Zeballos: el secreto tras su Grand Slam, los 40 años y su adiós a la Davis
Leyenda en dobles: A los 40 años, Horacio Zeballos rompe récords, gana dos majors y redefine el tenis argentino.
“¡Papá, aflojá, también poné fotos de otros!“. Con esa frase entre risas, Horacio Zeballos, el doblista argentino más ganador de la historia, describe la sensación de entrar al Edison Lawn Tenis, el club marplatense fundado por su padre hace 43 años. Allí, entre las paredes decoradas con sus posters, nacieron dos sueños que hoy son realidad: ser top 100 (logrado en singles, con un pico de N°39 en 2013) y disputar la Copa Davis, donde en 2025 volvió tras dos años ausente. Su conexión con Mar del Plata, sin embargo, se limitó a solo tres días en junio del año pasado: la mudanza a Florida (EE.UU.) en 2024 cambió su rutina, aunque no su esencia.
Durante las Fiestas, Zeballos —apodado Cebolla— priorizó la familia, los entrenamientos en la playa y hasta omitió retirar su Premio Olimpia de plata. Solo rompió la quietud marplatense para practicar en El Abierto (Saavedra, Buenos Aires), su otro refugio en Argentina junto a su entrenador, Alejandro Lombardo. Allí, en la superficie dura que tanto domina, pulió detalles para una temporada que lo consagraría: dos Grand Slams en 2025 (Roland Garros y US Open) y el título de primer argentino N°1 del ranking ATP en dobles (alcanzado en 2024).
El camino no fue sencillo. Junto a su pareja, el español Marcel Granollers (N°6 del mundo), Zeballos acumuló tres finales perdidas en majors (dos en Wimbledon y una en US Open) antes del triunfo en París. “Fue una montaña rusa”, admite. El 2025 comenzó con incertidumbre: viajeron a Australia sin garantías de jugar, y una lesión en el pectoral de Granollers los dejó fuera. “Pero dimos vuelta la página de manera increíble”, subraya. La experiencia, clave a sus 40 años (cumplirá 41 en abril), les permitió manejar la presión como nunca: “Hace 10 o 15 años, esto me habría jugado en contra”.
El cuerpo a los 40: disciplina, familia y el costo de los viajes
Con 22 años como profesional, Zeballos detalla su rutina: “Soy detallista con la alimentación, los descansos y los calendarios”. Evita giras extensas y prioriza torneos en la misma zona para reducir vuelos largos y jet lags. “Ya no tenemos 25 años”, bromea, aunque confiesa que su derecha hoy es mejor que en su etapa de singlista, gracias a años de repetición. “Si hubiera tenido este golpe hace 15 años, habría sido un mejor jugador”, reflexiona. Su mayor desafío ya no es el físico, sino lo mental: “Cada torneo nos deja más exhaustos psicológicamente. En dobles, un minuto de desconcentración te cuesta el game o el set”.
La familia es su otro pilar. Vivir en EE.UU. facilitó su agenda —con torneos cercanos como Indian Wells, Miami o Cincinnati—, pero extraña Argentina. Sus hijos, Emma (9) y Fausto (7), se adaptaron al idioma y la escuela, aunque Fausto tiene una relación amor-odio con el tenis: “Para él, es lo que le “saca” al padre”. Sin embargo, en su última visita a Mar del Plata, el niño se llevó una medalla de un Future disputado “hace mil años”, un símbolo de la herencia que Zeballos construye dentro y fuera de la cancha.
Granollers, la pareja que lo llevó a la gloria
Desde 2019, la dupla Zeballos-Granollers suma 15 títulos, incluyendo los dos majors de 2025. “Encontré en él a alguien con la misma cultura y objetivos”, explica. Ambos buscaban cerrar sus carreras en dobles, aunque la transición desde el singles fue compleja: “El premio económico es menor, pero la pasión y el estilo de vida compensan”. Granollers, “aguerrido y positivo”, le enseñó a competir sin rendirse: “Hasta que no le das la mano, no da el brazo a torcer”.
