Wall Street en pausa: el IPC de diciembre y JPMorgan marcan el ritmo este martes
Mercado en vilo: Los futuros de EE.UU. se estancan a horas del IPC de diciembre, el dato que definirá el rumbo de tipos, bonos y acciones en 2026.
Futuros en stand-by: el mercado espera el veredicto inflacionario
La preapertura en Wall Street refleja cautela. Los futuros del Dow Jones, S&P 500 y Nasdaq 100 operan en terreno neutral, un patrón típico cuando los inversores evitan apostar antes de un dato macro crítico. La sombra de la independencia de la Fed —cuestionada tras recientes declaraciones políticas— añade presión: cualquier señal de interferencia podría amplificar la volatilidad. En 2023, un comentario similar del entonces presidente Trump disparó un movimiento del 1,2% en el S&P en solo 30 minutos.
El VIX, conocido como “índice del miedo”, se mantiene en 14,8 puntos, por debajo de su media histórica de 20, pero con picos intradiarios que delatan nerviosismo.
IPC de diciembre: la prueba de fuego para la inflación en 2026
El IPC de EE.UU. se publica hoy a las 8:30 ET (14:30 en España), con expectativas de un avance del 0,3% mensual y una tasa interanual del 2,7%. La inflación subyacente —que excluye energía y alimentos— también se espera en 0,3% mensual y 2,7% interanual, desde el 2,6% anterior. Un dato por encima de lo previsto podría retrasar los recortes de tipos hasta junio, según analistas de Goldman Sachs.
El mercado escudriñará la composición del dato: los servicios (especialmente vivienda, que representa el 40% del IPC) y la energía son claves. En noviembre, la vivienda contribuyó con un 0,5% al alza mensual, y los inversores buscan señales de que esta tendencia se modera. Además, tras las distorsiones estadísticas de noviembre —por cambios metodológicos en la recolección de precios—, diciembre debe “limpiar” el ruido. La reacción de los bonos será inmediata: un repunte en la rentabilidad del Treasury a 10 años (ahora en 4,18%) castigaría a las tecnológicas.
JPMorgan arranca la temporada de resultados con cifras récord y un mensaje claro
El gigante financiero JPMorgan publicó sus resultados del 4T antes de la apertura: ingresos netos de 46.800 millones de dólares (+7% interanual), superando estimaciones, aunque el beneficio neto cayó un 7% (a 13.000 millones). El BPA (beneficio por acción) se situó en 4,63 dólares, por encima de los 4,10 esperados. Jamie Dimon, su CEO, destacó que el banco seguirá invirtiendo agresivamente en 2026, citando la Apple Card —que ya suma 20 millones de usuarios— como ejemplo de crecimiento. Las acciones subían un 1,2% en premarket.
Contexto clave: JPMorgan ha batido estimaciones en 12 de los últimos 15 trimestres, pero el mercado vigila su exposición a préstamos comerciales, que crecieron un 9% en 2025.
Delta Air Lines: el termómetro del consumo que preocupa a Wall Street
Delta Air Lines también presentó resultados, pero su guía para 2026 generó escepticismo. Aunque la aerolínea prevé un crecimiento de beneficios, las acciones caían un 2,5% en premarket, arrastrando al sector. El problema no es Delta, sino lo que representa: las aerolíneas son un proxy del gasto discrecional del consumidor. En 2025, el gasto en viajes cayó un 3% en el último trimestre, según la Asociación de Transporte Aéreo (IATA), y el mercado teme que la tendencia se acentúe.
Dato adicional: Las tarifas aéreas subieron un 12% interanual en 2025, pero la ocupación de vuelos domésticos se mantuvo estable en 87%, lo que sugiere que los consumidores priorizan viajes esenciales.
Bonos y dólar: el efecto dominó que definirá la sesión
El verdadero pulso del mercado no está en las acciones, sino en los bonos. La rentabilidad del Treasury a 10 años ronda el 4,18%, y un IPC alto podría llevarla a 4,30%, un nivel que tensionaría las valoraciones de las tecnológicas. En 2024, cada aumento de 0,1% en la rentabilidad restó un 1,5% al Nasdaq en promedio, según Bank of America. Por el contrario, si el dato sorprende a la baja, el dólar podría debilitarse, beneficiando a las multinacionales con ingresos en divisas.
