Trump une a rivales históricos en su Junta de Paz para Gaza: ¿Erdogan y Al Sisi aceptarán?
Movida diplomática audaz: Trump rompe esquemas al invitar a líderes con tensiones históricas a su plan para Gaza.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado un paso inesperado al extender una invitación formal a los presidentes de Turquía y Egipto, Recep Tayyip Erdogan y Abdelfatá al Sisi, para que formen parte de su recién creada Junta de Paz para Gaza. Este organismo, presentado como clave en la fase de posguerra, tendrá como misión garantizar la seguridad y coordinar la reconstrucción del enclave palestino, devastado tras meses de conflicto. La decisión de Trump sorprende por la historia de roces entre Ankara y El Cairo, especialmente desde el golpe de Estado de 2013 en Egipto, que Erdogan condenó abiertamente.
Tanto la Presidencia turca como el Ministerio de Exteriores egipcio han confirmado la recepción de las misivas. Burhanettin Duran, portavoz del gobierno turco, detalló a la agencia Anadolu que la carta llegó el 16 de enero de 2026, firmada por Trump en su calidad de “presidente fundador del Consejo de Paz”. Por su parte, el canciller egipcio Badr Abdelatty declaró en rueda de prensa —retransmitida por Al Arabiya
La composición de la junta, anunciada por Trump el pasado viernes, incluye figuras controvertidas y pesos pesados de la política y los negocios. Entre los confirmados destacan:
- Tony Blair, ex primer ministro británico y envuelto en polémicas por su papel en la guerra de Irak;
- Marco Rubio, senador republicano y aliado cercano de Trump;
- Jared Kushner, yerno del presidente y arquitecto de su plan para Oriente Medio;
- Steve Witkoff, enviado especial de Trump para la región;
- Marc Rowan, multimillonario al frente de Apollo Global Management;
- Ajay Banga, empresario indio-estadounidense y exCEO de Mastercard.
La inclusión de Erdogan y Al Sisi en este grupo plantea interrogantes estratégicos. Turquía, bajo el mando de Erdogan, ha sido un crítico feroz de Israel durante el conflicto, llegando a acusar a Occidente de “complicidad” en los ataques a Gaza. En cambio, Egipto, aunque ha mantenido una postura más equilibrada, ha sufrido tensiones con Hamás por su gestión de la frontera de Rafah. ¿Podrán estos líderes, con visiones opuestas sobre el conflicto, trabajar juntos bajo el paraguas de Washington?
El antecedente más reciente de colaboración entre Turquía y Egipto se remonta a 2021, cuando ambos países iniciaron un acercamiento diplomático tras años de hostilidades. Sin embargo, la guerra en Gaza ha reavivado sus diferencias: mientras Erdogan ha apoyado abiertamente a los palestinos, Al Sisi ha priorizado la estabilidad regional y la relación con Israel. La Junta de Paz podría ser la prueba de fuego para una alianza frágil.
La iniciativa de Trump llega en un momento crítico: según datos de la ONU, más del 60% de las infraestructuras de Gaza han sido destruidas, y se estima que la reconstrucción requerirá al menos USD 50.000 millones. La participación de actores con capacidad financiera, como Rowan y Banga, sugiere que el plan buscará atraer inversiones privadas. Pero la pregunta clave sigue en el aire: ¿Logrará esta junta, con miembros tan dispares, evitar que Gaza caiga en otro ciclo de violencia? O, como advirtieron analistas del think tank Chatham House esta semana, ¿será solo un parche temporal sin solución política real?
El precedente olvidado: cuando Egipto y Turquía casi chocan por Gaza en 2018
La invitación de Trump a Erdogan y Al Sisi no es la primera vez que ambos líderes se ven obligados a colaborar bajo presión internacional en el contexto de Gaza. En mayo de 2018, durante la Gran Marcha del Retorno, sus gobiernos estuvieron al borde de un enfrentamiento diplomático directo cuando Egipto, bajo instrucciones de Al Sisi, cerró temporalmente el paso de Rafah —la única salida no israelí de Gaza— en respuesta a protestas palestinas. Erdogan reaccionó acusando a El Cairo de “traicionar a los hermanos palestinos” y convocó una cumbre de emergencia de la Organización de Cooperación Islámica (OCI) para aislar a Egipto. El episodio terminó con un aumento del 30% en los aranceles turcos a productos egipcios, según datos del Ministerio de Comercio de Ankara.
Lo que pocos recuerdan es que, tras bambalinas, EE.UU. y la UE mediaron un acuerdo tácito: Egipto reabrió Rafah a cambio de que Turquía frenara su apoyo logístico a Hamás, incluyendo el envío de generadores eléctricos y medicinas a través de barcos que partían del puerto de Mersin. El pacto, nunca hecho público, se filtró en 2020 gracias a cables diplomáticos obtenidos por el medio turco Nordic Monitor. La clave entonces fue la intervención de Mohamed bin Zayed (MBZ), príncipe heredero de Abu Dabi, quien actuó como puente entre Al Sisi y Erdogan. Hoy, MBZ —ahora presidente de los Emiratos Árabes— no figura en la Junta de Paz de Trump, lo que podría dejar un vacío en la mediación árabe.
Otros dos datos reveladores:
- En 2019, Turquía y Egipto cancelaron maniobras militares conjuntas en el Mediterráneo oriental tras desacuerdos sobre Gaza, según informes del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).
- El último contacto directo entre Erdogan y Al Sisi fue en noviembre de 2022, durante la Copa Mundial de Fútbol en Qatar, donde intercambiaron un saludo protocolario de 17 segundos, cronometrado por agencias de prensa.
¿Repetirán la historia o escribirán un nuevo guion?
La Junta de Paz de Trump hereda un patrón: cada vez que Egipto y Turquía han “colaborado” en Gaza, ha sido bajo coacción externa (sanciones, crisis humanitarias o presión de los petrodólares del Golfo). La diferencia ahora es que ninguno de los dos tiene alternativas viables. Erdogan necesita mostrar logros en política exterior antes de las elecciones municipales de marzo de 2026, donde su partido, el AKP, enfrenta su peor crisis de popularidad en dos décadas. Al Sisi, por su parte, depende de la ayuda estadounidense —USD 1.300 millones anuales en asistencia militar— y no puede permitirse un distanciamiento con Washington. La pregunta no es si aceptarán sentarse en la misma mesa, sino qué concesiones silenciosas ya están sobre esa mesa.