Israel asume bombardeos a gasolineras en Líbano: “Financian a Hezbolá”
Escalada sin freno: Israel justifica ataques a infraestructuras civiles en Líbano como parte de su ofensiva contra Hezbolá, en un conflicto que ya supera el mil muertos.
El Ejército israelí confirmó este martes su autoría en los bombardeos contra tres gasolineras en Líbano, argumentando que estas instalaciones —ubicadas en zonas bajo control del grupo chií HezboláAl Amana, acusada de “servir como infraestructura económica para actividades terroristas” y de generar “millones de dólares anuales” que Hezbolá destina a armamento y logística.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) detallaron que las gasolineras destruidas eran utilizadas para “abastecer camiones que transportan armas y combatientes” hacia la frontera. Este operativo se enmarca en una campaña más amplia que incluye bombardeos contra la asociación Al Qarj al Hasán, una entidad de microcréditos sin intereses que Israel vincula directamente con Hezbolá. “Estas acciones debilitan significativamente la capacidad operativa del grupo”, subrayó el portavoz militar, quien advirtió que las FDI “no permitirán que se ponga en riesgo a los ciudadanos israelíes”.
El conflicto escaló tras el asesinato del ayatolá Alí Jamenei el 28 de febrero de 2025, en una ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos contra Irán. Hezbolá respondió con lanzamientos de proyectiles hacia territorio israelí, lo que desencadenó una nueva oleada de ataques aéreos y una invasión terrestre limitada en el sur de Líbano. Las autoridades libanesas cifran en más de 1,000 muertos desde entonces, incluyendo civiles y combatientes.
Este último episodio se suma a los decenas de bombardeos registrados desde noviembre de 2024, cuando se firmó un alto el fuego que Israel considera “no violado” al justificar sus acciones como “defensa preventiva” contra Hezbolá. Sin embargo, tanto el gobierno libanés como Naciones Unidas han condenado estas operaciones, tachándolas de violaciones flagrantes del derecho internacional. El grupo chií, por su parte, ha prometido “una respuesta contundente” que, según analistas, podría extender el conflicto a otros frentes regionales.
¿Hasta dónde llegará la escalada? Con Irán respaldando abiertamente a Hezbolá y Israel ampliando sus blancos a infraestructuras civiles, el riesgo de una guerra regional abierta es mayor que nunca. La comunidad internacional, dividida entre el apoyo a Israel y las críticas por el uso de fuerza desproporcionada, aún no ha logrado frenar el derramamiento de sangre.
El precedente de 2006: cuando Israel bombardeó infraestructuras civiles en Líbano y desencadenó una guerra de 34 días
La estrategia israelí de atacar gasolineras y redes financieras vinculadas a Hezbolá no es nueva, pero evoca un patrón histórico con consecuencias devastadoras. En julio de 2006, tras el secuestro de dos soldados israelíes por parte del grupo chií, el Ejército israelí lanzó la Operación Cambio de Dirección, una ofensiva que incluyó el bombardeo sistemático de puentes, centrales eléctricas, plantas de agua y, crucialmente, depósitos de combustible en Beirut y el sur de Líbano. Según informes de Human Rights Watch, en solo 34 días de conflicto, Israel destruyó 150 objetivos civiles, incluyendo 60 gasolineras, bajo el argumento de que eran “nodos logísticos” para Hezbolá. El resultado: 1,200 muertos libaneses (en su mayoría civiles), 160 israelíes fallecidos, y un daño económico estimado en $3.6 mil millones (el 15% del PIB libanés en ese momento).
El paralelo con 2025 es inquietante. En 2006, Israel justificó los ataques a infraestructuras energéticas alegando que Hezbolá utilizaba camiones cisterna para transportar cohetes Fajr-3 y misiles Zelzal (de fabricación iraní) disfrazados de carga civil. Una investigación posterior de la ONU (Resolución 1701) reveló que, aunque algunos depósitos sí almacenaban armamento, el 87% de las gasolineras bombardeadas no tenían vínculo directo con actividades militares. Sin embargo, la destrucción de estas instalaciones paralizó el país: el 90% de las estaciones de servicio quedaron inoperativas, generando una crisis de combustible que duró seis meses. Hezbolá, por su parte, emergió del conflicto con un arsenal reforzado (gracias al rearme iraní) y un apoyo popular aumentado en un 20%, según encuestas de la Universidad Americana de Beirut.
La diferencia clave en 2025 es el contexto regional. En 2006, Irán limitó su respuesta a apoyo logístico, pero hoy, tras el asesinato del ayatolá Alí Jamenei y la alianza militar explícita entre Teherán y Hezbolá, el riesgo de una intervención directa iraní es real. Además, en 2006, el petróleo se cotizaba a $70 por barril; hoy supera los $95, lo que agrava el impacto económico de cortar el suministro de combustible en Líbano, un país ya en default desde 2020 con una inflación del 200%.
¿Repetirá Israel el error de 2006: ganar batallas tácticas y perder la guerra estratégica?
La historia sugiere que los bombardeos a gasolineras, aunque debilitan a Hezbolá a corto plazo, podrían radicalizar aún más a la población libanesa y empujar a Irán a una respuesta sin precedentes. En 2006, la destrucción de infraestructuras civiles no quebró a Hezbolá, sino que lo convirtió en un actor más fuerte. Hoy, con misiles de precisión iraníes (como los Fateh-110) ya desplegados en Líbano y una economía libanesa al borde del colapso, el cálculo israelí podría salir mal: cada gasolinera bombardeada es un paso más hacia una guerra de desgaste que nadie —ni siquiera Israel— está preparado para ganar.