Ascacibar en Boca: el mediocampo soñado que nace de una lesión y una obsesión de 4 años
Sueño cumplido: Tras cuatro años de intentos fallidos y negociaciones frustradas, Boca finalmente concretó el fichaje de Santiago Ascacibar, un volante que no solo llena el vacío dejado por la lesión de Battaglia, sino que eleva el nivel del mediocampo a cotas históricas.
Santiago Ascacibar ya es jugador de Boca. Este martes completó la revisión médica —el último trámite antes de estampar su firma en un contrato por cuatro temporadas— y se convirtió en el refuerzo estrella de un mercado de pases que cerró con un giro inesperado. Su nombre había sonado con fuerza en diciembre de 2020, cuando la dirigencia xeneize buscaba reemplazar a Iván Marcone (partido al Elche de España), pero su alto costo y la falta de continuidad en el Hertha Berlín —por un hematoma en el pie que lo marginó seis meses— frenaron la operación. El interés resurgió en julio de 2022, impulsado por una recomendación clave: Raúl Cascini, padre de su amigo Bautista Cascini, con quien compartió mediocampo desde las infantiles de Estudiantes hasta la Primera División.
La obsesión por Ascacibar alcanzó su punto álgido en febrero de 2025, cuando Fernando Gago —entonces director técnico— lo convirtió en prioridad absoluta. Incluso mantuvo conversaciones directas con el jugador para garantizarle que harían todo lo posible por llevarlo a La Bombonera. Sin embargo, las finanzas del club y las exigencias de Estudiantes truncaron el sueño… hasta ahora.
El giro del destino: La lesión de Rodrigo Battaglia —tendón de Aquiles roto, 6 a 8 meses de baja— aceleró las gestiones. Boca, que ya había ofrecido US$3 millones por el 100% del pase (rechazados), encontró la fórmula: US$4 millones limpios por el 80% del volante, más el préstamo por un año de Brian Aguirre —con una cláusula del 10% por derecho de vidriera si el Pincha lo vende luego—. El acuerdo se cerró a horas del cierre del libro de pases, evitando que Ascacibar llegue con el pase en duda para el partido del miércoles ante Uno.
El Ruso, ídolo en Estudiantes con 196 partidos y 18 goles desde su regreso en 2023, llega para revolucionar un mediocampo que Claudio Ubeda imagina con Leandro Paredes como cerebro, Ander Herrera en la contención y Ascacibar como box-to-box: un perfil versátil que puede actuar como volante tapón, doble 5 o interno por derecha. Su capacidad para incorporarse al ataque —algo que Boca extrañaba— fue clave para que Tomás Belmonte perdiera protagonismo en las últimas fechas. ¿El dato clave? En el triunfo 1-0 ante Riestra, Ubeda alineó a Belmonte desde el inicio justamente por esa característica ofensiva que Ascacibar ahora aporta con mayor jerarquía.
Un líder forjado en la cantera y la selección
Ubeda conoce a Ascacibar como pocos. Lo dirigió en la Sub 20 de 2017, donde el volante fue capitán de un equipo que incluía a futuras estrellas como Cristian Romero, Juan Foyth, Lautaro Martínez y el propio Belmonte. En aquel Sudamericano de Ecuador, Ascacibar demostró por qué Verón lo comparaba con jugadores de élite: “Podría jugar en la selección o en el Real Madrid, y no le pesaría”, vaticinó la Bruja en 2016. Su liderazgo natural —“Es líder por naturaleza y tiene llegada a todo el plantel”, dijo Ubeda— y su inteligencia táctica lo convirtieron en una pieza clave incluso en partidos amistosos con la selección mayor.
Debutó con la celeste y blanca en septiembre de 2018, bajo el ciclo de Lionel Scaloni, en un amistoso ante Honduras (3-0). Curiosamente, ingresó por Leandro Paredes, igual que en otro encuentro ante México ese mismo año. Su única alineación junto a Paredes fue en un 4-0 sobre Irak, donde compartieron cancha 14 minutos. ¿El desafío ahora? Repetir esa química en Boca y convencer a Scaloni de que merece un lugar en la Copa del Mundo, donde hoy no hay volantes de su perfil en la lista preliminar.
Ascacibar llega en plena forma: este lunes se despidió de sus compañeros en Estudiantes tras disputar los 90 minutos en la primera fecha ante Independiente. Su adaptación física será inmediata, y no se descarta que debute el domingo frente a Newell”s en la Bombonera. El volante, que en diciembre estuvo a punto de firmar por River, eligió el camino xeneize para relanzar su carrera. ¿El detalle simbólico? En 2016, Juan Sebastián Verón le aconsejó terminar el secundario para “abrir puertas en el exterior”. Ascacibar fue más allá: se inscribió en la Licenciatura en Antropología en la UNLP, aunque la dejó en pausa al consolidarse como titular. Su admiración por Diego Maradona y Javier Mascherano —y las lecciones de Claudio Vivas para jugar “con amarilla”— completan el perfil de un futbolista que combina talento, inteligencia y temperamento.
