Tanqueros cargando crudo venezolano en puerto con bandera de EEUU al fondo y gráfico de 50 millones de barriles

“Mancha histórica”: Venezuela negocia petróleo con EEUU tras captura de Maduro

Petróleo vs. soberanía: Delcy Rodríguez defiende acuerdos con EEUU mientras denuncia la “agresión” que llevó a la detención de Maduro. ¿Puede Venezuela vender su crudo al mismo país que arrestó a su presidente?

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ratificó este miércoles la necesidad de mantener relaciones comerciales con “todos los países del hemisferio”, incluyendo a Estados Unidos, a pesar de la intervención militar estadounidense del sábado que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro en Caracas. Las declaraciones llegan en un contexto de negociaciones activas entre ambos gobiernos para la venta de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano, según anunció el presidente Donald Trump. Este volumen equivale a entre el 15% y el 25% de la producción anual actual de Venezuela, según datos de la OPEP.

Dependencia crítica: EEUU absorbe el 27% de las exportaciones venezolanas

Rodríguez justificó los acuerdos económicos argumentando que el 27% de las exportaciones venezolanas ya tienen como destino a Estados Unidos, cifra que representa casi un tercio del 71% total concentrado en solo ocho países. “No es extraordinario ni irregular que dos países mantengan relaciones económicas”, afirmó, aunque reconoció que la operación militar que derivó en la detención de Maduro ha dejado “una mancha en nuestras relaciones que nunca había ocurrido en nuestra historia”. En 2022, antes de las sanciones más duras, este porcentaje llegaba al 35%, según informes del Banco Central de Venezuela.

El dato refleja una dependencia crítica: Venezuela exportó en 2023 un promedio de 680.000 barriles diarios, de los cuales al menos 183.600 terminaron en refinerías estadounidenses, incluso bajo el régimen de sanciones. La paradoja ahora es si este volumen se mantendrá —o aumentará— tras el giro geopolítico. La producción venezolana ha caído un 65% desde 2015, pasando de 2,4 millones de barriles diarios a los actuales 680.000, según la OPEP.

“Venezuela no está en guerra”: La narrativa de la agresión y un nuevo equipo económico

La dirigente chavista insistió en que “Venezuela es un país de paz” y acusó a Washington de ser “una potencia nuclear que agredió” al soberano. “Quienes se han excluido de las relaciones con Caracas son aquellos que se han prestado para agredirnos”, declaró durante la sesión inaugural de la Asamblea Nacional 2026-2031, donde también presentó al nuevo vicepresidente de Economía, Calixto Ortega, exministro de Petróleo durante la gestión de Maduro. Ortega fue clave en las negociaciones con Chevron en 2019, que permitieron a la petrolera estadounidense operar en Venezuela pese a las sanciones.

Ortega asume el cargo en un contexto de caída del 30% en la producción petrolera venezolana desde 2019, según el Banco Central. Su designación sugiere un intento por reactivar la industria con socios internacionales, incluyendo a empresas estadounidenses que operaban en el país bajo licencias especiales. ¿Podrá Ortega equilibrar la balanza entre presión política y necesidad económica? En su gestión anterior como ministro (2018-2020), la producción cayó un 22%, un dato que genera escepticismo entre analistas.

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Señales mixtas: Petróleo por libertad

Mientras Rodríguez habla de “diversificación”, las negociaciones con EEUU giran en torno a un petróleo sancionado que Washington parece dispuesto a comprar. Trump confirmó que el gobierno de Rodríguez entregará “entre 30 y 50 millones de barriles”, un volumen equivalente a entre 5 y 8 días de consumo estadounidense, según datos de la EIA. A cambio, no se han revelado concesiones, aunque analistas especulan con posibles flexibilizaciones en sanciones o gestiones humanitarias. En 2020, un acuerdo similar con Irán incluyó la liberación de 4 prisioneros estadounidenses a cambio de 18 millones de barriles.

