Ucrania en jaque: 4 años de guerra sin EEUU y con Rusia avanzando
Guerra sin fin: Ucrania conmemora hoy el cuarto aniversario de la invasión rusa en su peor momento: sin apoyo militar de EE.UU., con Rusia ganando terreno y negociaciones que exigen cesiones imposibles.
El 24 de febrero de 2024 marca un nuevo y sombrío hito. Rusia consolida su avance en el este ucraniano mientras Kiev enfrenta la mayor crisis desde 2014, cuando Moscú anexó Crimea y desencadenó el conflicto en Donbás. La diferencia ahora: Occidente está dividido, y el frente ucraniano se resquebraja por la falta de munición y tropas.
“2025 ha sido el año más letal desde el inicio de la guerra”, advierte Olena Prokopenko, analista de la German Marshall Fund. Los datos son contundentes: 31% más de bajas civiles en los últimos 12 meses, según Europa Press. “Rusia ha perfeccionado su fuego de artillería y Ucrania ya no puede reemplazar sus pérdidas al mismo ritmo”, explica. El resultado: avances rusos “persistentes” que desmoronan las líneas defensivas ucranianas, como detalla Jack Watling, experto del think tank británico RUSI.
La tecnología ucraniana ha mejorado, pero el factor humano es irreversible. “Si Rusia acelera su ofensiva, Putin mantendrá la presión”, señala Watling. El riesgo: que Moscú interprete cualquier ralentización como debilidad y redoble sus ataques antes de 2027, año límite que el Kremlin ha marcado para su “victoria”.
EE.UU. ausente, Europa en jaque
El giro de Donald Trump ha sido letal. La Administración estadounidense congeló su ayuda militar y dejó a Ucrania a merced de Europa, que, pese a ser su mayor financista (90.000 millones de euros en préstamos en diciembre de 2024), no puede compensar el vacío estratégico. “Putin no ve consecuencias ni políticas ni económicas”, denuncia Prokopenko. La prueba: Rusia ha rechazado cualquier alto el fuego, incluso temporal, mientras gana tiempo en negociaciones “técnicas” que ocultan su verdadero objetivo: “conquistar Ucrania en su conjunto”.
El plan de Trump —presionar a Kiev para ceder el Donbás a cambio de apoyo posbélico— es un “cheque en blanco para Rusia“, según los analistas. “Aceptar esas concesiones sería dar a Moscú un trampolín para avanzar hacia Odesa o Járkov“, advierte Prokopenko. Watling añade: “Rusia usará las negociaciones para dividir a la OTAN y ganar tiempo mientras su economía resiste”.
Europa: entre el rearme y la traición
El continente se rearma, pero a ritmo de tortuga. “Un alto el fuego ahora, en términos desfavorables, expondría a Europa a un riesgo mayor“, alerta Watling. El problema: EE.UU. y la UE tienen agendas opuestas. Mientras Washington busca reanudar el comercio con Rusia, Bruselas apuesta por sanciones y armamento de largo alcance para Kiev. “Europa tiene herramientas: los activos rusos congelados (unos 300.000 millones de euros) podrían financiar la defensa ucraniana”, propone Prokopenko. Pero falta voluntad política.
La economía rusa, aunque tensionada, aguanta. “Puede sostener la guerra hasta 2027”, admite Watling. Pero hay grietas: las reservas se reducen, la deuda crece y las sanciones europeas empiezan a morder. “¿Estará Europa dispuesta a apretar el cerco?“, se pregunta el analista. La respuesta definirá si Ucrania resiste o colapsa.
Prokopenko lanza un ultimátum: “Si Europa no actúa ahora, 2025 será el año en que Rusia decida el futuro de Ucrania —y del continente”.
El precedente de 2014-2015: cuando Ucrania perdió Crimea y el Donbás en 6 meses
El avance ruso actual evoca el patrón de 2014, cuando Moscú anexó Crimea en 18 días (febrero-marzo) y luego desestabilizó el Donbás en menos de seis meses. Según informes desclasificados de la OTAN en 2016, Rusia desplegó entonces 28.000 soldados “sin insignia” (los llamados “hombres verdes”) y 400 tanques T-72B3 en la región, mientras Ucrania, con un ejército de 130.000 efectivos mal equipados, perdió 7% de su territorio en tiempo récord. Hoy, la correlación de fuerzas es peor: el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) calcula que Rusia tiene 320.000 tropas en el frente (incluyendo mercenarios de Wagner y voluntarios de Chechenia), frente a los 200.000 ucranianos, muchos de ellos reclutas con menos de 5 meses de entrenamiento.
La clave está en la velocidad de los avances. En 2014, Rusia aprovechó la parálisis occidental —la UE tardó 4 meses en imponer sanciones sectoriales— y la división en Kiev, donde el presidente Petro Poroshenko heredó un ejército con solo 6.000 soldados listos para combate, según su propio ministro de Defensa. Hoy, la historia se repite con variantes: el bloqueo del Congreso estadounidense a la ayuda militar (desde octubre de 2024) ha dejado a Ucrania sin misiles ATACMS —capaces de alcanzar Crimea— y con un déficit de 200.000 proyectiles de artillería al mes, según datos del Pentágono filtrados a The Washington Post. Mientras, Rusia produce 250.000 proyectiles mensuales gracias a fábricas en Corea del Norte e Irán, según el Instituto Sueco de Investigación de la Paz (SIPRI).
El error estratégico de 2014 fue subestimar la doctrina Gerásimov —nombrada por el entonces jefe del Estado Mayor ruso—, que prioriza la guerra híbrida (ciberataques, desinformación y sabotaje) antes del avance convencional. Hoy, Ucrania enfrenta una versión actualizada: el grupo hacker APT29 (vinculado al GRU) ha multiplicado por tres sus ataques a infraestructuras críticas en 2024, según Microsoft Threat Intelligence, mientras Rusia usa drones iraníes Shahed-136 (con un alcance de 2.500 km) para bombardear Kiev sin riesgo para sus pilotos.
2025: ¿Repetición del error o punto de no retorno?
La pregunta que acecha en Bruselas es si Europa está dispuesta a activar el artículo 5 de la OTAN —que considera un ataque a un miembro como un ataque a todos— si Rusia cruza la línea roja de Odesa, el principal puerto ucraniano. En 2014, la alianza se limitó a enviar 4.000 soldados a los países bálticos. Hoy, con 300.000 reservas rusas cerca de la frontera con Polonia (según imágenes satélite de Maxar Technologies), la apuesta es más alta. El precedente sugiere que, sin un cambio radical —como el envío de aviones F-16 (prometidos para abril de 2025) o el uso de los activos rusos congelados—, Ucrania podría perder otros 50.000 km² antes de verano, según proyecciones del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW). La diferencia con 2014: esta vez, no habrá segunda oportunidad.