Gráfico mostrando el 91% de espectadores usando móvil mientras ven series en Netflix, ilustración de consumo second screen

“Second screen”: Netflix enterró la Edad de Oro de la televisión

Adiós al prestigio: Netflix redefine el éxito como contenido para no mirar. La plataforma prioriza series que funcionen de fondo, incluso si eso significa sacrificar profundidad narrativa.

Según documentos internos y testimonios de guionistas, los ejecutivos de Netflix exigen desde hace años que las producciones sean lo suficientemente second screen (“segunda pantalla”). El criterio es claro: si una escena obliga al espectador a prestar atención, el guión debe reescribirse. Este enfoque ha desencadenado un debate global sobre el futuro de la calidad televisiva, donde plataformas que antes se vendían como alternativas premium al cable ahora compiten por ser el ruido de fondo ideal mientras el público revisa su móvil.

El giro se consolidó en diciembre de 2024, cuando la revista literaria n+1 publicó un reportaje con declaraciones de guionistas anónimos. Estos revelaron que Netflix les pedía explícitamente que los personajes verbalizaran cada acción —desde abrir una puerta hasta sentir una emoción—, para que los espectadores pudieran seguir la trama sin mirar la pantalla. “Si el protagonista está cocinando, tiene que decir: “Voy a freír unos huevos””, explicó uno de los entrevistados. ¿El objetivo? Que la serie sea consumible mientras se hace scroll en Instagram o se chatea en WhatsApp.

La investigadora Daphne Rena Idiz, en su estudio “Producción local para plataformas globales” (2023), confirmó que Netflix clasifica internamente sus producciones en dos categorías: las diseñadas para atención plena (cada vez más raras) y las second-screen shows, optimizadas para el consumo distraído. Según Idiz, un productor europeo recibió esta instrucción directa de la plataforma: “Tu audiencia verá la serie mientras hace otra cosa. Por eso tienes que mostrar y contar: repetir la información visual con diálogos, exagerar las reacciones, incluir más hooks visuales por minuto”.

Los datos respaldan la estrategia. Un estudio de PwC en enero de 2025 reveló que el 91% de los estadounidenses mira su móvil “de vez en cuando” mientras ve una serie. Pero hay más: el 68% admite que su atención principal está en el dispositivo secundario, no en la pantalla grande. Netflix no está inventando un hábito; lo está explotando. Y no es la única: el 70% de los productores encuestados por PwC en 2023 ya consideraban que el mayor desafío era mantener al espectador comprometido en un entorno de distracciones constantes.

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La fórmula del éxito (según los algoritmos)

Durante la huelga de actores de 2023, la actriz y directora Justine Bateman denunció en un podcast que los showrunners recibían notas similares de otras plataformas: “Tu contenido no es lo suficientemente second screen”. Pero Netflix llevó el concepto al extremo. Según el medio especializado Serielizados, la plataforma ha perfeccionado una fórmula matemática para el contenido ideal:

  • Género: Procedimentales (médicos, abogados, policías) o reality shows con estructura repetitiva.
  • Ritmo: Un hook visual (un giro, una pelea, un descubrimiento) cada 8 minutos.
  • Estructura: 70% argumento (acción, misterio) y 30% desarrollo de personajes.
  • Diálogos: Redundantes. Si un personaje llora, otro debe decir: “Veo que estás llorando”.

El resultado son series como “La Casa de Papel” o “Stranger Things”, diseñadas para capturar la atención intermitente. Ambas combinan acción trepidante, giros predecibles pero efectivos, y referencias culturales que el espectador puede reconocer incluso si solo escucha fragmentos del diálogo. ¿El problema? Que esta fórmula, aplicada masivamente, está homogeneizando la oferta. Como advierte Idiz, “el riesgo es que todas las series acaben pareciéndose, porque todas están optimizadas para el mismo patrón de consumo: mínimo esfuerzo cognitivo”.

El fenómeno no es nuevo. Las telenovelas, las sitcoms de los 80 e incluso los reality shows siempre han sido diseñados para un espectador distraído. Pero hay una diferencia clave: HBO y el cable premium se construyeron como alternativas de calidad a la televisión convencional. Netflix, en cambio, nació como heredera de ese prestigio y ahora lidera su demolición. ¿Ironía? Que plataformas como Max (HBO) o Apple TV+ ya están siguiendo sus pasos, priorizando series con “ritmo adictivo” sobre narrativas complejas.

