Wall Street lanza futuros sobre capacidad de IA: el nuevo “oro digital”
Revolución financiera: La capacidad computacional se convertirá en el commodity más negociado de la década, según Larry Fink y Goldman Sachs.
El director ejecutivo de BlackRock, Larry Fink, rompió el silencio corporativo durante la conferencia del Milken Institute al anunciar lo que podría ser el mayor cambio en los mercados financieros desde la creación de los futuros del petróleo: un mercado de derivados sobre capacidad computacional. “Habrá un día una nueva clase de activos de futuros de cómputo”, declaró Fink, mientras su empresa acelera inversiones junto a Microsoft, Nvidia y el fondo soberano MGX de Emiratos Árabes Unidos en data centers y energía. La apuesta supera los US$100.000 millones solo en 2024, según fuentes cercanas a las negociaciones.
Lo que comenzó como una especulación entre tecnólogos ahora tiene respaldo de los grandes jugadores de Wall Street. La tesis ya no se limita al software de IA, sino a la infraestructura física crítica: GPUs, memoria DRAM, electricidad, sistemas de refrigeración líquida y la capacidad de procesar inferencias en tiempo real. Morgan Stanley proyecta que la demanda de electricidad para IA superará el billón de kilovatios hora anuales en 2030, equivalente al consumo combinado de Japón y Alemania en 2023.
Fink fue categórico: “No hay burbuja de IA porque hay escasez de oferta”. La demanda, según sus palabras, “crece mucho más rápido de lo que cualquiera anticipó”. En el mismo panel, Bruce Flatt, CEO de Brookfield Corporation, advirtió que “los próximos 10 años serán la década del recableado global”, una referencia directa a la necesidad de modernizar redes eléctricas, centros de datos y conexiones de fibra óptica. Brookfield ya destinó US$28.000 millones a infraestructura digital en 2024, un 40% más que en 2023.
La capacidad de procesamiento se ha vuelto tan crítica que empresas como Architect Financial Technologies, fundada por el exejecutivo de FTX Brett Harrison, ya diseñan futuros perpetuos sobre alquiler de GPUs y precios de memoria DRAM. “Las GPUs y las memorias emergieron como una clase de activos tan crítica como el petróleo en los 70”, explicó Harrison, cuya empresa planea lanzar estos contratos en 2025. El mercado de chips para IA ya mueve US$50.000 millones anuales, según datos de Gartner.
La financiarización del cómputo: ¿el próximo oro negro?
La teoría de convertir la capacidad computacional en un commodity negociable ganó peso académico. Un estudio del investigador Yicai Xing, publicado en Journal of Financial Economics, argumenta que los tokens consumidos durante la inferencia de IA “están evolucionando hacia un commodity similar al gas natural”. Xing propone contratos estandarizados de futuros sobre inferencia, donde empresas podrían cubrirse contra la volatilidad en los costos de procesamiento, tal como hacen las aerolíneas con el combustible.
El papel de los hyperscalers (Google, Amazon, Microsoft) será clave. Estos gigantes ya gastan más en servidores que algunos países en defensa: Amazon Web Services (AWS) invirtió US$35.000 millones en infraestructura en 2023, un récord histórico. La pregunta ahora es si estos actores adoptarán los futuros de cómputo para hedgear riesgos, como ya hacen con los futuros de energía.
Un informe interno de JPMorgan Chase, filtrado en abril de 2024, sugiere que los bancos podrían crear índices de capacidad computacional similares al Índice CRB (que mide materias primas). “Imagina un índice que combine el precio de las GPUs, el costo de la electricidad y la latencia de red”, explicó un analista del banco. Este índice ya está en desarrollo y podría lanzarse en 2026.
El cuello de botella energético: la amenaza silenciosa
El mayor riesgo para este mercado no es la tecnología, sino la energía. Morgan Stanley advierte que los data centers representarán el 20% del crecimiento en demanda eléctrica global hacia 2030, una cifra que supera las proyecciones previas en un 30%. BloombergNEF calcula que, para 2025, los centros de datos consumirán tanta energía como Italia (300 TWh anuales), y empresas como Google ya firmaron acuerdos con plantas nucleares para garantizar suministro.
