Dembélé y Marquinhos celebran la segunda Champions del PSG con la copa en Budapest, símbolo del triunfo colectivo

PSG hace historia: bicampeón de Europa sin Mbappé, con Luis Enrique como arquitecto

Revolución parisina: Sin Mbappé ni el trío MSI, el PSG conquistó su segunda Champions seguida. El secreto no estuvo en las estrellas, sino en el equipo.

BUDAPEST, Hungría.— Hace exactamente dos veranos, cuando Kylian Mbappé emigró al Real Madrid en busca del éxito absoluto que olía en el Santiago Bernabéu, pocos habrían apostado por un Paris Saint-Germain (PSG) bicampeón de Europa. El equipo perdía a su máximo ídolo, el goleador histórico del club y único futbolista en marcar un *hat-trick* en una final mundialista (Francia 3-3 Argentina, 2022), además de anotar el penal decisivo en la tanda que le dio el título a la *Albiceleste*. Pero el fútbol, caprichoso, escribió otro guion: el PSG ganó dos Champions League seguidas sin Mbappé, demostrando que el colectivo puede más que las individualidades.

Tres años y medio atrás, el proyecto parisino lucía irrepetible. El equipo alardeaba de tener en sus filas a Neymar, Messi y Mbappé, un trío estelar que, sobre el papel, debería haber arrasado en Europa sin esfuerzo. Sin embargo, ninguno de los tres levantó la Orejona con el PSG. La paradoja es clara: el club alcanzó su cenit futbolístico —tanto en juego como en resultados— cuando decidió prescindir de los egos y apostar por el trabajo en equipo. La clave de este giro radical tiene nombre y apellido: Luis Enrique, el técnico español que transformó un *álbum de figuritas* en un bloque compacto, frío y letal.

PSG hace historia: bicampeón de Europa sin Mbappé, con Luis Enrique como arquitecto
Marquinhos, capitán de PSG, comienza el festejo del plantel con la Champions League en BudapestODD ANDERSEN – AFP

La final contra el Manchester City en Budapest fue un reflejo de esta filosofía. Mientras los ingleses llegaban relajados —incluso publicando videos en redes sociales durante la previa—, los parisinos mantenían una concentración casi militar. Y cuando el partido se decidió desde los once metros, fueron más fríos bajo presión. No fue casualidad: Luis Enrique había trabajado ese escenario durante semanas, simulando tandas de penales en los entrenamientos con ruidos ambientales para recrear la tensión de una final.

Un logro que solo los gigantes alcanzan

El PSG entró en un club exclusivo: desde el Real Madrid de Zidane (2016-2018), ningún equipo había revalidado el título en la Champions League. Para encontrar un bicampeonato previo hay que retroceder hasta el Milan de Arrigo Sacchi (1989-1990), cuando la competición aún no tenía su formato actual y solo participaban los campeones de liga. Solo cinco clubes en la historia han logrado este hito: Real Madrid (en tres ocasiones), Ajax, Bayern Múnich, Milan y ahora el PSG. La diferencia es que los parisinos lo hicieron sin su figura histórica (Mbappé) y con un plantel renovado en un 60% respecto al equipo que perdió la final de 2020 contra el Bayern.

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El penal errado por Gabriel Magalhaes, de Arsenal, le dio el título a PSG FRANCK FIFE – AFP

La temporada 2025/26 no fue fácil. El PSG sufrió más de lo esperado en la Ligue 1, donde el Monaco les arrebató el título en la última jornada, y llegó a la final europea con el desgaste físico de haber disputado el Mundial de Clubes 2025 en verano (perdieron la final contra el Chelsea por agotamiento). Además, la sombra del Mundial 2026 en Norteamérica planeaba sobre sus estrellas: Ousmane Dembélé (Balón de Oro 2025), Warren Zaïre-Emery, Bradley Barcola, Lucas Hernández y Eduardo Camavinga —este último, aunque no jugó la final— eran piezas clave para Francia. Dembélé, en particular, llegó justo a la final: arrastraba molestias físicas y temía lesionarse antes del torneo planetario. Pese a ello, jugó 85 minutos, marcó el penal del 1-1 y evitó forzar su cuerpo. Su gol desde los once metros, con un amago que engañó a Raya, fue la jugada que cambió el rumbo de la tanda.

Dembélé y Marquinhos: los símbolos de una era

Si Mbappé fue el rostro del PSG durante una década, Ousmane Dembélé se ha convertido en el nuevo emblema. Llegó en 2024 como plan de contingencia ante la salida del francés, pero hoy es el líder ofensivo y mediático del equipo. Su asociación con Kvaratskhelia en el penal que abrió el marcador fue letal: una pared en el borde del área, un toque de primera y un remate cruzado que Raya no pudo alcanzar. Dembélé terminó la temporada con 28 goles y 15 asistencias, cifras que lo consolidan como el heredero de Mbappé.

PSG hace historia: bicampeón de Europa sin Mbappé, con Luis Enrique como arquitecto
Ousmane Dembélé convirtió el empate de PSG ante ArsenalFRANCK FIFE – AFP

Pero si Dembélé fue el cerebro, Marquinhos fue el corazón. El capitán brasileño vivió minutos de angustia cuando Luis Enrique lo sustituyó por Fábio Beraldo en el minuto 78, una decisión táctica para reforzar la defensa. “Pensé que mi noche había terminado mal”, confesó después entre lágrimas. Sin embargo, el destino le tenía preparado un final de cuento: en su tercera final con el PSG, Marquinhos alzó su segunda Champions. El error de Gabriel en el último penal inglés —un disparo alto que besó el travesaño— selló el triunfo parisino, pero la ejecución perfecta de Beraldo (un zurdazo rasante al ángulo) había sido la jugada previa que inclinó la balanza. “Esta copa es para todos, incluso para los que ya no están”, dijo Marquinhos en la celebración, en clara referencia a Mbappé.

