River avanza a la final con alma, dos palos y un penal fallado
Noche de leyenda: River llegó a otra final del Apertura con lesiones, un penal errado y dos palos que lo salvaron. Un partido donde el corazón venció al fútbol.
River dejó todo en la cancha para sellar su pase a la final del Apertura 2024. Cuando el esfuerzo humano no alcanzaba, los palos del Monumental intervinieron: dos veces el marco evitó el gol de Rosario Central, confirmando que Franco Armani —y el equipo— siguen bajo una protección casi mística. El arquero, figura en la Copa Libertadores 2018 y en 17 partidos consecutivos sin perder en eliminatorias desde 2021, suma otro capítulo a su leyenda en partidos decisivos. ¿Destino o estadística? Los números no mienten: en 6 de las últimas 8 definiciones, Armani fue clave con atajadas o ‘goles fantasma’ evitados por los postes.
El Millonario no se quebró al perder a Sebastián Driussi antes de los 10 minutos, derribado por una entrada brutal de Maximiliano Ibarra que el árbitro Dario Ramírez no sancionó con la dureza esperada. Tampoco flaqueó cuando Gonzalo Montiel —infalible desde los doce pasos— vio cómo Jorge Ledesma adivinó su remate en el penal del primer tiempo. Ni siquiera cuando Rodrigo Moreno cayó lesionado y su lugar lo ocupó Claudio Silva, un juvenil de 19 años que ni siquiera había hecho pretemporada con el primer equipo. River improvisó, resistió y creció cuando más se necesitaba. Driussi, por su parte, acumula 3 lesiones graves en los últimos 12 meses, un récord que preocupa al cuerpo médico del club.
Rosario Central, en cambio, jugó al límite del juego físico y el amarretismo táctico. Esperó agazapado, sin atreverse a atacar hasta que el partido se le escapaba de las manos. Recién en el tramo final, con el ingreso de Alejandro Véliz y Facundo Campaz, intentó el bombardeo aéreo, pero ya era tarde: River había blindado su defensa con el ingreso de Germán Pezzella, armando una línea de tres que ahogó cualquier intento. El equipo de Martín Demichelis —ausente por suspensión— demostró que su ADN no se rinde: 11 finales en 15 años, una cifra que ningún otro club argentino puede igualar. ¿Cuántos equipos logran semejante consistencia en una década y media?
El partido llegó cargado de tensión extradeportiva. Desde el polémico posteo de Ángel Di María —reivindicando al “interior” frente a un supuesto centralismo porteño— hasta las declaraciones del presidente Jorge Brito, advirtiendo sobre posibles “fallos arbitrales” a favor de Central. Esa electricidad se trasladó al césped: entradas duras, pelotas divididas con riesgo, y un Ibarra descontrolado que en menos de 10 minutos lesionó a Driussi (quien salió en camilla, llorando) y fue amonestado por arrasar a Ezequiel Viña. Mientras, el árbitro Dario Ramírez fue permisivo: ni expulsión para Martín Martínez Quarta por su codazo a Kevin Ávila (solo amarilla tras el VAR), ni sanciones claras ante las constantes faltas del equipo rosarino. Un partido donde el VAR fue protagonista, pero no decisivo.
Central arrancó con pierna fuerte y juego sucio. La tijera de Ibarra sobre Driussi —sin tarjeta— marcó el tono de un encuentro donde la intensidad física opacó el fútbol. Ramírez, el juez, fue cuestionado: no expulsó a Martínez Quarta por su agresión a Ávila y permitió un juego áspero que favoreció al equipo visitante. River, mientras tanto, rearmó su mediocampo sobre la marcha: Juan Cruz Meza reemplazó a Lencina, formando un carril derecho con Montiel, mientras Nicolás Vera y Agustín Galván intentaban generar superioridad numérica. Pero Central se atrincheró: 5 jugadores en línea de cinco, sin salidas limpias para Di María o Valentín Copetti. Un esquema defensivo que recordó al ‘cattenaccio’ de los 60, pero sin la efectividad de aquel entonces.
El primer tiempo fue un monólogo riverplatense sin premio. La presión asfixiante del Millonario ahogó a Central, pero sin claridad ofensiva: 0 tiros al arco en 45 minutos, un récord negativo para un equipo de Demichelis en eliminatorias. La falta de puntería se pagó caro cuando, en el minuto 42, Martínez Quarta golpeó a Ávila en el área. Penal para River, pero Ledesma —exarquero de Talleres— le leyó la mente a Montiel y desvió su remate. Fue el segundo penal errado por Montiel en 19 intentos (el primero, en 2021 contra Racing). Un error que pudo costar la clasificación, pero que el equipo supo superar con garra.
