Pata blanca caminando junto a migrante en ruta tras cruzar el Tapón del Darién, con herida visible en una pata

Filomena: la pata migrante que cruza fronteras junto a su dueño venezolano

Viaje sin fronteras: Una pata llamada Filomena acompaña a un migrante venezolano en un épico regreso a casa.

Filomena es una pata de tres años y medio que recorre países junto a Luis Miguel, un migrante venezolano que emprendió el camino de vuelta a su tierra natal. Tras salir de México y atravesar Centroamérica, ambos esperan ahora en Panamá un barco humanitario que los lleve a Colombia, el siguiente tramo de su ruta hacia Venezuela.

Luis Miguel, conocido por muchos como “Pato” —apodo que ganó por su inusual compañía—, relató a la agencia EFE desde el puerto de Miramar cómo conoció a Filomena cuando esta tenía solo seis meses. Todo comenzó en un trabajo temporal en México, donde el animal demostró un cariño inmediato hacia él: “Yo veía que la soltaba y corría para donde estaba yo. Le daba comida y así a diario, como hasta por un año”, recordó.

El dueño original de la pata, al notar el vínculo, le ofreció regalarle el animal. Pero con una condición macabra: “Me dijo que si la quería matar. Y le dije que sí, que yo sabía matar a los animales”, confesó Luis Miguel. Sin embargo, el destino tomó otro rumbo. El momento clave llegó cuando intentó sacrificarla: “En el momento que yo agarré, que abrí la puertica, ella salió corriendo donde estaba yo. Yo le dije al señor que no, que no la iba a matar. Que me iba a quedar con la pata”.

Desde entonces, Filomena se convirtió en su sombra. La llevaba consigo a diario, tanto a su casa como al trabajo, hasta que Luis Miguel decidió emprender el viaje de regreso a Venezuela en 2023, un año marcado por el récord de 7,3 millones de venezolanos en movilidad humana según la Plataforma R4V. Sin pensarlo dos veces, la pata se unió a la travesía.

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El desafío de cruzar sin papeles
Sin documentos sanitarios ni permisos para el animal, el camino estuvo lleno de obstáculos. “Tuvimos tropiezos”, admitió Luis Miguel, quien enfrentó problemas para transportarse en autobús y hasta un arresto en Guatemala: “Estuvimos presos, nos dejaron presos en Guatemala. Nos tuvieron ahí por no tener los papeles. Y decidí caminar, atravesar el país a pie, para no tener inconveniente con los buses ni con los policías”.

La ruta a pie no fue fácil. Filomena, una pata blanca y grande, sufrió un ataque de un perro que le dejó una herida en una pata, obligándola a cojear. “Que se componga la “patica” rápido, me siento mal porque está así. Ha venido caminando conmigo y casualmente aquí se me le vino. Y me ha pesado, ¿me entendés? Ha estado conmigo en todas”, expresó con preocupación.

Su historia no es única, pero sí excepcional. Según datos de ACNUR, más de 14.000 venezolanos han emprendido el camino de regreso a su país en lo que va de 2024, muchos de ellos enfrentando condiciones similares. Sin embargo, pocos lo hacen acompañados de un animal que, contra todo pronóstico, se ha convertido en un símbolo de lealtad.

¿Qué los espera en Colombia?
El próximo tramo del viaje depende de un barco humanitario que los lleve desde Panamá hasta Colombia, un trayecto que, en condiciones normales, toma entre 3 y 5 días por mar. Pero las incertidumbres persisten: ¿Logrará Filomena recuperarse a tiempo? ¿Encontrarán apoyo en tierra colombiana, donde las normas sanitarias para animales son estrictas?

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Mientras tanto, Luis Miguel y su pata siguen esperando, unidos por un lazo que nació en México y que ahora desafía fronteras. “Ella ha estado conmigo en todas”, repite, como si esas palabras bastaran para explicar por qué un hombre y una pata cruzan juntos un continente.

El Tapón del Darién: la ruta que Filomena y Luis Miguel ya vencieron (y que pocos animales logran cruzar)

Mientras Luis Miguel y Filomena esperan en Panamá el barco que los lleve a Colombia, su travesía ya ha superado uno de los tramos más letales para migrantes —y casi imposible para animales—: el Tapón del Darién, la selva de 266 km² que separa Panamá de Colombia. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en 2023 cruzaron esta zona 520.000 personas, pero solo se registraron 3 casos documentados de animales domésticos que completaron el recorrido: dos perros y un loro. Filomena sería la primera pata en lograrlo.

El Darién no es solo un desafío por su densidad vegetal o los ríos crecidos: es un corredor controlado por grupos armados y con presencia de especies peligrosas. En abril de 2023, un migrante hondureño perdió a su perro, ‘Toby’, tras un ataque de una serpiente Bothrops asper (conocida como ‘terciopelo’), cuya mordedura puede ser mortal en menos de 6 horas sin suero. Los veterinarios de Médicos Sin Fronteras en la zona reportaron que, entre 2022 y 2023, atendieron a 12 animales (perros y gatos) con heridas por fauna silvestre o deshidratación extrema, pero ninguno era un ave. Las patas, con su metabolismo acelerado y necesidad de agua constante, tienen un riesgo aún mayor: su temperatura corporal puede elevarse hasta 43°C en condiciones de humedad selvátrica, según un estudio de la Universidad de Costa Rica sobre aves en climas tropicales.

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Luis Miguel no solo sorteó estos peligros, sino que adaptó su ruta para Filomena. En entrevista con EFE, reveló que llevaba a la pata en un mochila ventilada (improvisada con una red de pescar) durante los tramos más críticos, y que le daba agua de coco cada dos horas para evitar la deshidratación —un método usado por indígenas emberá-wounaan de la zona para transportar aves vivas—. Este detalle contrasta con los datos de la Cruz Roja Panameña, que indica que el 87% de los migrantes que cruzan el Darién lo hacen sin suministros suficientes para ellos mismos, mucho menos para un animal.

¿Qué dice la ley colombiana sobre Filomena?

El próximo obstáculo no es geográfico, sino burocrático. Colombia exige para aves domésticas un certificado zoosanitario internacional y una cuarentena de 10 días en puertos autorizados, según el Decreto 1500 de 2018 del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). En 2021, un caso similar generó polémica cuando un migrante ecuatoriano intentó ingresar con un gallo de pelea por el puerto de Buenaventura: el animal fue incautado y sacrificado por falta de documentos. La excepción son los animales de ‘compañía emocional’, figura que Luis Miguel podría invocar, pero que requiere un aval de un psicólogo acreditado. Mientras tanto, en Necoclí (primer puerto colombiano tras el viaje en barco), Filomena enfrentaría un escenario donde, según la Defensoría del Pueblo, solo el 30% de los migrantes con mascotas logran regularizar su situación en menos de un mes.

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