hizo lo propio con 7 diplomáticos. Según el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), desde 2022 se han registrado más de 200 expulsiones de rusos en la UE por actividades sospechosas.
¿Qué busca Putin? Analistas consultados por este medio señalan que el Kremlin intenta debilitar la inteligencia occidental en Rusia antes de las elecciones presidenciales de marzo 2024, donde Putin buscará un nuevo mandato. “Es una estrategia clásica: reducir ojos extranjeros para operar con mayor impunidad”, explicó Iván Klyszcz, experto en relaciones internacionales de la Universidad de Varsovia.
La embajada alemana en Moscú, una de las más grandes de Europa con más de 100 empleados, ya había reducido su personal en un 30% desde el inicio de la guerra en Ucrania. La expulsión actual dejará su capacidad operativa “en niveles críticos”, según fuentes diplomáticas. Mientras, el ministro de Exteriores alemán, Annalena Baerbock, canceló un viaje previsto a Kazajistán para coordinar una respuesta con aliados.
¿Es el preludio de un corte total? Aunque ambos países mantienen canales abiertos —especialmente en temas energéticos—, el riesgo de una ruptura diplomática completa es real. En 1986, durante la Guerra Fría, la URSS y Alemania Occidental llegaron a expulsar a 250 diplomáticos en un solo año. “La historia nos enseña que estos ciclos de represalias rara vez se detienen solos”, advirtió Klyszcz.
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El precedente de 1986: cuando Moscú y Bonn expulsaron a 250 diplomáticos en un año
La expulsión de 20 diplomáticos alemanes en 2023 evoca el peor episodio de la Guerra Fría entre la URSS y la RFA (Alemania Occidental), cuando en 1986 ambos bandos declararon persona non grata a 250 funcionarios en menos de doce meses. El detonante entonces fue el caso de espionaje de la Stasi y el KGB en Colonia, donde agentes soviéticos reclutaron a un alto oficial de la OTAN para filtrar planes de defensa. La respuesta de Bonn fue inmediata: 47 expulsiones en abril de 1986, seguidas de otras 32 en octubre tras descubrir micrófonos ocultos en su embajada en Moscú. La URSS contraatacó con 120 expulsiones, incluyendo a cónsules en Leningrado (actual San Petersburgo).
El paralelo con 2023 es inquietante. En 1986, el conflicto escaló hasta casi romper relaciones, salvadas in extremis por la mediación de Francia y Austria. Hoy, el riesgo es mayor: Alemania es el segundo mayor proveedor de armas a Ucrania (tras EE.UU.), con envíos valorados en €17.000 millones, y Moscú ha advertido que cualquier apoyo militar se considerará un “acto de guerra”. Además, en 2018, Rusia ya expulsó a 23 diplomáticos británicos por el envenenamiento de Serguéi Skripal, un precedente que muestra su disposición a usar el espionaje como arma geopolítica. La diferencia clave: en los 80, la dependencia energética (el 60% del gas alemán venía de la URSS) frenó el conflicto. Hoy, Berlín ha reducido esa cifra al 20%, lo que limita su margen de negociación.
Otros datos que conectan ambos episodios:
- En 1986, la embajada alemana en Moscú operaba con 80 diplomáticos (hoy son 100, pero tras esta expulsión quedarán en 80, el mismo nivel que durante la Guerra Fría).
- El KGB gastó €50 millones anuales (ajustados a inflación) en operaciones en Alemania Occidental en los 80; hoy, el SVR ruso (su sucesor) destina €80 millones a Europa, según informes de la BND alemana.
- En 1987, la RFA respondió con sanciones tecnológicas, bloqueando exportaciones de maquinaria a la URSS. Hoy, Berlín estudia restringir la venta de semiconductores a Rusia, un golpe a su industria militar.
¿Repetirá Europa los errores de 1986?
La historia sugiere que las expulsiones masivas rara vez quedan en un solo movimiento. Tras el caso de 1986, la OTAN aprobó el “Plan de Contingencia 4047”, que permitía expulsar a todos los diplomáticos soviéticos en 72 horas si se confirmaba un ataque. Hoy, la Alianza Atlántica tiene un protocolo similar: el “Artículo 5 Bis”, activado en 2022 tras la invasión de Ucrania. La pregunta no es si habrá más represalias, sino cuándo. Annalena Baerbock canceló su viaje a Kazajistán, pero fuentes de la UE revelan que prepara una reunión de emergencia con los ministros de Exteriores del Báltico para coordinar una respuesta. El reloj corre: en 1986, la segunda ola de expulsiones llegó 11 días después de la primera.