sáb. Jun 27th, 2026
Ousmane Dembélé celebra su hat-trick con Francia tras recital técnico y tres golazos en 30 minutos

Francia aterroriza: Dembélé brilla y el equipo es imparable

Show galo: Francia arrasó con un fútbol ofensivo letal, liderado por un Dembélé renacido y un Mbappé en modo colectivo.

Pisada. Amague. Freno. Enganche. La cintura que se hamaca, y enseguida el latigazo. De zurda o de derecha, con chanfle o recto, con idéntica eficacia: el resultado son tres golazos en media hora. En diciembre de 2022, en Qatar, Ousmane Dembélé parecía un futbolista perdido. Su paso gris por el Barcelona le había restado confianza, y en la final del Lusail, Deschamps lo retiró antes del descanso ante el baile argentino.

Pasaron 42 meses y el Mosquito ambidiestro vivió una transformación radical. Regresó al PSG, encontró en Luis Enrique al técnico que lo rescató, y recuperó todo: velocidad, enganche, pisada, cintura indescifrable. Y le agregó gol, el ingrediente que hasta podría llevarlo a un Balón de Oro. En este Mundial, el puntero galo tardó en encontrar su sitio, pero contra Noruega explotó: hat-trick en 30 minutos, un recital de técnica y eficacia.

Ousmane Dembélé celebra uno de sus tres goles contra Noruega
Ousmane Dembélé ya remató de zurda y está a punto de convertir el tercer gol francés ante NoruegaBUDA MENDES – GETTY IMAGES NORTH AMERICA

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El renacer de Dembélé y el Mbappé colectivo

A los 7 minutos, derechazo cruzado imparable. En el 19, zurdazo con comba desde fuera del área. Y en el 30, una obra maestra: freno, pisada, dos enganches y zurdazo al mismo rincón. Un recital memorable que coronó una primera parte espectacular de Francia, dedicada a su técnico ausente, Deschamps, ausente por el fallecimiento de su madre.

Lo que esto significa es que el equipo galo ya no depende solo de su estrella. Kylian Mbappé, criticado en el Real Madrid por su individualismo, aquí juega diferente: asiste, retrocede, sonríe y lidera con actitud. Asistió a Dembélé en los dos primeros goles, recuperó balones y mostró una conexión con el equipo que antes no se veía. El cambio de mentalidad es clave.

Kylian Mbappé sonríe durante el partido, mostrando su conexión con el equipo
Kylian Mbappe, en modo asistidor, hizo su aporte para el muy buen triunfo de FranciaTom Weller – dpa DPA

En este contexto, Francia no necesitó ni la visión de Michel Olise ni la irregularidad de Doué (que marcó el 4-1 al final). Sí contó con Kouadio Koné, un volante versátil que evoca al Pogba de Rusia 2018 y se perfila como titular.

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Noruega, sin armas ni estrellas

Noruega llegó con resignación: 10 cambios respecto al equipo que venció a Senegal, sin Haaland ni Odegaard. El resultado fue previsible: a los 23 segundos, Mbappé ya había estremecido el travesaño. Pese a todo, el equipo B nórdico no se rindió del todo. Logró un gol tras un saque de centro (obra de Thelo Aasgaard) y tuvo su momento, pero la sentencia llegó en el segundo tiempo: Jorgen Strand Larsen falló un penal que Maignan atajó con solvencia.

Mike Maignan ataja el penal fallido de Jorgen Strand Larsen
Uno de los festejos de Ousmane Dembele en una tarde mágicaJUSTIN SETTERFIELD – GETTY IMAGES NORTH AMERICA

Francia cerró la fase de grupos con pleno: 3 victorias, 10 goles a favor y un mensaje claro. Nadie mete más miedo que les bleus. Dembélé es otro, Olise aporta creatividad, Doué y Barcola velocidad, y Mbappé suma mentalidad colectiva a su hambre goleadora. Es cierto, la defensa da alguna que otra ventaja, pero por ahora, el ataque es una máquina imparable.

La implicación inmediata es que este equipo está listo para el desafío más grande. ¿Podrá alguien frenar a una Francia que juega como nunca y con todos sus jugadores en su mejor versión?

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Equipo de Francia celebra la clasificación a la siguiente fase

El efecto dominó del cambio de mentalidad

El partido contra Noruega no fue solo un recital técnico, sino la confirmación de que Francia ha encontrado su equilibrio más peligroso: el individualismo controlado.

Lo que esto significa es que el equipo galo ha logrado algo raro en el fútbol moderno: mantener su esencia ofensiva sin caer en el desorden. Dembélé, ahora con gol, ya no es un jugador de desborde puro, sino un finalizador letal. Mbappé, por su parte, ha demostrado que puede ser el líder colectivo que el equipo necesitaba, sin renunciar a su instinto goleador. La conexión entre ambos no es casualidad: es el resultado de un sistema donde el talento individual se pone al servicio del grupo.

La implicación inmediata es que este cambio de chip puede ser contagioso. Jugadores como Koné, que evoca al Pogba de 2018, o Barcola, con su velocidad, se benefician de un entorno donde el balón fluye y las decisiones son rápidas. Noruega, sin armas, solo pudo resistir 30 minutos antes de que el huracán galo arrasara.

¿El momento perfecto?

Francia llega a la siguiente fase con un ataque imparable y una mentalidad renovada. La pregunta clave ahora es si este equilibrio se mantendrá bajo presión, cuando los rivales sean más duros y los errores defensivos puedan costar caro.

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