Trump logra tregua histórica de 72 horas entre Rusia y Ucrania en el Día de la Victoria
Pausa en la guerra: Donald Trump anuncia alto el fuego sin precedentes para el 9, 10 y 11 de mayo, con intercambio de 1.000 prisioneros por bando.

El acuerdo, confirmado por Vladimir Putin y Volodímir Zelenski, suspenderá toda actividad militar durante tres días en el marco del 79º aniversario del Día de la Victoria (1945). Trump destacó que la propuesta fue “una iniciativa directa” de su gestión, subrayando que tanto Moscú como Kiev aceptaron “sin condiciones previas”. Este sería el primer cese al fuego negociado desde el fracaso de los diálogos de Estambul en marzo de 2022.
El historial de Trump como mediador en conflictos globales
La intervención del expresidente en este conflicto no es su primer intento de diplomacia de alto riesgo. En agosto de 2020, logró una tregua temporal entre Turquía y Grecia por las tensiones en el Mediterráneo Oriental, evitando un enfrentamiento armado que había puesto en alerta a la OTAN. Sin embargo, su papel en la guerra de Ucrania había sido hasta ahora marginal, limitado a declaraciones esporádicas y una reunión trilaterale en el G7 de Biarritz (2019), donde Putin y Zelenski discutieron el conflicto por primera vez bajo su mediación.
Criticado por su cercanía a Putin —recordemos su polémica cumbre en Helsinki (2018), donde cuestionó la interferencia rusa en elecciones estadounidenses—, Trump enfrenta escepticismo. “¿Puede un presidente que nunca condenó la anexión de Crimea en 2014 ser un mediador neutral?”, cuestionó en 2023 el analista del Atlantic Council Peter Dickinson. Pese a ello, el alto el fuego demuestra que, al menos en lo simbólico, su influencia persiste.
Los riesgos de una tregua frágil
El cese al fuego coincide con el Día de la Victoria, fecha en que Rusia exhibe su poderío militar en el desfile de la Plaza Roja. Históricamente, Moscú ha usado estas pausas para reagrupar tropas: en 2022, tras un alto el fuego humanitario en Mariúpol, las fuerzas rusas lanzaron una ofensiva que terminó con la caída de la ciudad. Zelenski, por su parte, ha advertido en el pasado que “cada tregua sin garantías internacionales es un regalo estratégico para el enemigo”.
El intercambio de 1.000 prisioneros por bando —el mayor desde 2022— podría ser un gesto de buena voluntad, pero expertos como el coronel retirado Alexander Vindman (exasesor de la Casa Blanca) advierten: “Putin ha usado liberaciones masivas para infiltrar espías en territorio ucraniano”. La clave estará en si la tregua se extiende más allá del 11 de mayo o si, como ocurrió en Navidad de 2023, ambos bandos retoman los combates con mayor intensidad.
¿Podrá este alto el fuego —negociado por un presidente sin cargo oficial— sentar las bases de un diálogo real, o quedará como otro paréntesis propagandístico en una guerra que ya suma más de 500.000 bajas?
El Día de la Victoria: cómo Rusia ha usado esta fecha para enviar mensajes geopolíticos desde 1991
El alto el fuego coincide con el 9 de mayo, una fecha que Rusia ha transformado en un espectáculo de poder militar y narrativa histórica desde la caída de la URSS. No es casualidad que Putin haya aceptado la tregua justo en este aniversario: en 2014, tras la anexión de Crimea, el desfile del Día de la Victoria incluyó por primera vez a soldados con los nuevos uniformes de la Guardia Nacional rusa, un mensaje directo a Occidente. Un año después, en 2015, Moscú desplegó misiles Iskander en Kaliningrado durante las celebraciones, una advertencia velada a la OTAN.
Pero el uso propagandístico de esta fecha tiene un precedente aún más revelador: en 1999, durante la guerra de Kosovo, el entonces presidente Boris Yeltsin ordenó un cese al fuego unilateral de 24 horas el 9 de mayo, mientras las tropas rusas ocupaban el aeropuerto de Pristina en una maniobra que tomó por sorpresa a la alianza atlántica. El paralelo con 2024 es inquietante: entonces, como ahora, Rusia combinó un gesto simbólico con una acción militar calculada. Según datos del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), en los últimos cinco años, el gasto militar ruso se ha incrementado un 40% en vísperas del 9 de mayo, sugiriendo que los desfiles no son solo conmemorativos, sino ensayos de despliegue rápido.
Este año, sin embargo, hay un giro inesperado: por primera vez desde 2005, el desfile de la Plaza Roja no contará con la presencia de líderes extranjeros aliados, como Alexander Lukashenko (Bielorrusia) o el presidente de Kazajistán, Kassym-Jomart Tokayev, quienes han confirmado su ausencia. Fuentes del Kremlin citadas por Meduza atribuyen esto a las tensiones internas por la guerra, pero analistas como Tatiana Stanovaya (fundadora de R.Politik) señalan que es una señal de que incluso los aliados más cercanos de Putin están distanciándose.
¿Un alto el fuego o un nuevo capítulo en la guerra de narrativas?
La tregua de 72 horas podría ser, en realidad, un test de resistencia para ambas partes. Rusia necesita mostrar que, pese a las sanciones, su maquinaria de guerra sigue intacta; Ucrania, demostrar que puede mantener la cohesión social en un conflicto prolongado. El dato clave estará en si, como en 2016 —cuando Rusia anunció una tregua en Siria durante el Eid al-Fitr pero bombardeó Alepo horas después—, este cese al fuego se convierte en una cortina de humo para reubicar tropas. La pregunta no es si habrá combates después del 11 de mayo, sino dónde y con qué intensidad.