“Yo mando”: Trump descarta elecciones en Venezuela y asume control total
Giro radical: Trump rechaza elecciones en Venezuela y afirma que él dirige el país tras la captura de Maduro.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reafirmado este lunes su postura de descartar elecciones en Venezuela a corto plazo, tras la operación militar que resultó en la captura del hasta entonces presidente venezolano, Nicolás Maduro. En una entrevista con NBC, el mandatario estadounidense declaró que “primero tenemos que arreglar el país“, subrayando que “es imposible que la gente pueda votar” en las actuales condiciones. Trump rechazó el plazo de un mes propuesto por el entrevistador, respondiendo con un contundente: “No, llevará un tiempo“.
El magnate republicano insistió en que “tenemos que cuidar al país hasta que se recupere”, una frase que evoca su discurso de 2019, cuando ya había calificado a Venezuela como un “Estado fallido” durante un mitin en Florida. Su postura actual refuerza la idea de una intervención prolongada, algo que expertos en relaciones internacionales, como el analista Mark Feierstein, ya habían anticipado como un posible escenario tras la caída de regímenes autoritarios en la región.
El equipo que supervisará la transición en Venezuela, según Trump, estará compuesto por figuras clave de su administración: el vicepresidente JD Vance, los secretarios de Estado y Defensa, Marco Rubio y Pete Hegseth, respectivamente, y su asesor Stephen Miller. Sin embargo, cuando se le preguntó directamente sobre quién tiene la última palabra en la gestión de Venezuela, Trump respondió con un lacónico pero revelador: “Yo“.
Esta declaración coincide con su mensaje del domingo, cuando, tras la captura de Maduro, aseguró ante la prensa que estaba “a cargo” de Venezuela. En aquella ocasión, evitó pronunciarse sobre dos temas críticos: la liberación de presos políticos —entre ellos, más de 300 detenidos por motivos políticos según la ONG Foro Penal Venezolano— y la posibilidad de convocar elecciones, algo que ahora descarta abiertamente.
Delcy Rodríguez al frente: ¿cooperación o estrategia?
Mientras tanto, la Presidencia interina de Venezuela ha recaído en Delcy Rodríguez, quien ejercía como vicepresidenta bajo el gobierno de Maduro. Trump ha afirmado que Rodríguez está “cooperando con Washington“, un giro inesperado si se considera que, en 2020, Rodríguez fue sancionada por el Departamento del Tesoro de EE.UU. por su presunto papel en redes de corrupción vinculadas al régimen chavista. El mandatario estadounidense ha adelantado que decidirá pronto si mantiene o levanta las sanciones impuestas a la ahora presidenta interina, una medida que podría definir el tono de la relación bilateral en los próximos meses.
Trump también ha intentado matizar el alcance de la intervención estadounidense, asegurando que “no estamos en guerra con Venezuela”, sino con “quienes trafican drogas, quienes vierten sus cárceles, sus drogadictos y sus instituciones mentales” en territorio estadounidense. Esta retórica recuerda a su discurso de 2017, cuando calificó a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de EE.UU., una declaración que justificó el endurecimiento de las sanciones económicas contra el país caribeño.
Lo que sigue siendo una incógnita es cómo reaccionará la comunidad internacional, especialmente países aliados de Maduro como Rusia, China e Irán, que en el pasado han condenado las intervenciones estadounidenses en la región. ¿Acabará esta crisis desatando un nuevo frente de tensión global, o será el inicio de una transición negociada bajo el mando de Washington?
El precedente de 1989: cuando EE.UU. asumió el control de Panamá y sus lecciones para Venezuela
La afirmación de Trump de que “yo mando” en Venezuela evoca un episodio histórico casi idéntico: la invasión de Panamá en 1989, cuando el presidente George H.W. Bush ordenó la operación “Causa Justa” para derrocar al general Manuel Noriega. Entonces, como ahora, Washington justificó la intervención con argumentos de seguridad nacional (Noriega estaba acusado de narcotráfico) y protección de ciudadanos estadounidenses (un marine había sido asesinado días antes). Pero lo más revelador fue el vacío de poder institucional que siguió: EE.UU. instaló a Guillermo Endara —quien había ganado elecciones anuladas por Noriega— como presidente en una base militar estadounidense, mientras tropas norteamericanas patrullaban Panamá City durante meses.
El paralelo con Venezuela es inquietante. En Panamá, la transición “democrática” impulsada por EE.UU. incluyó:
- Purgas masivas en las fuerzas armadas (más de 3.000 oficiales destituidos en 6 meses).
- La creación de una Comisión de la Verdad que documentó 3.000 violaciones de derechos humanos… pero excluyó los abusos cometidos por tropas estadounidenses durante la invasión (según informes desclasificados en 2019).
- Un plan económico de shock diseñado por el FMI que privatizó 15 empresas estatales en 18 meses, incluyendo el canal de Panamá (aprobado en un referéndum con solo 31% de participación).
El resultado: Panamá tardó 12 años en recuperar niveles de crecimiento preinvasión, según datos del Banco Mundial. Hoy, el 78% de los panameños considera que la intervención dejó “secuelas permanentes” en la soberanía del país (encuesta de La Prensa, 2021).
Trump no es ajeno a este modelo. En 2018, durante una cena con veteranos de la operación en Panamá, llegó a decir que “deberíamos haber hecho lo mismo en Venezuela hace años“, según tres asistentes citados por The Washington Post. La diferencia clave ahora es el contexto geopolítico: en 1989, la URSS estaba en plena retirada de Afganistán y China aún no era una potencia global. Hoy, Rusia ya ha desplegado dos submarinos nucleares cerca de Cuba (confirmado por satélites de la OTAN el 15 de marzo), y Pekín tiene 19.000 millones de dólares invertidos en proyectos venezolanos, desde puertos hasta minas de coltán.
¿Repetirá Trump el “error” de Bush padre?
El presidente George H.W. Bush perdió las elecciones de 1992 en parte por el “síndrome de Panamá“: el costo político de una ocupación prolongada. Cuando las tropas no se retiraron en el plazo prometido (6 meses), su popularidad cayó 12 puntos en dos semanas (Gallup). Trump enfrenta un calendario aún más ajustado: si la transición venezolana se alarga más allá de noviembre de 2024, coincidirá con las presidenciales estadounidenses. Y esta vez, el precio no será solo electoral: el Brent ya superó los 95 dólares por barril (máximo desde 2014) ante el riesgo de sanciones a los compradores de petróleo venezolano. La pregunta no es si Venezuela se convertirá en otro Panamá, sino si EE.UU. —y el mundo— están preparados para las consecuencias de que sí lo sea.