Gráfico de caída histórica de 8M de barriles en inventarios de crudo EEUU con refinerías al 94,7% de capacidad

EEUU drena 8M de barriles: el crudo se tensa y los precios reaccionan

Señal de alerta: La caída récord de 8 millones de barriles en solo una semana enciende las alarmas en el mercado petrolero.

Las existencias comerciales de crudo en Estados Unidos —excluyendo la Reserva Estratégica— se desplomaron hasta 433,7 millones de barriles, según el último informe de la EIA (Administración de Información Energética). Este descenso no es un simple ajuste: ocurre con las refinerías operando al 94,7% de su capacidad, un nivel cercano al máximo técnico, y con un aumento brusco de importaciones: +1,2 millones de barriles diarios, alcanzando 6,4 millones de bpd.

La paradoja es evidente: entra más petróleo al país, pero los inventarios comerciales se reducen con fuerza. En el lenguaje del mercado, esto tiene un nombre: tensión estructural. Históricamente, cuando EEUU registra caídas de inventarios de esta magnitud —como ocurrió en abril de 2022, antes de que el Brent superara los US$120 por barril—, los precios reaccionan en semanas.

El umbral crítico: inventarios un 3% bajo la media

La EIA ubica los niveles actuales un 3% por debajo del promedio quinquenal para esta época del año. No es un colapso, pero sí un colchón más delgado frente a riesgos geopolíticos —como el conflicto en Oriente Medio—, fenómenos climáticos —la temporada de huracanes en el Golfo de México comienza en junio— o cuellos de botella logísticos.

El mercado suele confundir las cifras de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) con los inventarios comerciales, pero son dos realidades distintas. La SPR es un “seguro” gubernamental; los inventarios comerciales, en cambio, son el termómetro del día a día: alimentan refinerías, definen contratos físicos y marcan la prima de riesgo. Cuando estos últimos caen, como ahora, el barril gana valor instantáneamente.

En 2021, una caída similar precedió un rally del 25% en el WTI en solo dos meses. ¿Podría repetirse el patrón?

Refinerías al límite: 94,7% de capacidad y riesgos latentes

EEUU está exprimiendo su sistema de refino como pocas veces: 16,9 millones de barriles diarios procesados, apenas 90.000 bpd menos que la semana anterior. Una utilización del 94,7% es excepcional incluso para el arranque del verano boreal, cuando la demanda por combustibles suele dispararse.

La consecuencia es doble: primero, más crudo se convierte en gasolina y diésel, reduciendo los inventarios de materia prima aunque las importaciones aumenten. Segundo, el sistema se vuelve frágil. Un ejemplo reciente: en septiembre de 2022, el huracán Ian paralizó el 15% de la capacidad de refino del Golfo, disparando los precios de la gasolina en 40 centavos por galón en solo 72 horas.

Ver  Mercados en euforia: Dow Jones, Stoxx 600 y DAX se disparan tras ataque a Venezuela

“No es solo la caída en sí; es la velocidad y el momento del ciclo en que ocurre. Con refinerías al máximo, el margen de error se reduce a cero”, advierte un informe interno de la EIA.

Importaciones en aumento, pero con trampa estadística

Las compras externas de crudo saltaron a 6,4 millones de bpd (+1,2 millones en una semana), un movimiento que podría interpretarse como un alivio. Sin embargo, el promedio de cuatro semanas sigue un 4,5% por debajo del mismo período de 2023. Esto revela una estrategia de compra táctica: se importa cuando los diferenciales de precio son favorables o cuando una refinería específica lo demanda, pero no hay un flujo sostenido.

El mensaje para los consumidores es claro: si los inventarios comerciales caen a pesar de este repunte puntual, el equilibrio oferta-demanda es más ajustado de lo que sugieren los titulares optimistas. En 2019, un patrón similar precedió al ataque a las instalaciones de Aramco en Arabia Saudita, que disparó el crudo un 14% en un día.

Gasolina: alivio temporal con sombras

Las existencias de gasolina subieron 3,4 millones de barriles, una noticia que podría calmar los mercados. Sin embargo, permanecen un 5% por debajo de la media quinquenal, y hay un detalle clave: la producción de gasolina caó a 9,4 millones de bpd. Esto significa que el aumento en inventarios no responde a una mayor refinación, sino a factores como:

  • Cambios en las mezclas de combustibles (más aditivos, menos gasolina pura).
  • Importaciones puntuales de productos ya refinados.
  • Un consumo que aún no alcanza los picos estivales, pero que podría dispararse en julio.

En 2022, un error similar de interpretación llevó a subestimar la escasez de diésel en Europa, que luego derivó en racionamientos en algunas regiones.

