Trump ataca a Europa “woke”: “Irreconocible y en riesgo por migración y energía”
Advertencia desde EE.UU.: Trump lanza un ultimátum a Europa por su rumbo político y dos crisis que, según él, la destruyen.
El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha arremetido contra Europa durante una rueda de prensa este viernes, tachando al continente de “woke” e “irreconocible“. Con un tono urgente, instó a los líderes europeos a “fortalecerse de inmediato” para enfrentar lo que consideró los dos mayores frentes de colapso: la dependencia energética y la crisis migratoria masiva. “Si no actúan ahora, Europa ya no será la misma”, advirtió.
Trump fue contundente: “Deseo que Europa se fortalezca significativamente. El continente se ha vuelto “woke”. Europa se ha transformado hasta ser irreconocible“. El término “woke”, originado en movimientos por la justicia social, ha sido reapropiado por sectores conservadores —incluido el propio Trump— para criticar políticas progresistas en temas como género, raza y medioambiente. Su uso en este contexto refleja la polarización transatlántica: mientras la UE avanza en agendas climáticas y derechos sociales, figuras como Trump las ven como una debilidad estratégica.
El exmandatario destacó que Europa “se ha debilitado“, aunque hizo una excepción con cuatro países gobernados por conservadores: Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia, cuyos líderes ha elogiado repetidamente. Estos países, conocidos por su resistencia a políticas migratorias de la UE y su alineamiento con valores tradicionales, serían —según Trump— “el último bastión de sensatez” en el continente. Hungría, por ejemplo, ha bloqueado acuerdos migratorios de la UE en 12 ocasiones desde 2015, según registros del Parlamento Europeo.
Las políticas verdes europeas recibieron duras críticas. Trump mencionó su obsesión por los aerogeneradores, que según él “devastan campos, prados y océanos” mientras los europeos “pagan fortunas” por energía. “Los ecologistas han tomado el mando“, declaró, ignorando que la UE redujo un 32% sus emisiones desde 1990 (datos de Eurostat 2023) gracias, en parte, a energías renovables. Su postura contrasta con la de la Comisión Europea, que en 2024 destinó €210.000 millones a transición ecológica.
El cierre de su intervención fue una advertencia apocalíptica: Europa “necesita reaccionar urgentemente” porque está siendo “diezmada” en los frentes energético y migratorio. “Si no abordan ambos problemas en los próximos 12 meses“, sentenció, el continente “cambiará irreversiblemente“.
¿Logrará Europa equilibrar su modelo social con las demandas de seguridad y soberanía que exigen figuras como Trump? O, como él vaticina, ¿está condenada a fracturarse entre el progresismo y el nacionalismo?
El precedente de 2018: Cuando Trump ya usó Europa como arma política (y lo que pasó después)
La arremetida de Trump contra Europa no es nueva, pero esta vez llega en un contexto electoral clave: el 78% de los votantes republicanos considera la migración el principal riesgo para Occidente, según una encuesta de Pew Research de marzo 2024. Su discurso actual repite patrones de 2018, cuando, durante la cumbre de la OTAN en Bruselas, acusó a Alemania de ser ‘rehen de Rusia‘ por el gasoducto Nord Stream 2. Entonces, el canciller Scholz (en ese momento ministro de Finanzas) respondió con un dato contundente: Alemania había reducido su dependencia del gas ruso del 55% al 35% en solo dos años, gracias a terminales de GNL como la de Wilhelmshaven, inaugurada en récord de 10 meses. Trump omitió ese logro, igual que ahora silencia el 43% de energía renovable que ya genera la UE (Eurostat 2024).
El paralelo histórico revela su estrategia: atacar a Europa para movilizar a su base. En 2018, sus declaraciones coincidieron con un aumento del 12% en donaciones a su campaña (informes de la FEC), provenientes de sectores energéticos tradicionales. Hoy, su crítica a los aerogeneradores llega cuando su aliado en Hungría, Viktor Orbán, acaba de firmar un acuerdo con ExxonMobil para explotar gas en el mar Negro, un proyecto que la UE ha tachado de ‘incompatible con el Pacto Verde‘. Orbán, precisamente, es uno de los cuatro líderes que Trump elogió este viernes. La conexión no es casual: Polonia, otro de los países mencionados, es el único de la UE que aún no ha ratificado el objetivo de neutralidad climática para 2050.
Pero hay un dato que Trump no mencionó: en 2019, tras sus ataques a la OTAN, el 62% de los europeos encuestados por European Council on Foreign Relations consideró que EE.UU. era un ‘aliado poco fiable‘, una percepción que hoy alcanza el 71% (datos de 2024). Su retórica, lejos de debilitar a Europa, podría estar acelerando lo que más teme: una UE unida en políticas de defensa y energía. La prueba está en el fondo de €100.000 millones aprobado en 2023 para reducir la dependencia energética, justo después de que Rusia cortara el suministro de gas a siete países.
¿Un ultimátum o un salvavidas envenenado?
Trump exige a Europa ‘reaccionar en 12 meses‘, pero su historial sugiere que su verdadero objetivo es otro: desestabilizar a la UE antes de las elecciones estadounidenses de noviembre. En 2020, su administración impuso aranceles a productos europeos por valor de $7.500 millones, justificados como represalia por subsidios a Airbus. La medida dañó a sectores clave como el vino francés (caída del 28% en exportaciones) o el queso italiano, pero no logró doblar la política comercial europea. Hoy, con la UE avanzando en su Ley de Industria Cero Neto —que destinará €250.000 millones a tecnologías limpias—, su ataque al ‘wokismo‘ energético podría ser el preludio de una nueva guerra comercial. La pregunta no es si Europa cambiará, sino si su intervención acelerará la fractura que dice querer evitar.