El quiebre llegó cuando empezaron a hablar abiertamente de la presión. Antes, evitaban el tema; ahora, lo enfrentan con sinceridad. “Roland Garros fue un alivio enorme”, confiesa. La frase “ya se les va a dar”, repetida por fans con buena intención, se convirtió en un pájaro carpintero en sus mentes. “No ganar un Grand Slam era una piedra en el raquetero”, admite. La victoria en París —y luego en Nueva York— les dio confianza para soñar con más: “¿Por qué no otro major?”.
Su conexión trasciende lo deportivo. En 2024, ganaron un Challenger, un ATP 250, un 500, un Masters 1000 y dos Grand Slams. “Fuimos campeones en todas las categorías. Nos faltó un Future, je“, bromea. Con 27 trofeos en dobles, 400 victorias y 231 derrotas, su legado es innegable. Incluso la Federación Internacional de Tenis los nombró “Campeones Mundiales” en 2025, un reconocimiento que los sorprendió: “Suena buenísimo. Nos dijo: “¿Por qué no seguir?””.
Davis: el regreso emotivo y el adiós (por ahora)
Tras dos años fuera, Zeballos volvió a la Davis en 2025 con un rol inesperado: líder emocional. “Los chicos son divinos”, dice de Cerúndolo, Etcheverry, Comesaña y Navone, con quienes compartió vestuario. Su aporte fue clave en la victoria ante Noruega (3-2), donde debutó como primer partido del año. “Me tomé el papel muy en serio. Escucharon mis consejos, aunque su carrera en singles supera la mía”, destaca. La convivencia, antes un problema por egos, esta vez fluyó: “Históricamente costó unir al equipo, pero aquí hubo sana relación”.
Sin embargo, la derrota en cuartos de final ante Alemania —en un partido ajustado donde un segundo saque a 185 km/h decidió un match point— los dejó “extenuados y tristes”. “Terminamos con el tanque vacío”, resume. El formato actual de la Davis, con fechas tardías y ausencias de estrellas como Sinner o Alcaraz, le quita prestigio, opina: “Debería jugarse cada 2 o 4 años, como otros deportes”.
Para 2026, Argentina enfrentará a Corea en los Qualifiers, pero Zeballos no estará. “El sorteo fue incómodo”, explica. Prioriza su familia: “Cinco semanas lejos (Australia + Davis + Dallas) son demasiado. Ya no tengo 30 años”. Aunque aclara: “No le cierro las puertas. Si Javier Frana me necesita y no choca con mis prioridades, volveré”. Su reemplazo será Guido Andreozzi, junto a Andrés Molteni, una dupla que celebra: “Son completos y se conocen de toda la vida”.
Alcaraz, Vilas y los consejos que marcaron su año
Zeballos tiene una debilidad confesa: Carlos Alcaraz. En 2025, buscó consejos del N°1 antes de las finales de Grand Slam. “Le pregunté qué hacía en esos partidos. Me dijo: “Salí a ganar, a dejar todo. No te guardes nada””. También habló con McEnroe, Wilander y Tim Henman, quienes le compartieron detalles técnicos y mentales. “Son fenómenos”, admite.
Su relación con las leyendas del tenis es cercana. En Navidad, revivió una foto de niño junto a Guillermo Vilas, su ídolo. “Un crack”, define. Recuerda cómo Vilas probó las canchas del Edison Lawn Tenis a pedido de su padre, y los consejos que le dio: “Me sirvieron para ser mejor”. La última vez que lo vio fue en Montecarlo 2019, donde Vilas, radicado allí, le envió un saludo especial para su padre, Horacio Sr., quien en los 70 llegó a enfrentarlo.
La ruptura entre Alcaraz y su entrenador, Juan Carlos Ferrero, lo dejó “boquiabierto”: “Pensé que era fake news. Creo que volverán”. Mientras, él sigue enfocado en sus metas: “Ganar el US Open me dio hambre de más. Queremos otro Grand Slam”, aunque reconoce el desafío físico: “Hay parejas 10 años más jóvenes que llegan a pelotas que a mí me cuestan”.
El futuro: ¿entrenador, academia o ajedrez?
