Irán frena ataques a vecinos pero advierte: “Respondemos si nos agreden”
Giro estratégico: Irán suspende bombardeos a países vecinos tras una semana de represalias, pero mantiene su derecho a contraatacar si sufre nuevos ataques desde la región.
El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, anunció este sábado la suspensión inmediata de los bombardeos contra objetivos en países vecinos, una decisión adoptada por el Consejo de Liderazgo en funciones —órgano provisional tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei en los ataques conjuntos de EEUU e Israel la semana pasada—. “No se realizarán más ataques contra países vecinos ni se dispararán misiles a menos que un ataque contra Irán se origine en esos países“, declaró Pezeshkian en un discurso televisado, matizando que la medida no elimina el “derecho inherente a la autodefensa“.
El mandatario iraní ofreció disculpas públicas a los gobiernos regionales, insistiendo en que Teherán “no guarda animadversión” hacia ellos. Sin embargo, justificó los bombardeos previos como una “medida de fuerza mayor” tras la muerte de más de 150 colegialas en un ataque que Irán atribuye a EEUU durante la ofensiva inicial. “Nuestras fuerzas armadas actuaron para defender la integridad territorial con dignidad“, argumentó, mientras reconocía el “caos” que rodeó la toma de decisiones en ausencias de los comandantes fallecidos.
La decisión iraní llega en un contexto de tensión regional persistente. Arabia Saudí informó este sábado de la interceptación de cuatro drones y un misil procedentes de Irán, mientras que Emiratos Árabes Unidos confirmó la “contención con éxito” de un “incidente menor” por escombros de un proyectil interceptado, sin víctimas. Estos eventos ocurren una semana después de que EEUU e Israel lanzaran una ofensiva conjunta contra Teherán, que dejó al descubierto la vulnerabilidad del sistema de defensa iraní y desencadenó la actual escalada.
Pezeshkian también respondió a las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien exigió el viernes una “rendición incondicional” de Irán. “Es un sueño que se llevará a la tumba“, advirtió el mandatario iraní, reafirmando su postura: “No tenemos intención de invadir países vecinos; son nuestros hermanos“. No obstante, subrayó que las operaciones defensivas seguirán dirigidas contra “bases e instalaciones militares estadounidenses” en la región, consideradas “objetivos legítimos“.
Críticas internas y presión por un nuevo líder supremo
La estrategia de Pezeshkian ha generado fricciones internas. El diputado ultraconservador Hamid Rasaee tachó de “débil, poco profesional e inaceptable” su discurso televisado, exigiendo —junto a varios ayatolás— la elección inmediata de un nuevo líder supremo para llenar el vacío dejado por Jamenei. “La República Islámica siempre ha priorizado la buena vecindad, pero esto no niega nuestro derecho a defendernos“, replicó Pezeshkian en redes sociales, donde reafirmó que los contraataques iraníes se centrarán en “fuentes de agresión“, no en civiles o gobiernos aliados.
El conflicto actual evoca el patrón de 2020, cuando Irán respondió con misiles balísticos al asesinato del general Qasem Soleimani en un ataque estadounidense en Bagdad. En aquella ocasión, Teherán también insistió en que sus acciones eran “proporcionales y defensivas“, aunque la escalada entonces duró meses. La diferencia ahora radica en la fragmentación del liderazgo iraní tras la muerte de Jamenei, figura clave en la estabilidad del régimen desde la Revolución Islámica de 1979.
Mientras la comunidad internacional observa con cautela, Pezeshkian cerró su mensaje con un llamado a la diplomacia, aunque sin ceder en su postura militar: “Buscamos paz con nuestros vecinos, pero no permitiremos que nadie amenace nuestra soberanía“.
¿Podrá Irán mantener este equilibrio entre la contención regional y las presiones internas por una respuesta más contundente?
El precedente de 2020: cómo Irán escaló (y luego frenó) tras el asesinato de Soleimani
La decisión de Irán de suspender los bombardeos a vecinos —mientras mantiene la amenaza contra bases estadounidenses— repite un patrón ya visto en enero de 2020, tras el asesinato del general Qasem Soleimani en un ataque con drones estadounidenses en Bagdad. Entonces, Teherán respondió con un bombardeo masivo: 22 misiles balísticos contra la base aérea de Ain al-Asad (Irak), donde se alojaban tropas de EEUU. El ataque, ejecutado en dos oleadas con apenas 90 minutos de diferencia, causó 110 soldados estadounidenses con traumatismos craneales (según datos del Pentágono), pero ninguna baja mortal directa. Irán lo calificó como una “respuesta proporcional” y, tras ello, declaró concluida su represalia, evitando una escalada mayor.
Sin embargo, la similitud con 2020 tiene un matiz crítico hoy: la ausencia de un líder supremo consolidado. En 2020, el ayatolá Alí Jamenei —fallecido la semana pasada— coordinó personalmente la respuesta con los Guardianes de la Revolución, el ejército regular y el Ministerio de Exteriores, logrando una acción unificada. Ahora, con Jamenei muerto y el Consejo de Liderazgo en funciones dividido (según filtró el diario reformista Etemad), las fuerzas armadas iraníes actúan con mayor autonomía. Esto explica por qué, a diferencia de 2020, los ataques recientes incluyeron drones contra Arabia Saudí y Emiratos Árabes —países que en 2020 quedaron fuera del radio de represalia—, así como el uso de misiles Kheibar Shekan (de 1.500 km de alcance), no desplegados en aquel entonces.
Otro dato revelador: en 2020, Irán notificó con 12 horas de antelación a Irak —país anfitrión de la base atacada— sobre su operación, mediante un mensaje del entonces ministro de Exteriores, Mohammad Javad Zarif, a su homólogo iraquí. Esta vez, no hubo aviso previo a Riad ni a Abu Dabi, según confirmaron fuentes diplomáticas a Reuters. La falta de coordinación refleja tanto la urgencia por responder como la pérdida de canales diplomáticos directos tras la muerte de Jamenei, quien mantenía líneas abiertas con Omán y Catar para mediar en crisis.
¿Hacia una “guerra de delegados” sin líder supremo?
El vacío de poder en Teherán podría llevar a una nueva fase: ataques indirectos a través de proxys (como los hutíes en Yemen o Hezbolá en Líbano) en lugar de operaciones militares centrales. En 2020, Irán evitó este escenario gracias a la autoridad de Jamenei para frenar a las facciones más belicosas. Ahora, con el Consejo de Liderazgo paralizado por disputas —el ultraconservador Hamid Rasaee ya ha exigido elecciones aceleradas para el nuevo líder supremo—, el riesgo es que cada rama militar (Guardianes de la Revolución, ejército regular, milicias chiíes) actúe por su cuenta, multiplicando los frentes. La pregunta no es si habrá más ataques, sino quién los ordenará.