“Alianza indestructible”: Venezuela y Cuba cierran filas frente a EE.UU.
Fuego cruzado: La respuesta de Caracas y La Habana a Trump reaviva la tensión en el Caribe con acusaciones de injerencia y amenazas económicas.
El Gobierno de Venezuela reafirmó este domingo su “relación histórica e inquebrantable” con Cuba, en un comunicado oficial que responde directamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien declaró el fin de los envíos de petróleo y dinero desde Caracas a La Habana. “La República Bolivariana de Venezuela ratifica su postura histórica en el marco de las relaciones con Cuba, conforme a la Carta de las Naciones Unidas y al Derecho Internacional”, declaró el canciller venezolano, Yván Gil, a través de un mensaje en Telegram.
Gil subrayó que los lazos entre ambos países se basan en “hermandad, solidaridad y cooperación“, principios que, según el funcionario, han regido la relación durante décadas. Desde la Revolución Cubana en 1959, Venezuela ha sido uno de los principales aliados políticos y económicos de la isla, especialmente durante los gobiernos de Hugo Chávez (1999-2013) y Nicolás Maduro (2013-actualidad), cuando se implementó el programa Petrocaribe, que suministró petróleo a precios preferenciales a varios países del Caribe, incluyendo a Cuba.
Caracas vs. Washington: ¿Diplomacia o confrontación?
El comunicado venezolano también rechazó la injerencia extranjera y reafirmó que las relaciones internacionales deben regirse por “la no intervención, la igualdad soberana y la libre determinación“. “Reiteramos que el diálogo político es el único camino para resolver controversias”, concluyó el texto, en un claro guiño a la escalada verbal con Washington.
La respuesta llega después de que Trump asegurara en su red social Truth Social que “se acabaron los envíos de petróleo y dinero desde Venezuela a Cuba”. “¡Cero!”, enfatizó el mandatario estadounidense, quien además instó a las autoridades cubanas a “llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”. Trump ha intensificado su retórica contra Maduro desde el ataque del 3 de enero en Caracas, donde murieron 32 miembros cubanos de la escolta presidencial venezolana durante una operación militar estadounidense.
El presidente norteamericano acusó a Cuba de recibir “enormes cantidades de petróleo y dinero” a cambio de “servicios de seguridad” para los que llamó “los dos últimos dictadores venezolanos“, en referencia a Chávez y Maduro. “¡Ya no más! La mayoría de esos cubanos están muertos tras el ataque de EE.UU. la semana pasada, y Venezuela ya no necesita protección de los matones que los mantuvieron como rehenes”, afirmó Trump, quien añadió que ahora “Estados Unidos protegerá a Venezuela con el Ejército más poderoso del mundo”.
Este no es el primer episodio de tensión entre Trump y el eje Caracas-La Habana. En 2019, la administración estadounidense impuso sanciones a buques petroleros que transportaban crudo venezolano a Cuba, y en 2020, el Departamento de Estado incluyó a Cuba en la lista de países que “no cooperan plenamente” contra el terrorismo, una medida que La Habana denunció como “políticamente motivada“.
Cuba responde: “EE.UU. es un hegemón criminal”
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, contraatacó calificando a Estados Unidos de “hegemón criminal descontrolado” que amenaza “la paz y seguridad global”. “Cuba no ha recibido ni recibe compensación monetaria por los servicios de seguridad que presta”, declaró Rodríguez en X (antes Twitter), en referencia a las acusaciones de Trump sobre la presencia militar cubana en Venezuela.
El canciller cubano también defendió el derecho de su país a “importar combustible sin interferencias”, recordando que Cuba ha enfrentado un bloqueo económico estadounidense desde 1962, que según estimaciones de la ONU le ha costado más de US$150.000 millones en pérdidas acumuladas. “A diferencia de EE.UU., no practicamos el mercenarismo ni la coerción”, remarcó Rodríguez, quien advirtió que las acciones de Washington “ponen en riesgo la estabilidad del hemisferio“.
El conflicto se enmarca en una estrategia más amplia de Trump contra gobiernos aliados a Rusia y China. En los últimos meses, el mandatario ha aumentado la presión sobre Nicolás Maduro, a quien acusa de ser un “títere de Moscú y Pekín“, mientras que Cuba sigue siendo un objetivo clave por su alianza con Venezuela y su apoyo histórico a movimientos izquierdistas en Latinoamérica. ¿Podría esta escalada derivar en un conflicto abierto en el Caribe?
