Wall Street en alerta: Trump, Fed e impeachment sacuden los mercados en 2026
Tormenta perfecta: Midterms, juicio político y presión a la Fed redefinen el riesgo en EE.UU., mientras el Dow Jones sube 300 puntos en un mercado dividido.
El 2026 comienza con un escenario sin precedentes en Estados Unidos: una combinación de elecciones midterms cargadas de tensión, la amenaza de un segundo impeachment contra Donald Trump, un pulso abierto con la Reserva Federal y unos mercados globales que priorizan los titulares políticos sobre los fundamentales económicos. Mientras el Congreso calcula escenarios de mayoría, los índices bursátiles encadenan su cuarta sesión alcista consecutiva, el yen japonés se aprecia un 1% frente al dólar —rozando los 154 yenes por dólar— y el oro supera por primera vez los 5.100 dólares la onza, en plena búsqueda de activos refugio. Los inversores, divididos entre el optimismo de los resultados corporativos y el miedo a la inestabilidad, aguardan la reunión de la Fed esta semana con un ojo puesto en cada movimiento de un presidente que mezcla presiones monetarias, amenazas arancelarias y cálculos electorales.
El resultado es una fusión sin precedentes: la política y los mercados ya no son variables independientes, sino un único frente de riesgo. Lo que ocurra en las urnas en noviembre o en los pasillos del Capitolio podría pesar tanto como cualquier dato de empleo o inflación. ¿El precedente? En 2019, durante el primer impeachment a Trump, el S&P 500 cayó un 3,8% en dos semanas, aunque luego recuperó las pérdidas. Esta vez, el contexto es más volátil: una Fed bajo fuego cruzado y un Congreso que podría usar el juicio político como arma de desgaste permanente.
Midterms 2026: ¿Un referéndum sobre Trump o un detonante de crisis?
Las elecciones intermedias en EE.UU. suelen ser un termómetro, pero las de 2026 podrían convertirse en un punto de no retorno. Históricamente, el partido del presidente pierde una media de 25 escaños en la Cámara de Representantes y entre 3 y 4 senadores. Sin embargo, esta vez el foco no está solo en quién controla el Congreso, sino en qué tipo de mayoría emerge: una alineada con la Casa Blanca, una fragmentada o una abiertamente hostil. Una Cámara con mayoría opositora —o un Senado con republicanos disidentes— reabriría la puerta a comités de investigación, citaciones judiciales y, en el peor escenario, nuevas resoluciones de impeachment.
Lo novedoso es que el juicio político ya no se percibe como un recurso excepcional, sino como una herramienta política normalizada. Cualquier decisión controvertida del Ejecutivo —desde presionar a la Fed hasta gestionar crisis internacionales— puede terminar etiquetada como “conducta impropia” y usada para movilizar a las bases. El mercado lo descuenta: en 2020, durante el segundo impeachment (por el asalto al Capitolio), el VIX —el índice de volatilidad— se disparó un 40% en una semana. Ahora, con el oro en máximos y el dólar debilitado, los inversores actúan como si la inestabilidad ya estuviera descontada.
El cálculo es simple: las midterms ya no miden solo preferencias electorales, sino la probabilidad de una parálisis institucional. Y en un año donde la Fed podría recortar tipos —o no—, esa parálisis podría traducirse en retrasos en el techo de deuda, bloqueos presupuestarios o incluso una crisis de confianza en el dólar.
Impeachment: ¿Arma política o boomerang electoral?
La palabra impeachment divide a EE.UU. como pocas. Para la mitad del país, es un mecanismo de control democrático; para la otra, una “caza de brujas” partidista. En el caso de Trump, la polarización es extrema: cualquier intento de reactivar un juicio político podría movilizar tanto a sus detractores como a sus seguidores, como ocurrió en 2019, cuando su popularidad entre los republicanos subió un 5% tras el primer impeachment.
Para sus críticos, no actuar sería admitir que conductas como presionar a la Fed, interferir en la justicia o usar la política exterior con fines electorales quedan impunes. Para sus seguidores, un nuevo proceso confirmaría la narrativa de persecución que Trump ha alimentado desde 2016. El dilema es electoral: ¿conviene más exhibir firmeza contra la Casa Blanca o evitar un desgaste que podría fortalecer a Trump de cara a 2028? La respuesta no está clara, pero el mero debate ya consume tiempo parlamentario y frena negociaciones clave, como el techo de deuda o las reformas regulatorias.
