EEUU revela su hoja de ruta en 3 fases para Venezuela tras la captura de Maduro
Plan en marcha: Marco Rubio detalla la estrategia de Washington para estabilizar, recuperar y transicionar Venezuela tras la detención del líder chavista.
El senador y ex candidato presidencial Marco Rubio, en su rol como figura clave en la política exterior de EEUU, desglosó este miércoles el plan en tres etapas que la administración de Donald Trump implementará en Venezuela tras la reciente captura de Nicolás Maduro. El esquema, según Rubio, busca evitar un colapso total del país mientras se prepara el terreno para un cambio político estructural.
El petróleo venezolano, con reservas probadas de 303.000 millones de barriles (las mayores del mundo según la OPEP en 2023), es el eje central de la primera fase: “estabilización”. “No queremos que Venezuela caiga en el caos”, advirtió Rubio, confirmando que EEUU ya ha incautado varios petroleros con crudo venezolano y está a punto de cerrar un acuerdo para desbloquear el petróleo retenido. Este movimiento podría inyectar hasta US$12.000 millones anuales a la economía venezolana, según estimaciones de la Energy Information Administration (EIA).
La segunda fase, denominada “recuperación”, se enfocará en garantizar el acceso de empresas occidentales —especialmente estadounidenses— a los yacimientos venezolanos. Rubio subrayó que este paso incluirá “un proceso de reconciliación nacional”, con amnistías para presos políticos y el retorno de exiliados. “Más de 7 millones de venezolanos han huido del país desde 2015, según ACNUR”, recordó el senador, vinculando la recuperación económica con la necesidad de reconstruir el tejido social.
La tercera etapa, la “transición”, será la más compleja. Rubio admitió que las fases podrían solaparse, pero evitó dar detalles concretos, limitándose a afirmar que el proceso avanza “de forma muy positiva”. Expertos como Moisés Naím, exministro venezolano y analista del Carnegie Endowment, han señalado que “sin un acuerdo entre militares, empresarios y la oposición, cualquier transición será frágil”. Este antecedente —la fallida negociación de 2019 en Barbados— pesa sobre el nuevo plan.
El anuncio llega en un contexto de máxima tensión regional: solo en 2024, EEUU ha impuesto 12 rondas de sanciones a funcionarios chavistas, mientras que Rusia y China han reforzado su presencia en Caracas con inversiones en minería y tecnología. ¿Logrará Washington equilibrar sus intereses energéticos con una transición democrática real, o repetirá los errores de intervenciones pasadas como en Irak o Afganistán?
El precedente de 2019 en Barbados: ¿Por qué fracasó y qué ha cambiado ahora?
Cuando Marco Rubio mencionó la «fragilidad» de una transición sin consenso entre actores clave, no hablaba en abstracto. Se refería al Acuerdo de Barbados (2019), un intento fallido de negociación entre el chavismo y la oposición que colapsó en menos de seis meses. En aquel entonces, Noruega actuó como mediador, pero el proceso se vino abajo cuando Nicolás Maduro incumplió el cronograma para elecciones libres y el líder opositor Juan Guaidó —reconocido por 60 países— perdió apoyo internacional tras no lograr movilizar a las Fuerzas Armadas. Hoy, el contexto es radicalmente distinto: Maduro está detenido, y EEUU ya no apuesta por un «gobierno interino», sino por una hoja de ruta con plazos concretos.
El error de 2019, según un informe de International Crisis Group (2020), fue subestimar el poder de los «colectivos armados» (grupos paramilitares prochavistas) y la división interna de la oposición. Mientras Guaidó negociaba, figuras como Henrique Capriles —candidato presidencial en 2012 y 2013— criticaban la estrategia por «ignorar que el chavismo nunca cedería sin garantías de impunidad». Ahora, el plan de Rubio incluye un punto clave ausente en Barbados: amnistías para militares y funcionarios, un guiño directo a los 2.000 oficiales sancionados por EEUU que hoy podrían ser aliados en una transición. Pero hay un riesgo: en 2002, durante el breve golpe contra Hugo Chávez, la promesa de inmunidad a los golpistas se revocó en 48 horas, desencadenando una purga en las Fuerzas Armadas.
Otro factor crítico es el petróleo. En 2019, la producción venezolana era de 800.000 barriles diarios (un 60 % menos que en 1998, según la OPEP). Hoy, tras años de sanciones y desinversión, ronda los 700.000, pero con una diferencia: Chevron —la única petrolera estadounidense con licencia para operar en Venezuela— ya ha reiniciado extracciones en el Campo Petrolífero Boscan (Zulia), un yacimiento con capacidad para 100.000 barriles adicionales al día. Esto explica por qué Rubio habló de «desbloquear» crudo: no es solo levantar sanciones, sino garantizar que PDVSA (la estatal petrolera) no caiga en manos de acreedores como Rosneft (Rusia) o CNPC (China), que poseen deudas por $28.000 millones.
¿Repetirá EEUU el error de Irak? La prueba de fuego en 90 días
El plan de Rubio tiene un plazo implícito: los primeros 90 días serán decisivos. En 2003, EEUU tardó solo tres meses en disolver el ejército iraquí, una decisión que, según el Informe Chilcot (2016), «creó un vacío de poder explotado por grupos insurgentes». En Venezuela, el Pentágono ya ha descartado una intervención militar directa, pero el Comando Sur tiene listos 1.500 efectivos en Colombia para «operaciones de estabilización» si estalla el caos. La pregunta no es si Maduro será juzgado —la Corte Penal Internacional ya tiene un expediente abierto desde 2018 por crímenes de lesa humanidaduna salida que no deje atrás un Estado fallido. El primer test será en octubre, cuando vencen las licencias temporales que permiten a empresas como Chevron y Repsol operar en Venezuela. Si para entonces no hay un gobierno de transición reconocido, el petróleo —y con él, el plan de Rubio— podría quedar en standby.