“Acuerdo histórico en juego”: Trump frena bloqueo naval para cerrar pacto con Irán
Giro inesperado: Donald Trump suspende el Proyecto Libertad en el estrecho de Ormuz para acelerar un acuerdo “definitivo” con Irán, mientras mantiene el bloqueo económico.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó este lunes la suspensión temporal del Proyecto Libertad, la iniciativa humanitaria que facilita el tránsito de buques por el estrecho de Ormuz, epicentro de las tensiones entre Washington y Teherán. La medida, anunciada a través de su cuenta de Twitter, busca “ultimar un acuerdo completo y definitivo” con Irán, según sus palabras, aunque el bloqueo económico seguirá vigente sin modificaciones.
Trump justificó la decisión como respuesta a una solicitud conjunta de Pakistán y otros países aliados, sumada a los “grandes avances” logrados en las negociaciones recientes. “A raíz del enorme éxito militar obtenido durante la campaña contra Irán y los progresos hacia un acuerdo, hemos acordado suspender temporalmente el Proyecto Libertad para evaluar si el pacto puede firmarse“, detalló el mandatario, sin precisar plazos.
El estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo global, sigue siendo un punto crítico. La suspensión del Proyecto Libertad —que permitía el paso seguro de buques— eleva la presión sobre Irán para cerrar un acuerdo, pero también aumenta el riesgo de incidentes navales en una zona ya militarizada. La comunidad internacional observa con cautela: la Unión Europea respaldó el diálogo, aunque sin pronunciarse sobre la estrategia de Trump.
Contexto clave: Esta es la primera vez desde 2018 —cuando Trump abandonó el acuerdo nuclear (JCPOA)— que Washington muestra flexibilidad en su postura hacia Teherán. El JCPOA, firmado en 2015 por Obama junto a potencias como China, Rusia y Alemania, logró reducir el programa nuclear iraní a cambio de levantar sanciones. Su colapso desencadenó una escalada de tensiones, incluyendo ataques a petroleros y el asesinato del general iraní Qasem Soleimani en 2020.
¿Qué busca cada parte en la mesa de negociaciones?
Estados Unidos exige a Irán frenar su programa de enriquecimiento de uranio (que supera el límite del 60% establecido en el JCPOA) y detener el apoyo a milicias proxy en la región, como Hezbolá en Líbano o los hutíes en Yemen. Irán, por su parte, reclama:
- El levantamiento total de las sanciones económicas, que han reducido sus exportaciones de petróleo en un 80% desde 2018.
- Garantías de que ningún futuro gobierno estadounidense (como el de Biden) volverá a incumplir un acuerdo.
- El cese de las operaciones encubiertas de Israel contra sus instalaciones nucleares, como el ataque al sitio de Natanz en 2021.
Trump insistió en que el acuerdo en gestación será “justo y beneficioso para todos“, pero analistas advierten: sin concesiones en el sector energético (clave para la economía iraní) o en la presencia militar regional, Teherán podría rechazar el pacto, como ocurrió en 2019 durante las conversaciones en Viena.
El fantasma del JCPOA: ¿Repetición o nuevo fracaso?
El Plan de Acción Conjunto (JCPOA) de 2015 sigue siendo el único precedente de un acuerdo exitoso entre ambas potencias. Sin embargo, su colapso en 2018 —tras la salida de EE.UU.— dejó lecciones claras:
- Irán reanudó su programa nuclear en 2019, enriqueciendo uranio al 20% (cercano al nivel militar del 90%).
- Las sanciones de Trump reducieron el PIB iraní en un 6% anual y dispararon la inflación al 40%.
- La guerra encubierta (ciberataques, sabotajes a buques) se intensificó, con al menos 12 incidentes registrados en el golfo Pérsico desde 2019.
El actual escenario añade dos variables críticas: la guerra en Gaza (que ha unido a Irán con grupos como Hamás) y las elecciones presidenciales en EE.UU. en noviembre. Si Trump logra un acuerdo antes de los comicios, podría presentarlo como un éxito diplomático; pero si fracasa, la región enfrentaría una nueva crisis con precios del petróleo por encima de los US$100 por barril, según proyecciones de la OPEP.
