Donald Trump en rueda de prensa señalando a Delcy Rodríguez con mapa de Venezuela y barriles de petróleo de fondo

Trump condiciona intervención militar en Venezuela: «Si Delcy Rodríguez obedece»

Presión diplomática: El presidente Trump vincula la no intervención militar en Venezuela a la cooperación de la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha aclarado este martes que no desplegará tropas estadounidenses en Venezuela si la vicepresidenta del régimen chavista, Delcy Rodríguez, cumple con las exigencias de Washington. La declaración llega tras el anuncio de la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, en una operación que ha intensificado la crisis política en el país caribeño.

En una entrevista exclusiva con The New York Post, Trump fue cuestionado sobre su afirmación de que EE.UU. “se haría cargo” de Venezuela y si eso implicaría una presencia militar permanente. “No, si la vicepresidenta de Maduro… Si ella hace lo que queremos, no tendremos que hacer eso“, respondió el mandatario, aunque advirtió: “Estamos preparados. Ya sabes. Tenemos una segunda oleada que es mucho más grande que la primera”.

Trump insistió en que su administración ha mantenido “múltiples conversaciones” con Rodríguez, a quien describió como alguien que “lo comprende“. Sin embargo, la vicepresidenta venezolana respondió horas después en cadena nacional, reafirmando que Maduro sigue siendo el “único presidente legítimo” del país y exigiendo su “liberación inmediata“, junto a la de Flores. La postura de Rodríguez refleja la línea dura del chavismo, que en 2019 ya rechazó un intento de diálogo con la oposición respaldada por EE.UU. durante la crisis por el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente interino.

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El contexto geopolítico añade tensión: Venezuela alberga las mayores reservas de petróleo del mundo (303.000 millones de barriles, según la OPEP), un recurso clave en la estrategia energética de Washington. Además, Rusia y China, aliados históricos de Maduro, han condenado la detención y advirtieron sobre “consecuencias graves” si EE.UU. interviene militarmente, como ocurrió en 2003 con la invasión a Irak, que dejó un saldo de más de 200.000 civiles muertos y una ocupación de ocho años.

Mientras la comunidad internacional debate la legalidad de la captura, una pregunta urge en Caracas y Washington: ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Trump si Rodríguez —una figura clave en el régimen desde 2013— se niega a ceder? La respuesta podría redefinir el equilibrio de poder en América Latina.

Delcy Rodríguez: de canciller a vicepresidenta, la estrategia de supervivencia del chavismo

La figura de Delcy Rodríguez —ahora en el centro de la negociación con Trump— no es nueva en la diplomacia de crisis venezolana. Su ascenso desde ministra de Comunicación (2013) hasta vicepresidenta ejecutiva (2018) refleja una táctica del chavismo: colocar a leales incondicionales en puestos clave para blindar el régimen. Rodríguez ya protagonizó un episodio similar en 2015, cuando, como canciller, expulsó a 15 diplomáticos estadounidenses tras las sanciones de Obama contra funcionarios venezolanos. Su respuesta entonces fue idéntica a la actual: “Venezuela no acepta presiones imperialistas”, frase que repitió textual este martes en cadena nacional.

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Lo que pocos recuerdan es su papel en el fracaso de los diálogos de Santo Domingo (2018), donde la oposición —con Juan Guaidó como figura emergente— y el gobierno de Maduro intentaron un acuerdo mediado por la comunidad internacional. Rodríguez, como jefa de la delegación chavista, rompió las conversaciones en mayo de ese año al exigir que se levantaran todas las sanciones antes de cualquier concesión, una condición que EE.UU. y la UE rechazaron. El resultado: la oposición radicalizó su postura, Guaidó se autoproclamó presidente interino en enero de 2019, y Venezuela entró en su peor crisis institucional, con más de 7 millones de refugiados (datos de ACNUR 2023).

Su designación como vicepresidenta en junio de 2018 —tras la reelección fraudulenta de Maduro— no fue casual. Rodríguez es la única funcionaria que ha ocupado cargos en los tres poderes del Estado: fue diputada (2005-2013), ministra (2013-2017) y constituyente (2017). Esta “versatilidad institucional” le permite manejar desde la represión interna (como coordinadora de los FAES, cuerpos policiales acusados de ejecuciones extrajudiciales por la ONU en 2020) hasta la negociación externa. En 2021, por ejemplo, logró que México y Noruega reanudaran mesas de diálogo, aunque sin resultados tangibles.

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¿Por qué Trump apuesta por ella (y no por Maduro)?

La clave está en un detalle que el artículo no menciona: Rodríguez no está sancionada por EE.UU. desde 2020, cuando el Departamento del Tesoro la excluyó de la lista de “narcotraficantes” que incluía a Maduro, Diosdado Cabello y otros 14 altos cargos. Esta “inmunidad selectiva” sugiere que Washington la ve como una válvula de escape controlada. Pero hay un riesgo: si Rodríguez cede, el sector más radical del chavismo —liderado por Diosdado Cabello (sancionado y con órdenes de captura)— podría activar a las colectivos armados (grupos paramilitares con 120.000 miembros estimados, según InSight Crime). La pregunta no es si ella negociará, sino qué queda del régimen si lo hace.

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