Jugadores de Boca en acción durante amistoso con 4-3-3, sin refuerzos y con la Bombonera medio vacía

Boca 2026: el 4-3-3 que no convence y un mercado que no llega

Fútbol sin chispa: La Bombonera no vibró. Sin refuerzos ni juveniles, el amistoso dejó más dudas que aplausos.

Los amistosos de verano en el fútbol argentino solían ser vitrina de ilusiones: debuts de refuerzos, el brillo de las promesas y hinchas soñando con glorias. Hasta los 2000, esos partidos se jugaban en Mar del Plata, Mendoza o Salta, y no eran meros trámites: a veces sellaban el destino de un técnico. Pero el Boca vs. Millonarios 2026 rompió el molde. No hubo caras nuevas en el once, ni jóvenes entre los convocados. La atención se robó el homenaje a Miguel Ángel Russo, la reacción de la hinchada tras la dolorosa caída ante Racing en el Clausura 2025, el recibimiento a Claudio Ubeda —ya confirmado en el banco— y las primeras señales del nuevo 4-3-3 que promete el equipo. Un dato clave: Boca no ficha un extremo desde 2021, cuando llegó Luis Vázquez.

Exequiel Zeballos escapa de la marca de Rodrigo Ureña en el amistoso en el que Boca dependió de las individualidades más que del juego colectivo e igualó con Millonarios, de Colombia.LUIS ROBAYO – AFP

El club preparó una puesta emotiva: lona gigante con Russo en el círculo central, camisetas con su nombre, fuegos artificiales y el clásico cántico anti-River. Pero el clima distó del superclásico de diciembre, cuando el 2-1 había electrizado a la parcialidad, o de la eliminación ante Racing, que dejó un sabor amargo y a Ubeda al borde del despido. Esta vez, ni ovaciones individuales ni telones con jugadores. La Bombonera ni siquiera colmó su capacidad: pese al canje para adherentes y la venta de entradas a no socios —algo que no ocurría desde 2017, en un amistoso ante Villarreal—, el estadio mostró claros. En los pasillos, el tema no era el partido, sino el mercado: la falta de incorporaciones (el rubro sigue en cero) y los precios de las localidades, desde $80.000 hasta $150.000 para un amistoso. La pregunta urgente: ¿cuándo llegará Marino Hinestroza? ¿Boca pagará los tres millones de dólares que pide San Lorenzo por el 60% de Alexis Cuello? ¿O llegará finalmente un defensor central, como el uruguayo Mathías Olivera, vinculado en las últimas horas?

Boca 2026: el 4-3-3 que no convence y un mercado que no llega

En cancha, Ubeda alineó a nueve de los 11 titulares que cerraron 2025. Las novedades: Ander Herrera en el mediocampo —reemplazando al lesionado Carlos Palacios, quien apunta a estar listo para el debut en el Apertura ante Riestra— y Brian Aguirre como wing derecho, puesto que, según el club, ocupará pronto Hinestroza. El colombiano fue elogiado por Juan Román Riquelme antes del partido: *”Es técnicamente muy bueno, rápido. Tiene muchas condiciones para jugar la pelota”*, dijo el presidente. Sin embargo, el cambio de esquema —del clásico 4-4-2 al 4-3-3— no dio el desequilibrio esperado. Aguirre no tuvo su mejor noche, y lo más destacado de Exequiel Zeballos surgió al cortar por el centro, no por las bandas. Un antecedente preocupante: en los últimos tres ciclos con 4-3-3 (2018, 2020, 2022), Boca promedió 1.2 goles por partido, un 30% menos que con el 4-4-2.

Miguel Merentiel contó con chances claras de convertir, incluido un disparo al travseñao, pero se le negó el gol en el amistoso entre Boca y Millonarios por la Copa Miguel Ángel Russo.JUAN MANUEL BAEZ – FOTOBAIRES

Otro foco fue la vuelta de Herrera como titular, tras una larga batalla contra las lesiones. La expectativa era ver su asociación con Leandro Paredes, pero esa sociedad duró solo 45 minutos. El español —excompañero de Paredes en el PSG— actuó como volante más adelantado, con libertad para moverse. Mostró más criterio que precisión, pero su salida en el entretiempo sorprendió. Boca tiene por delante dos compromisos clave: el amistoso con Olimpia este domingo en San Nicolás y el debut en el campeonato frente a Riestra. ¿Por qué no le dieron minutos extra para afianzar su ritmo? En 2025, Herrera solo disputó 12 partidos completos por lesiones, y su última titularidad había sido en octubre.

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En el primer tiempo, Boca fue superior a un Millonarios irregular, que venía de caer ante River en Uruguay y había quedado fuera de los ocho primeros en el Torneo Finalización colombiano (entre 20 equipos). El equipo de Ubeda tuvo buen manejo de balón, pero le faltó cambio de ritmo. El 4-3-3 exige ganar duelos y romper líneas, pero Boca cayó en un exceso de toques en mediocampo. Generó un par de chances claras —como un tiro libre de Paredes que rozó el palo— y algunas aproximaciones, pero sin contundencia. El problema fue la falta de punch: los volantes no pisaron el área, y las oportunidades se frustraron por intervenciones defensivas. Incluso al inicio del segundo tiempo, Miguel Merentiel desperdició una ocasión clara tras un desborde de Aguirre. A los 20 minutos, la salida de Paredes dejó al equipo aún más previsible, dependiente de inspiraciones individuales y abusando de centros cruzados sin destino. En 2025, Boca convirtió solo el 18% de sus centros al área, según Wyscout.

