“Diplomacia en jaque”: Rusia y Ucrania se enfrentan en Ginebra tras nuevo ataque masivo
Negociaciones bajo fuego: La delegación rusa aterrizó en Ginebra para conversaciones de paz con Ucrania y EE.UU., mientras Kiev denuncia el mayor ataque con misiles y drones en meses.
El avión que transportaba a la delegación rusa, liderada por Vladimir Medinski, aterrizó en Suiza tras un vuelo de más de 8 horas con escalas en Turquía e Italia, según confirmó la agencia Interfax. El equipo se alojará en el President Wilson Hotel, epicentro de las negociaciones. Este es el primer encuentro trilateral fuera de Emiratos Árabes Unidos (EAU), donde se celebraron las dos rondas anteriores sin avances políticos significativos, aunque sí se logró un intercambio de 300 prisioneros de guerra en febrero de 2024 —el primero en cinco meses—.
Medinski reemplaza a Igor Kostiukov, jefe de inteligencia militar rusa, quien lideró las conversaciones en Abu Dabi. La expansión del equipo ruso, que ahora incluye al viceministro de Exteriores Mijail Galuzin, refleja la complejidad de la agenda: desde seguridad energética hasta el estatus de Crimea, anexionada por Moscú en 2014 en un movimiento aún no reconocido internacionalmente.
Dimitri Peskov, portavoz del Kremlin, confirmó que los diálogos comenzarán hoy pero advirtió: “No creo que haya que esperar novedades. Los trabajos continuarán mañana“. Las sesiones serán cerradas a la prensa, sin declaraciones oficiales durante la jornada. Esta opacidad contrasta con la urgencia del contexto: horas antes, Ucrania sufrió un “ataque masivo” con 25 misiles y 400 drones, según el presidente Volodimir Zelenski, dirigido a “causar el mayor daño posible” a su infraestructura energética.
El ataque que ensombrece la mesa de negociaciones
El ministro de Exteriores ucraniano, Andri Sibiga, acusó a Rusia de “ignorar los esfuerzos de paz” al lanzar el ataque “justo antes” de las conversaciones en Ginebra. Los objetivos principales: plantas energéticas y redes civiles, un patrón repetido desde el invierno de 2022, cuando Moscú intensificó su estrategia para debilitar la capacidad ucraniana de resistir sin electricidad en pleno frío. En respuesta, Rusia afirmó haber derribado 151 drones ucranianos en las últimas 24 horas, incluyendo 50 sobre el mar Negro y 38 en Crimea.
Este intercambio de golpes militaes —el más intenso desde la ofensiva rusa sobre Járkov en mayo de 2024— plantea una pregunta clave: ¿Puede haber diálogos creíbles cuando las armas hablan más alto que las palabras? Las dos rondas previas en EAU, celebradas en noviembre de 2023 y febrero de 2024, solo lograron acuerdos humanitarios puntuales, sin tocar temas espinosos como la soberanía de Donbás o la desmilitarización de Zaporiyia.
¿Qué busca cada parte en Ginebra?
Rusia llega con una posición endurecida: exige el reconocimiento de la anexión de cuatro regiones ucranianas (Donetsk, Luhansk, Jersón y Zaporiyia) y la “desnazificación” de Kiev, un término que Zelenski ha rechazado como “pretexto para la ocupación“. Por su parte, Ucrania insiste en un plan de paz de 10 puntos que incluye la retirada total de tropas rusas y garantías de seguridad respaldadas por Occidente, similar al modelo de la OTAN para los países bálticos tras la Guerra Fría.
EE.UU., mediador en estas conversaciones, ha mantenido una postura ambigua: apoya a Kiev con armamento —incluyendo los polémicos misiles ATACMS, entregados en abril de 2024— pero evita comprometerse con una membresía ucraniana en la OTAN, temiendo una escalada directa con Moscú. ¿Logrará Washington equilibrar su rol de facilitador sin ceder a las presiones de ninguno de los bandos?
Mientras las delegaciones se preparan para sentarse a la mesa, en el este de Ucrania continúan los combates en Avdiivka, ciudad símbolo de la resistencia ucraniana que Rusia lleva meses intentando tomar. Más de 2.000 civiles han sido evacuados en la última semana, según la ONU, en lo que podría ser un preludio de una nueva ofensiva rusa antes del invierno.
Ginebra, escenario de fracasos históricos: ¿Por qué esta ronda podría repetir el patrón?
El President Wilson Hotel, donde se alojan las delegaciones, no es ajeno a los diálogos fallidos en conflictos prolongados. Este mismo recinto albergó en 2016 las negociaciones entre Rusia y Occidente sobre Siria, que colapsaron cuando Moscú vetó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para investigar ataques químicos en Alepo. El paralelo es inquietante: entonces, como ahora, las conversaciones se celebraron bajo fuego cruzado —en aquel caso, mientras las fuerzas rusas y sirias bombardeaban hospitales en Idlib—. El resultado fue un estancamiento de 18 meses hasta que Turquía intervino militarmente en 2018.
Ucrania tiene motivos para desconfiar. En 2014, tras la anexión de Crimea, las conversaciones en Ginebra (conocidas como el Formato de Ginebra 1.0) terminaron con un comunicado conjunto que Rusia incumplió en menos de 48 horas, desplegando tropas no identificadas en Donetsk y Luhansk. El documento, firmado por el entonces ministro de Exteriores ruso Serguéi Lavrov, prometía “desescalar la violencia” y “proteger a las minorías rusófonas”, pero en la práctica legitimó la creación de las “repúblicas populares” separatistas. Hoy, Mijail Galuzin —viceministro de Exteriores ruso presente en Ginebra— fue el mismo que en 2022 justificó la invasión argumentando que Ucrania “violaba los acuerdos de Minsk”, un tratado que Kiev denuncia como “impuesto bajo amenaza”.
El antecedente más reciente es el acuerdo de granos del Mar Negro (julio 2022), negociado en Estambul con mediación de la ONU y Turquía. Rusia lo suspendió en julio de 2023 tras acusar a Ucrania de usar el corredor humanitario para un ataque con drones contra su flota en Sebastopol. La lección: Moscú ha demostrado que vincula sistemáticamente las conversaciones con concesiones militares inmediatas. En esta ronda, el ataque con 400 drones horas antes de la reunión no es casual: es un recordatorio de que el Kremlin negocia desde una posición de “fuerza demostrada”.
La trampa del “diálogo técnico”: ¿Humanitario o táctico?
Las dos rondas previas en EAU siguieron un guion que podría repetirse: acuerdos limitados a temas “humanitarios” (intercambio de prisioneros, corredores para granos) mientras se eluden las demandas políticas. En febrero de 2024, el canje de 300 prisioneros —el mayor desde 2022— se presentó como un “avance”, pero ocultó que 80% de los liberados por Rusia eran soldados ucranianos capturados en la batalla de Bajmut (2023), muchos en estado crítico. Ucrania, a cambio, entregó a prisioneros rusos con información de inteligencia valiosa, según admitió el Servicio de Seguridad ucraniano (SBU) en un informe filtrado. Si Ginebra deriva en otro “paquete humanitario”, el riesgo es que Moscú lo use para reabastecer sus líneas de frente con prisioneros recuperados, como ocurrió tras los acuerdos de 2022 en Minsk, cuando 1.200 soldados rusos** volvieron al combate en menos de un mes.