Donald Trump en el Congreso señalando un mapa de Irán con alertas nucleares y misiles balísticos

“Diplomacia o fuerza”: Trump advierte a Irán mientras retoma su programa nuclear

Tensión máxima: EE.UU. e Irán negocian bajo la sombra de misiles y un programa atómico que Washington juró frenar.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reafirmó este martes ante el Congreso su intención de resolver el conflicto con Irán por vía diplomática, pero lanzó una advertencia contundente: el régimen de Teherán está reactivando sus “oscuros planes nucleares”, una expresión que el mandatario ha usado en al menos tres discursos previos para referirse al programa atómico iraní.

Durante su informe sobre el Estado de la Unión, Trump reveló que Irán ya cuenta con misiles balísticos capaces de alcanzar Europa y bases militares estadounidenses en Oriente Medio. Más preocupante aún: según informes de inteligencia citados por el Pentágono en 2024, Teherán acelera el desarrollo de proyectiles de largo alcance (ICBM) que, en menos de cinco años, podrían威胁 el territorio continental de EE.UU., algo que hasta ahora solo Rusia y China han logrado.

El recordatorio de Trump sobre la operación de junio de 2025 —cuando fuerzas estadounidenses neutralizaron el 68% de las centrifugadoras iraníes en un ataque quirúrgico— contrastó con su advertencia actual: “Irán retoma desde cero sus objetivos nucleares”. Este giro ocurre apenas 10 meses después de aquel golpe, que en su momento fue celebrado como un “éxito estratégico” por el secretario de Defensa, Mark Esper.

La condición irrenunciable: “Jamás fabricaremos la bomba”

Trump dejó claro que, aunque prefiere la mesa de negociaciones, hay una línea roja: “No permitiré que el principal patrocinador del terrorismo mundial posea un arma nuclear. No puede ser“. El mandatario exigió que Irán pronuncie públicamente la frase que Washington considera clave para cualquier acuerdo: “Jamás fabricaremos un arma nuclear”, palabras que, hasta ahora, las autoridades iraníes han evitado decir textualmente.

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Horas antes del discurso, la Casa Blanca reiteró en un comunicado que la “opción diplomática es la preferida”, pero mantuvo sobre la mesa el uso de “fuerza letal” si la situación lo requiere. Esta dualidad —diálogo y amenaza— ha sido una constante en la estrategia de Trump hacia Irán desde que, en mayo de 2018, retiró a EE.UU. del acuerdo nuclear de 2015 (conocido como JCPOA), un movimiento que desató la actual crisis.

Teherán responde: “Acuerdo ya, pero sin renunciar a nuestros derechos”

Desde Ginebra, donde se celebran negociaciones indirectas con mediación de Omán, el canciller iraní, Abbas Araqchi, respondió que su país está dispuesto a “hacer todo lo necesario” para cerrar un nuevo pacto con Washington “cuanto antes“. Araqchi, quien lleva 12 años como negociador nuclear de Irán, matizó sin embargo que Teherán “no renunciará al uso pacífico de la tecnología nuclear”, un guante lanzado a Trump, quien ha insistido en que el programa atómico iraní tiene fines militares encubiertos.

En un tuit publicado minutos después de las declaraciones de Trump, Araqchi reiteró que Irán “no desarrollará un arma nuclear bajo ninguna circunstancia”, pero evitó usar la fórmula exacta que exige Washington. Esta omisión no es nueva: desde 2019, Irán ha empleado al menos cinco variantes de esta promesa, ninguna idéntica a la solicitada por EE.UU., según un análisis del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).

El fantasma del acuerdo de 2015 y la desconfianza

Las actuales conversaciones ocurren en un clima de mutua desconfianza, agravado por el ataque estadounidense de junio de 2025. Ese operativo —ejecutado con misiles de crucero Tomahawk— destruyó instalaciones nucleares iraníes mientras ambos países dialogaban en Viena para un posible nuevo acuerdo. Irán denunció entonces una “traición”, y desde entonces exige garantías escritas de que EE.UU. no volverá a abandonar un pacto, como hizo en 2018.

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El acuerdo de 2015, firmado durante la presidencia de Barack Obama, limitaba el enriquecimiento de uranio iraní a cambio del levantamiento de sanciones. Pero Trump lo calificó de “desastre” y lo abandonó en 2018, reimponiendo sanciones que, según el FMI, han contraído la economía iraní en un 12% anual desde entonces. Ahora, con las centrifugadoras nuevamente activas, el reloj corre: los expertos calculan que Irán podría tener material fisible para una bomba en menos de dos años si no hay un acuerdo.

¿Logrará la diplomacia lo que no pudo la fuerza en 2025? O, peor aún: ¿está el mundo al borde de un conflicto que ni siquiera la doctrina de la “presión máxima” de Trump podrá contener?

El precedente que pesa: cómo Irán ha eludido promesas nucleares desde 2003

La exigencia de Trump para que Irán repita textualmente que “jamás fabricará un arma nuclear” no es caprichosa: tiene raíces en un patrón histórico de 19 años en el que Teherán ha combinado declaraciones ambiguas con avances técnicos. El caso más revelador ocurrió en octubre de 2003, cuando Irán firmó el Protocolo Adicional del TNP (Tratado de No Proliferación Nuclear), permitiendo inspecciones sorpresa de la OIEA. Sin embargo, mientras negociaba, ocultaba en la base militar de Parchin —a 30 km al sureste de Teherán— pruebas de experimentos con detonadores de explosivos de uranio, según confirmó el organismo en 2011.

El guión se repitió en 2013, durante las conversaciones que llevaron al acuerdo de 2015 (JCPOA). Irán prometió “no buscar, desarrollar ni adquirir” armas nucleares en un documento conjunto con el Grupo 5+1, pero nunca usó la fórmula “jamás fabricaremos”, que los negociadores occidentales —encabezados entonces por la UE— intentaron incluir en 12 borradores, según filtraciones publicadas por The Guardian. Mientras, avanzaba en secreto con el desarrollo de centrífugas IR-2m, capaces de enriquecer uranio al 20% (un paso clave hacia el grado militar, 90%). Cuando la OIEA lo descubrió en noviembre de 2013, Irán alegó que eran “prototypes para investigación médica”.

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La estrategia iraní ha sido consistente: aceptar límites teóricos mientras se expanden capacidades prácticas. Un informe del Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional (ISIS) de 2022 reveló que, entre 2015 y 2020, Irán instaló 3.000 centrifugadoras avanzadas en la planta subterránea de Natanz —a pesar del JCPOA—, usando lagunas legales. Cuando Trump abandonó el acuerdo en 2018, estas ya estaban operativas.

¿Por qué ahora es diferente?

La diferencia en 2026 es que Irán ya no necesita esconder plantas: sus misiles Khorramshahr-4 (con alcance de 2.000 km) y los avances en ICBM le dan capacidad de disuasión sin necesidad de una bomba. La pregunta no es si Teherán cederá a la fórmula de Trump, sino si Washington aceptará un acuerdo que, como en 2015, deje espacios grises para que Irán siga avanzando. El reloj no corre solo para la diplomacia: corre para los satélites espías que, según The Washington Post, han detectado movimiento en la base de Fordow —donde en 2019 Irán enriqueció uranio al 4,5%, violando el JCPOA— en las últimas 72 horas.

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