Guerra silenciosa: Europa vs. China por los chips que mueven al mundo
Punto de quiebre: Un tribunal holandés arrebató a China el control de Nexperia, el gigante de chips que alimenta desde coches hasta teléfonos. La batalla legal que define hoy el futuro tecnológico de Europa.
El enfrentamiento entre Europa y China por el dominio de los semiconductores entró en una fase crítica esta semana. En el centro de la tormenta está Nexperia BV, un fabricante clave de chips heredados —componentes esenciales para automóviles, electrodomésticos y dispositivos electrónicos— que fue arrebatado a su dueño chino por un fallo judicial holandés en octubre de 2023. La decisión, que acusaba a la empresa matriz Wingtech Technology Co. (vinculada en un 30% a entidades estatales chinas) de transferir tecnología ilegalmente a China, ha desencadenado una crisis con implicaciones globales: desde parálisis en cadenas de producción hasta tensiones diplomáticas que podrían redefinir el comercio tecnológico.
El pulso legal llega a un momento decisivo este miércoles 10 de julio, cuando un tribunal de Ámsterdam determinará si se investiga a fondo la gestión de Nexperia o si, por el contrario, se revierten las medidas contra Wingtech. La audiencia no solo definirá el futuro de la empresa, sino que podría sentar un precedente en la estrategia europea de “de-risking” (reducción de dependencia de China), según explicó a Bloomberg Benedetta Girardi, coordinadora del Centro de Estudios Estratégicos de La Haya. “Europa quiere demostrar que la soberanía tecnológica no es negociable, incluso si eso significa desafiar a su segundo mayor socio comercial”, advirtió.
Dos Nexperias, un conflicto: la fractura que paraliza la producción

Desde el fallo judicial, Nexperia opera dividida en dos: por un lado, la sede en Nimega (Países Bajos), gestionada por fideicomisarios nombrados por el tribunal; por otro, su planta en Guangdong (China), que representa la mitad de su capacidad global (unos 50.000 millones de unidades anuales) y que se niega a colaborar con la matriz europea. La ruptura ha cortado el flujo de obleas de silicio —el “corazón” de los chips—, dejando a fabricantes de automóviles como Honda, Volkswagen y ZF Friedrichshafen sin suministro crítico. Honda ya paralizó plantas en Asia, mientras que Volkswagen busca proveedores alternativos en una carrera contra reloj.
La respuesta de China no se hizo esperar. Wingtech, a través de su presidenta Ruby Yang, acusó a Holanda de “injerencia indebida” y anunció un plan de “autorrescate”: comprar obleas en el mercado chino para mantener la producción. “No es un reemplazo de la cadena existente, sino una extensión estratégica“, declaró Yang a Bloomberg. Mientras, la matriz holandesa invierte US$300 millones para trasladar el 90% de su producción fuera de China antes de mediados de 2026, con expansiones en Malasia y Filipinas que sumarían “decenas de miles de millones de unidades” anuales, según fuentes cercanas.
¿Por qué son tan críticos estos chips? Aunque Nexperia no fabrica los avanzados semiconductores de 3 nm (como TSMC o Intel), sus chips heredados —de baja tecnología pero alto volumen— son irremplazables. Cada segundo, sus plantas producen 3.000 componentes que regulan desde el aire acondicionado de un coche hasta la carga de un smartphone. “Son el eslabón invisible de la electrónica global”, explicó Mathieu Duchâtel, del think tank Institut Montaigne.
El costo oculto: bancos, gobiernos y una reputación en juego
La incertidumbre ha tenido un precio inmediato: bancos retiraron cientos de millones en financiación, incluyendo una línea de crédito no utilizada de US$800 millones, según fuentes anónimas. Nexperia respondió asegurando que mantiene “una posición de liquidez fuerte”, pero el daño ya trasciende lo económico. Alemania y Países Bajos activaron mecanismos de supervisión por seguridad nacional, mientras que China restringió exportaciones desde Nexperia como represalia. Aunque en diciembre se permitió reanudar envíos de obleas, Pekín exige que Holanda revierta el fallo.
El conflicto también expuso una vulnerabilidad europea: la dependencia de China para el ensamblaje final de chips. Las obleas fabricadas en Alemania o Reino Unido viajan a Asia para su procesamiento, y luego regresan a Europa como productos terminados. “Es un punto débil estratégico“, admitió Duchâtel. Ante esto, gobiernos europeos discuten ahora subvenciones para relocalizar esta etapa crítica, mientras fabricantes chinos como BYD (el gigante de vehículos eléctricos) presionan para garantizar su suministro.
La disputa ha dejado al descubierto otro riesgo: la fuga de clientes. Competidores como la estadounidense OnSemi ya se frotan las manos ante la posibilidad de absorber pedidos de Nexperia. “Hay poco margen de error“, admitió una fuente cercana a la empresa. Mientras, gigantes como Robert Bosch —proveedor clave de la industria automotriz— han tenido que trasladar obleas desde Europa a China para evitar parálisis, una solución costosa y insostenible a largo plazo, según analistas.
