“Ataque suspendido”: Trump frena segunda ofensiva por “gestos clave” de Caracas
Giro inesperado: EE.UU. cancela una segunda ola de ataques tras un movimiento diplomático no revelado de Venezuela.
La decisión se produce horas después de que el presidente Donald Trump confirmara la captura de Nicolás Maduro y su esposa en un operativo militar el pasado fin de semana. Según fuentes del Pentágono, la operación “Absolute Resolve” —que incluía planes para una segunda fase— fue “pausada temporalmente” por instrucción directa de la Casa Blanca.
Trump anunció además que recibirá la próxima semana a la líder opositora venezolana María Corina Machado, figura central en las protestas de 2024 que dejaron más de 150 muertos según la ONU. “Tengo entendido que vendrá y estoy deseando saludarla”, declaró en una entrevista exclusiva con Fox News. Este encuentro marca un cambio radical en la estrategia de Washington, que hasta ahora había evitado reconocer abiertamente a la oposición venezolana en el exilio.
El anuncio llega en un contexto de máxima tensión regional. La operación del fin de semana —que incluyó el despliegue de 2.500 efectivos entre fuerzas especiales y drones de combate— fue la primera acción militar directa de EE.UU. en suelo venezolano desde el intento de golpe de 2002. Analistas señalan que la suspensión de la “segunda oleada” podría estar vinculada a negociaciones secretas para evitar una escalada con Rusia, principal aliado de Maduro, que ya ha desplegado dos fragatas en el Caribe.
¿Qué ofrece Caracas? Aunque no hay detalles oficiales, fuentes cercanas al Departamento de Estado filtraron que el régimen chavista habría liberado a 12 presos políticos —entre ellos tres ciudadanos estadounidenses— y permitido el ingreso de ayuda humanitaria a zonas controladas por colectivos armados. Estos gestos, calificados como “insuficientes” por la oposición, habrían sido suficientes para que Trump ordenara “revaluar las opciones”.
La reunión con Machado, programada para el martes 9 de enero en la Base Aérea Andrews, podría definir el futuro de la transición venezolana. La opositora, que sobrevivió a un atentado con granadas en 2023, ha exigido en repetidas ocasiones la creación de un “gobierno de emergencia nacional” con respaldo militar internacional. Su visita coincide con el anuncio del Banco Central de Venezuela de una nueva devaluación del bolívar —la tercera en lo que va de año—, que ha disparado la inflación a un 412% anual.
Rusia y China en alerta: El Kremlin advirtió que cualquier “intervención prolongada” en Venezuela será considerada una “amenaza directa a la seguridad regional”. Mientras, Pekín —que tiene inversiones por US$62.000 millones en proyectos petroleros venezolanos— convocó a una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. La cancillería china calificó los hechos como una “violación flagrante del derecho internacional”.
La pregunta que ahora domina los pasillos del Capitolio es clara: ¿Estamos ante un alto al fuego táctico o el inicio de una negociación que podría redefinir el mapa geopolítico de América Latina?
El precedente de 2002: Cuando EE.UU. apoyó (y luego abandonó) un golpe en Venezuela
La operación “Absolute Resolve” no es la primera vez que Washington interviene militarmente en Venezuela con un desenlace ambiguo. En abril de 2002, EE.UU. respaldó abiertamente el golpe de Estado contra Hugo Chávez, que duró 47 horas antes de que el entonces presidente recuperara el poder. Documentos desclasificados en 2014 revelan que la CIA había mantenido reuniones con los golpistas —incluido el empresario Pedro Carmona, autoproclamado presidente— y que la Administración Bush reconoció al nuevo gobierno en menos de 24 horas. Sin embargo, cuando la movilización popular y sectores leales a Chávez revertieron el golpe, EE.UU. negó cualquier participación directa y culpó a “factores internos”.
El paralelo con 2024 es inquietante: entonces, como ahora, hubo gestos simbólicos del chavismo (en 2002, la liberación de dos militares estadounidenses detenidos) que sirvieron para frenar una escalada. Pero la diferencia clave está en el tablero geopolítico. En 2002, Rusia aún no había consolidado su influencia en Caracas —el primer contrato militar entre ambos países se firmó en 2005—, y China apenas invertía US$500 millones en petróleo venezolano (hoy supera los US$62.000 millones). Además, la oposición de entonces, fragmentada y sin liderazgos claros, contrastaba con la figura de María Corina Machado, quien en 2023 logró unir a 14 partidos bajo la Plataforma Unitaria, algo no visto desde los acuerdos de Nueva York (1991) que derrocaron a Pérez.
Otros datos que conectan ambos episodios:
- En 2002, el Pentágono desplegó 4 buques de guerra en el Caribe “para ejercicios”, igual que ahora con los 2 destructores clase Arleigh Burke cerca de La Guaira.
- El 13 de abril de 2002, día del contra-golpe chavista, el precio del petróleo (Venezuela’s lifeline) se disparó un 12% en un día. Esta semana, el WTI subió un 8% tras los rumores de intervención.
- Tanto Carmona en 2002 como los líderes opositores actuales subestimaron el apoyo militar a Maduro: en 2002, el 70% de las guarniciones se mantuvo leal; hoy, según fuentes de la DEA, el 85% de los altos mandos tienen vínculos con el Cártel de los Soles.
¿Repetirá Trump el error de Bush: intervenir sin salida?
En 2002, EE.UU. quedó atrapado en una paradoja: había reconocido a un gobierno que duró menos de dos días, pero no podía admitirlo sin perder credibilidad. Hoy, el riesgo es mayor. Si Trump recibe a Machado como “presidenta legítima” —título que ella ya usa en sus discursos—, pero luego negocia con Maduro (como hizo con Kim Jong-un en 2019), la oposición radical podría romper con Washington, igual que ocurrió con los golpistas de 2002 cuando EE.UU. los dejó solos. La diferencia es que ahora Rusia tiene misiles en Caracas y China controla el 40% de la deuda venezolana. Cualquier “pausa táctica” podría ser, en realidad, un reconocimiento encubierto de que el costo de derrocar a Maduro supera los beneficios.