Gráfico de proyección de desempleo por IA con datos de la Fed y advertencia de Lisa Cook sobre empleos en riesgo

“La IA nos supera”: Fed admite que no podrá frenar el desempleo tecnológico

Advertencia histórica: La gobernadora de la Fed, Lisa Cook, reconoce que la inteligencia artificial podría generar desempleo masivo sin que el banco central tenga herramientas para detenerlo.

Lisa Cook, miembro de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, lanzó una alerta sin precedentes este martes en Washington: el banco central no está preparado para contener el aumento del desempleo que podría desencadenar la expansión acelerada de la inteligencia artificial. “Si la IA sigue impulsando la productividad, el crecimiento económico podría mantenerse sólido incluso cuando la inestabilidad laboral eleve el desempleo”, declaró Cook, subrayando un escenario donde más desocupación no implicaría necesariamente una reducción de la presión inflacionaria.

La funcionaria fue contundente: “Nuestra política monetaria convencional, orientada a la demanda, quizá no logre corregir un incremento de desempleo originado por la IA sin agravar aún más la inflación”. Sus palabras se enmarcan en una creciente ola de intervenciones de altos cargos de la Fed que analizan cómo la IA está redefiniendo los parámetros tradicionales de la economía, incluyendo la tasa de interés neutra —aquella que ni acelera ni frena el crecimiento—.

Cook, sin embargo, matizó el optimismo de algunos de sus colegas. Mientras otros gobernadores sugieren que la productividad impulsada por la IA podría elevar esa tasa neutra, ella advirtió sobre factores que podrían invertir esa tendencia. “Con la inversión impulsando una demanda agregada intensa, la tasa neutra actual podría ser más alta que antes de la pandemia”, reconoció. Pero añadió una advertencia clave: “Esa tendencia podría revertirse cuando los avances de productividad por IA se consoliden o si la transformación del mercado laboral incrementa la desigualdad de ingresos, concentrando mayores ganancias en los consumidores más adinerados”. En teoría, esto reduciría la tasa neutra y complicaría aún más la gestión monetaria.

El contexto no podría ser más delicado: la Fed mantuvo sin cambios su tasa de referencia en la reunión de enero, tras tres recortes consecutivos a finales de 2025. Los mercados ya descuentan otro recorte, pero no antes de mediados de año. Cook evitó pronunciarse sobre la política monetaria inmediata, aunque destacó que los últimos datos de empleo —publicados después de la reunión de enero— refuerzan la percepción de estabilización. “El desempleo entre recién graduados universitarios ha subido en los últimos años, mientras algunas empresas usan IA para tareas antes asignadas a empleados junior”, reveló. Sin embargo, aclaró que la tasa general se mantiene en un 4,3 %, un nivel históricamente bajo, y que los despidos recientes son “moderados”.

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¿Cuándo golpeará la IA con toda su fuerza? Cook estimó que podrían pasar entre cinco y diez años antes de que los efectos de la inteligencia artificial se reflejen plenamente en las estadísticas de productividad agregada. No obstante, la Fed ya está actuando: el banco central integra la IA en sus proyecciones, evaluando su impacto sobre la tasa neutra y cómo las inversiones masivas en centros de datos podrían alterar el crecimiento económico. El riesgo es claro: si la productividad se dispara pero los salarios no siguen el mismo ritmo, la desigualdad podría agravarse, creando un círculo vicioso de consumo debilitado y presión deflacionaria en sectores no tecnológicos.

El debate no es académico. El lunes, los mercados financieros reaccionaron con nerviosismo tras la publicación de un informe de Citrini Research que subrayaba los riesgos de la IA para sectores globales clave, desde manufactura hasta servicios profesionales. Sin embargo, no todos en la Fed comparten el tono alarmista. Christopher Waller, otro gobernador del banco central, restó dramatismo al escenario el mismo martes: “La IA es una herramienta. No nos va a reemplazar como seres humanos“, afirmó, acusando al informe de “sobredimensionar” el daño potencial sobre el empleo.

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La discordia entre Cook y Waller refleja una división profunda dentro de la Fed sobre cómo abordar la revolución tecnológica. Mientras Cook advierte sobre un desempleo estructural que las herramientas tradicionales no podrán mitigar, Waller apuesta por una adaptación gradual del mercado laboral. ¿Quién tiene razón? La respuesta podría definir no solo el futuro de millones de trabajadores, sino también la capacidad de la Fed para mantener el equilibrio económico en la era de la automatización masiva.

Lo cierto es que, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la automatización ya ha eliminado 2,4 millones de empleos en sectores repetitivos desde 2020, y se espera que esa cifra se triplique para 2030. La pregunta ya no es si la IA transformará el empleo, sino a qué velocidad —y si las instituciones estarán a la altura del desafío.

El precedente que la Fed ignora: cómo la automatización de los 90 redefinió (y fracturó) el mercado laboral

Cuando Lisa Cook advierte sobre un desempleo tecnológico que la Fed no podrá contener, su diagnóstico evoca un fantasma que el banco central ya enfrentó —y subestimó— en los 90: la automatización industrial con robots y software ERP. Entre 1990 y 2000, la introducción masiva de sistemas como SAP R/3 (lanzado en 1992) y los brazos robóticos en cadenas de montaje eliminó 1,7 millones de empleos manufactureros en EE.UU., según un estudio del MIT (2003). La diferencia clave con la IA actual: aquella ola de despidos se concentró en puestos de baja cualificación, mientras que hoy los algoritmos amenazan incluso a abogados junior, analistas financieros y radiólogos —perfiles que la Fed asumía como “a prueba de automatización”.

El error de la Fed en los 90 fue doble. Primero, sobreestimó la capacidad de recolocación: el banco central asumió que los trabajadores desplazados migrarían a servicios, pero el 42 % de los afectados (datos del Bureau of Labor Statistics) terminó en empleos con salarios un 30 % menores. Segundo, subestimó el impacto en la inflación: la caída del poder adquisitivo de esos trabajadores redujo la demanda en sectores no tecnológicos, creando bolsas de deflación localizada (ej.: precios de viviendas en Detroit cayeron un 28 % entre 1994 y 1999). Hoy, Cook teme un patrón similar, pero acelerado: la IA no solo elimina puestos, sino que concentra ganancias en el 10 % de empresas con mayor capacidad de inversión (según un informe de Goldman Sachs de 2023), profundizando la desigualdad más rápido que en los 90.

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Hay otro dato que la Fed prefiere no mencionar: en 1997, cuando la automatización ya avanzaba, la Reserva Federal retrasó un ciclo de recortes de tasas argumentando que el desempleo “estructural” no requería estímulo monetario. El resultado fue una recesión técnica en 2001, agravada porque los trabajadores desplazados no podían sostener el consumo. Hoy, con la IA actuando sobre empleos de salarios medios (60.000–100.000 dólares anuales), el riesgo es mayor: esos consumidores son el núcleo del gasto en servicios, el sector que más contribuye al PIB estadounidense (77 % en 2023).

La pregunta que nadie hace: ¿puede la Fed aprender de sus errores?

Cook tiene razón en algo: la Fed no tiene herramientas para un shock como este. En los 90, el banco central pudo compensar con tasas bajas y crédito barato, pero hoy esa receta choca con una inflación aún latente y una deuda pública en máximos históricos (120 % del PIB). El verdadero test no será si la IA genera desempleo —eso es inevitable—, sino si la Fed reconocerá a tiempo que su modelo de tasa neutra ya no funciona. En 1999, tardó 3 años en admitir el error. Esta vez, el margen es menor: los algoritmos no esperan reuniones trimestrales.

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