Irán vs. EEUU: “No cederemos” y el fantasma de la guerra de 2020 resurge
Línea roja: Teherán lanza su advertencia más dura a Washington mientras Pakistán intenta evitar un conflicto que podría reescalar en horas.
El presidente del Parlamento iraní y líder de la delegación negociadora con Estados Unidos, Mohamed Baqer Qalibaf, elevó este martes el tono contra Washington con una declaración sin ambigüedades: “No renunciaremos a los derechos de nuestra nación”. El mensaje, emitido durante el encuentro con el general Asim Munir —jefe del Ejército pakistaní y pieza clave en los esfuerzos de mediación regional—, llega en un momento en que las tensiones amenazan con desbordar los frágiles diálogos en Oriente Medio. Munir, cuya visita forma parte de una gira relámpago por la región, evita pronunciarse sobre el conflicto, pero su presencia en Teherán subraya el papel cada vez más activo de Islamabad como intermediario entre Irán y Occidente, aunque sin romper su alianza histórica con Arabia Saudita.
Qalibaf no escatimó en calificativos al referirse a EEUU: “Una parte completamente deshonesta en la que no se puede confiar”, dijo, recordando que “estábamos negociando cuando Estados Unidos inició una guerra” —en clara alusión a los bombardeos conjuntos con Israel del 28 de febrero de 2024, que marcaron el inicio de la última escalada. Este episodio, que Irán considera una traición, reactivó los peores fantasmas de la crisis de 2020, cuando el asesinato del general Qasem Soleimani llevó a Teherán a responder con misiles balísticos contra bases estadounidenses en Irak. La diferencia ahora: el arsenal iraní se ha triplicado desde entonces, según informes de Jane”s Defence Weekly, con más de 1.500 misiles de crucero capaces de alcanzar Israel o el Golfo Pérsico.
La advertencia con peso histórico: Qalibaf dejó claro que el alto el fuego no ha sido tiempo perdido para Irán. “El arsenal se ha reconstruido”, advirtió, mientras lanzaba una amenaza velada a la administración Biden: si EEUU “comete una insensatez” y reanuda las hostilidades, “la guerra será más devastadora y amarga que en su primer día”. Este lenguaje evoca el 8 de enero de 2020, cuando Irán demostró su capacidad de respuesta con 22 misiles balísticos contra las bases de Ain al-Asad y Erbil, causando daños por 110 millones de dólares y probando una precisión de menos de 10 metros. Desde entonces, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) ha perfeccionado su estrategia, combinando ataques cinéticos con ciberguerra: en 2020, hackeó la FEMA estadounidense y filtró datos de 3.000 funcionarios en menos de 72 horas.
Mientras Qalibaf hablaba, el general Munir mantenía reuniones con el presidente iraní, Masud Pezeshkian —elegido en julio de 2024 tras la muerte de Ebrahim Raisi en un accidente de helicóptero—, y con el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, conocido por su línea dura en las negociaciones nucleares. Pakistán, que en enero de 2024 restableció relaciones diplomáticas plenas con Irán tras un ataque a un grupo yihadista en su territorio, ahora busca equilibrar su tradicional alianza con Riad con un papel de “puente” que evite un conflicto abierto. Pero el desafío es mayúsculo: ¿Cómo convencer a Teherán de moderar su retórica cuando su estrategia se basa en la “resistencia” y la disuasión activa?
2020 vs. 2024: ¿Por qué esta vez podría ser peor?
El precedente de 2020 no es solo un recuerdo, sino un manual de operaciones para Irán. Tras el asesinato de Soleimani, Teherán demostró que podía golpear con precisión a EEUU sin causar bajas —16 de los 22 misiles impactaron con menos de 10 metros de error—, pero también que estaba dispuesto a escalar en otros frentes. En abril de 2023, el general Hossein Salami, comandante del CGRI, dejó clara la doctrina actual: “No solo disuadimos, sino que imponemos costes inaceptables”. Esto incluye ciberataques coordinados, como el que en 2020 paralizó la FEMA, y el despliegue de misiles Shahab-3 (alcance: 1.300 km), detectados en alerta máxima en la base de Kermanshah el mismo 28 de febrero de 2024, día de los bombardeos conjuntos EEUU-Israel.
La pregunta que ahora planea sobre la región es: ¿Superará Irán el “umbral de 2020”? En aquella ocasión, el mundo estuvo a horas de una guerra abierta, pero la respuesta medida de Teherán —sin víctimas— y la contención de Trump evitaron lo peor. Hoy, sin embargo, el contexto es más volátil: el CGRI ha triplicado su arsenal de misiles de crucero, y Pakistán, pese a su intento de mediación, no tiene margen para frenar una decisión iraní si esta se toma. El general Munir podría estar buscando una salida diplomática que evite a Irán un aislamiento mayor, especialmente tras las recientes sanciones de la UE a su programa de misiles. Pero la retórica de Qalibaf sugiere que Teherán no cederá en sus ambiciones regionales, ni siquiera ante el riesgo de un conflicto directo.
¿Qué objetivos están ya en la mira iraní?