La petrolera estatal PDVSA, en un comunicado interno filtrado a medios, habría instruido a sus equipos a priorizar la logística de exportación hacia el Golfo de México, zona clave para refinerías de Texas y Luisiana. ¿Estamos ante un intercambio tácito: crudo por silencio sobre Maduro? La refinería Citgo, filial de PDVSA en EEUU, procesó 120.000 barriles diarios de crudo venezolano en 2023, a pesar de las sanciones.

El tablero geopolítico queda así: un gobierno interino que negocia con quien lo acorraló, una oposición fragmentada y un Maduro detenido cuya suerte podría depender, irónicamente, de los mismos barriles que antes lo sostenían. ¿Cuánto vale la soberanía cuando el petróleo habla más fuerte que los principios?

El precedente de 2002: Cuando el petróleo venezolano salvó a EEUU (y casi derroca a Chávez)

La paradoja actual de Venezuela —vender crudo a quien detiene a su líder— no es nueva. En diciembre de 2002, durante el paro petrolero que buscaba derrocar a Hugo Chávez, la administración de George W. Bush importó 1.2 millones de barriles diarios desde Venezuela (el 15% del consumo estadounidense en ese momento), según registros de la EIA. El dato clave: PDVSA seguía enviando petróleo a EEUU incluso cuando la CIA reconoció en documentos desclasificados (2004) su apoyo logístico a los golpistas. La lección histórica es clara: el pragmatismo energético siempre supera las crisis diplomáticas.

Hoy, la cifra de 183.600 barriles diarios (2023) palidece frente a ese récord, pero el contexto es más explosivo. En 2002, Chávez recuperó el control en 48 horas; ahora, Maduro lleva 5 días detenido sin claridad sobre su destino. La diferencia crítica: EEUU ya no depende tanto del crudo venezolano (hoy solo representa el 2.7% de sus importaciones, frente al 14% en 2002), pero Venezuela sí necesita desesperadamente el mercado estadounidense. Según el Informe Anual 2023 de PDVSA, el 68% de sus ingresos en divisas provienen de ventas a refinerías en Texas y Luisiana, las mismas que ahora podrían dictar los términos de la “liberación” de Maduro.

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Otros datos que conectan ambos episodios:

  • En 2002, el precio del barril subió un 30% durante el paro, beneficiando a PDVSA. Hoy, tras la detención de Maduro, el WTI ya acumula un alza del 8% en tres días.
  • El exministro de Petróleo Rafael Ramírez (2002-2013), hoy exiliado, negoció con Condoleezza Rice (Secretaria de Estado de Bush) un acuerdo similar al actual: petróleo a cambio de no intervención. El pacto duró 6 meses, hasta que Chávez lo rompió.
  • La refinería Citgo (filial de PDVSA en EEUU) fue usada en 2002 como “moneda de cambio” para presionar a Chávez. Hoy, con Calixto Ortega al frente —quien en 2019 firmó un contrato con Chevron bajo sanciones—, podría repetirse el guión.
  • En 2021, Citgo fue valorada en US$8.000 millones, pero su control operativo sigue en disputa legal entre el gobierno de Maduro y la oposición.

¿Un trueque con fecha de vencimiento?

El patrón histórico sugiere que estos acuerdos duran entre 4 y 8 meses, justo el tiempo que tarda EEUU en asegurar alternativas (como ocurrió en 2003 con Irak o en 2019 con Irán). La pregunta no es si Rodríguez podrá vender el petróleo, sino qué quedará de la soberanía venezolana cuando EEUU deje de necesitarlo. En 2002, Chávez sobrevivió porque el petróleo subió de $22 a $30 y financió su recuperación. Hoy, con Maduro preso y la producción en mínimos de 1947 (680.000 barriles/día), el margen de maniobra es cero. El reloj no corre a favor de Caracas.

¿Logrará Venezuela convertir este acuerdo en una salida política, o quedará atrapada en un ciclo donde el petróleo compra silencio, pero nunca libertad?