Pequeñas empresas y vivienda: señales mixtas de la economía real
Junto al IPC, hoy se conoce el índice de optimismo de la NFIB (Federación Nacional de Negocios Independientes), que subió a 99,5 puntos en diciembre, con una caída en el indicador de incertidumbre. Es la primera mejora en 6 meses, pero el dato de contratación sigue débil: solo el 18% de las pymes planea aumentar plantillas en 2026, frente al 24% en 2024. En vivienda, las solicitudes de hipotecas cayeron un 3% la semana pasada, según la MBA, pero los precios medianos subieron un 5,2% interanual.
Estrategia de trading: calma táctica, pero con un plan de fuga
Los operadores no están vendiendo con pánico, pero tampoco comprando con convicción. El escenario base es un IPC en línea con expectativas, lo que mantendría al S&P 500 cerca de sus máximos históricos (5.000 puntos). Sin embargo, un dato “pegajoso” (por encima del 0,4% mensual) podría desencadenar una corrección del 3-5% en una semana, advierte Morgan Stanley. Las apuestas más seguras hoy están en sectores defensivos como utilities y salud, que acumulan flujos de 1.200 millones en lo que va de año.
La pregunta que todos evitan: ¿Qué pasará si la Fed, presionada por el Congreso, retarda los recortes hasta después de las elecciones de noviembre?
El precedente de 2018: cuando un IPC inesperado reescribió el año bursátil
El mercado aguarda hoy el IPC de diciembre con una tensión que recuerda a febrero de 2018, cuando un dato de inflación salarial del 2,9% interanual —el mayor desde 2009— desató un mini-crash en Wall Street. Aquella vez, el Dow Jones cayó 1.032 puntos en dos sesiones (un 4,1%), el VIX se disparó a 37 puntos (máximo en dos años) y los futuros del S&P 500 registraron su peor semana desde 2016. El paralelo no es casual: como entonces, hoy la Fed enfrenta un mercado que descuenta tres recortes de tipos en 2026, pero un IPC persistente podría forzar un giro en su discurso, como ocurrió en 2018 cuando Jerome Powell pasó de prometer “paciencia” a advertir sobre “aceleración inflacionaria” en solo tres meses.
Hay dos diferencias clave esta vez. Primera: en 2018, la inflación subyacente (sin energía ni alimentos) ya llevaba seis meses por encima del 2%, mientras que ahora ronda el 2,7% pero con señales de enfriamiento en servicios. Segunda: el mercado laboral entonces estaba en pleno empleo (3,8% de paro), pero los salarios crecían al 3,4% interanual; hoy, con un paro del 3,7%, el crecimiento salarial se ha moderado al 3,1%. Esto reduce —pero no elimina— el riesgo de un “shock” como el de 2018, según un informe de J.P. Morgan Asset Management publicado ayer. Los analistas subrayan que, en aquel episodio, las acciones tardaron cuatro meses en recuperar los niveles previos al dato.
Otro factor que hoy no estaba en juego hace seis años: el petróleo. En 2018, el WTI cotizaba a 65 dólares y su subida del 12% en tres meses amplificó las presiones inflacionistas. Ahora, con el crudo en 73 dólares (y una caída del 8% desde octubre), el riesgo de un efecto dominó es menor. Pero el verdadero termómetro será la reacción de los bonos: en 2018, la rentabilidad del Treasury a 10 años saltó del 2,8% al 3,2% en una semana, un movimiento que hoy equivaldría a superar el 4,5%.
La pregunta que nadie hace: ¿Está el mercado sobrestimando la “inmunidad” de la Fed?
Los inversores dan por hecho que la Fed ignorará un IPC ligeramente alto en diciembre, apostando por su histórico “lag” de tres meses en los datos. Pero hay un detalle incómodo: en 2018, el banco central no esperó a confirmar una tendencia. Subió tipos en marzo de ese año pese a que el IPC de febrero fue una anomalía estadística (distorsionado por el frío extremo en el noreste). Si hoy la Fed repitiera ese guión —priorizando la prevención—, el S&P 500 podría testing niveles de 4.700 puntos (un 6% menos que hoy) antes de que el mercado asimile el cambio. El riesgo no es el dato en sí, sino la credibilidad de una Fed que ya ha sido acusada de ceder a presiones políticas.