Paredes y Herrera: la dupla que puede cambiar el rumbo de Boca en 2026
Reencuentro clave: Dos viejos conocidos del PSG buscan revivir su magia en Boca para romper una sequía de tres años sin títulos.
Uno creció en San Justo, epicentro del fútbol popular en La Matanza; el otro, en Bilbao, cuna del Athletic Club y el nacionalismo vasco. Aunque los separan 11.000 kilómetros y un océano, Leandro Paredes y Ander Herrera no solo comparten el idioma, sino un código futbolístico casi telepatico. Forjado en el París Saint-Germain (2019-2022), donde disputaron 37 partidos juntos y ganaron 6 títulos, ese entendimiento podría ser la pieza que le faltaba a Boca para recuperar su identidad. Tras un 2025 irregular —con Herrera limitado por lesiones y Paredes adaptándose—, el 2026 se presenta como su año: el técnico Claudio Úbeda los proyecta como titulares en el mediocampo, y la primera prueba llegará este miércoles 21 de enero en el amistoso ante Millonarios de Bogotá en la Bombonera.
El ensayo no podría ser más oportuno. Millonarios, que acaba de caer 1-0 ante River Plate en un partido válido por la Copa de la Liga Profesional colombiana, llegará con la necesidad de redimirse. Para Boca, en cambio, el objetivo va más allá: afinar un esquema que deberá soportar 23 partidos en 5 meses (entre el Apertura 2026 y la fase de grupos de la Copa Libertadores, que arranca en abril). Úbeda aún no confirmó el once inicial —ni para este amistoso ni para el último test del domingo frente a Olimpia de Paraguay en San Nicolás—, pero hay un indicio revelador: en los entrenamientos, Paredes y Herrera vienen siendo la dupla fija en el mediocampo. Incluso con las bajas por lesión de Carlos Palacios (traumatismo en la rodilla derecha) y Rodrigo Battaglia (tendón de Aquiles), la decisión responde a un plan trazado desde fines de 2025.
La apuesta por Herrera, sin embargo, trasciende lo táctico. El mediocampista vasco, de 36 años, llegó a un cruce existencial en diciembre: tras una temporada marcada por lesiones —solo disputó 8 de los 10 partidos posibles bajo el mando de Úbeda—, viajó a España para decidir si renovaba su contrato o colgaba las botas. Optó por seguir, movido por un sueño pendiente: “Ser campeón con Boca”, confesó en el Canal del club. Su determinación no es menor si se considera su historial: en 2025, bajo el mando de Fernando Gago, debutó en el Mundial de Clubes ante Benfica, pero duró apenas 20 minutos antes de sufrir un desgarro. Luego, una expulsión por protestas desde el banco le valió 4 fechas de suspensión. Recién reapareció en septiembre, ya con Úbeda en el banquillo.
“No hace falta motivar a nadie”, sentenció Herrera en una entrevista reciente, refiriéndose al calendario infernal que espera al equipo: 23 partidos en 20 semanas, sin contar posibles desempates o fases eliminatorias. “Jugar seguido significa que todos tendrán su oportunidad“, añadió, en un mensaje que parece dirigido a los jóvenes del plantel, pero también a sí mismo. Su socio en el mediocampo, Paredes, en cambio, arribó a Boca con otro estatus: titular indiscutido desde su llegada, clave en pelota parada (el principal recurso ofensivo del equipo) y capitán de un vestuario que busca romper la peor sequía en décadas: tres años sin títulos.
La complementariedad entre ambos es evidente. Mientras Herrera aporta equilibrio y experiencia —virtudes que lo convirtieron en un referente en el Manchester United (2014-2022)—, Paredes suma creatividad y llegada al área, como demostró en su etapa en la Roma (2022-2023), donde marcó 3 goles y dio 8 asistencias en la Serie A. En Boca, su asociación con Rodrigo Battaglia primero y con Milton Delgado después fue prometedora, pero la lesión del exHuracán lo obligó a asumir un rol más defensivo. Ahora, con Herrera como compañero, podría recuperar su versión más desequilibrante.
Su conexión no es nueva. En el PSG, además de los títulos, vivieron la final de la Champions 2020, perdida 1-0 ante Bayern Múnich, y forjaron una amistad que trascendió el fútbol. Edinson Cavani, hoy su compañero en Boca, fue testigo de esa relación: los tres integraban el mismo grupo dentro de un vestuario repleto de estrellas como Mbappé, Neymar y Messi. De hecho, Herrera fue clave en el “operativo seducción” que llevó a Paredes de vuelta a la Bombonera en 2025, según revelaron fuentes del club.
La pretemporada ha sido el escenario perfecto para que Herrera gane terreno. Aprovechando las ausencias por lesión, se consolidó como opción frente a rivales como Tigre, en los cuartos de final del Clausura 2025, donde formó un tridente con Paredes y Delgado. En ese partido, Úbeda probó un 4-4-2 con Palacios y Zeballos más adelantados, pero ahora evalúa un cambio radical: el 4-3-3, con Kevin Zenón por derecha (posible puesto del colombiano Marino Hinestroza, próximo refuerzo), “Changuito” Zeballos por izquierda y Miguel Merentiel como “9”. En este esquema, Delgado sería el “5” puro, mientras Paredes y Herrera alternarían como internos, con libertad para llegar al área.