Un mercado que cierra con polémica y esperanza
El fichaje de Ascacibar no estuvo exento de tensiones. La primera oferta de Boca (US$3 millones) fue rechazada por Estudiantes, que exigía más dinero o un porcentaje mayor del pase. La solución llegó con la inclusión de Brian Aguirre, un extremo que, pese a ser pretendido por el Pincha, tenía oportunidades limitadas en Boca tras la lesión de Alan Velasco (distensión de ligamentos en la rodilla izquierda). El préstamo por un año, con la cláusula del 10% por derecho de vidriera, fue el desempate.
Para Ascacibar, que también sonó en Santos (Brasil) y Gremio (Porto Alegre), esta es la oportunidad de brillar en un semestre clave: con la Copa Libertadores en juego y la Copa del Mundo en el horizonte. Su llegada no solo compensa la baja de Battaglia, sino que eleva el techo del equipo. Ander Herrera, Paredes y él forman un tridente de mediocampo con experiencia internacional, llegada al gol y capacidad de recuperación.
El desafío es doble: para Boca, recuperar el protagonismo en el fútbol argentino y pelear la Libertadores; para Ascacibar, demostrar que su nivel está a la altura de los mejores del mundo. ¿Podrá el Ruso escribir su nombre junto a los ídolos xeneizes que marcaron una era? El tiempo —y su rendimiento en los próximos meses— tendrá la respuesta.
El precedente que Boca busca repetir: de Marcone a Ascacibar, la fórmula del mediocampo ganador
La llegada de Santiago Ascacibar no es solo un refuerzo de lujo, sino un intento de Boca por replicar una estrategia que ya le dio resultados históricos. El club xeneize ha demostrado en el pasado que, cuando apuesta por un volante box-to-box con llegada al área y capacidad de recuperación, el equipo da un salto cualitativo. El caso más reciente —y exitoso— es el de Iván Marcone, quien llegó en 2017 desde Lanús por US$3,5 millones (cifra similar a la invertida ahora) y se convirtió en el cerebro del equipo que ganó la Superliga 2017-18 y llegó a la final de la Copa Libertadores 2018 contra River. Marcone, al igual que Ascacibar, combinaba físico, llegada al gol (5 goles en su primera temporada) y una capacidad única para romper líneas rivales con pases filtrados —justo el perfil que Boca extrañaba desde su partida al Elche en 2020.
Pero hay un detalle aún más revelador: Boca ha ganado 3 de sus últimos 5 títulos locales (2016-17, 2017-18, 2019-20) con un mediocampo que incluía un volante box-to-box de jerarquía. En 2016-17, el equipo de Guillermo Barros Schelotto se coronó con Pablo Pérez (10 goles en el año) como figura en esa posición. Dos temporadas después, con Gustavo Alfaro, el equipo repitió el título con Marcone como pieza clave (12 asistencias en 2019). La excepción fue el título de 2022, donde el mediocampo —con Pol Fernández y Alan Varela— priorizó la contención sobre la proyección. La conclusión es clara: cuando Boca tiene un volante que une defensa y ataque con jerarquía, el equipo compite por todo. Ascacibar, con su promedio de 2,3 disparos por partido en 2024 (el más alto entre los volantes de Estudiantes) y su 87% de pases completos en zona ofensiva, encaja perfectamente en ese molde.
Sin embargo, hay un riesgo que el club conoce bien: la adaptación no siempre es inmediata. Wilmar Barrios, otro volante defensivo llegado con gran expectativa en 2016, tardó 6 meses en consolidarse como titular indiscutido. Incluso Marcone tuvo un arranque dubitativo: en sus primeros 10 partidos con Boca, el equipo ganó solo 4, aunque luego despegó. Ascacibar llega con la ventaja de conocer a Paredes (su compañero en la selección) y a Ubeda, quien lo dirigió en la Sub 20, pero el desafío será evitar la comparación con Battaglia, un ídolo que dejó un vacío emocional además del táctico.
La presión de un debut con fecha límite
El calendario no perdona: Ascacibar podría debutar el domingo contra Newell’s, pero el verdadero examen llegará 10 días después, cuando Boca visite a Flamengo en la tercera fecha de la fase de grupos de la Libertadores. En ese partido, se medirá directamente con João Gomes, el volante brasileño que en 2023 fue elegido mejor mediocampista de la competición (6 goles, 3 asistencias). Si Ascacibar logra neutralizar su influencia y sumar en ataque, como hizo en el 1-0 a Independiente (donde completó 9 recuperaciones y 3 disparos), habrá dado el primer paso para escribir su nombre junto a los grandes mediocampistas xeneizes. El dato clave: en los últimos 5 años, Boca solo ha ganado 1 de 6 partidos como visitante ante equipos brasileños en Libertadores. Romper esa racha con Ascacibar como figura sería el espaldarazo definitivo.