Mapa de Oriente Medio con rutas de ataques aéreos y bandera de Irán sobre fondo de humo de explosiones

“Acuerdo con Irán gana fuerza”: Pentágono mezcla diplomacia y amenazas en plena guerra

Diplomacia bajo fuego: El Pentágono confirma que las negociaciones con Irán “son reales” y avanzan, pero mantiene la presión militar con 200 ataques dinámicos y un mensaje claro: “Negociamos con bombas”.

El secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, afirmó este martes que las conversaciones con Irán para poner fin a la guerra “son reales, están activas y ganando fuerza”, en un giro que combina señales de distensión con advertencias bélicas sin precedentes. “El esfuerzo principal es lograr un acuerdo. Queremos que se materialice, si es posible”, declaró Hegseth en rueda de prensa, donde también reveló que durante el fin de semana visitó tropas desplegadas en la operación “Furia Épica”, que ya acumula 200 ataques dinámicos —ofensivas aéreas donde los pilotos reciben objetivos en tiempo real—.

Hegseth insistió en que Washington “prefiere mucho más un acuerdo” que prolongar el conflicto, pero condicionó cualquier avance a que Irán abandone su programa nuclear y sus “ambiciones regionales”. Sin embargo, el tono se endureció cuando advirtió: “No queremos hacer más militarmente de lo necesario, pero negociamos con bombas”. Esta dualidad refleja la estrategia de la administración Trump, que en 2020 ya rompió el acuerdo nuclear firmado en 2015 por Barack Obama, un movimiento que desencadenó la actual escalada.

El jefe del Pentágono aseguró que los ataques estadounidenses están “dañando la moral del Ejército iraní”, provocando “deserciones generalizadas y frustración entre los altos mandos”. Además, instó al “nuevo régimen” iraní —tras el asesinato del líder supremo Ali Jamenei en los primeros meses de la guerra— a ser “más sensato que el anterior”. “El presidente Trump no fanfarronea ni se echa atrás. Pueden preguntarle a Jamenei”, sentenció, en referencia al magnicidio que marcó un punto de no retorno en el conflicto.

Sin plazos, pero con objetivos “en buen camino”

Hegseth eludió precisar un calendario para el fin de la ofensiva, pese a que inicialmente se había hablado de 4 a 6 semanas para lograr los objetivos militares. “No le digas a tu enemigo cuándo te detendrás, especialmente si se esconde en búnkeres y acumula misiles”, justificó. No obstante, admitió que EEUU tiene “metas militares específicas” y que el avance es positivo: “Vamos por buen camino”.

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La decisión final, según el secretario, recae exclusivamente en Donald Trump, quien deberá evaluar cuándo “conviene a los intereses del pueblo estadounidense” cerrar un acuerdo. Este enfoque recuerda a la doctrina de “presión máxima” aplicada contra Irán desde 2018, que incluyó sanciones económicas paralizantes y el asesinato del general Qasem Soleimani en 2020, un operativo que elevó la tensión a niveles históricos.

Irán responde: guerra “a largo plazo” contra EEUU e Israel

Mientras el Pentágono habla de diplomacia, la Guardia Revolucionaria iraní anunció este martes que su estrategia se enfoca en un “horizonte a largo plazo” para “erodir el poder” de Estados Unidos e Israel en la región. “Preparamos el terreno para la batalla final y el avance hacia la Jerusalén ocupada”, declaró el cuerpo militar en un comunicado, donde también destacó la “expansión lógica y calculada” del frente de guerra.

Este discurso contrasta con los señales de desgaste que Hegseth atribuyó al Ejército iraní, pero coincide con el patrón histórico de Teherán: resistir presiones externas mientras consolida su influencia en Siria, Irak y Líbano a través de grupos proxies como Hezbolá. En 2023, Irán ya demostró su capacidad de respuesta al lanzar un ataque con más de 300 misiles y drones contra Israel, en represalia por un bombardeo a su consulado en Damasco.