El problema no es solo la cantidad, sino la velocidad. Desarrolladores de infraestructura prevén restricciones energéticas entre 2027 y 2028 debido a tres factores:
- Subinversión crónica en redes eléctricas (US$500.000 millones necesarios en EE.UU. para 2030).
- Cuellos de botella en la cadena de suministro de transformadores y cables de alta tensión.
- Retrasos en permisos para nuevas plantas de energía, especialmente en Europa.
Los hyperscalers podrían gastar más de US$1 billón entre 2025 y 2026 solo en asegurar energía y capacidad, según Goldman Sachs. “Estamos viendo a empresas tecnológicas competir directamente con países por recursos energéticos”, reveló un ejecutivo de NextEra Energy bajo condición de anonimato. En 2023, Microsoft compró derechos sobre 10 GW de energía renovable, el equivalente a la capacidad de 10 reactores nucleares.
US$7,6 billones: la mayor apuesta de la historia
Goldman Sachs estimó que el “buildout” de infraestructura para IA requerirá US$7,6 billones entre 2026 y 2031, una cifra que supera el PIB combinado de Alemania y Francia. El gasto anual podría saltar de US$765.000 millones en 2026 a US$1,6 billones en 2031, impulsado por:
- La vida útil del silicio: los chips para IA se degradan un 20% más rápido que los tradicionales.
- La guerra por los semiconductores: TSMC y Samsung ya anunciaron inversiones récord (US$100.000 millones cada una).
- La carrera por la refrigeración: empresas como CoolIT Systems reportan pedidos por US$12.000 millones en sistemas de enfriamiento líquido.
El informe de Goldman destaca que el 60% de esta inversión se concentrará en Asia, donde países como Singapur y Malasia ofrecen incentivos fiscales para data centers. Sin embargo, Estados Unidos y la UE ya movilizan US$200.000 millones en subsidios para evitar quedarse atrás. “Quien controle la capacidad computacional controlará la economía del siglo XXI”, sentenció un estratega del banco.
La escasez de capital para construir esta infraestructura es el nuevo fantasma de Wall Street. Fink lo resumió sin rodeos: “Veremos una escasez de capital para financiar todo esto”. No se refiere solo a data centers, sino a la cadena completa: desde las minas de litio para baterías de respaldo hasta los cables submarinos que conectan continentes. El Banco Mundial estima que se necesitarán US$3,5 billones adicionales en inversión privada para 2030.
Los primeros contratos de futuros sobre capacidad computacional podrían cotizar en la Bolsa Mercantil de Chicago (CME) o en plataformas especializadas como Architect. El regulador CFTC ya analiza cómo supervisar estos mercados, que combinarán elementos de commodities físicos (como el petróleo) y financieros (como los swaps de tasas). “Estamos en territorio inexplorado”, admitió un funcionario de la agencia.
El impacto en la cadena de suministro de energía
La presión sobre la red eléctrica es tal que empresas como Google y Microsoft están redefiniendo sus estrategias energéticas. En 2022, Google firmó un acuerdo histórico con Constellation Energy para abastecer sus data centers en Virginia con energía nuclear, mientras que Microsoft invirtió US$5.000 millones en parques eólicos en Europa. La demanda de energía de los data centers crecerá un 30% para 2025, según BloombergNEF, una cifra que obliga a repensar la matriz energética global.
Las opciones sobre la mesa incluyen:
- Energía nuclear modular: Reactores pequeños (SMR) podrían alimentar data centers directamente. NuScale Power ya negocia con AWS.
- Hidrógeno verde: Empresas como Linde desarrollan plantas piloto para data centers en Alemania.
- Geotermia avanzada: Fervo Energy firmó un contrato con Google para un proyecto en Nevada.
La escasez ya tiene un costo: el precio spot de la electricidad para data centers en Texas se disparó un 200% en 2023, según datos de ERCOT. “Estamos entrando en una era donde la energía será el factor limitante del crecimiento de la IA”, advirtió un ejecutivo de Schneider Electric.
¿Qué sigue para la infraestructura de IA?
Los próximos 24 meses serán críticos. Se esperan tres hitos clave:
- 2025: Lanzamiento de los primeros futuros sobre capacidad computacional (probablemente en CME o ICE).