El precedente que cambiará las reglas del juego
Más allá de Nexperia, el caso marca un antes y después en la geopolítica tecnológica. “Los países están compitiendo por controlar cada etapa de la cadena de semiconductores, y esto crea puntos de ruptura impredecibles”, advirtió Jacob Feldgoise, analista de la Universidad de Georgetown. Hasta ahora, Europa había evitado confrontaciones directas con China en este sector, pero el caso Nexperia demuestra que la soberanía industrial ya no es opcional.
El fallo del miércoles podría tener tres desenlaces:
- Investigación profunda: Si el tribunal holandés encuentra irregularidades, Wingtech podría perder definitivamente el control de Nexperia, acelerando la desconexión Europa-China en semiconductores.
- Reversión del fallo: Si se anulan las medidas, China recuperaría influencia, pero Europa perdería credibilidad en su estrategia de de-risking.
- Guerra prolongada: Una apelación de Wingtech al Tribunal Supremo holandés alargaría la incertidumbre, profundizando la crisis de suministro.
Incluso si las partes llegan a un acuerdo, el daño a la reputación de Nexperia es irreversible. “Los fabricantes de automóviles no olvidan un corte de suministro”, dijo un ejecutivo del sector bajo anonimato. Mientras, China ya prepara su próxima jugada: en junio, anunció una investigación por dumping contra las subvenciones estadounidenses a chips, escalando la guerra tecnológica.
¿Estamos ante el primer dominio de una nueva Guerra Fría tecnológica? La respuesta llegará esta semana en Ámsterdam, pero sus consecuencias resonarán en cada fábrica, desde Shanghái hasta Stuttgart.
El fantasma de ASML: cómo un precedente holandés redefine la guerra de los chips
El fallo contra Nexperia no es un caso aislado, sino el último capítulo de una estrategia holandesa que ya transformó el mapa global de los semiconductores. El precedente más claro —y el que ahora enciende las alarmas en Pekín— es ASML, el gigante que monopoliza las máquinas de litografía extrema (EUV) esenciales para fabricar chips avanzados. En 2019, el gobierno neerlandés, presionado por EE.UU., bloqueó las exportaciones de estos equipos a China, citando riesgos de seguridad nacional. La medida, que redujo el acceso chino a tecnología de 7 nm o inferior, obligó a empresas como SMIC (el principal fabricante de chips de China) a retrasar sus planes de producción avanzada al menos cinco años, según un informe de la Semiconductor Industry Association (2023).
La conexión entre ASML y Nexperia va más allá de la geografía: ambos casos exponen cómo Países Bajos, un país con solo 17 millones de habitantes, se ha convertido en el cuello de botella de la industria global. En el caso de ASML, la restricción afectó directamente a Huawei, cuya división de chips (HiSilicon) vio cómo su producción de procesadores Kirin 9000 (usados en smartphones de gama alta) se desplomó un 73% entre 2020 y 2022, según datos de Counterpoint Research. Ahora, con Nexperia, el riesgo es distinto pero igual de disruptivo: no se trata de tecnología de punta, sino de chips heredados que representan el 60% del mercado global en volumen, según la consultora Gartner. «Si Europa consolida este enfoque, China podría enfrentar un déficit estructural en componentes básicos para 2027», advirtió Lin Wei, analista de ICWise en Shanghái.
La respuesta china ya tiene un nombre: «Proyecto 02», una iniciativa lanzada en 2022 por el Ministerio de Industria para reducir la dependencia de obleas extranjeras. Bajo este paraguas, empresas como SMIC y Hua Hong Semiconductor recibieron US$29.000 millones en subvenciones para expandir su capacidad en chips de 28 nm a 40 nm —justo el rango donde Nexperia domina—. Sin embargo, los resultados son desiguales: mientras Hua Hong logró aumentar su producción un 30% en 2023, SMIC sigue dependiendo de equipos holandeses y estadounidenses para el 40% de sus líneas, según su informe anual.
| Empresa | Tecnología afectada | Impacto directo (2019-2024) | Respuesta china |
|---|---|---|---|
| ASML | Máquinas EUV (7 nm o menos) | Retraso de 5 años en producción avanzada de SMIC | Inversión en litografía DUV nacional (US$5.000M) |
| Nexperia | Chips heredados (28-40 nm) | Parálisis en Honda, Volkswagen; riesgo de déficit del 60% en 2027 | Proyecto 02 (US$29.000M) para obleas locales |
¿Hacia un «cordón sanitario» tecnológico en Europa?
El miércoles 10 de julio no solo se decidirá el futuro de Nexperia, sino si Europa adopta un modelo de «contención selectiva» inspirado en el de ASML. Fuentes cercanas a la Comisión Europea confirmaron a En Foco Hoy que Bruselas estudia extender los mecanismos de supervisión a otras 12 empresas con participación china en sectores críticos, desde químicos hasta baterías. El problema: cada restricción acelera la balkanización de las cadenas de suministro. «China ya no busca igualar a Occidente en tecnología; ahora apuesta por sistemas paralelos», explicó Mei Xinyu, investigador del Ministerio de Comercio chino, en una conferencia en Pekín el pasado mayo. La pregunta ya no es si habrá más casos como Nexperia, sino cuándo —y qué empresa será la próxima en caer en la trinchera legal.