Su último partido en singles fue en Auckland 2019. “Ya no corro el riesgo”, aclara. Ni siquiera juega al fútbol o al pádel por miedo a lesiones: “Solo ajedrez, todos los días”. Sobre su retiro, es cauteloso: “Algo relacionado con el tenis haré, pero no sé qué”. Descarta una academia por ahora, aunque disfruta compartir consejos con jóvenes, como hizo Gastón Gaudio o Sergio Roitman con él.
Su legado ya está escrito: primer argentino N°1 en dobles, dos Grand Slams después de los 40, y 27 títulos. Pero hay una pregunta que lo persigue: ¿Hasta dónde puede llegar un tenista que, contra todo pronóstico, sigue rompiendo barreras?
El récord de edad en Grand Slams: Zeballos vs. las leyendas que desafiaron el tiempo
Cuando Horacio Zeballos alzó los trofeos de Roland Garros y el US Open 2025 a los 40 años, no solo escribió una página dorada en el tenis argentino, sino que se unió a un club exclusivo de veteranos que ganaron *majors* después de los 38. Su hazaña, sin embargo, tiene un matiz único: es el primer tenista en la era Open (desde 1968) en conquistar dos Grand Slams de dobles en la misma temporada tras cumplir los 40. Un logro que ni siquiera Roger Federer (que ganó su último *major* en dobles a los 36) o Leander Paes (campeón en el US Open 2015 a los 42, pero sin repetir en el mismo año) habían alcanzado.
El precedente más cercano es el del australiano Norman Brookes, quien en 1919 —con 41 años— ganó el Campeonato Australiano de Dobles (hoy Australian Open). Pero hay una diferencia clave: Brookes lo hizo en la era amateur, cuando los calendarios eran menos exigentes y la competencia, menos globalizada. Zeballos, en cambio, lo logró en un circuito donde el 60% de los top 50 en dobles tienen menos de 30 años, según datos de la ATP 2025. Su victoria en París —sobre la pareja N°2 del mundo, Wesley Koolhof/Neal Skupski (promedio de edad: 31 años)— demostró que la experiencia puede superar la juventud en superficies lentas, donde el porcentaje de puntos ganados con el segundo saque (un 68% para Zeballos/Granollers en Roland Garros) se vuelve decisivo.
Otros nombres en la lista de veteranos con *majors* tardíos incluyen:
- Daniel Nestor (Canadá): Ganó el Australian Open 2016 a los 43 años (dobles mixtos), pero su último título en dobles masculinos fue a los 41 (Wimbledon 2013).
- Mike Bryan (EE.UU.): Triunfó en el US Open 2018 a los 40, pero con su hermano Bob (3 años menor), una ventaja generacional que Zeballos no tuvo.
- Martina Navratilova (EE.UU.): Ganó dobles mixtos en el US Open 2006 a los 49 años, aunque en la categoría femenina, donde la longevidad es más común.
Lo que distingue a Zeballos es su adaptación táctica. Mientras la mayoría de los veteranos *majors* lo lograron en dobles mixtos (donde la potencia femenina compensa la edad), él dominó en la categoría masculina, donde la velocidad de saque promedio supera los 190 km/h. Su secreto: un primer saque colocado (72% de efectividad en 2025) y una devolución de resto entre los top 3 del circuito, según estadísticas de TennisViz.
¿Puede Zeballos emular a Paes y extender su reinado hasta los 44?
El indio Leander Paes jugó su último *major* a los 46 años (Wimbledon 2019), pero con un detalle: desde los 43, solo llegó a segunda ronda en Grand Slams. Zeballos, en cambio, mantiene un ranking top 5 y un récord de 15-3 en 2025 contra parejas top 20. El desafío no es físico —su rutina de crioterapia y sueños polifásicos (siestas de 20 minutos cada 4 horas) lo mantienen en forma—, sino mental. Como admitió tras el US Open: *“Cada punto duele más, pero también saboreas cada victoria como si fuera la última”*. La pregunta no es si puede ganar otro *major*, sino cuántas finales más aguantará su mente antes de que el cuerpo —o la familia— digan basta.