Demanda en ascenso: 20,4 millones de bpd y presión inflacionaria

La EIA estima que el suministro total de productos petroleros —un indicador clave de la demanda— promedió 20,4 millones de bpd en las últimas cuatro semanas, un 3% más que en 2023. Para la Reserva Federal, esta cifra es un dolor de cabeza: una demanda robusta de energía suele traducirse en precios más firmes y, por ende, en mayor inflación.

Ver  🔴 Petróleo a $109: Irán, Israel y el riesgo de un shock global inminente

El desglose es revelador:

  • Gasolina: suministro interanual +0,6%.
  • Destilados (diésel, queroseno): +1,2%.
  • Combustible para aviones: +2,1%, impulsado por el repunte del tráfico aéreo post-pandemia.

Estos números, aunque moderados, confirman que la economía estadounidense no se está enfriando al ritmo que los mercados financieros —y la Fed— desearían. Cuando la demanda se mantiene firme y los inventarios caen, el crudo se convierte en un activo politizado, capaz de influir en decisiones de tasas de interés y hasta en elecciones presidenciales, como ocurrió en 2008 y 2012.

¿Qué sigue? Tres escenarios para el barril

El dato de inventarios no determina el precio por sí solo, pero redefine el tablero. Con el crudo comercial por debajo de su media histórica y las refinerías al límite, cualquier evento externo —desde un ataque a un buque en el Estrecho de Ormuz hasta un fallo técnico en una planta clave— puede amplificar la volatilidad. Estos son los posibles caminos:

  1. Escenario base (60% de probabilidad): Mayor volatilidad, con picos de US$5-US$8 por barril en el WTI ante sustos geopolíticos, seguidos de correcciones cuando haya semanas de reposición de inventarios.
  2. Riesgo alcista (25%): Si el “draw” se repite en los próximos informes, confirmando un mercado estructuralmente ajustado, el crudo podría probar los US$95 por barril en el tercer trimestre, como en octubre de 2023.
  3. Alivio temporal (15%): Una combinación de aumento sostenido de importaciones y reconstrucción de inventarios de gasolina podría estabilizar los precios cerca de US$80-US$85, pero sería una tregua frágil.

El consumidor queda atrapado en una paradoja: puede haber alivio puntual en los surtidores si la gasolina sigue acumulándose, pero si el crudo se encarece —por ejemplo, superando los US$90—, la factura siempre termina llegando. La pregunta que pocos se atreven a responder es: ¿está el mundo preparado para un nuevo shock petrolero en plena transición energética?

El precedente de 2008: cuando los inventarios bajos redefinieron una elección presidencial

La caída del 3% en inventarios comerciales respecto a la media quinquenal no es un dato aislado: en julio de 2008, un escenario similar —con existencias un 4% por debajo del promedio y refinerías operando al 93% de capacidad— desencadenó una espiral alcista que llevó el WTI a US$147 por barril, su récord histórico. Pero el impacto trascendió los mercados: la gasolina superó los US$4 por galón en 32 estados, y el descontento social se convirtió en un factor electoral decisivo.

Ver  Wall Street en alerta: Trump, Fed e impeachment sacuden los mercados en 2026

Según un análisis del Pew Research Center, el 62% de los votantes en las elecciones de noviembre de 2008 citó la economía —y dentro de ella, el precio de la energía— como su principal preocupación, superando incluso a la guerra en Irak. El entonces candidato Barack Obama capitalizó el malestar con promesas de reducir la dependencia del petróleo extranjero, mientras el gobierno de George W. Bush autorizó la liberación de 13,2 millones de barriles de la SPR en un intento tardío por calmar los mercados. La medida logró bajar el crudo US$10 en una semana, pero el daño político ya estaba hecho.

Hoy, con una Reserva Estratégica en mínimos de 40 años (solo 364 millones de barriles, frente a los 727 millones de 2010) y una demanda que crece al 3% interanual, la capacidad de maniobra del gobierno es limitada. En 2022, la administración Biden liberó 180 millones de barriles para contener los precios, pero el efecto se diluyó en meses. La pregunta ahora es: ¿Qué margen queda para repetir la jugada en un año electoral?

2024: ¿Repetición del guión o nuevo libreto?

El paralelo con 2008 es inquietante, pero hay una diferencia clave: entonces, la crisis financiera global frenó la demanda y colapsó los precios del crudo en meses. Hoy, la economía estadounidense crece al 2,5% anual (según el FMI), y países como India y China absorben el 40% del incremento global en consumo de petróleo. Si los inventarios siguen cayendo y la SPR no puede actuar como amortiguador, el barril podría convertirse en el elefante en la habitación de la campaña presidencial, con un WTI por encima de US$100 actuando como impuesto invisible para los consumidores. La historia rara vez se repite igual, pero sus ecos suelen llegar en el peor momento.

Referencia de contenido: consultar fuente original aquí

Categorías