- 2026: Creación de un índice global de precios de cómputo, similar al Brent para el petróleo.
- 2027: Posible intervención regulatoria si los precios de la electricidad para data centers superan umbrales críticos.
La pregunta que todos evitan responder es: ¿Qué pasará cuando la demanda de IA supere la capacidad de generación eléctrica global? En un escenario extremo, Goldman Sachs simuló un “apagón de cómputo” en 2029, donde la falta de energía frenaría el crecimiento de la IA durante 18 meses. “Sería como detener la Revolución Industrial en 1850”, comparó un analista.
El precedente histórico: cuando el petróleo se convirtió en commodity financiero (y sus lecciones para la IA)
La comparación de Larry Fink entre la capacidad computacional y el petróleo no es retórica: tiene un paralelo histórico exacto. En 1983, el New York Mercantile Exchange (NYMEX) lanzó los primeros futuros sobre crudo, un movimiento que transformó la energía en el activo financiero más influyente del siglo XX. El contexto era similar al actual: una demanda explosiva (impulsada por la crisis del petróleo de 1973), escasez de infraestructura y especulación desbordada. Los contratos iniciales cubrían solo 1.000 barriles; hoy, el mercado de futuros del petróleo mueve US$2,1 billones diarios, según la Bank for International Settlements (BIS).
El caso del petróleo revela tres riesgos que ahora acechan a los futuros de IA. Primero, la volatilidad extrema en fases iniciales: en 1986, los futuros del crudo registraron oscilaciones del 40% en un solo día debido a la guerra Irán-Irak. Segundo, la manipulación de precios: en 2008, la CFTC demostró que especuladores como Amaranth Advisors inflaron artificialmente los precios del gas natural, causando pérdidas de US$6.600 millones. Tercero, el desajuste entre el mercado físico y el financiero: en 1990, los futuros del petróleo cotizaban a US$40 por barril, pero el precio spot en algunos puertos era de US$22, una brecha del 82% que llevó al colapso de hedge funds como Tiger Management.
Hay una diferencia clave: el petróleo es un recurso finito; la capacidad computacional, en teoría, es escalable. Pero la historia sugiere que la financiarización acelerada puede crear burbujas incluso en activos “infinitos”. En 2000, los futuros sobre ancho de banda de internet (lanzados por Enron Broadband) colapsaron cuando la demanda real fue un 90% inferior a las proyecciones. El índice Bandwidth.com, que agrupaba estos contratos, perdió el 98% de su valor en 18 meses. Jeffrey Skilling, entonces CEO de Enron, había prometido que el ancho de banda sería “el nuevo petróleo”; terminó en prisión por fraude.
| Commodity | Año de lanzamiento de futuros | Volatilidad inicial (primer año) | Evento crítico asociado |
|---|---|---|---|
| Petróleo (NYMEX) | 1983 | +35% | Guerra Irán-Irak (1986): precios se duplicaron en 6 meses |
| Gas natural | 1990 | +52% | Escándalo Amaranth (2006): pérdida de US$6.600M por manipulación |
| Ancho de banda | 2000 | +120% | Quiebra de Enron (2001): índice Bandwidth.com cayó 98% |
| Litio (CME) | 2021 | +410% | Crisis de suministro 2022: precios subieron de US$10.000 a US$78.000/tonelada |
La trampa de la “escasez manufacturada”
El artículo menciona que Fink descarta una “burbuja de IA” por la “escasez de oferta”, pero la historia muestra que la escasez puede ser artificial. En 2010, Deutsche Bank y JPMorgan acumularon el 70% de los contratos de futuros de aluminio en el London Metal Exchange (LME), creando una escasez ficticia que infló los precios un 30% en dos años. La CFTC los multó con US$140 millones, pero el daño ya estaba hecho: empresas como Coca-Cola y Pepsi pagaron US$5.000 millones extra en latas durante ese período. Hoy, Nvidia controla el 80% del mercado de GPUs para IA, y TSMC produce el 92% de los chips avanzados. Si estos actores coordinan su capacidad con los creadores de futuros (como Architect Financial), podrían repetir el esquema del aluminio, pero a escala global. La pregunta no es si habrá escasez, sino quién la controlará.