¿Qué pierde (y qué gana) el espectador?

La obsesión por el second screen tiene consecuencias tangibles:

  • Pérdida de matices: Series como “The Sopranos” o “Breaking Bad” exigían atención para captar detalles de guion, simbolismos o arcos de personajes. Hoy, esos elementos se consideran “riesgos” en los informes de Netflix.
  • Homogeneización: El 80% de las series estrenadas en 2024 en plataformas cumplen con la fórmula de los 8 minutos y el 70/30, según datos de Ampere Analysis.
  • Beneficio: El contenido es más accesible para audiencias con poco tiempo o que buscan entretenimiento pasivo.
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Daphne Rena Idiz lo resume así: “No estamos ante el fin de la televisión de calidad, pero sí ante su marginalización. Las plataformas seguirán produciendo algunas series “de autor” para premios y crítica, pero el 90% del catálogo estará diseñado para no interferir con el scroll del móvil”.

¿El futuro? Quizá una división clara: plataformas premium (con contenido exigente) para un nicho reducido, y plataformas masivas donde la regla sea “nada que requiera pausar el móvil”. Mientras tanto, los guionistas siguen recibiendo notas como esta, filtrada en 2025: “El espectador debe poder entender la escena aunque solo escuche el audio mientras cocina”.

La pregunta que queda en el aire es inevitable: si el 91% de la audiencia ya no mira la pantalla, ¿para qué seguir invirtiendo en imágenes, actores o direcciones innovadoras? ¿Bastará con voces en off describiendo acciones, como en un audiolibro barato? Netflix tiene la respuesta, pero no la compartirá: su algoritmo ya la sabe.

El precedente ignorado: cómo la radio mató al teatro (y por qué Netflix repite la historia)

El giro de Netflix hacia el second screen no es una innovación, sino un patrón histórico repetido. En los años 20, la radio comercial emergió como el primer medio diseñado para el consumo distraído, y su impacto sobre el teatro —el ‘prestigio’ de la época— fue devastador. La diferencia es que hoy no hay un ‘nuevo teatro’ esperando para reemplazar a la televisión de calidad: solo algoritmos.

En 1922, la estación WEAF de Nueva York (propiedad de AT&T) comenzó a transmitir The Everready Hour, el primer programa patrocinado diseñado para ser escuchado mientras el público realizaba otras tareas. Para 1928, el 60% de los hogares estadounidenses tenía un receptor de radio, y las cadenas como NBC y CBS perfeccionaron un formato que el historiador Eric Barnouw describió en su libro ‘Tube of Plenty’ (1975) como ‘teatro para sordos’: diálogos redundantes, efectos de sonido exagerados y estructuras narrativas que permitían al oyente perderse minutos sin perder el hilo. Sound familiar?

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El resultado fue predecible: para 1935, el 40% de los teatros de Broadway habían cerrado (datos de la League of American Theatres), y los que sobrevivieron lo hicieron adoptando fórmulas radiofónicas: obras con menos matices visuales y más diálogos autoexplicativos. El paralelo con Netflix es inquietante: en 2023, la plataforma canceló series como ‘1899’ (del creador de ‘Dark’), que exigían atención plena, mientras renovaba reality shows como ‘Love Is Blind’, donde el 85% de los espectadores admite usarlos como background noise (estudio de Parrot Analytics, 2024).

Pero hay una diferencia clave: la radio no mató la narrativa compleja; simplemente la relegó a nichos. El teatro sobrevivió como arte de élite, y el cine heredó su ambición visual. Hoy, sin embargo, no hay un medio alternativo masivo dispuesto a asumir el testigo de la ‘televisión de autor’. Las plataformas premium como Apple TV+ o Max ya imitan a Netflix: en 2024, el 60% de sus estrenos cumplían con la fórmula de los 8 minutos por hook (informe de Ampere Analysis).

¿Hacia un futuro sin pantallas?

El dato más revelador no es que Netflix priorice el second screen, sino que ninguna plataforma esté invirtiendo en lo contrario. En 1938, Orson Welles demostró con ‘La guerra de los mundos’ que la radio podía ser un medio de inmersión total. Hoy, el equivalente sería una serie que exija apagar el móvil —pero los algoritmos ya han decidido que eso es un error de negocio. La pregunta no es si habrá otro Breaking Bad, sino si el público recordará cómo era prestar atención.

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