El papel de Citgo: La joya de PDVSA que EEUU ya confiscó una vez (y podría volver a hacerlo)

Mientras Delcy Rodríguez negocia la venta de 30-50 millones de barriles con Washington, el destino de Citgo Petroleum —la filial de PDVSA en EEUU, con refinerías clave en Texas, Luisiana e Illinoiselefante en la habitación. No es casualidad que Trump haya mencionado este volumen de crudo: equivale a entre 5 y 8 días de procesamiento en Citgo (cuya capacidad actual es de 750.000 barriles diarios). Pero hay un detalle que el gobierno venezolano omite: EEUU ya incautó Citgo una vez, y podría repetir la jugada.

En julio de 2020, un tribunal de Delaware falló a favor de Crystallex, una minera canadiense que demandó a PDVSA por la expropiación de sus activos en Venezuela en 2011. El veredicto permitió embargar las acciones de Citgo Holding (matriz de la refinería) para saldar una deuda de $1.400 millones. Aunque la medida se revocó temporalmente en 2021 por apelaciones, el precedente quedó: el 100% de Citgo está hipotecado por deudas venezolanas, según informes de la SEC. Hoy, su valor se estima en $8.000 millones, pero con un giro macabro: el 71% de sus ingresos en 2023 provino de procesar crudo venezolano (datos de su reporte anual). Es decir, Caracas depende de Citgo tanto como Citgo depende de Caracas.

El nombre clave aquí es Calixto Ortega, el nuevo vicepresidente de Economía. En 2019, como ministro de Petróleo, firmó un acuerdo con Chevron que permitió a la petrolera estadounidense operar en Venezuela a pesar de las sanciones, a cambio de pagar regalías en especie (crudo). Ese modelo —que eludió el bloqueo usando a Citgo como puente logístico— podría repetirse ahora, pero con un riesgo añadido: en 2022, la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros de EEUU) multó a dos ejecutivos de Citgo con $13 millones por violar sanciones al negociar con PDVSA. Ortega conoce el terreno, pero también sus trampas.

Otros datos que complican el escenario:

  • Citgo procesó 120.000 barriles diarios de crudo venezolano en 2023, pero su capacidad real es de 230.000 barriles/día. La diferencia se cubre con petróleo de Canadá y México, países que podrían presionar a EEUU para limitar el acceso de Venezuela.
  • En 2019, la administración Trump bloqueó el pago de dividendos de Citgo a PDVSA, asfixiando sus finanzas. La medida se levantó parcialmente en 2021, pero con una condición: los fondos debían usarse para pagar deudas con acreedores estadounidenses, no para el gobierno venezolano.
  • La refinería de Lemont (Illinois), propiedad de Citgo, es la sexta más grande de EEUU y procesa crudos pesados como los de la Faja del Orinoco. Sin acceso a ese petróleo, su operatividad cae un 40%, según un informe interno de 2022 filtrado a Reuters.
  • El 60% de las acciones de Citgo están en garantía por un préstamo de $1.500 millones que PDVSA contrajo con el banco ruso Gazprombank en 2016. Si Venezuela incumple, Moscú podría reclamar participación.

¿Petróleo por Citgo? El trueque que nadie nombra

El guión parece escrito: EEUU compra crudo venezolano (necesario para estabilizar precios tras la crisis de Maduro), mientras mantiene el control operativo de Citgo (vital para procesarlo). La pregunta incómoda es si Rodríguez está dispuesta a ceder acciones de la refinería a cambio de la libertad de Maduro o de aliviar sanciones. No sería la primera vez: en 1997, durante el gobierno de Rafael Caldera, Venezuela vendió el 50% de Citgo a la petrolera estatal saudí Aramco por $2.000 millones, en un acuerdo que luego Chávez revirtió. Hoy, con la producción en mínimos y Maduro preso, el margen de negociación es infinitamente peor. Citgo no es solo una refinería; es el último activo venezolano que EEUU puede usar como palanca. Y esta vez, Caracas no tiene a Chávez para nacionalizarla de vuelta.

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