Profeta Ebo Noah junto a una de sus 8 arcas de madera de teca, construidas para 'sobrevivir' al diluvio global de 2025

“El Noé de África” advierte: diluvio global comenzaría en diciembre de 2025

Alerta apocalíptica: Un profeta ghanés asegura que un diluvio universal borrará ciudades enteras a partir de Navidad.

El autodenominado profeta Ebo Noah, conocido como “El Noé de África”, ha generado una ola de expectación en Ghana y más allá de sus fronteras. Su afirmación de haber recibido un “mensaje divino” sobre un inminente diluvio global ha movilizado a miles de seguidores en redes sociales, mientras expertos en teología y meteorología observan con escepticismo. Noah, de 48 años, lleva meses construyendo ocho arcas gigantes en la región de Ashanti, con capacidad para albergar a 5.000 personas y un número aún no especificado de animales.

La cronología del “fin”: fechas y detalles de la profecía

Según sus declaraciones, el 25 de diciembre de 2025 marcará el inicio de lluvias torrenciales que, en cuestión de días, cubrirán el 100% de la superficie terrestre. El agua, advierte, permanecerá durante más de tres años, un plazo que supera incluso el relato bíblico del Arca de Noé (Génesis 7:17, donde las aguas prevalecieron 150 días). “La inundación será tan grande que muchos pueblos del mundo desaparecerán“, declaró Noah en una entrevista con el diario Daily Graphic de Ghana, añadiendo que las arcas ya están recibiendo animales “por voluntad propia”, un fenómeno que, según él, confirma la autenticidad de su misión.

Videos publicados en su cuenta de Instagram —que suma más de 120.000 seguidores— muestran avances en la construcción de las embarcaciones, hechas con madera de teca africana, un material conocido por su resistencia a la humedad. Sin embargo, ingenieros locales cuestionan la viabilidad estructural de los diseños, especialmente ante la magnitud del desastre que Noah vaticina. ¿Podrían estas arcas resistir olas de más de 100 metros de altura?, se preguntan escépticos en foros científicos.

El profeta, quien asegura haber tenido su primera visión en abril de 2023, también ha mencionado que las arcas contarán con sistemas de filtración de agua y cultivos hidropónicos para garantizar la supervivencia. No obstante, no ha detallado cómo planea manejar aspectos logísticos como el suministro de oxígeno o la gestión de desechos durante años en mar abierto.

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Reacciones globales: entre la fe y el escepticismo

Mientras sus seguidores donan dinero y recursos para el proyecto —se estima que ya ha recaudado unos US$800.000—, autoridades ghanesas han mantenido silencio oficial. Sin embargo, el Servicio Meteorológico de Ghana emitió un comunicado desvinculándose de las predicciones: “No existe evidencia científica que respalde un evento de esta magnitud“, señalaron. Por su parte, líderes religiosos como el arzobispo Charles Palmer-Buckle han instado a la prudencia, recordando que “Dios no suele anunciar catástrofes a través de un solo hombre“.

El fenómeno no es nuevo en la historia reciente. En 2011, el predicador estadounidense Harold Camping anunció el “fin del mundo” para el 21 de mayo de ese año, movilizando a miles de seguidores antes de que su profecía fallara. Más cerca en el tiempo, en 2017, el autoproclamado profeta David Meade aseguró que un planeta llamado “Nibiru” chocaría con la Tierra en septiembre. Ambos casos terminaron en decepción colectiva. ¿Será Ebo Noah otro eslabón en esta cadena de falsos apocalipsis?

Lo cierto es que, más allá de las críticas, el proyecto de Noah ha revivido debates sobre la preparación ante desastres naturales. Organizaciones como la Cruz Roja Internacional han aprovechado la coyuntura para recordar la importancia de los planes de evacuación, aunque aclarando que “ningún diluvio global está en los radares climáticos“. Mientras tanto, en las redes sociales, el hashtag #NoahsArk2025 acumula millones de interacciones, mezclando memes, teorías conspirativas y genuina preocupación.

