“Takaichi arrasa: Japón refrenda su supermayoría con cifras históricas”
Triunfo arrollador: Las encuestas a pie de urna otorgan a Sanae Takaichi una victoria sin precedentes, superando los 310 escaños necesarios para controlar dos tercios del Parlamento japonés.
La coalición liderada por la primera ministra Sanae Takaichi ha logrado este domingo lo que hasta hace semanas parecía un objetivo ambicioso: una supermayoría de dos tercios en la Cámara de Representantes de Japón. Según los primeros sondeos de la cadena pública NHK y los periódicos “Asahi Shimbun” y “Yomiuri Shimbun”, el Partido Liberal Democrático (PLD) superaría los 300 escaños, mientras que su nuevo aliado, el Partido de la Restauración de Japón (PRJ), aportaría otros 34. Juntos, rebasarían con holgura los 310 asientos clave para aprobar reformas constitucionales y leyes presupuestarias sin depender de la oposición.
Este resultado consolida a Takaichi como la líder más poderosa de Japón en una década, superando incluso el desempeño de su predecesor, Fumio Kishida, quien en 2021 logró 261 escaños para el PLD. La primera ministra, conocida por su postura firme en política de defensa y su impulso a la modernización económica, había arriesgado su capital político al convocar elecciones anticipadas tras la ruptura con su histórico socio, Komeito, un partido budista que gobernó a su lado durante 12 años pero que esta vez se alió con la oposición.
La participación anticipada, un termómetro del interés ciudadano, batió récords: 27 millones de japoneses (el 26,10% del censo) votaron entre el 28 de enero y el 7 de febrero, un aumento de 5,93 puntos porcentuales respecto a los comicios de 2021. Este dato sugiere que la polarización generada por las propuestas de Takaichi —como el aumento del gasto militar al 2% del PIB (el doble que en 2020) y la reforma del artículo 9 de la Constitución, que prohíbe el uso de la fuerza como medio para resolver conflictos internacionales— movilizó tanto a sus seguidores como a sus detractores.
El fracaso de la oposición y el giro estratégico de Komeito
La Alianza Reformista Centrista, formada por el Partido Democrático Constitucional de Japón (PDC) y el propio Komeito, sufre un revés histórico. Según las proyecciones, perdería docenas de los 167 escaños que sumaban antes de las elecciones, quedando relegada a un papel testimonial. El castigo electoral refleja la división interna de Komeito, cuyo electorado tradicional —conservador pero pacifista— se resistió a apoyar una alianza con partidos que critican abiertamente el aumentó del 43% en el presupuesto de Defensa aprobado en 2023.
El líder del PDC, Kenta Izumi, había centrado su campaña en denunciar el “autoritarismo” de Takaichi y su “desprecio por el diálogo”, pero los sondeos indican que su mensaje no caló en una población más preocupada por la inflación del 3,2% (la más alta en 40 años) y la amenaza de Corea del Norte, que en enero lanzó 7 misiles balísticos en menos de un mes. “Los japoneses priorizaron la estabilidad económica y la seguridad sobre los debates constitucionales”, explicó el analista político Takeshi Sasaki a NHK.
¿Qué viene ahora? Las tres reformas que cambiarán Japón
Con esta supermayoría, Takaichi tiene vía libre para impulsar tres iniciativas clave que definiran su legado:
- Reforma constitucional: Modificar el artículo 9 para reconocer formalmente a las Fuerzas de Autodefensa como un ejército convencional, algo prohibido desde 1947. Esto requerirá un referéndum, pero la supermayoría le permite convocarlo sin negociar con la oposición.
- Impuesto a la riqueza: Un gravamen del 1,5% a patrimonios superiores a ¥1.000 millones (US$6,8 millones), que afectaría a solo el 0,3% de la población pero generaría ¥2 billones (US$13.600 millones) anuales para sanidad y educación.
- Energía nuclear: Reactivar 7 reactores paralizados tras el desastre de Fukushima en 2011, cubriendo el 20% de la demanda eléctrica del país y reduciendo la dependencia del gas ruso.
La pregunta ahora es si Takaichi, cuya popularidad roza el 62% según Kyodo News, podrá mantener el apoyo ciudadano mientras aplica medidas impopulares como el impuesto a la riqueza. “Japón ha elegido el cambio, pero ¿está preparado para sus costes?”, advirtió el economista Hiroaki Richard Watanabe en el “Nikkei”. Los mercados reaccionaron con cautela: el índice Nikkei 225 cerró con una subida modesta del 0,4%, a la espera de los resultados oficiales.
¿Logrará Takaichi equilibrar su agenda militarista con las demandas sociales, o Japón entrarán en una nueva era de protestas como las de 1960, cuando las movilizaciones contra el Tratado de Seguridad con EE.UU. paralizaron el país?