La guerra actual, que comenzó tras el colapso del acuerdo nuclear de 2015 y el posterior sabotaje a instalaciones iraníes, ya ha dejado un saldo de miles de bajas civiles y una crisis humanitaria en regiones fronterizas. Según la ONU, más de 500.000 personas han sido desplazadas solo en los últimos seis meses, mientras el precio del petróleo supera los US$120 por barril, su nivel más alto desde 2014.

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¿Podrá la diplomacia frenar una guerra que ya ha redefinido el tablero geopolítico de Oriente Medio? Mientras el Pentágono habla de “sensatez” y Teherán de “batalla final”, el mundo observa si este pulso —donde cada bando apuesta por su ventaja táctica— tendrá un desenlace negociado o un nuevo capítulo de violencia.

La doctrina de “presión máxima” y sus precedentes: de Soleimani a la mesa de negociaciones

La estrategia actual del Pentágono —combinar ataques selectivos con señales diplomáticas— no es nueva, sino la evolución de un patrón aplicado desde 2018 bajo el mandato de Trump: la “presión máxima”. Este enfoque, que ya llevó a la eliminación del general Qasem Soleimani en enero de 2020 mediante un dron MQ-9 Reaper en Bagdad, marcó un antes y después en la escalada. Según datos del Departamento de Estado, las sanciones impuestas entonces redujeron las exportaciones de petróleo iraní en un 80% (de 2,5 millones a 500.000 barriles diarios), asfixiando una economía que ya sufría una inflación del 40% en 2019. Pero la respuesta iraní fue igual de contundente: en septiembre de 2019, un ataque con drones y misiles de crucero contra instalaciones saudíes de Aramco —atribuido a Teherán— dejó fuera de combate el 50% de la producción petrolera de Arabia Saudita durante dos semanas, disparando el precio del crudo un 15% en un solo día.

El paralelo con la situación actual es revelador. En 2020, tras el asesinato de Soleimani, Irán respondió con un bombardeo contra bases estadounidenses en Irak (operación “Mártir Soleimani”), lanzando 16 misiles balísticos que hirieron a más de 100 soldados. Sin embargo, Teherán evitó escalar a un conflicto directo, optando por una guerra asimétrica mediante proxies como Hezbolá o las milicias Kataib Hezbolá en Irak. Hoy, con 200 ataques dinámicos en la operación ‘Furia Épica’, el Pentágono repite el guión: presión militar calculada para forzar concesiones, pero esta vez con un matiz clave: la mesa de negociaciones está abierta. Según fuentes del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), Irán ha perdido al menos 12 generales de alto rango en los últimos seis meses, un golpe a su cadena de mando que podría explicar la disposición a dialogar, aunque sea desde una retórica belicista.

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Lo que cambia ahora es el contexto regional. En 2020, Irán contaba con el apoyo táctico de Rusia (que le proporcionó sistemas de defensa aérea S-300) y una China más cautelosa en su enfoque comercial. Hoy, con la guerra en Ucrania y la dependencia energética europea, Pekín ha aumentado sus compras de petróleo iraní en un 30% desde 2023 (datos de Kpler), dando oxígeno a una economía bajo sanciones. Mientras, la Guardia Revolucionaria ha desplegado misiles Fateh-110 (alcance de 300 km) en Siria, según imágenes satelitales de ImageSat International, una señal de que, pese a las bajas, su capacidad de proyección sigue intacta.

¿Un acuerdo con fecha de caducidad?

El principal riesgo de esta diplomacia bajo fuego es que, como ocurrió en 2015, un eventual acuerdo podría ser letra muerta en menos de dos años. El precedente es claro: el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), firmado por Obama, colapsó cuando Trump lo abandonó en 2018, alegando que Irán “mentía sobre su programa nuclear”. Hoy, con centrífugas IR-6 (capaces de enriquecer uranio al 60%, según la AIEA) operativas en Natanz, Teherán tiene más cartas que nunca. La pregunta no es si habrá un acuerdo, sino cuánto tardará en romperse —y qué precio pagará la región cuando eso ocurra.

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