Tapia y Stinfale: los hombres fuertes que mueven los hilos en Barracas y Riestra
Poder sin cargo: Dos figuras sin títulos oficiales dictan el destino de dos clubes que escalaron a Primera entre polémicas y decisiones controvertidas.
No figuran como presidentes ni integran comisiones directivas, pero Claudio “Chiqui” Tapia y Víctor Stinfale son los nombres que definen el rumbo de Barracas Central y Deportivo Riestra. Dos clubes que, bajo su influencia indirecta, lograron ascensos históricos a la Liga Profesional, aunque rodeados de sospechas sobre arbitrajes, sanciones reducidas y maniobras que desafían los reglamentos. Sus métodos difieren —el sindicalismo gremial de uno, el pragmatismo legal del otro—, pero comparten un mismo resultado: equipos que crecen en las canchas y generan ruidos fuera de ellas.
Chiqui es hijo de Barracas Central. Nació en Concepción, San Juan, pero su vida se forjó en los barrios porteños: primero San Telmo, luego Barracas, donde se crió entre las inferiores del Guapo. Como delantero centro —número 9, de área, con olfato goleador—, debutó cuando el club militaba en la Primera D (1991/92) y fue parte del plantel que ganó el Hexagonal para acceder al octogonal de ascenso. También pasó por Dock Sud, pero su carrera como futbolista quedó opacada por su trabajo como barrendero en Manliba (empresa del Grupo Macri) y, sobre todo, por su vinculación con el sindicato de Camioneros. Allí conoció a Paola Moyano —hija de Hugo Moyano, líder del gremio—, con quien tuvo cuatro hijos y tejió alianzas que luego serían clave para su influencia en el fútbol.
Mientras Tapia soñaba con ser goleador, Stinfale —arquero de divisions inferiores en Platense— aceptaba su destino lejos de las canchas. Fue suplente en Nueva Chicago y jugó en Morón y Colegiales (Primera C), pero colgó los guantes para estudiar Derecho Penal. “El fútbol no me daba plata y yo era medio pelo“, confesó en C5N al periodista Beto Casella, reconociendo que su paso por el ambiente le dejó contactos útiles: “Conocí las hinchadas, tenía mucha gente borderline… Capaz que unos clientitos me hago“. Entre sus representados figuraron nombres como Luis “El Gordo” Valor (asaltante de bancos), José Barritta (exlíder de La 12), William Schlenker (exBorrachos del Tablón), Monzer Al Kassar (traficante de armas), Carlos Telleldín (expolícia imputado en el atentado a la AMIA) y hasta Diego Maradona, quien actuó como “líder espiritual” de Riestra, con charlas motivacionales al plantel.
Sus caminos al fútbol fueron distintos, pero igual de efectivos. Tapia asumió el control de Barracas Central en 2001, en plena crisis económica nacional, cuando el club estaba al borde de la quiebra. Con sus contactos sindicales y políticos, logró reactivar al equipo, que saltó de la Primera D a la Primera Nacional en menos de dos décadas. El ascenso final, en 2021, tuvo un detalle simbólico: su hijo Matías Tapia era presidente del club, mientras que Iván —el menor— capitaneaba al equipo. Para entonces, Chiqui ya llevaba tres años como presidente de la AFA, un cargo que le permitió blindar decisiones a favor del Guapo.
Stinfale, en cambio, llegó a Riestra en 2012 tras una búsqueda metódica. “Cuando Víctor comenzó a pensar en desembarcar en el fútbol profesional, buscamos un club de Primera D con camiseta negra. En la lista estaban Fénix, El Porvenir, Claypole y Riestra“, reveló Diego Figueroa —exgerente deportivo del Malevo— a La Nación. El abogado tomó las riendas con apoyo de Marcelo Tinelli, y en una década llevó al equipo a Primera División, aunque con un lastre: las sospechas sobre arbitrajes favorables. El ascenso se consolidó en 2023, dos años después que Barracas Central, pero con un escándalo de por medio: el VAR en el partido contra Comunicaciones, que derivó en una sanción inicial de 20 puntos menos (luego reducida a 10), una multa equivalente a 300 entradas en 10 partidos y la clausura del estadio por 10 fechas.
El VAR, los audios y las conexiones ocultas
No hay pruebas de una alianza directa entre Tapia y Stinfale, pero sus círculos se rozan. Speed Unlimited —bebida energizante de Energy Group, propiedad del abogado— apareció en la espalda de la camiseta de Barracas Central. Además, dos figuras clave los unen: Julio Grondona (expresidente de la AFA, quien facilitó que Stinfale inyectara dinero al Guapo) y Daniel Angelici (expresidente de Boca y operador judicial). El nexo operativo fue Fabio Pirolo, presidente de Riestra cuando Stinfale llegó al club: exdirector de Infracciones del Gobierno porteño y exvicepresidente del fútbol amateur de Boca, Pirolo actuó como puente entre ambos poderes.