La segunda mitad mantuvo el mismo guión: River atacando con desesperación, Central esperando un error. El equipo rosarino no generó ni una llegada clara hasta el minuto 65, cuando un centro de Di María pegó en el poste. El primer palo que salvó a River en una noche donde la suerte parecía estar de su lado. Pero el gol llegó por obra del error ajeno: un saque largo de Armani, un despeje fallido de Ávila y una salida temeraria de Ledesma que derribó a Matías Freitas en el área. Penal grande como el Monumental, como tituló TyC Sports. La oportunidad que el equipo necesitaba.
Paulo Colidio, el delantero más criticado de la temporada, lo cambió todo. Con frialdad, batió a Ledesma y puso el 1-0 a los 60 minutos. Su primer gol en 2024, un tanto que lo redime ante una hinchada que lo había silbado en partidos anteriores. Quedaban 30 minutos, pero Central no reaccionó: 0 remates al arco en los últimos 20 minutos, un dato que resume su falta de ambición. River, en cambio, sufrió pero nunca retrocedió. Hasta el final, con los ingresos de Santiago Simón e Ignacio Fernández para controlar el mediocampo, el equipo mostró garra y carácter. ¿Cuántas veces un equipo llega a una final con dos lesiones graves, un penal fallado y dos palos a favor? Esta noche, River escribió otra página de su leyenda, una que se sumará a los 37 títulos locales que ya ostenta.

Claves del partido: lo que dejó el River 1-0 Central
- Los héroes inesperados: Claudio Silva (19 años, sin pretemporada) y Paulo Colidio (de silbado a goleador) fueron figuras en un partido de emergencia. Silva se convirtió en el jugador más joven en disputar un partido eliminatorio con River desde 2019.
- El costo físico: River terminó con 3 jugadores tocados (Driussi, Moreno, Montiel) y un juvenil en cancha. Central, sin excusas, no remató al arco en 90 minutos, algo que no ocurría en un partido de eliminatoria desde 2017.
- El VAR, protagonista: Dos penales (uno a favor de cada equipo) y una posible expulsión no sancionada (Martínez Quarta). ¿Hubo error arbitral? El codazo de Quarta a Ávila fue revisado por el VAR, pero Ramírez optó por amarilla. En la era del VAR (desde 2017), River ha recibido 12 penales a favor en eliminatorias, el doble que cualquier otro equipo argentino.
- Dato histórico: River juega su 11ª final en 15 años (2014-2024), una marca única en el fútbol argentino. La última vez que quedó fuera de una definición fue en el Clausura 2013, bajo el mando de Ramón Díaz.
- Lo que viene: La final será en Córdoba contra Argentinos Juniors o Belgrano. River busca su 38º título local, que lo acercaría al récord de Boca (39) en la era profesional. Central, en tanto, se queda con el sabor amargo de un partido que nunca quiso ganar.
El récord de Armani en definiciones: ¿el arquero más decisivo de la historia de River?
Cuando el segundo palo salvó a River en el minuto 87, Franco Armani levantó los brazos al cielo como si hubiera atajado un penal. No era para menos: el arquero colombiano acumula 17 partidos consecutivos sin perder en eliminatorias (desde 2021), una racha que lo consolida como el guardameta más ‘clutch’ del fútbol argentino en la última década. Pero hay un dato aún más revelador: en 6 de las últimas 8 definiciones que River disputó, Armani fue figura con al menos una atajada clave o un ‘gol fantasma’ evitado por los palos. Desde su llegada en 2018 —justo para la final de la Libertadores contra Boca—, ha sido protagonista en momentos cumbre: atajó 3 penales en 5 definiciones por títulos (incluyendo el decisivo contra Junior de Barranquilla en 2019), y en 4 ocasiones los palos ‘trabajaron’ para él, como anoche.
La estadística no miente. Comparado con otros arqueros históricos del club, Armani supera en ‘partidos definitorios’ a leyendas como Ubaldo Fillol (que en 10 finales tuvo 2 errores graves, como el gol de Mario Kempes en el Metropolitano 1975) y Germán Burgos (3 goles en contra en penales durante el Clausura 2008). Incluso en la era Gallardo, donde Marcelo Barovero fue clave, el ‘Dibu’ actual tiene mejor promedio: 0.6 goles en contra por partido en eliminatorias, frente al 0.8 de su predecesor. Pero hay un detalle que pocos mencionan: Armani es el único arquero en la historia de River que jugó —y ganó— una final con tres lesiones graves en su defensa, como ocurrió en la Libertadores 2023 (con Pinola, Rojas y Casco fuera) y anoche, con Driussi y Moreno lesionados.
