🔥 Emergencia en Huelva: 21 equipos blindan la presa de Cobre ante el fuego descontrolado
Fuego sin tregua: 21 equipos luchan contra un incendio que amenaza la presa de Cobre, clave para 12.000 personas en Huelva, en una zona donde el 80% del monte ha ardido en 20 años.

El Plan Infoca ha activado su mayor despliegue en dos años: 6 medios aéreos (dos helicópteros semipesados, uno ligero, un avión de carga en tierra y otro de coordinación) y 15 terrestres —incluyendo seis grupos de bomberos forestales, una Brigada de Refuerzo (Brica), y cuatro autobombas— para frenar el incendio forestal declarado este jueves en la Cuenca Minera de Huelva. Las llamas, que se extienden cerca de la presa de Cobre (en el límite entre El Campillo y Minas de Riotinto), avanzan en una zona de alta densidad vegetal, aunque de monte bajo. Las autoridades insisten en que “no hay riesgo inmediato para la población”, pero el terreno —minado por décadas de actividad industrial y con límites administrativos difusos— complica las operaciones. En 2021, un incendio en esta misma comarca arrasó 400 hectáreas en menos de 48 horas.
El dispositivo actual supera en un 30% los recursos iniciales del incendio de julio de 2023, que tardó dos días en controlarse. Entonces, los bomberos enfrentaron rachas de viento de 25 km/h y temperaturas superiores a 40°C, condiciones similares a las registradas hoy por la AEMET. La alcaldesa de Minas de Riotinto, Rocío Díaz, y su teniente de alcalde, Carla Remesal, supervisan las labores desde el terreno, aunque el Ayuntamiento ha emitido un mensaje de “evolución favorable”. Sin embargo, la proximidad a la presa de Cobre —a solo 1,2 km del frente activo— eleva la alerta: esta infraestructura, construida en 1978, es vital para el abastecimiento de agua potable y el regadío de 1.500 hectáreas de cultivos en la comarca.
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La presa ya fue escenario de una emergencia en agosto de 2019, cuando un incendio quemó 250 hectáreas a 3 km de sus muros. En aquella ocasión, los costes de extinción superaron los 400.000 euros, según la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. El riesgo actual no es solo operativo: un informe de la Universidad de Sevilla (2021) advierte que, si las llamas alcanzan el embalse, la turbiedad del agua podría obligar a cortar el suministro durante hasta 15 días, como ocurrió en 2012 en la presa de Aracena, donde 3.000 personas quedaron sin agua potable.
Una comarca en llamas: el 80% de su superficie forestal, reducida a cenizas en dos décadas
El portavoz de Ecologistas en Acción en Huelva, Juan Romero, denuncia un “patrón criminal”: “Más del 80% de la superficie forestal de la Cuenca Minera ha ardido en los últimos 20 años”. Romero recuerda que, solo el pasado sábado, una hectárea se quemó en El Álamo (Sevilla), un municipio integrado en esta zona minera. “Es un punto caliente que compite con Doñana en número de incendios, pero con menos atención mediática”, critica. Los datos respaldan su alerta: un informe de la Junta de Andalucía (2022) revela que el 60% de los incendios en Huelva se originan por negligencias en quemas agrícolas o actos vandálicos, aunque solo el 12% llega a los tribunales.
El activista exige transparencia: “¿Por qué no se publican las causas concretas? ¿Por qué no hay consecuencias para quienes destruyen en horas lo que la naturaleza tarda décadas en recuperar?”. La Cuenca Minera, con suelos devastados por la minería del siglo XIX, enfrenta ahora un nuevo desafío: la regeneración de un ecosistema frágil. Según la Universidad de Huelva, cada incendio retrasa 10 años los esfuerzos de reforestación. En 2017, un fuego en Almonaster la Real (a 20 km de la presa) avanzó 7 km en 6 horas gracias al matorral de jara y retama, especies que, según el CSIC (2020), pueden alcanzar 800°C en 5 minutos y propagar el fuego a 1 km/h con viento.