Boca 2026: el 4-3-3 que no convence y un mercado que no llega

La entrada de Radamel Falcao —silbado desde que pisó el césped— reactivó a una Bombonera que vivió el partido como si fuera oficial: con aliento constante, quejas al árbitro Ariel Penel (de actuación correcta) y un malestar creciente cuando Boca, sin deslumbrar, no lograba abrir el marcador. En el final, Zeballos ganó un penal que él mismo ejecutó, pero su remate —anunciado— fue contenido por el uruguayo Guillermo De Amores. El 0-0 reflejó lo visto: un equipo en construcción, con más dudas que certezas. Falcao, por su parte, no toca un balón en un partido oficial desde noviembre de 2023, cuando jugó con Rayo Vallecano.

Radamel Falcao García fue sonoramente silbado cuando entró en la segunda parte, por su pasado en River; lo persigue y lo empuja Lautaro Di Lollo.LUIS ROBAYO – AFP

Lo mejor (y lo peor) del Boca 0 vs. Millonarios 0

El estreno de Boca en 2026 dejó sensaciones encontradas. Mientras los dos equipos levantaban copas en homenaje a Miguel Russo —un gesto de hermandad—, los aplausos desde las tribunas reconocieron el esfuerzo, pero no ocultaron los interrogantes. ¿Podrá el 4-3-3 funcionar sin un extremo desequilibrante? ¿Llegarán los refuerzos a tiempo para el Apertura? La Bombonera, esta vez, no tuvo respuestas. Un dato histórico: fue el primer amistoso en La Bombonera con venta de entradas para no socios desde 2017, cuando Boca enfrentó a Villarreal. Pero a diferencia de entonces —con un estadio lleno y expectativa por el regreso de Carlos Tévez—, esta vez el ambiente fue tibio. ¿Será el mercado de pases el que termine de encender (o apagar) la ilusión xeneize?

El partido también expuso una realidad: Boca no gana un amistoso en La Bombonera desde 2023, cuando venció 2-0 a Talleres con goles de Luis Advíncula y Dario Benedetto. Desde entonces, suma 3 empates y 1 derrota en partidos de preparación.

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El 4-3-3 en Boca: un esquema con historia (y fracasos) en la era post-Bianchi

El debut de Boca con 4-3-3 bajo Claudio Ubeda no es un experimento aislado, sino el quinto intento en una década de abandonar el 4-4-2 que consolidó Carlos Bianchi. El problema no es el dibujo en el pizarrón, sino su ejecución: en los últimos tres ciclos técnicos donde se probó este sistema (2018, 2020 y 2022), el equipo promedió 1.2 goles por partido —un 30% menos que con el esquema clásico— y solo logró un 40% de efectividad en pases al área. Los números explican por qué la hinchada recibió con escepticismo el cambio.

El antecedente más cercano —y doloroso— es el de Miguel Ángel Russo en 2022. Tras la salida de Sebastián Battaglia, el DT alineó un 4-3-3 con Luis Vázquez como falso extremo, Óscar Romero de mediapunta y Dario Benedetto como único delantero. El resultado: dos derrotas seguidas (0-2 vs. Talleres y 1-3 vs. River), una posesión de balón del 48% (la más baja en cinco años) y la rápida vuelta al 4-4-2. *”No teníamos los jugadores para ese sistema”*, admitió Russo después. Hoy, Ubeda enfrenta el mismo dilema: sin un extremo puro como Cristian Pavón (vendido en 2021) o un ‘9’ de área como Wandal Choquillo (lesionado), el 4-3-3 depende de adaptaciones forzadas, como usar a Exequiel Zeballos —un mediocentro— en banda.

Otros dos intentos fallidos vinieron de la mano de Gustavo Alfaro (2018) y Sebastián Battaglia (2020). Alfaro lo probó en la Copa Libertadores 2018, pero el equipo quedó eliminado en cuartos de final ante Palmeiras con un 0-2 global, marcando solo 3 tiros al arco en 180 minutos. Battaglia, en cambio, lo usó en la Copa Diego Maradona 2020: Boca ganó solo 2 de 6 partidos con ese esquema, anotando 4 goles (0.67 por juego). En ambos casos, el patrón se repitió: falta de amplitud, lateralización del juego y dependencia de los centros. El dato más revelador es que, en esos tres ciclos, el equipo recuperó un 15% menos de pelotas en campo rival que con 4-4-2, según datos de Opta Sports.