Trump sugiere a Marco Rubio como presidente de Cuba
En un giro inesperado, Trump respaldó públicamente la idea de que el secretario de Estado Marco Rubio —de origen cubano— asuma la presidencia de Cuba. “Marco Rubio será presidente de Cuba“, propuso un usuario en X, a lo que Trump respondió: “¡Me suena bien!”. Rubio, senador por Florida y conocido por su línea dura contra el régimen cubano, ha sido un aliado clave de Trump en su política hacia Latinoamérica.
La sugerencia arrives en un momento en que la comunidad cubano-estadounidense en Florida —un estado clave para las elecciones de 2024— ha aumentado su presión sobre la administración Trump para que tome medidas más duras contra La Habana. Según encuestas recientes, el 68% de los cubano-estadounidenses en Miami-Dade apoya sanciones más severas, mientras que el 45% respalda incluso una intervención militar “limitada” para “liberar a Cuba”.
¿Estamos ante el preludio de una nueva Crisis de los Misiles, pero esta vez con petróleo y drones en lugar de cohetes nucleares? La retórica de Trump, la respuesta coordinada de Venezuela y Cuba, y el silencio —por ahora— de Rusia y China dejan una pregunta en el aire: ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Washington para cortar el último cordón umbilical que sostiene al chavismo?
El precedente de 1989: Cuando EE.UU. cortó el petróleo a Nicaragua y la URSS respondió con misiles
La amenaza de Donald Trump de “cortar por completo” los envíos de petróleo venezolano a Cuba no es la primera vez que Washington usa el crudo como arma geopolítica en Latinoamérica. En julio de 1989, la administración de George H. W. Bush impuso un embargo total al suministro de petróleo a Nicaragua, entonces gobernada por el sandinista Daniel Ortega. La medida buscaba asfixiar económicamente al gobierno izquierdista, aliado de Cuba y la URSS. Pero el efecto fue el contrario: Moscú respondió enviando 12 buques cisterna con 1,2 millones de barriles de diesel en solo tres meses, junto con un cargamento secreto de misiles tierra-aire SA-8 Gecko, según documentos desclasificados de la CIA en 2012.
El paralelo con la situación actual es inquietante. En 1989, la URSS ya estaba en plena crisis económica, pero aún tenía capacidad para desafiar a EE.UU. en su “patio trasero”. Hoy, Rusia —heredera de la URSS— es el principal acreedor de Venezuela, con una deuda petrolera estimada en $17.000 millones (según el Instituto Baker de Políticas Públicas, 2023), y ha modernizado su presencia militar en la región: en diciembre de 2023, dos bombarderos estratégicos Tu-160 realizaron ejercicios conjuntos con la Fuerza Aérea Venezolana, sobrevolando el Caribe. Además, China —que importa el 60% del petróleo venezolano desde 2020— tiene un interés directo en la estabilidad del régimen de Maduro. Si Trump cumple su promesa, ¿repetirá Moscú el guión de 1989?
Hay una diferencia clave: en los 80, la URSS dependía de un oleoducto transiberiano para abastecer a sus aliados. Hoy, Rusia y Venezuela operan una ruta marítima directa con buques “fantasma” (sin transpondedores) que eluden sanciones. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), entre enero y septiembre de 2023, al menos 47 tanques con bandera iraní o libia transportaron crudo venezolano a Asia, con escalas técnicas en Cuba y Nicaragua. La infraestructura ya existe.
¿Un “Cinturón de Fuego” en el Caribe?
Trump ha activado un mecanismo de presión probado, pero esta vez el tablero es más complejo. En 1989, la respuesta soviética se limitó a Nicaragua. Hoy, una interrupción del flujo petrolero a Cuba podría desencadenar una reacción en cadena: Venezuela cortaría el suministro a las islas del Caribe dependientes de Petrocaribe (como Jamaica o Haití), Rusia aceleraría el despliegue de sistemas de defensa aérea en la base de Punto Fijo (Venezuela), y China movilizaría su flota de buques tanque para garantizar el crudo. El riesgo no es una Crisis de los Misiles 2.0, sino algo peor: un conflicto asimétrico con actores estatales y no estatales (como el cartel de Sinaloa, que controla el 30% del contrabando de combustible en Centroamérica, según la DEA en 2023). La pregunta ya no es si habrá respuesta, sino quién disparará primero.