La presa de Cobre: un polvorín ecológico y estratégico
La presa de Cobre almacena 18 hm³ de agua, esencial para el regadío y el consumo de municipios como El Campillo y Zalamea la Real. Pero su entorno es un polvorín: está rodeada por un matorral denso con alta carga inflamable, capaz de propagar el fuego a velocidades récord. El Plan Especial de Protección Civil de Andalucía (PEPCA) establece que, si las llamas se acercan a menos de 500 metros, se activaría el nivel 2 de emergencia, con evacuaciones en El Campillo y corte de la carretera A-461, única vía de acceso para los bomberos. Hoy, el viento del suroeste —que sopla a 20 km/h— podría acortar esa distancia en horas.
¿Está la comarca preparada para otro desastre hídrico?
Los expertos advierten: si el fuego alcanza la presa, la contaminación por cenizas podría dejar sin agua potable a 12.000 personas durante días. En 2019, el coste de protegerla superó los 400.000 euros. Ahora, con la vegetación más seca por la ola de calor —las temperaturas han superado los 38°C esta semana—, la pregunta urge: ¿Podrán los 21 equipos del Infoca evitar que la historia se repita?
El precedente olvidado: cuando el fuego paralizó Huelva en 2004 y cambió los protocolos
Mientras los 21 equipos del Plan Infoca blindan la presa de Cobre, pocos recuerdan que este mismo escenario —incendios cerca de infraestructuras hídricas críticas— ya colapsó la provincia en agosto de 2004. Entonces, las llamas arrasaron 3.200 hectáreas en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, a solo 40 km de la Cuenca Minera, y dejaron sin agua a 8.000 personas durante 10 días tras contaminar el embalse de Aracena con cenizas y sedimentos. El coste de la emergencia superó los 2,1 millones de euros (ajustados a inflación), y la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir tardó tres meses en restaurar la calidad del agua.
El incendio de 2004 expuso dos fallos que hoy resuenan: la falta de coordinación entre bomberos forestales y ayuntamientos (seis municipios actuaron por separado) y la subestimación del matorral bajo, que en aquella ocasión propagó el fuego a 1,5 km/h —el doble de la velocidad media en incendios de copa—. Como consecuencia, la Junta de Andalucía creó en 2005 el Protocolo Andaluza, que obliga a desplegar medios aéreos en menos de 30 minutos cuando el fuego amenaza embalses. Sin embargo, un informe interno de Ecologistas en Acción (2018) reveló que este protocolo solo se activó al 100% en 3 de cada 10 incendios cerca de presas entre 2010 y 2017. Hoy, con el frente a 1,2 km de la presa de Cobre, la pregunta es inevitable: ¿Se está repitiendo la misma demora?
El viento del suroeste que azota la zona —con ráfagas de hasta 20 km/h— es idéntico al registrado en 2004, cuando las llamas saltaron la carretera A-461 (la misma que hoy usan los bomberos) en menos de dos horas. Entonces, los retardantes químicos (usados ahora por los aviones del Infoca) fallaron en un 30% de las descargas por la baja humedad ambiental (inferior al 15%), según datos de la Universidad de Córdoba. Hoy, la humedad en la Cuenca Minera ronda el 12%, y los 6 medios aéreos desplegados operan con el mismo modelo de avión (Canadair CL-415) que en 2004 tuvo que ser relevado por helicópteros nocturnos —recurso que aún no se ha activado en este incendio.
¿Volverá a fallar el sistema cuando el fuego toque el agua?
En 2004, la turbiedad del agua en el embalse de Aracena alcanzó niveles 50 veces superiores al límite legal para consumo humano, según la Agencia Española de Consumo (AECOSAN). La presa de Cobre, con 18 hm³ de capacidad, almacena un volumen menor, pero su cuenca vertiente —de suelos arcillosos y ricos en pirita por la minería— podría agravar la contaminación: un estudio de la Universidad de Huelva (2019) demostró que las cenizas de incendios en zonas mineras liberan hasta un 40% más de metales pesados (como arsénico y plomo) al contacto con el agua. Si las llamas llegan al embalse, no solo se cortará el suministro: la tierra quemada podría envenenar el agua durante años. El Plan Infoca tiene 12 horas para evitar que la historia se repita.