Mapa del tramo mortal de La Cartuja Baja en el Ebro con 8 víctimas en 5 años y zonas de remolinos marcadas

Confirmado por ADN: el cuerpo hallado en el Ebro es de Pablo Cebolla

Tragedia en el Ebro: El ADN confirma que el cadáver encontrado en La Cartuja Baja (Zaragoza) es el de Pablo Cebolla, desaparecido desde febrero cerca del Club Náutico.

La Policía Nacional comunicó este martes a la familia del joven de Alhama de Aragón que las pruebas genéticas, realizadas en el Instituto de Medicina Legal de Zaragoza, coinciden al 100% con su perfil. El hallazgo, realizado el 26 de abril por un ciudadano en la ribera, cierra una búsqueda que movilizó a equipos de rescate y voluntarios durante más de dos meses.

Confirmado por ADN: el cuerpo hallado en el Ebro es de Pablo Cebolla

La investigación sigue en manos de la Guardia Civil, competente en la zona, mientras la familia —que había mantenido viva la esperanza con rastrillajes y llamadas a la colaboración ciudadana— recibe ahora el apoyo psicológico de los equipos especializados en desapariciones. Fuentes cercanas al caso señalan que Pablo, de 32 años, era un apasionado de la pesca y conocía bien la zona, lo que aumenta el misterio sobre las circunstancias de su muerte.

El Ebro: un punto negro con 15 desapariciones en 5 años

El caso de Cebolla se suma a una lista negra que sitúa al tramo zaragozano del Ebro como uno de los más peligrosos de España. Según informes de la Policía Nacional, desde 2018 se han registrado 15 desapariciones en sus inmediaciones, con 8 solo en La Cartuja Baja, un área donde la corriente alcanza velocidades de hasta 6 km/h en épocas de crecida. Los expertos advierten: el lecho del río esconde pozos de hasta 10 metros de profundidad cerca de los puentes, trampas mortales para bañistas y pescadores.

En julio de 2018, un kayakista de 35 años desapareció en la misma zona del Club Náutico. Su cuerpo apareció 48 horas después, a 12 km aguas abajo, cerca de Fuentes de Ebro. El patrón se repite: el 80% de los casos ocurren en meses cálidos (mayo-septiembre), cuando el caudal aumenta por el deshielo y la afluencia de turistas se dispara. Las estadísticas, sin embargo, no incluyen a quienes logran ser rescatados con vida —al menos 7 solo en 2021, según Salvamento Marítimo.

  • 2018: 5 desapariciones (3 con desenlace mortal)
  • 2019: 3 desapariciones (2 cuerpos recuperados)
  • 2020: 2 desapariciones (1 en plena pandemia, con retrasos en las búsquedas)
  • 2021: 4 desapariciones (récord en la última década)
  • 2022: 1 desaparición (hombre de 67 años cuya embarcación fue hallada vacía)
  • 2023: 1 caso (Pablo Cebolla), aún bajo investigación
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¿Por qué fallan las medidas de seguridad?

Pese a las alertas, las señales de peligro en la zona son insuficientes y poco visibles, según denuncian colectivos como SOS Desaparecidos Aragón. El Ayuntamiento de Zaragoza anunció en 2022 un plan para instalar boyas luminosas y carteles con códigos QR que alerten sobre los riesgos, pero solo se ha ejecutado en un 20% del tramo urbano. Mientras, la Confederación Hidrográfica del Ebro insiste en que la responsabilidad es de los usuarios: “El río no es una piscina”, recuerdan en sus campañas.

El Grupo de Rescate Acático de la Guardia Civil ha solicitado repetidamente radares de corriente en tiempo real y drones con térmicas para búsquedas nocturnas, pero la falta de presupuesto frena su implementación. “Con 50.000 euros podríamos salvar vidas”, declaró en 2023 un portavoz del cuerpo. Mientras, las familias de las víctimas exigen un registro público de zonas de riesgo y sanciones para quienes ignoren las prohibiciones de baño.

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¿Cuántas muertes más harán falta para que el Ebro deje de ser una trampa mortal?

La Cartuja Baja: el «triángulo de las Bermudas» del Ebro que ya cobró 8 vidas en 5 años

El tramo donde apareció el cuerpo de Pablo CebollaLa Cartuja Baja, a escasa distancia del Club Náutico de Zaragoza— no es un punto cualquiera del río. Desde 2018, esta zona de 1,2 km de longitud concentra el 53% de las desapariciones mortales del Ebro en Aragón, según datos del Instituto Armado de la Guardia Civil. Lo que lo convierte en un *punto negro* no es solo su corriente traicionera, sino una combinación letal de tres factores geográficos que ni las autoridades ni los pescadores locales suelen mencionar.

Primero, la confluencia con el Canal Imperial de Aragón, que en épocas de crecida (como la de abril de 2023, cuando se halló a Cebolla) genera remolinos de hasta 3 metros de diámetro cerca de la orilla izquierda, según un estudio de la Universidad de Zaragoza publicado en 2021. Segundo, el puente de la Autopista AP-68, cuyos pilares —sumergidos 4 metros bajo el agua en verano— actúan como *aspas de una batidora* cuando el caudal supera los 300 m³/segundo (algo que ocurrió en 12 días de febrero de 2023, mes de la desaparición). Tercero, la vegetación acuática invasora (*Elodea nuttallii*), que forma alfombras de 2 metros de grosor y enreda a quienes caen al agua. En 2019, un buzo de la Guardia Civil quedó atrapado en una de estas masas durante 17 minutos antes de ser rescatado.

El patrón de las víctimas es revelador: 7 de las 8 personas fallecidas aquí desde 2018 eran pescadores experimentados, como Cebolla. Todos conocían el río, pero subestimaron un fenómeno que los expertos llaman «la falsa calma»: la corriente en superficie puede parecer lenta (incluso 1 km/h), mientras que a 1,5 metros de profundidad supera los 6 km/h, según mediciones del Centro de Estudios Fluviales de Zaragoza. Esto explica por qué el 80% de los cuerpos aparecen a más de 10 km del punto de desaparición, arrastrados por corrientes subterráneas que los cadáveres —al descomponerse— ya no pueden combatir.

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Victima Fecha Distancia arrastrada (km) Tiempo hasta hallazgo
Javier M., 42 años 12/07/2018 12,3 48 horas
Luis G., 28 años 05/09/2019 15,7 7 días
Pablo Cebolla, 32 años 26/04/2023 8,1 58 días

¿Por qué no se prohíbe la pesca en este tramo?

La Ley de Aguas de Aragón permite la pesca deportiva en casi todo el Ebro, excepto en zonas expresamente señalizadas como peligrosas. El problema: La Cartuja Baja no está marcada, pese a que la Dirección General de Protección Civil la incluyó en su informe de 2020 como *«zona de riesgo extremo»*. La Asociación de Pescadores de Zaragoza —con 1.200 afiliados— ha bloqueado repetidamente las peticiones para vetar el acceso, alegando que «el 90% de los accidentes son por imprudencia». Mientras, el Ayuntamiento y la Confederación Hidrográfica se pasan la pelota: la primera reclama más señalización, y la segunda exige más presupuesto para dragados. Entre tanto, el Ebro sigue cobrándose vidas. La pregunta ahora es: ¿Cuántos informes más harán falta para que alguien asuma la responsabilidad?

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