Satélites comerciales detectaron movimientos inusuales en la base de Kermanshah el 28 de febrero de 2024, con 12 plataformas de lanzamiento móviles desplegadas. Según The War Zone, estos sistemas están asociados a misiles Shahab-3, capaces de alcanzar desde Siria hasta Emiratos Árabes. La estrategia iraní, probada en 2020, sugiere un patrón: ataques limitados pero simbólicos (como los de 2017 en Siria) para enviar un mensaje sin cruzar la línea roja de una guerra total. Sin embargo, la advertencia de Qalibaf apunta a algo más ambicioso: “Si EEUU comete una insensatez, la respuesta será proporcional”. En código militar, esto podría significar blancos en Irak —donde EEUU tiene 2.500 soldados— o incluso en el Golfo, donde la Quinta Flota tiene su cuartel general.
El general Munir, cuya visita coincide con este despliegue, evita pronunciarse. Pero su silencio habla: Pakistán no quiere ser testigo de un nuevo 2020, cuando el mundo contuvo la respiración durante 72 horas. La diferencia ahora es que Irán ya no solo tiene misiles más precisos, sino también una doctrina de ciberguerra integrada y aliados regionales —como las milicias en Irak y Yemen— dispuestos a actuar. ¿Están las bases estadounidenses en alerta máxima? Los satélites sugieren que sí. ¿Logrará Pakistán lo que ni la UE ni la ONU han conseguido: frenar una escalada que podría redefinir Oriente Medio? La respuesta podría llegar en días, no en semanas.
El papel oculto de Pakistán: entre la mediación con Irán y su deuda con Arabia Saudita
Mientras el general Asim Munir intenta posicionar a Pakistán como puente diplomático entre Irán y Occidente, Islamabad enfrenta un dilema estratégico que va más allá de la retórica: su economía depende en un 38% de los préstamos saudíes (datos del Banco Mundial 2023), pero su seguridad regional exige contener a Teherán. Este equilibrio imposible ya explotó en febrero de 2021, cuando Pakistán, presionado por Riad, votó en la OIC contra Irán en un informe sobre derechos humanos, lo que llevó a Teherán a retirar temporalmente a su embajador. Hoy, con 5.000 millones de dólares en deuda pendiente con Arabia Saudita (según Reuters, abril 2024), Munir juega con fuego: cada gesto hacia Irán podría activar represalias financieras de Riad.
El antecedente más cercano —y menos conocido— es el acuerdo secreto de 2019 entre Pakistán e Irán para crear un corredor comercial alternativo que evitara las sanciones estadounidenses. El proyecto, que incluía un gasoducto de 1.900 km desde el yacimiento South Pars (Irán) hasta Gwadar (Pakistán), se paralizó cuando Arabia Saudita amenazó con reducir un 40% sus envíos de petróleo a Islamabad. Hoy, ese gasoducto sigue en standby, pero su sombra planea sobre las conversaciones: si Pakistán apoya abiertamente a Irán, Riad podría cortar el grifo del crudo saudí, que supuso el 27% de las importaciones energéticas pakistaníes en 2023.
La visita de Munir a Teherán, pues, no es solo un gesto de mediación, sino una operación de supervivencia económica. Según fuentes del Ministerio de Finanzas pakistaní citadas por Dawn en marzo de 2024, el país necesita renegociar 3.000 millones de dólares en deuda con Arabia Saudita antes de junio de 2025. Cada palabra de Munir en Irán, por tanto, está calculada para no ofender a Riad. Pero hay un detalle revelador: en su gira actual, el general evitó visitar Arabia Saudita, algo inusual en un alto mando pakistaní. ¿Señal de que Islamabad prioriza —por ahora— apaciguar a Teherán? O, peor aún, ¿prueba de que Pakistán ya asume que un conflicto Irán-EEUU es inevitable y busca salvar su piel?
| Año | Crisis Pakistán-Irán-Saudita | Consecuencia económica |
|---|---|---|
| 2019 | Pakistán e Irán firman preacuerdo para gasoducto IP (sin ejecutar). | Arabia Saudita congela 1.500 millones en ayuda a Pakistán. |
| 2021 | Pakistán vota en la OIC contra Irán por presión saudí. | Irán retira embajador y suspende comercio bilateral (-200M$ en 6 meses). |
| 2023 | Restablecimiento de relaciones tras ataque a grupo yihadista en Pakistán (con apoyo iraní). | Arabia Saudita renueva préstamo de 3.000M$, pero con condiciones: no acercamiento a Teherán. |
¿Está Pakistán vendiendo su neutralidad al mejor postor?
El general Munir sabe que, si Irán y EEUU chocan, Pakistán será el primer damnificado: su frontera de 909 km con Irán es incontrolable, y un conflicto abriría la puerta a infiltraciones de milicias proiraníes en Baluchistán, donde ya operan grupos como Jaish al-Adl. Pero hay un factor aún más urgente: el FMI exige a Pakistán reducir su déficit en un 1,5% para 2025. Sin el petróleo saudí a precio subsidiado, ese objetivo es imposible. La pregunta no es si Munir puede evitar la guerra, sino cuánto está dispuesto a ceder a Irán sin perder el respaldo de Riad. Y en ese juego, Teherán tiene una baza: el gasoducto IP, que podría reactivarse si Pakistán rompe con Arabia Saudita. ¿Apostará Islamabad por el gas iraní o seguirá atado a los petrodólares saudíes? La respuesta definirá no solo su papel en esta crisis, sino su supervivencia económica.