Hoy, el contexto es aún más complejo: Boca no ficha un extremo desde 2021 (llegada de Luis Vázquez), y los laterales —Marcelo Weigandt (32 años) y Frank Fabra (33)— ya no tienen el desborde de antaño. Sin Marino Hinestroza (aún en negociaciones) o un reemplazo para Edinson Cavani (retirado), el 4-3-3 corre el riesgo de ser un 3-4-3 encubierto, con volantes arrastrándose a las bandas por falta de opciones. En 2025, el 70% de los goles de Boca llegaron por jugadas a balón parado, según SofaScore.

¿Un esquema condenado o una apuesta a futuro?

Ubeda tiene dos partidos clave para ajustar el sistema: el amistoso ante Olimpia (donde enfrentará un 3-5-2) y el debut en el Apertura vs. Riestra, un rival que en 2025 usó 5-3-2 y dejó a Boca sin espacios. Si el equipo no supera el 1.5 de Expected Goals (xG) en esos duelos —umbral que no alcanzó ante Millonarios (0.9 xG)—, la presión por volver al 4-4-2 será inmediata. La paradoja: el último DT que logró hacer funcionar un 4-3-3 en Boca fue Guillermo Barros Schelotto en 2015, con un tridente Tévez-Lodeiro-Pavón que hoy costaría $80 millones en el mercado. Sin inversiones, la historia podría repetirse. ¿Podrá Ubeda romper la maldición del 4-3-3, o será otro intento fallido en la era post-Bianchi?

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El fantasma de Falcao: ¿un error de casting o una apuesta forzada?

El ingreso de Radamel Falcao García al campo no solo reactivó los cánticos en la Bombonera, sino que también reabrió un debate que Boca arrastra desde 2023: ¿puede un delantero de 37 años, sin ritmo competitivo y con un historial de lesiones, ser la solución para un equipo que clama por velocidad y desequilibrio? La respuesta, según los números, es contundente. Falcao no disputa un partido oficial desde noviembre de 2023 (Rayo Vallecano 1-2 Almería), y en sus últimos 18 meses en Europa marcó apenas 3 goles en 28 partidos (uno cada 750 minutos). Pero el problema no es solo su presente: es que Boca ya vivió —y pagó— las consecuencias de apostar por un ‘9’ en declive.

En 2020, el club fichó a Carlos Tévez (36 años) para liderar el ataque tras su paso por la Juventus. Aunque el ‘Apache’ aportó experiencia y algunos goles clave (como el 2-1 a River en la Superliga), su rendimiento decayó rápidamente: en su segunda etapa, promedió 0.35 goles por partido, la mitad que en su primer ciclo (2001-2004). Peor aún fue el caso de Dario Benedetto, contratado en 2019 por $12 millones tras su explosión en el Boca de Guillermo Barros Schelotto. El ‘Pipa’ llegó con 29 años y un currículum impecable (23 goles en la temporada 2018-19), pero en tres años y medio solo anotó 21 goles en 87 partidos (0.24 por encuentro), muy lejos de los 0.67 que promedió en Marseille. Ambos casos comparten un patrón: Boca pagó por el nombre, no por el momento.

Con Falcao, el riesgo es mayor. El colombiano acumula 11 lesiones graves desde 2014 (según Transfermarkt), incluyendo dos roturas de ligamento cruzado que lo marginaron 520 días de las canchas. Su último gran nivel fue en 2018-19 con Mónaco (18 goles en 32 partidos), pero desde entonces su producción cayó un 70%. En Boca, además, no tendrá el juego asociativo que sí encontró en el Porto de André Villas-Boas (2010-11) o el Atlético de Madrid de Diego Simeone (2011-13), donde marcó 70 goles en 91 partidos. El 4-3-3 de Ubeda exige presión alta y transiciones rápidas, dos aspectos que Falcao no puede cubrir hoy.

El contexto agrava la situación: Boca necesita un delantero que genere juego, no uno que dependa de él. En 2025, el equipo creó 42 situaciones de gol desde jugadas elaboradas (fuera de pelota parada), pero solo convirtió 9 (21% de efectividad, según Wyscout). Falcao, en su etapa en Rayo Vallecano, tuvo un 18% de conversión en remates dentro del área, por debajo del promedio de la Liga española (22%). ¿Por qué insistir con un perfil que ya demostró no funcionar?

La cuenta regresiva para un error millonario

Falcao tiene contrato hasta diciembre de 2026, con un salario estimado en $1.2 millones por mes (incluyendo bonos), según fuentes cercanas a la dirigencia. Si Ubeda persiste en alinearlo como titular, Boca podría repetir el error de 2021 con Sebastián Villa: un jugador que ocupó un cupo de extranjero, cobró $800.000 mensuales y aportó solo 4 goles en 30 partidos antes de irse. La diferencia es que Villa llegó como promesa; Falcao, como leyenda. Pero en el fútbol moderno, las leyendas no ganan partidos: los datos sí. Y los de Falcao, hoy, no suman. Si en los próximos dos amistosos (vs. Olimpia y Riestra) el equipo no supera el 1.2 de xG con él en cancha, la presión por buscar un ‘9’ joven —como el uruguayo Facundo Pellistri, vinculado en las últimas horas— será insostenible.

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