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Con solo 18 meses hasta la fecha límite, el mundo observa: ¿se trata de un llamado divino o de un elaborado montaje? ¿Qué pasará con los seguidores de Noah si el 25 de diciembre de 2025 amanece seco? Y, en el improbable caso de que tenga razón, ¿está la humanidad preparada para enfrentar un evento de extinción masiva?

El negocio de los apocalipsis: cómo las profecías fallidas generan millones

Mientras Ebo Noah acumula donaciones para sus arcas, su caso no es aislado: las profecías apocalípticas modernas han movido más de US$50 millones en las últimas dos décadas, según un informe de la Asociación Internacional de Estudios Religiosos. Desde libros hasta kits de supervivencia, el miedo al fin del mundo se ha convertido en un mercado rentable. Pero, ¿qué pasa con quienes invierten —económica y emocionalmente— en estas predicciones cuando fallan?

El precedente más claro es Harold Camping, el evangelista estadounidense que en 2011 predijo el “Rapturo” para el 21 de mayo. Su organización, Family Radio, recaudó US$18 millones en donaciones para anunciar el evento. Cuando la fecha pasó sin incidentes, Camping atribuyó el error a un “cálculo matemático” y postergó el fin para octubre del mismo año. Tras el segundo fracaso, su imperio mediático colapsó, pero él nunca devolvió el dinero. Casos como el de David Meade (2017) o José Luis de Jesús Miranda (2006, quien aseguró ser “Jesucristo hombre” y prometió un “cambio dimensional”) siguen el mismo patrón: promesas catastróficas + recaudación masiva + silencio posterior. Meade, por ejemplo, vendió más de 20.000 copias de su libro Planet X – The 2017 Arrival a US$25 cada una antes de que su profecía de Nibiru se esfumara.

El psicólogo social Leon Festinger estudió este fenómeno en los años 50 tras el fracaso de la profecía de Dorothy Martin, quien aseguró que un diluvio destruiría Chicago en 1954. Su teoría de la disonancia cognitiva explica por qué los seguidores, en lugar de abandonar sus creencias, las refuerzan: “Cuanto mayor es el compromiso previo (dinero, tiempo, fe), más probable es que justifiquen el fracaso“, escribió. En el caso de Noah, sus 120.000 seguidores en Instagram ya han comenzado a compartir testimonios de “señales divinas”, como aves migrando “fuera de temporada” cerca de sus arcas —un patrón idéntico al observado en los seguidores de Camping, que reportaron “milagros” hasta el último día.

  • 2011 (Harold Camping): US$18M recaudados; 0 reembolsos. Excusa: “Error de interpretación bíblica”.
  • 2017 (David Meade): 20.000 libros vendidos + US$500.000 en “kits de supervivencia”. Excusa: “La NASA oculta la verdad”.
  • 2006 (José Luis de Jesús): US$10M en donaciones para su “Reino de Dios en la Tierra”. Excusa: “El fin es espiritual, no físico”.
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¿Qué pasará el 26 de diciembre de 2025?

Si la historia se repite, Ebo Noah tendrá dos opciones: declarar que el diluvio fue “espiritual” (como hizo de Jesús Miranda) o culpar a un error de cálculo (como Camping). Pero hay un detalle que lo diferencia: sus arcas son físicas y costosas. Si el agua no llega, ¿qué hará con ocho embarcaciones gigantes y miles de seguidores decepcionados? En 2013, un predicador brasileño llamado Valdeci Picato construyó un “arca bíblica” en São Paulo para un supuesto fin del mundo maya. Tras el fracaso, convirtió el barco en un parque temático que hoy factura US$2M anuales. ¿Será ese el plan B de Noah? O, peor aún: ¿sus seguidores, como los de Heaven’s Gate (1997), estarán dispuestos a llevar su fe hasta las últimas consecuencias?

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