El precedente de 1955: cuando Japón reescribió su sistema de partidos (y por qué Takaichi podría repetir la historia)
La supermayoría de Sanae Takaichi no es la primera vez que Japón vive un terremoto político capaz de redefinir su panorama institucional. El paralelo más cercano —y más revelador— ocurre en 1955, cuando el Partido Liberal Democrático (PLD) se fundó mediante la fusión de dos facciones conservadoras para frenar el avance de la izquierda. Aquella maniobra, orquestada por Shigeru Yoshida (primer ministro en tres ocasiones) y Ichirō Hatoyama, dio origen al llamado “Sistema 1955”: un bipartidismo *de facto* donde el PLD gobernó ininterrumpidamente durante 38 años, mientras la oposición, liderada por el Partido Socialista Japonés (PSJ), quedó relegada a un papel simbólico. Hoy, con Takaichi al frente, el PLD no solo repite la fórmula de concentración de poder, sino que superaría el récord de escaños de Hatoyama en 1958 (287 dipuados), cuando el partido logró su primera mayoría de dos tercios.
La clave entonces, como ahora, fue la fragmentación de la oposición. En 1955, el PSJ se dividió entre moderados y radicales, incapaces de presentar un frente unido contra las reformas prooccidentales de Yoshida. En 2024, la Alianza Reformista Centrista repite el error: Komeito, que en 2021 aportó 29 escaños al bloque opositor, rompe su alianza histórica con el PLD para unirse al Partido Democrático Constitucional (PDC), pero su electorado —mayoritariamente budista, pacifista y de edad avanzada (65% tiene más de 60 años, según datos del Ministerio del Interior)— no sigue a sus líderes. Las encuestas de Mainichi Shimbun revelan que el 42% de los votantes de Komeito en 2021 optó esta vez por el PLD, seducido por el discurso de “seguridad nacional” de Takaichi frente a la amenaza norcoreana. El resultado: el PDC podría quedar reducido a menos de 50 escaños, su peor resultado desde su fundación en 1998.
Otro factor decisivo en 1955 fue el contextó geopolítico: la Guerra Fría llevó a EE.UU. a presionar por un Japón estable y anticomunista, incluso si eso implicaba tolerar prácticas clientelistas del PLD. Hoy, la guerra en Ucrania y las tensiones con China (que en 2023 superó a Japón como segunda economía mundial) juegan un papel similar. El gobierno de Takaichi ha aprovechado el miedo a la inestabilidad: en enero, tras los lanzamientos de misiles de Kim Jong-un, el 68% de los japoneses apoyaba aumentar el gasto militar, según NHK, una cifra solo comparable al 72% registrado en 1983, durante la crisis de los euromisiles.
| Año | Evento | Escaños PLD | Contexto clave |
|---|---|---|---|
| 1955 | Fusión conservadora; nacimiento del PLD | 185 | Guerra Fría; presión de EE.UU. para un Japón anticomunista |
| 1958 | Primera supermayoría (Hatoyama) | 287 | Revisión del Tratado de Seguridad con EE.UU.; protestas masivas |
| 1986 | Mayoría de Nakasone (récord previo) | 300 | Burbuja económica; privatización de empresas públicas |
| 2024 | Supermayoría de Takaichi | >310 | Guerra en Ucrania; amenaza de Corea del Norte; inflación récord |
¿Hacia un nuevo “Sistema Takaichi”? El riesgo de un Japón sin contrapesos
El Sistema 1955 colapsó en 1993, cuando el PLD perdió la mayoría por primera vez en casi cuatro décadas, ahogado por escándalos de corrupción (como el caso Recruit, que implicó a 20 ministros) y el hartazgo por su gestión de la burbuja inmobiliaria. Takaichi enfrenta riesgos similares: su plan de impuesto a la riqueza ya ha generado resistencia en el sector financiero —el Keidanren (federación empresarial) advirtió de una “fuga de capitales”—, y su reforma constitucional podría chocar con el 53% de japoneses que, según Asahi Shimbun, aún se opone a modificar el artículo 9. La diferencia crucial es que, en 1993, la oposición tenía alternativas creíbles. Hoy, con el PDC en crisis y el Partido Comunista Japonés estancado en 10 escaños, Japón podría entrar en una era de hegemonía sin fisuras… hasta que el descontento explote. La pregunta no es *si*, sino *cuándo*: en 1960, las protestas contra el Tratado de Seguridad movilizaron a 5,6 millones de personas; en 2024, con redes sociales y una juventud cada vez más politizada (el 38% de los menores de 30 años votó por primera vez, según la Comisión Electoral), el margen de error de Takaichi es mínimo.