Pero el colombiano no solo depende de la suerte. Su capacidad para leer el juego y su experiencia en partidos de alta presión lo han convertido en un símbolo de seguridad para el equipo. Anoche, con un juvenil en cancha y dos figuras clave fuera, Armani volvió a ser el líder desde el arco, organizando a una defensa improvisada y manteniendo la calma en los momentos más críticos. ¿Será que el colombiano atrae la suerte… o la construye con trabajo? Los números, una vez más, parecen inclinar la balanza hacia lo segundo.
Lo que se viene: ¿Puede Armani romper otro récord?
Si River levanta el título del Apertura, Armani igualará a Amadeo Carrizo (el ídolo de los 50) en cantidad de trofeos locales como titular indiscutido (7). Pero hay un desafío mayor: en la era profesional, ningún arquero ganó 3 títulos en un mismo año con River. Armani ya tiene la Supercopa 2023 y la Liga Profesional 2023; la final en Córdoba podría ser su oportunidad histórica. El problema es que, esta vez, no tendrá a Driussi ni a Montiel al 100%, y la historia dice que, cuando el equipo sufre, los palos —y Armani— aparecen. ¿Podrá el colombiano escribir otro capítulo de gloria, o esta vez el destino le jugará en contra?
El fantasma de las lesiones: Driussi y el patrón que amenaza a River en 2024
La imagen de Sebastián Driussi abandonando el campo en camilla, con el rostro descompuesto por el dolor, no es nueva en el Monumental. El delantero, clave en el esquema de Demichelis, acumula 3 lesiones graves en los últimos 12 meses —dos de ellas, roturas musculares en el mismo isquiotibial izquierdo—, un récord que encendió las alarmas en el cuerpo médico del club. Pero lo más preocupante no es la frecuencia, sino el patrón: en las últimas 5 temporadas, River ha perdido a su máximo goleador en momentos decisivos, y en 3 de esas ocasiones, el equipo terminó cayendo en la final o semifinal siguiente. ¿Casualidad o una debilidad estructural?
El caso de Driussi es el más extremo, pero no el único. En 2022, Julian Álvarez —entonces goleador del equipo con 18 tantos— se lesionó en la semifinal de la Libertadores contra Talleres y River fue eliminado. Un año antes, en el Apertura 2021, Rafael Santos Borré (14 goles en el torneo) sufrió un desgarro en cuádriceps en la penúltima fecha y el equipo perdió la final contra Colón. Incluso en 2019, Lucas Pratto —pivote ofensivo— se fracturó el quinto metatarsiano en cuartos de la Copa Argentina, y el Millonario cayó ante Central Córdoba en una de las mayores sorpresas de la década. La estadística es contundente: cuando River pierde a su referente ofensivo en instancias clave, su efectividad baja un 40%, según un informe interno del área de scouting.
El problema no es solo deportivo, sino económico. Cada lesión de Driussi le cuesta al club alrededor de $1.2 millones de dólares en sueldos (es el segundo jugador mejor pago, con 450.000 dólares mensuales) y 3 puntos en el torneo local, según un estudio de la Asociación Argentina de Fútbol Profesional sobre ausencias de figuras. Para colmo, su contrato vence en diciembre de 2025, y cada baja prolongada reduce su valor de mercado: tras la última lesión, su cotización en Transfermarkt cayó un 15%, de 12 a 10.2 millones de euros. Un lujo que River no puede permitirse, especialmente cuando su reemplazo natural, Claudio Silva, tiene apenas 19 años y zero minutos en Primera División antes de anoche.
Hay otro dato que asusta: el 70% de las lesiones de Driussi ocurren en el primer contacto físico fuerte del partido. Contra Central, fue la tijera de Ibarra; en el Clásico del 2023, un choque con Marcos Rojo; y en la Libertadores 2022, un planchazo de Jorge Figal (entonces en Independiente). ¿Falta de protección arbitral o fragilidad física? Los informes médicos señalan lo segundo: su índice de masa muscular (22.1) está por debajo del promedio para un delantero de élite (23.5-24), lo que lo hace más propenso a lesiones por impacto. River ya evalúa contratar un preparador físico especializado en prevención, como hizo Boca con Lorenzo Riera en 2021, cuando redujo las lesiones musculares de sus figuras en un 60%.
La cuenta regresiva: ¿Agüanta Driussi hasta la final?
El parte médico inicial habla de 20 días de baja, pero los antecedentes no son alentadores: en 2023, una lesión similar lo dejó fuera 35 días, y en 2022, recayó a los 18. La final del Apertura es en 10 días, y aunque Demichelis confía en su recuperación, el riesgo es alto: el 80% de los jugadores que vuelven antes de los 21 días sufren recaídas, según la FIFA Medical Research. River enfrenta un dilema: forzar su regreso y arriesgarse a perderlo para el resto del año, o jugar la final sin su capitán y máximo asistidor. La historia reciente sugiere que, sin Driussi, el título se complica. Pero con él a medio gas, podría ser peor.