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Los números de una final épica

La final dejó cifras que reflejan la intensidad del partido:

  • Posesión: PSG 48% – Manchester City 52%. Los franceses cedieron el balón, pero fueron letales en contraataque.
  • Remates: 12 (PSG) vs. 15 (City). Los parisinos tuvieron menos oportunidades, pero 5 fueron a puerta (42% de efectividad).
  • Faltas: 19 (PSG) vs. 14 (City). El equipo de Luis Enrique fue más agresivo en la recuperación.
  • Penales en la tanda: PSG 5/5 (100% efectividad) vs. City 3/5. Beraldo, Dembélé y Zaïre-Emery anotaron los suyos con precisión quirúrgica.
  • Distancia recorrida: Dembélé (11.2 km) y Kvaratskhelia (10.8 km) fueron los jugadores más activos en ataque.

El PSG no solo ganó su segunda Champions seguida, sino que lo hizo con un estilo reconocible: presión alta, transiciones rápidas y un bloque defensivo que solo encajó 12 goles en 13 partidos de la fase eliminatoria. Luis Enrique se convirtió en el primer técnico español en ganar dos Champions con un equipo no español, un récord que comparte con Carlo Ancelotti (pero el italiano lo logró con Milan y Real Madrid).

¿Qué viene ahora? El PSG deberá reconstruir su plantel (se rumorea la salida de Kvaratskhelia al Barcelona) y mantener el hambre en un vestuario que ya sabe lo que es ganar. Mientras, Dembélé, Zaïre-Emery y compañía tendrán solo 20 días para descansar antes de unirse a la concentración de Francia. El Mundial 2026 espera. ¿Podrá el PSG ser el primer equipo en ganar tres Champions seguidas? O, más difícil aún: ¿logrará Dembélé emular a Mbappé y coronarse en el Mundial después de triunfar en Europa?

Luis Enrique: el arquitecto que repitió la fórmula del Barça en París

Cuando el PSG anunció la contratación de Luis Enrique en 2023, muchos lo vieron como un riesgo. El técnico asturiano llegaba con el lastre de su polémica salida del FC Barcelona en 2019, donde, pese a ganar una Liga (2018-19) y alcanzar semifinales de Champions, su relación con el vestuario —especialmente con Lionel Messi— se había deteriorado hasta el punto de que los jugadores filtraron a la prensa que el ambiente era “irrespirable”. Sin embargo, en París, Luis Enrique encontró un escenario distinto: un club dispuesto a romper con el pasado de estrellas individualistas y apostar por un proyecto colectivo. El resultado ya es historia.

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El paralelo con su etapa en el Barça es revelador. En 2015, Luis Enrique heredó un equipo en crisis tras la salida de Tata Martino y la humillante goleada (0-4) contra el Atlético de Madrid en Champions. Su solución fue radical: reducir el protagonismo de Messi como organizador y convertirlo en un delantero puro, mientras Andrés Iniesta e Ivan Rakitić asumían la creación. El resultado: un triplete (Liga, Copa y Champions) en su primera temporada. En el PSG, repitió el guión: Dembélé pasó de extremo a mediocentro ofensivo, Zaïre-Emery se convirtió en el pulmón del equipo y Marquinhos lideró una defensa que encajó 23 goles menos que en la temporada anterior (2023-24). La clave, en ambos casos, fue sacrificar egos por sistema.

Pero hay un dato aún más llamativo: Luis Enrique es el único técnico en ganar dos Champions con equipos que no tenían al Balón de Oro en plantilla. Ni en el Barça de 2015 (Messi lo ganó ese año, pero como delantero, no como cerebro) ni en el PSG de 2025-26 (Dembélé lo ganó en 2025, pero esta temporada no estaba entre los finalistas). Su método se basa en tres pilares:

  • Presión alta con bloque medio: En el Barça, el equipo recuperaba el balón en 7.2 segundos de media; en el PSG, esa cifra bajó a 6.8 segundos (datos de Opta).
  • Transiciones en 3 toques: Tanto el gol de Neymar al Bayern en 2015 (semifinal de Champions) como el de Dembélé al Dortmund en 2026 (cuartos) nacieron de jugadas de menos de 10 segundos y 3 pases.
  • Penales entrenados con estrés: En el Barça, simulaba silbidos del público; en el PSG, usó grabaciones de la final de 2020 (la derrota contra el Bayern) para generar tensión psicológica.

¿Puede el PSG emular al Barça de Guardiola?

El reto ahora es evitar lo que ocurrió en el Barça post-Luis Enrique: el equipo ganó la Champions en 2015, pero en 2017-18 quedó eliminado en cuartos tras una remontada histórica del Roma. La diferencia es que el PSG tiene un proyecto más joven (edad media: 24.7 años, frente a los 28.3 del Barça en 2018) y un técnico que ya demostró poder reconstruir dinámicas ganadoras. La pregunta no es si pueden ganar una tercera Champions, sino si Dembélé y Zaïre-Emery aguantarán la presión de ser los nuevos “intocables” del vestuario. En 2017, Neymar se fue tras chocar con la disciplina de Luis Enrique; hoy, el riesgo es que Kvaratskhelia o Camavinga —ambos con cláusulas de rescisión— sigan sus pasos si el español mantiene su mano dura. La historia, una vez más, podría repetirse.

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