El precedente más cercano es el de Bill Clinton en 1998: su impeachment no lo sacó de la presidencia, pero paralizó la agenda legislativa durante meses. Hoy, con una economía global interconectada, el coste podría ser mayor. ¿El riesgo? Que el proceso derive en una crisis de gobernabilidad justo cuando la Fed debate su próximo movimiento.
Bolsas en verde, oro en récord: ¿Optimismo o cobertura?
Los mercados envían señales contradictorias. Por un lado, las bolsas globales suman su cuarta sesión alcista: el S&P 500 avanza un 0,6%, el Nasdaq un 0,7% y el Dow Jones suma cerca de 300 puntos, impulsado por el sector tecnológico y las expectativas de buenos resultados en gigantes como Microsoft, Apple y Meta. Sin embargo, bajo esa superficie, el oro ha superado por primera vez los 5.100 dólares la onza —con una subida del 17% en un mes— y algunos bancos, como Goldman Sachs, proyectan que podría alcanzar los 6.000 dólares a final de año si el ruido geopolítico persiste.
La paradoja es clara: los inversores no huyen del riesgo, pero se cubren como nunca. El dólar, mientras, se debilita: el índice DXY cae un 0,2%, y el euro se aprecia hacia los 1,19 dólares. ¿Qué pasó la última vez que el oro y las acciones subieron a la vez? En agosto de 2011, durante la crisis de la deuda europea, el S&P 500 cayó un 17% en un mes pese al rally inicial del oro. Hoy, el escenario es distinto, pero la señal es la misma: los mercados diversifican frenéticamente ante un entorno donde la política puede cambiar las reglas en horas.
El petróleo también refleja esta tensión: el crudo estadounidense oscila entre 60–61 dólares por barril, mientras el Brent ronda los 65–66 dólares, con subidas recientes del 2% ligadas a tensiones con Irán y problemas de producción. Cada amenaza arancelaria o sanción a Teherán puede disparar el precio en minutos, y con él, las expectativas de inflación.
El yen se fortalece: ¿Señal de pánico o ajuste necesario?
El yen japonés se ha apreciado un 1% frente al dólar, hasta los 154 yenes, un movimiento que ha encendido las alarmas sobre una posible intervención coordinada entre Tokio y Washington —la primera en 15 años. Las autoridades japonesas han confirmado contactos con EE.UU. para estabilizar el tipo de cambio, pero el problema de fondo sigue siendo la deuda pública de Japón, que supera el 250% del PIB, y el aumento de los tipos de interés tras décadas de dinero barato.
Un yen más fuerte abarata las importaciones de energía, pero perjudica a los exportadores, pilar de la economía japonesa. El último antecedente similar fue en 2011, cuando una intervención del Banco de Japón para debilitar el yen costó más de 20.000 millones de dólares en reservas. Hoy, con la Fed en la cuerda floja, el margen de maniobra es menor. El mensaje es claro: el coste del endeudamiento masivo en la era de los tipos altos ya no es teórico, sino una bomba de relojería política y social.
La Fed en la mira: ¿Árbitro neutral o rehén de Trump?
La Reserva Federal es el epicentro de todas las miradas. El mercado da por hecho que mantendrá los tipos sin cambios en su próxima reunión, pero lo crucial será el tono. Cada palabra de Jerome Powell sobre inflación o riesgos financieros se analizará bajo un contexto inédito: investigaciones penales impulsadas desde la Casa Blanca, presiones para destituir a miembros como Lisa Cook (la primera mujer negra en el consejo de la Fed) y el debate sobre quién reemplazará a Powell cuando termine su mandato en mayo de 2027.
Trump ha cuestionado abiertamente la política monetaria, acusando a la Fed de “sofocar el crecimiento”, y no oculta su deseo de nombrar a un perfil más alineado con su agenda. El precedente más cercano es 1972, cuando Richard Nixon presionó al entonces presidente de la Fed, Arthur Burns, para bajar tipos y ganar las elecciones. El resultado fue una inflación descontrolada que tardó una década en domarse. Hoy, con la deuda global en máximos, el riesgo es similar: que la Fed pierda credibilidad y los mercados empiecen a descontar inflación crónica.