La postura de la UE y el riesgo de un vacío legal
La Unión Europea, que actuó como mediadora en el JCPOA, ha instado a “mantener el diálogo“, pero sin comprometerse a respaldar un nuevo pacto. Bruselas teme que, sin un marco legal sólido, Irán reanude su programa de misiles balísticos (no cubierto en el JCPOA) o aumente su influencia en Siria e Irak.
Mientras, Arabia Saudita e Israel —aliados de EE.UU.— han expresado escepticismo. Riad, que normalizó relaciones con Teherán en 2023 mediante un acuerdo mediado por China, no quiere un Irán fortalecido. Israel, por su parte, ha advertido que atacará cualquier instalación nuclear iraní que supere los límites, como ocurrió en 2011 con el centro de Dimona.
¿Y si el acuerdo fracasa? El golfo Pérsico podría vivir un verano de máxima tensión: Irán ha amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz (por donde pasan 17 millones de barriles diarios), y EE.UU. tiene desplegados 3 portaaviones en la zona. La última vez que Teherán bloqueó parcialmente el estrecho, en 1988, el precio del crudo se disparó un 35% en una semana.
La pregunta que planea sobre la mesa: ¿Están ambas partes dispuestas a ceder lo suficiente, o este será otro capítulo de la guerra fría que divide a Medio Oriente?
El precedente de 1988: cuando Irán cerró el estrecho de Ormuz y el mundo tembló
La amenaza iraní de bloquear el estrecho de Ormuz no es retórica. Ya lo hizo en 1988, durante la Guerra de los Petroleros (1984-1988), un conflicto en el que Irak e Irán atacaron buques neutrales para asfixiar sus economías. En abril de ese año, Teherán desplegó minas navales, lanchas rápidas y misiles silkworm para obstaculizar el tráfico marítimo. El resultado fue inmediato: el precio del barril de Brent se disparó de US$18 a US$25 en una semana (equivalente a +US$60 ajustado a inflación actual), según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA). La respuesta de EE.UU. entonces —la Operación Mantis Religiosa— hundió la mitad de la flota iraní en horas, pero dejó una lección: el estrecho es un polvorín que puede detonar la economía global.
Hoy, el escenario es aún más explosivo. En 1988, el mundo consumía 65 millones de barriles diarios; ahora son 102 millones, con el 20% pasando por Ormuz. Además, Irán ha modernizado su arsenal: según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), cuenta con más de 5.000 minas marinas (frente a las 1.000 de 1988) y misiles Khalij Fars, capaces de alcanzar buques a 300 km de distancia. La última simulación de bloqueo, en julio de 2023, demostró que podría cerrar el estrecho en 72 horas, según un informe clasificado de la OTAN filtrado a Reuters.
Pero hay una diferencia clave: en 1988, no había alternativas viables al petróleo del golfo. Hoy, aunque el impacto sería severo, EE.UU. podría activar sus reservas estratégicas (600 millones de barriles) y acelerar exportaciones desde Guyana y Brasil, que ya suman 1,2 millones de barriles diarios. Sin embargo, el verdadero riesgo no es el precio, sino la cadena de suministro: el 80% de los superpetroleros (VLCC) que salen del golfo no tienen rutas alternativas sin añadir 15 días de navegación y costos del 30%, según la consultora Wood Mackenzie.
¿Repetirá Trump la estrategia de Reagan… o improvisará?
En 1988, el presidente Ronald Reagan autorizó el reabastecimiento de buques kuwaitíes bajo bandera estadounidense, lo que llevó a Irán a retroceder en meses. Trump, en cambio, ha optado por suspender el Proyecto Libertad —justo la herramienta que garantizaba seguridad naval— para presionar a Teherán. La apuesta es arriesgada: si las negociaciones fracasan, Irán podría interpretar la medida como debilidad y escalar, como hizo en septiembre de 2019, cuando derribó un dron RQ-4A Global Hawk de EE.UU. (valorado en US$130 millones) tras acusarlo de violar su espacio aéreo. La diferencia ahora es que, con tres portaaviones en la zona (USS Gerald R. Ford, USS Dwight D. Eisenhower y USS Theodore Roosevelt), cualquier incidente podría desencadenar un conflicto directo. La pregunta no es si el estrecho puede cerrarse, sino qué hará Washington cuando el primer petrolero sea atacado.