Crisis de chips: ganadores y perdedores en una guerra sin fin al horizonte
Fractura bursátil: La escasez de memorias divide al mercado en dos bandos irreconciliables, con pérdidas récord para unos y ganancias históricas para otros.
El encarecimiento sin freno de los semiconductores de memoria ha partido en dos el panorama bursátil global. Mientras fabricantes como Samsung Electronics o SK Hynix registran alzas superiores al 150% en sus valoraciones, gigantes tecnológicos como Nintendo, Qualcomm y Logitech ven cómo sus acciones se desploman ante la imposibilidad de asegurar suministros. Los inversionistas, atrapados entre la euforia y el pánico, buscan desesperadamente señales claras sobre cuándo —o si— terminará este ciclo atípico.
El índice de Bloomberg que rastrea a los productores de electrónica de consumo acumula una caída del 12% desde septiembre. En el extremo opuesto, las acciones de los fabricantes de memoria han escalado más de un 160%, con casos extremos como Sandisk Corp., que supera el 400% de revalorización en Nueva York. Pat Gelsinger, CEO de Intel, lanzó una bomba al mercado al advertir que la escasez de chips de memoria no tendrá alivio hasta 2028 —tres años más allá de lo que pronosticaban los analistas más pesimistas.
Vivian Pai, gestora de fondos en Fidelity International, advierte que el mercado subestima la gravedad: “Las valoraciones actuales asumen que la perturbación se resolverá en uno o dos trimestres, pero la rigidez estructural del sector podría extenderse hasta finales de 2025“. Su diagnóstico coincide con el de Charu Chanana, estratega jefe de Saxo, quien señala que el debate ya no gira en torno a la escasez en sí, sino a su duración desconocida.
La crisis ha trascendido los informes trimestrales para convertirse en el eje de las llamadas con inversionistas. Empresas como Qualcomm —cuyas acciones se hundieron un 8% tras admitir que la falta de memorias limitará la producción de teléfonos— o Nintendo, que registró su peor caída en 18 meses, reflejan el costo humano de un fenómeno que ya no es temporal. Incluso BYD y Xiaomi, pilares chinos de vehículos eléctricos y smartphones, sufren retrocesos superiores al 20% en lo que va del año.
El ‘superciclo’ que reescribe las reglas del mercado
Lo que comenzó como un desequilibrio cíclico entre oferta y demanda se ha transformado en un ‘superciclo’ sin precedentes. La culpa la tiene, en gran medida, la fiebre por la IA: hiperescaladores como Amazon, Microsoft y Google están acaparando la capacidad de fabricación de memorias de alto ancho de banda (HBM), dejando en la estacada a sectores tradicionales como la DRAM para smartphones o automóviles. Los precios al contado de la DRAM se han multiplicado por seis en meses, pese a que la demanda de dispositivos finales sigue débil.
El beneficiario más visible es SK Hynix, proveedor clave de Nvidia en chips HBM, cuyas acciones en Seúl se dispararon un 150% desde septiembre. Pero el fenómeno es global: la japonesa Kioxia y la taiwanesa Nanya Technology acumulan ganancias del 280%, mientras que Samsung —que prepara una producción masiva de chips para IA— ve cómo su valoración se recupera con fuerza. Jian Shi Cortesi, de GAM Investment Management, lo resume así: “Los ciclos anteriores duraban tres o cuatro años. Este ya los ha superado en magnitud y duración, y no hay señales de moderación“.
¿Quién sobrevivirá a la tormenta?
Ante el escenario más prolongado de lo esperado, las empresas se dividen en tres estrategias:
- Asegurar suministros a cualquier costo: Compañías como Apple están pagando primas récord por contratos de largo plazo con fabricantes de chips, según fuentes cercanas a las negociaciones.
- Rediseñar productos: Logitech y otros fabricantes de periféricos exploran alternativas con menor consumo de memoria, aunque esto implique sacrificar funcionalidades.
- Apostar por la IA: Empresas como Samsung y TSMC redirigen sus líneas de producción hacia chips especializados, dejando atrás segmentos tradicionales.
El riesgo ahora es doble: quienes no logren adaptarse podrían quedar fuera del mercado, mientras que los ganadores actuales —como los fabricantes de memoria— enfrentan la amenaza de una burbuja especulativa. Como advierte Cortesi: “Si la escasez persiste más allá de 2025, incluso las acciones más sólidas podrían sufrir una corrección violenta”.
Mientras el mundo espera, una pregunta resuena en Wall Street: ¿Qué pasará cuando la IA deje de ser un nicho y se convierta en el único motor de demanda de chips? En ese escenario, los perdedores de hoy podrían no tener una segunda oportunidad.
El precedente olvidado: cómo la crisis de 2011-2012 redefine las expectativas actuales
Mientras los analistas debaten si el actual superciclo de chips es un fenómeno sin paralelos, un episodio histórico —la crisis de semiconductores de 2011-2012— ofrece lecciones incómodas. Aquella escasez, desencadenada por el terremoto de Tōhoku (marzo 2011) y las inundaciones en Tailandia, paralizó el 40% de la producción global de discos duros y afectó a fabricantes como Western Digital y Toshiba. Pero lo más revelador no fue la interrupción en sí, sino su efecto dominó en cadena de suministro durante 18 meses —el doble de lo pronosticado entonces— y cómo empresas como Sony perdieron $1.200 millones en ventas por no poder fabricar su PlayStation Vita a tiempo.
Hoy, el patrón se repite con dos diferencias críticas. Primero, la demanda no proviene de un desastre natural, sino de una carrera armamentística tecnológica: la IA requiere chips HBM con densidades 8 veces superiores a las de 2012 (según datos de Yole Développement). Segundo, la concentración del mercado es mayor: Samsung, SK Hynix y Micron controlan el 95% de la producción de DRAM (frente al 80% en 2011), lo que amplifica el riesgo de cuellos de botella. Un informe de Counterpoint Research revela que, en 2012, los precios de la memoria se normalizaron tras la recuperación de Tailandia; hoy, sin embargo, no hay un ‘evento de recuperación’ visible: la capacidad de fabricación está copada por pedidos de Nvidia (70% de los chips HBM en 2024) y Amazon Web Services.
El caso de Elpida Memory —el tercer mayor fabricante de DRAM en 2011, que quebró en 2012 por no poder competir en precios— debería servir de advertencia. Hoy, empresas como Kioxia (heredera de Toshiba Memory) o Nanya enfrentan el mismo dilema: invertir $20.000 millones en expandir capacidad (como anunció SK Hynix) o arriesgarse a quedar relegadas. La diferencia es que, en 2012, el mercado se recuperó gracias a la caída de la demanda de PCs; ahora, la IA actúa como un imán insaciable.
La pregunta que nadie se atreve a responder
Si en 2012 el sector tardó un año y medio en estabilizarse con un shock externo claro (los desastres naturales), ¿qué ocurrirá cuando el motor de la escasez sea un cambio estructural —la transición hacia la IA— sin fecha de caducidad? Los datos de TrendForce muestran que, incluso si la producción de DRAM aumentara un 30% en 2025, el 85% sería absorbido por centros de datos. Para el resto, la cuenta atrás ya ha comenzado.