“Me salvó la vida”: Daniel Agostini usa IA para componer en segundos y divide opiniones
Revolución musical: Un cantante argentino confiesa que la IA acelera su creatividad a niveles nunca vistos.
El artista Daniel Agostini desató polémica al revelar en el programa Desinteligencia Artificial (DGO) que utiliza inteligencia artificial para componer sus canciones. “La inteligencia artificial me salvó la vida”, declaró a los 53 minutos de transmisión, asegurando que con estas herramientas “hacés un tema en un segundo y medio”. Su confesión, lejos de pasar desapercibida, encendió el debate sobre el futuro de la música y los límites de la creatividad.
Agostini detalló su método en vivo: usa ChatGPT para generar letras (ejemplo: “¿Me hacés una canción romántica que hable de desamor?”) y luego las procesa en otra aplicación que compone la melodía al instante. “Copiá, pegá, la metés en otra aplicación y te arma el tema en un segundo”, explicó. El proceso, que antes podía tomar días, ahora se reduce a minutos. El artista tiene 3 décadas de trayectoria, con éxitos como “Amor de verano” (2003), lo que añade peso a su testimonio sobre cómo la IA está transformando incluso a veteranos del género.
Durante la emisión, los conductores pusieron a prueba su técnica. Sugirieron versos como “Te soñaba y no sirvió para nada” o “Me encantaría que estés conmigo en esta mañana desolada”, y Agostini los integró en tiempo real. Al elegir el género —optaron por bachata—, la IA generó una canción completa. “Lo efímero de la vida me hace extrañarte”, aportó otro conductor, demostrando cómo la herramienta adapta incluso ideas espontáneas. Agostini aclaró que usa estas bases como “referencia”, a la que luego ajusta, aunque el 80% del trabajo ya está hecho por la máquina.
Las redes reaccionaron de inmediato. En X (Twitter), usuarios cuestionaron los derechos de autor de las canciones generadas por IA, mientras otros criticaron la calidad del resultado: “No se necesita talento”, ironizó un comentario. Sin embargo, no es la primera vez que la IA irrumpe en la música: en abril de 2024, el sello Higgsfield Records presentó a Kion, la primera ídolo de K-pop 100% generada por inteligencia artificial, con un supuesto contrato de US$50 millones (aunque la empresa solo confirmó “acuerdos multimillonarios”).
Kion: el rostro (digital) de la controversia
Higgsfield Records anunció a Kion con un mensaje contundente: “El debut donde el escenario no necesita escenario”. La artista digital, diseñada para actuar en “mundos digitales completamente nuevos”, prometía revolucionar la industria. Sus seguidores en redes celebraron la iniciativa: “¡La calidad es la mejor que hemos visto hasta ahora!”, escribió un usuario. Pero las críticas no tardaron: “Demoníaco”, “Esto no va a funcionar” o “Nadie quiere esto excepto las corporaciones codiciosas” fueron algunos de los comentarios más virales.
El caso de Kion no es aislado. En 2023, la canción “Heart on My Sleeve” —que imitaba las voces de Drake y The Weeknd con IA— fue retirada de plataformas como Spotify tras demandas por derechos de autor. Según un informe de Goldman Sachs, para 2027, el 25% de la música en streaming podría tener componentes generados por IA, una cifra que alarmó a músicos tradicionales. ¿Estamos ante el fin de la autoría humana en la música?
¿Creación o suplantación? El debate que divide a la industria
Los defensores de la IA, como Agostini, argumentan que es una “herramienta de democratización”: permite a artistas sin recursos acceder a producción de calidad. Sin embargo, detractores como el compositor Luis Fonsi (ganador de 5 Grammys) advirtieron en 2023 que “la música pierde alma cuando una máquina decide las emociones”. La Sociedad Americana de Compositores (ASCAP) ya analiza cómo regular estos casos, mientras plataformas como YouTube exigen etiquetar contenido generado por IA.
Agostini, por su parte, insiste en que la IA no reemplaza su esencia: “La máquina te da un borrador, pero el sentimiento lo ponés vos”. Aunque su método ahorra tiempo, el debate sigue abierto: ¿Hasta qué punto una canción creada en “un segundo y medio” puede competir con obras gestadas en meses de inspiración? Las redes, mientras tanto, ya tienen su veredicto: “La IA puede imitar el arte, pero nunca el corazón de quien lo crea”.
El precedente que Agostini ignora: cuando la IA ya “componía” en los 60
Mientras Daniel Agostini presenta su método con IA como una “revolución”, la historia de la música computacional revela que el primer algoritmo compositor data de 1957. El Illiac Suite, creado por los ingenieros Lejaren Hiller y Leonard Isaacson en la Universidad de Illinois, usó reglas matemáticas para generar una pieza para cuarteto de cuerdas. Lo sorprendente: fue interpretada por la Filarmónica de Nueva York en 1959, aunque la crítica la tachó de “fría y predecible”. El paralelo con Agostini es inevitable: entonces, como ahora, el debate giró en torno a si la máquina “creaba” o solo recombinaba patrones.
El caso más polémico antes de la era actual ocurrió en 1997, cuando el músico David Cope desarrolló EMI (Experiments in Musical Intelligence), un sistema que analizó 5.000 obras de Bach para componer en su estilo. Cope llegó a grabar un álbum completo, “Bach by Cope” (2001), donde el 90% de los oyentes en pruebas ciegas no distinguió las piezas generadas por IA de las originales. El escándalo llevó a que la American Society of Composers, Authors and Publishers (ASCAP) —la misma que hoy analiza el caso Agostini— emitiera en 2003 su primera guía sobre “obras derivadas algorítmicamente”, estableciendo que solo el 15% de modificación humana bastaba para reclamar autoría. Una regla que hoy, con herramientas como ChatGPT, parece obsoleta.
Lo que Agostini omite es que su método ya tuvo un antecedente comercial fallido: en 2016, el sello Sony CSL lanzó “Daddy’s Car”, una canción generada por IA que imitaba el estilo de The Beatles. Aunque alcanzó 2 millones de reproducciones en YouTube, el proyecto se canceló cuando Paul McCartney amenazó con demandar por “apropiación de esencia creativa”. La diferencia clave con Agostini: él no oculta el proceso, pero tampoco aclara cómo evitará el destino de proyectos como Boomy (2021), una app de IA que generó 14 millones de canciones en un año, de las cuales solo el 0.001% superó las 1.000 reproducciones**.
La pregunta que Agostini evita: ¿quién paga cuando la IA plagia sin querer?
El artista argentino celebra que la IA le “salvó la vida”, pero elude el elefante en la habitación: en 2022, un estudio de la Universidad de Amsterdam demostró que el 95% de las letras generadas por IA contenían fragmentos plagiados de canciones existentes, aunque fuera de forma inconsciente. El sistema de Agostini —basado en prompt genéricos como “canción romántica de desamor”— corre el mismo riesgo. Mientras la Unión Europea debate la “Ley de IA” (2024), que podría obligar a etiquetar obras con más del 30% de generación algorítmica, él sigue componiendo “en un segundo y medio”. La ironía: el récord de demanda por plagio en Argentina lo tiene justamente una balada de desamor: “Corazón Partío” (Alejandro Sanz, 1997), que enfrentó 12 juicios por similitudes melódicas entre 1998 y 2005. ¿Estará Agostini preparado para que su “referencia” del 80% termine en los tribunales?