Tapia, desde la AFA, intervino a favor de Riestra tras el escándalo del VAR, atenuando las sanciones. Sin embargo, no todos los gestos fueron de ayuda: el Malevo irritó al presidente con movimientos de marketing polémicos, como el debut de Mateo Apolonio (14 años) ante Newell”s en 2024 o la inclusión del streamer Iván Buhajeruk (Spreen) en un partido contra Vélez, ese mismo año. Mientras tanto, Stinfale opera en las sombras: Riestra no tiene una Sociedad Anónima Deportiva registrada, y su rol como “gerenciador encubierto” le permite tomar decisiones sin dejar huella burocrática.
Entre audios del VAR filtrados, fallos arbitrales cuestionados y acusaciones de influencia desmedida, ambos clubes siguen en Primera. ¿Hasta cuándo el fútbol argentino tolerará que dos figuras sin cargos oficiales —pero con poder real— dicten las reglas del juego?
El precedente judicial de Stinfale: de defender a la barra de Boca a manejar un club en Primera
Mientras el escándalo del VAR en Riestra sigue generando titulares, pocos recuerdan que Víctor Stinfale ya había estado en el ojo de la tormenta judicial por su vinculación con el fútbol antes de llegar al club. Su rol como abogado defensor de figuras polémicas —desde José Barritta (exlíder de La 12, condenado por extorsión en 2004) hasta William Schlenker (exBorrachos del Tablón, procesado por amenazas en 2011)— no solo le granjeó contactos en el ambiente hincha, sino que le permitió entender los resquicios legales del fútbol argentino. Un conocimiento que luego aplicaría en Riestra con resultados controvertidos.
El caso más revelador ocurrió en 2015, cuando Stinfale representó a Carlos Telleldín —el excomisario imputado en el atentado a la AMIA (1994)— en un juicio por lavado de dinero. Aunque el proceso no estuvo directamente ligado al fútbol, su estrategia legal —basada en recursos de amparo y tecnicalidades procesales— llamó la atención de dirigentes. Ese mismo año, mientras Riestra peleaba el ascenso a la Primera C, Stinfale logró que el club eludiera una sanción por deudas con jugadores, argumentando un vicio de forma en los contratos. El fallo, emitido por el Juzgado Civil N°12 de Lomas de Zamora, sentó un precedente: Riestra pagó solo el 30% de lo adeudado y evitó el descenso administrativo. Un patrón que se repetiría en 2023, cuando la reducción de la pena por el escándalo del VAR (de 20 a 10 puntos) salvó al equipo del descenso indirecto.
Pero su influencia no se limita a lo judicial. En 2018, Stinfale orquestó la llegada de Marcelo Tinelli como sponsor del club, a cambio de publicidad en ShowMatch. El acuerdo, valorado en $12 millones anuales (según declaraciones de Diego Figueroa a TyC Sports), incluyó cláusulas inusuales: Riestra cedió los derechos de imagen de sus jugadores para segmentos del programa, como el Bailando por un Sueño, donde el plantel apareció en 3 ediciones consecutivas (2019-2021). La jugada no solo le dio visibilidad al club, sino que le permitió a Stinfale negociar con auspiciantes bajo la sombra de Tinelli, sin figurar oficialmente en la documentación.
Su método contrasta con el de Tapia, más vinculado al poder sindical, pero ambos comparten un rasgo: usar estructuras paralelas para operar. Mientras el presidente de la AFA blindó a Barracas Central con decisiones federativas, Stinfale lo hizo desde los tribunales y los medios. La pregunta ahora es si la Justicia ordinaria —que ya investiga los audios del VAR— profundizará en su historial, donde los límites entre abogacía, negociados y fútbol siempre fueron difusos.
¿Hacia dónde apunta la lupa?
Con la AFIP analizando los movimientos económicos de Riestra —tras detectar inconsistencias en los ingresos declarados entre 2020 y 2023— y la Justicia Federal revisando los audios del VAR, Stinfale enfrenta su mayor prueba. No es casual que, en las últimas semanas, haya reducido su exposición mediática y delegado declaraciones a Fabio Pirolo. Si en el pasado sus conexiones lo protegieron, hoy podrían ser su talón de Aquiles: los mismos jueces que absolvieron a sus clientes barras bravas son los que ahora investigan a su club. La paradoja es clara: el abogado que esquivó la ley para otros, hoy depende de ella para salvar su proyecto.