Ejecutivos de Sony y TCL firman acuerdo con televisor Bravia Mini LED de fondo, simbolizando alianza estratégica

Sony y TCL unen fuerzas: ¿el fin de la hegemonía de Samsung en TVs?

Alianza disruptiva: Dos gigantes tecnológicos se unen para desafiar el dominio de Samsung y LG en el mercado global de televisores.

En un movimiento que podría redefinir el equilibrio de poder en la industria del entretenimiento en el hogar, Sony y TCL firmaron un memorando de entendimiento para crear una empresa conjunta que operará bajo el legado de la marca Bravia. Según el acuerdo, TCL controlará el 51% de las acciones, mientras que Sony retendrá el 49% restante. La nueva entidad, que iniciará operaciones en abril de 2027, fusionará la tecnología premium de Sony —reconocida por su calidad de imagen y sonido— con la eficiencia operativa y escala global de TCL, líder en paneles Mini LED.

Sony marcó hitos en la evolución de la televisión: en 1960 lanzó el TV8-301, el primer televisor portátil con transistores; en 1968 revolucionó el color con la línea Trinitron, que duplicaba el brillo de la competencia; y en 2005 introdujo los televisores Bravia LCD, consolidando su reputación en innovación. Sin embargo, en los últimos años, su participación de mercado ha caído, obligándola a depender de paneles de Samsung y LG para sus modelos.

Un televisor portátil Sony TV8-301 de 1960

El mercado global de televisores vivió un repunte en 2024, con 208 millones de unidades vendidas —el primer crecimiento en tres años—, pero las proyecciones para 2025 anticipan una contracción del 1,1%. En este escenario, Samsung lidera desde hace 19 años, con un 29% de cuota de mercado y dominio en el segmento premium (equipos de más de US$2.500). Mientras, LG sigue imbatible en tecnología OLED, con un 45,4% de participación en el tercer trimestre de 2025. Pero el verdadero cambio lo impulsan las marcas chinas: TCL y Hisense crecieron un 12,5% y 7,3% anual, respectivamente, y ya controlan el 62% del mercado de Mini LED, una tecnología con un aumento del 67% en envíos durante 2025.

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Un televisor Bravia de Sony con resolución 8K

La alianza Sony-TCL no es la primera en su tipo. En 2011, Philips vendió el 70% de su división de televisores a la china TPV, creando TP Vision; para 2014, transfirió el 30% restante junto con los derechos de uso de su marca. Este precedente sugiere que la estrategia de Sony podría ser un punto de inflexión para recuperar competitividad, especialmente en un mercado donde el 78% de los consumidores prioriza la relación calidad-precio sobre la lealtad a una marca, según un informe de Counterpoint Research (2025).

Kimio Maki, CEO de Sony, enfatizó que la colaboración buscará ofrecer experiencias audiovisuales “cautivadoras”, mientras que DU Juan, presidenta de TCL, destacó la “complementariedad estratégica” para optimizar costos y cadena de suministro. Pero la pregunta clave es: ¿Logrará esta alianza romper el duopolio de Samsung y LG, o quedará relegada a un nicho premium en un mercado dominado por la eficiencia china?

El precedente que Sony no quiere repetir: el fracaso de la alianza con Sharp en 2016

Mientras el mercado analiza si la unión con TCL revitalizará a Sony, hay un capítulo oscuro en su historial que la empresa no puede permitirse ignorar: su fallida colaboración con Sharp en 2016, un acuerdo que prometía revolucionar los paneles OLED pero terminó en un desastre operativo y financiero. El proyecto, anunciado con bombo en el CES de Las Vegas, buscaba combinar la tecnología Cognitive Processor X1 de Sony con los paneles IGZO-OLED de Sharp para crear televisores con un contraste 20 veces superior al de los LCD tradicionales. Sin embargo, en menos de 18 meses, la alianza colapsó por tres razones críticas que hoy resuenan como advertencia.

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Primero, Sharp incumplió los plazos de producción en su planta de Sakai (Japón), donde los rendimientos de los paneles OLED no superaron el 30% en 2017 —muy por debajo del 70% mínimo requerido para ser rentable—. Segundo, los costos se dispararon un 42% respecto a las proyecciones iniciales, según informes internos filtrados a Nikkei Asian Review. Y tercero, Samsung Display (división de paneles de Samsung Electronics) saboteó indirectamente el proyecto al ofrecer a Sony condiciones preferenciales para suministro de LCD, lo que llevó a la empresa a priorizar sus líneas existentes y abandonar el desarrollo conjunto. El resultado: Sony perdió US$280 millones en I+D y Sharp vendió su división de televisores a Foxconn en 2016 por apenas US$3.500 millones, una fracción de su valoración previa.

Hoy, el contexto es distinto: TCL no arrastra los problemas de solvencia de Sharp (en 2016, la empresa japonesa tenía deudas por US$14.000 millones), pero sí enfrenta desafíos similares en escalabilidad de producción. Su planta de Shenzhen, clave para los paneles Mini LED, operó al 85% de capacidad en 2025 debido a cuellos de botella en el suministro de fósforo rojo (componente esencial para el color). Además, Samsung ya ha demostrado su capacidad para asfixiar competidores: en 2023, redujo un 15% el precio de sus paneles QD-OLED para ahogar a LG, su único rival en ese segmento.

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La pregunta que nadie se atreve a hacer: ¿Está Sony condenada a ser el “socio junior”?

El acuerdo actual otorga a TCL el 51% del control, un detalle que evoca el modelo de TP Vision (Philips): una marca histórica reducida a licenciar su nombre mientras el socio asiático toma las decisiones operativas. Si Sony no logra imponer sus estándares de calidad en la cadena de producción —algo que no ocurrió con Sharp—, podría repetir el error de Panasonic, que en 2013 abandonó el mercado de televisores tras una alianza fallida con Vizio. El margen de maniobra es estrecho: el 68% de los consumidores (según Statista 2025) no distingue entre un panel de Sony y uno de TCL si la diferencia de precio supera el 10%. La batalla no será tecnológica, sino de percepción de valor —y ahí, Samsung lleva dos décadas ganando.

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