El desafío es mayúsculo. Boca no solo debe recuperar su jerarquía en el fútbol local, sino también en la Libertadores, torneo que no gana desde 2007 (cuando venció a Grêmio en la final). La última vez que alcanzó las semifinales fue en 2023, eliminado por Flamengo. Con un plantel que mezcla experiencia —Cavani (38 años), Herrera (36), Paredes (31)— y juventud —Zenón (22), Zeballos (23)—, el margen de error es mínimo. “No podemos escatimar protagonismo“, advirtió Úbeda en rueda de prensa.
Este lunes, el plantel retomo los entrenamientos en Ezeiza con trabajos tácticos, aunque sin simular un partido formal. Todo indica que Úbeda repetirá el equipo que probó el jueves en la práctica con la Reserva, donde Paredes y Herrera fueron los ejes del mediocampo. La confirmación llegaría el martes, pero las señales son claras: Boca apuesta por ellos para liderar la reconstrucción.
El amistoso ante Millonarios no será un partido cualquiera. Más allá del resultado, servirá para medir el nivel de un equipo que, con dos históricos en el mediocampo y un calendario exigente, tiene la obligación de devolverle a la hinchada la ilusión perdida. Como dijo Herrera: “No hace falta motivar a nadie“. Pero ¿bastará con el talento y la experiencia para romper una sequía que ya pesa?
El precedente que persigue a Paredes: de la Champions 2020 a la sequía de Boca
La conexión entre Leandro Paredes y Ander Herrera no es solo un recurso táctico para Boca, sino un déjà vu con un sabor agridulce. Su última gran aventura conjunta —el PSG de 2019-2022— terminó con una final de Champions perdida 1-0 ante el Bayern Múnich (agosto 2020), un partido donde ambos fueron titulares pero no lograron imponer su ritmo. Ese tropiezo marcó un punto de inflexión: el equipo parisino, pese a sus 6 títulos domésticos en ese ciclo (incluida una Ligue 1 con 91 puntos en 2019-20), nunca volvió a rozar la gloria europea. Ahora, en la Bombonera, el fantasma de aquella derrota planea como metáfora de lo que Boca quiere evitar: quedarse a las puertas cuando más duele.
El paralelo es inquietante. En 2020, el PSG de Thomas Tuchel llegó a Lisboa como favorito tras barrer a Atalanta (2-1) y RB Leipzig (3-0) en fases previas, pero se topó con un Bayern imbatible. Paredes —entonces en su mejor versión, con 5 asistencias en 8 partidos de Champions esa temporada— vio cómo Kingsley Coman (exPSG) anotaba el gol decisivo al 59’. Herrera, por su parte, fue reemplazado al 77’ en un cambio táctico que no alteró el destino. Tres años después, en Boca, la historia los encuentra con un desafío similar: un equipo construido para ganar todo (Apertura 2026 y Libertadores), pero con una sequía de tres años sin títulos —la más larga desde 1998-2001— y un calendario que no perdona.
Hay un dato que agrava el escenario: desde que Boca perdió la final de la Libertadores 2023 ante Flamengo (1-2 en el global), ningún equipo argentino ha llegado siquiera a semifinales. En ese partido, Paredes (entonces en la Juventus) siguió la final por TV, mientras Herrera aún no había debutado en el club. Hoy, ambos son los únicos del plantel con experiencia en una final de Champions, pero también los que más saben lo que cuesta recomponerse después de un fracaso así. En el PSG, tras la derrota ante el Bayern, el equipo tardó dos temporadas en volver a ser competitivo en Europa (eliminado en octavos en 2021 y 2022). Boca no tiene ese margen: 23 partidos en 5 meses exigen resultados ya.
| Etapa | Paredes/Herrera | Club | Resultado clave | Consecuencia |
|---|---|---|---|---|
| 2020 | Titulares | PSG | Final Champions: 0-1 vs. Bayern | 2 años sin pasar de octavos |
| 2023 | Paredes (Juventus) Herrera (sin club) |
Boca | Final Libertadores: 1-2 vs. Flamengo | 3 años sin títulos (récord negativo) |
| 2026 | Dupla fija | Boca | Primer test: Millonarios (21/1) | 23 partidos en 20 semanas |
¿Podrán romper el maleficio?
El amistoso ante Millonarios no es un simple fogueo: es el primer examen para demostrar que su química no es nostalgia, sino solución. En el PSG, su asociación funcionó mejor en partidos de alta presión (como el 2-0 al Dortmund en 2020) que en duelos teóricos “fáciles”. Boca necesita exactamente eso: un mediocampo que no se ahogue cuando el marcador apriete. El problema es que, desde 2023, el equipo ha perdido 4 de sus últimos 5 partidos decisivos (incluyendo eliminatorias de Copa Argentina y Libertadores). Si Paredes y Herrera no logran invertir esa tendencia, su legado en la Bombonera podría quedar mancillado por un dato lapidario: ser los protagonistas de la sequía más larga en 25 años.