Albert Ramdin de la OEA habla en sesión de emergencia tras detención de Maduro por militares de EEUU en Caracas

“Crisis en Venezuela: OEA exige acción urgente tras captura de Maduro por EEUU”

Detención explosiva: La OEA convoca a emergencia hemisférica tras la incursión militar de EEUU en Caracas que terminó con Nicolás Maduro bajo custodia.

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Albert Ramdin, exigió este martes una “acción coordinada e inmediata” para enfrentar la crisis en Venezuela, desatada tras la captura del presidente Nicolás Maduro el sábado pasado durante una operación militar estadounidense en Caracas. El funcionario advirtió que “la democracia y el Derecho Internacional están en riesgo”, en una sesión extraordinaria del Consejo Permanente celebrada en Washington.

Ramdin fue contundente: “Si los principios fundamentales del hemisferio están amenazados —como ocurre hoy en Venezuela—, la respuesta debe ser colectiva y firme”. El diplomático surinamés recordó que la OEA tiene el mandato de “salvaguardar la democracia, defender los Derechos Humanos y mantener la paz”, y subrayó que “este no es un problema exclusivo de Venezuela, sino una responsabilidad regional”.

La OEA ya había intervenido en crisis similares: en 2019, el organismo activó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) ante la emergencia humanitaria en Venezuela, aunque sin resultados concretos. Ramdin insistió en que “las palabras no bastan” y que se requieren “acciones basadas en la Carta de la OEA”, que exige a los Estados miembros actuar cuando se vulneran los principios democráticos.

El secretario general alertó que “la estabilidad de América depende de nuestra respuesta unificada”, aunque reconoció que la asistencia de los países a la reunión “no es suficiente para mejorar la vida de los ciudadanos”. “Necesitamos soluciones tangibles: diálogo, instituciones fuertes y gobernanza sostenible”, declaró, al tiempo que ofreció a la OEA como “intermediario honesto” para facilitar negociaciones entre los actores venezolanos.

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Ramdin anunció que el organismo “continuará monitoreando los Derechos Humanos en Venezuela”, con especial énfasis en los presos políticos, y abogó por una “evaluación in situ” de la situación. Además, propuso crear una “plataforma de diálogo inclusivo” para que la sociedad venezolana defina “prioridades, necesidades y una hoja de ruta compartida”, con el objetivo de “restablecer la confianza en el poder judicial y el Estado de derecho”.

El funcionario dejó claro que “la legitimidad democrática solo se logra por vías pacíficas” y que “el pueblo venezolano tiene derecho a decidir su futuro”, en línea con los principios interamericanos. “El orden constitucional existente —aunque frágil— es la base para construir estabilidad”, afirmó, urgente a iniciar acciones “desde ya”.

La captura de Maduro se produce en un contexto de tensiones históricas entre EEUU y Venezuela, que incluyen sanciones económicas desde 2019 y el reconocimiento estadounidense al líder opositor Juan Guaidó como presidente interino en 2020. ¿Podrá la OEA evitar una escalada militar o esta detención marcará un punto de no retorno en la región?

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El precedente del TIAR en 2019: ¿Por qué fracasó y qué ha cambiado desde entonces?

La mención de Albert Ramdin al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) no es casual: en septiembre de 2019, la OEA activó este mecanismo por primera vez en 70 años para abordar la crisis venezolana. Sin embargo, la iniciativa quedó en papel mojado. De los 19 países firmantes, solo 12 votaron a favor (incluyendo EEUU, Brasil y Colombia), mientras que México, Uruguay y Nicaragua se abstuvieron, y Bolivia —entonces bajo Evo Morales— lo rechazó abiertamente. El resultado: ninguna acción militar conjunta ni sanciones efectivas, pese a que el TIAR permite, en teoría, desde embargos hasta intervenciones armadas en casos de “agresión externa”.

El fracaso se explicó por tres factores clave: 1) la división interna (Argentina y Perú, aunque apoyaron el TIAR, condicionaron su participación a un aval de la ONU, que nunca llegó); 2) la falta de consenso sobre qué constituía una “amenaza” (EEUU y Colombia apuntaban a Maduro; otros países, como México, exigían pruebas de violaciones graves a DD.HH.); y 3) el contexto geopolítico: en plenas tensiones por el reconocimiento de Juan Guaidó (enero 2019), Rusia y China vetaron cualquier resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU, dejando a la OEA sin respaldo global. Hoy, la situación es distinta: Maduro está detenido, lo que podría forzar a los países reacios —como México bajo AMLO— a replantear su postura, especialmente si EEUU invoca el Artículo 6 del TIAR (“ataque armado contra un Estado americano”).

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Otro dato revelador: en 2019, la OEA destinó $18 millones a “asistencia humanitaria” para Venezuela, pero solo el 40% se ejecutó por trabas burocráticas. Ramdin ahora propone una “plataforma de diálogo”, pero el escepticismo persiste: en 2021, las negociaciones de México entre Maduro y la oposición colapsaron en 72 horas, con acusaciones cruzadas de incumplimiento. La diferencia hoy es que, con Maduro bajo custodia, la oposición tiene una ventaja táctica inédita, pero también un riesgo: si la OEA no actúa rápido, el vacío de poder podría derivar en un conflicto interno, como ocurrió en Libia en 2011 tras la caída de Gadafi.

¿Diplomacia o punto de quiebre?

Ramdin apela a la “unidad hemisférica”, pero la historia reciente demuestra que sin EEUU y Brasil alineados —y con México y Argentina en la cuerda floja—, cualquier resolución será simbólica. La clave ahora está en si la OEA logra activar el TIAR con un mandato claro (ej.: supervisión electoral internacional) o si, como en 2019, la parálisis institucional dejará a Venezuela en manos de quienes tengan los tanques —o los dólares—. La reunión de emergencia de esta semana definirá si el organismo es un actor geopolítico o un espectador más.

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