El contraste con Europa es abismal: mientras en la UE o Reino Unido las críticas a los bancos centrales se canalizan vía debates parlamentarios, en EE.UU. el Ejecutivo convierte la política monetaria en un campo de batalla partidista. Para los inversores, el peligro no es solo un giro en los tipos, sino que la Fed deje de ser un árbitro neutral para convertirse en un actor más de la contienda política.
Trump, Europa y el petróleo: Geopolítica como riesgo permanente
La agenda de riesgos se completa con los frentes abiertos por Trump: amenazas arancelarias a Europa, presión para obtener concesiones a cambio de no imponer nuevos impuestos y sanciones adicionales a Irán, en un momento clave para el mercado del petróleo. El crudo estadounidense se mueve entre 60–61 dólares, mientras el Brent ronda los 65–66 dólares, con subidas recientes del 2% ligadas a tensiones en Oriente Medio.
Europa observa con inquietud. La posible reactivación del impeachment y las midterms añaden volatilidad a una relación transatlántica ya tensa por disputas comerciales, el gasto en defensa y el desacuerdo sobre China. El diagnóstico es claro: el ruido político estadounidense ya no es un factor doméstico, sino un riesgo sistémico global. En 2018, durante la guerra comercial de Trump, el IBEX 35 español perdió un 15% en seis meses. Hoy, con el oro en máximos y el yen en alerta, el impacto podría ser mayor.
¿Qué pasará si el impeachment avanza mientras la Fed debate recortes? ¿O si las midterms paralizan el Congreso justo cuando el dólar necesita estabilidad? Una cosa es segura: en 2026, la política en Washington no es solo noticia… es el principal motor de los mercados.
El fantasma de 1971: Cuando Nixon rompió el patrón oro y el dólar nunca fue igual
La presión de Trump sobre la Fed evoca un precedente que los mercados no olvidan: agosto de 1971, cuando el presidente Richard Nixon —en plena campaña de reelección y con la inflación al 4,4%— anunció el “Nixon Shock”. Sin consultar al Congreso ni a la Reserva Federal, suspendió la convertibilidad del dólar en oro, impuso un arancel del 10% a todas las importaciones y congeló salarios y precios por 90 días. El resultado fue inmediato: el dólar se devaluó un 7,9% en dos meses, el oro saltó de 35 a 44 dólares la onza (un 25% de subida) y la inflación se disparó al 6,2% en 1972. La lección: cuando un presidente usa la política monetaria como arma electoral, los mercados castigan la incertidumbre con volatilidad extrema.
Hoy, el paralelo es inquietante. Trump ha amenazado con destituir a Jerome Powell si no recorta tipos, y su equipo económico explora medidas como aranceles del 20% a los coches europeos o intervenir en el valor del dólar para impulsar las exportaciones. El detalle clave: en 1971, la deuda pública de EE.UU. era el 35% del PIB; hoy supera el 120%. Cualquier movimiento brusco en tipos o aranceles podría desencadenar una crisis de confianza en el dólar, como ocurrió en 1973, cuando el sistema de Bretton Woods colapsó definitivamente y el petróleo se cuadruplicó en un año. Los inversores que hoy compran oro no solo temen un impeachment, sino un “Trump Shock” que reescriba las reglas del juego.
Otros dos datos reveladores:
- 1974: Tras el shock de Nixon, el S&P 500 cayó un 45% en dos años, su peor desempeño desde la Gran Depresión. La recuperación tardó una década.
- 2018: Cuando Trump impuso aranceles a China, el rendimiento de los bonos a 10 años subió 80 puntos básicos en seis meses, encareciendo la deuda corporativa.
¿Estamos al borde de un nuevo “shock” monetario?
La Fed insiste en que su independencia es “sagrada”, pero tres de sus siete gobernadores (incluida Lisa Cook) enfrentan campañas de descrédito desde la Casa Blanca. Si Trump logra reemplazar a Powell en 2027 con un aliado como Stephen Moore —quien en 2019 propuso “abolir la Fed”—, el riesgo no será solo inflación, sino una fuga de capitales como la de 1979, cuando el dólar perdió un 20% de su valor en un año. El oro a 5.100 dólares** no es un refugio pasajero; es una apuesta contra un sistema que, como en los 70, podría estar al borde de un reinicio traumático.