Director de cine europeo revisando un guion en un set de rodaje con expresión preocupada, reflejando la crisis del sector

«Pan bimbo» vs. realidad: el cine europeo en crisis según sus creadores

Guerra de discursos: El éxito de “Sirat” —11 Goya, 2 Oscar— choca con la precariedad que ahoga al 40% de directores que no repiten película en una década.

Las declaraciones de Oliver Laxe comparando el cine comercial con “pan bimbo” —especialmente al criticar a quienes ruedan para Netflix mientras defienden discursos políticos— han encendido una polémica en el sector. La paradoja es evidente: su película, Sirat, no solo arrasó con cinco Premios del Cine Europeo, sino que acumula 11 nominaciones a los Goya y 2 a los Oscar, además de superar los 3 millones de euros en taquilla española. Sin embargo, el debate estalla en un contexto revelador: según el Observatorio Europeo Audiovisual, 4 de cada 10 directores que estrenaron en 2015 no volvieron a dirigir un largometraje en la siguiente década.

«Pan bimbo» vs. realidad: el cine europeo en crisis según sus creadores

El estudio, que analizó a 38.762 profesionales y unos 30.000 proyectos, también expone que más de la mitad de las películas estrenadas anualmente son óperas primas, señal de un “recambio impresionante y una precariedad alarmante”, según sus autores.

La metáfora que divide: ¿el público o el sistema?

En una entrevista con El Mundo, Laxe cargó contra la industria: “Es nuestra culpa que los jóvenes no vayan al cine. Se les ha dado forraje, pan bimbo, y tienen el paladar acostumbrado al azúcar”. El director, cuyo filme atrajo precisamente a público joven, insistió en que “la sensibilidad está ahí”, pero el sistema no ofrece alternativas: “Cuando les das un pan de centeno, no están preparados”. Su crítica llegó al extremo de tachar de “contradicción” que cineastas con discursos políticos rueden para plataformas como Netflix, algo que, según él, “anula su discurso”.

Sin embargo, “Sirat” —el “pan de centeno” de Laxe— contó con financiamiento de Movistar Plus+ y una campaña internacional que la llevó a los Oscar. Un privilegio que pocos tienen: el mismo estudio revela que solo el 11% de directores logró trabajar tanto en cine como en televisión entre 2015 y 2024, mientras que el 85% de guionistas y el 91% de directores activos en TV en 2015 siguieron en el sector, frente al 60% que desapareció del cine en salas.

Ver  ¡Triunfo histórico! ‘Los Domingos’ y ‘Sirat’ arrasan en los Goya 2026

“No me salen las cuentas”: la réplica desde la precariedad

Jota Linares, director gaditano que ha trabajado para Netflix, respondió en la SER con un argumento contundente: “Te contaré qué me permite seguir expresando ideas políticas a pesar de rodar para plataformas: mi clase social”. Linares desmontó la simplificación de Laxe: “Yo sería incapaz de mantenerme haciendo solo cine de autor cada dos o tres años. No me salen las cuentas, aunque veo que a ti sí”. Y remató: “No se hackea el sistema desde dentro con una película de 6 millones de euros y 30 publicistas. Eso es estar en la cúspide del mainstream.

La directora Cristina Andreu ya lo advirtió en 2021: “La mayoría malvive. Quien aguanta tiene soporte económico familiar detrás”. Los datos lo confirman: mientras en TV y plataformas la continuidad laboral supera el 85%, en el cine, el 40% de los debutantes no vuelve a dirigir.

El dilema estructural: ¿quién puede permitirse el “pan de centeno”?

El conflicto expone una contradicción clave: ¿Cómo exigir calidad cinematográfica cuando el sistema expulsa a casi la mitad de sus creadores tras un solo filme? Laxe mismo reconoció que “Sirat” fue considerada “un suicidio” durante su búsqueda de financiación. Si un proyecto finalmente exitoso enfrentó ese diagnóstico, ¿qué ocurre con las propuestas de cineastas sin red de seguridad?

El informe del Observatorio Europeo Audiovisual deja otra cifra escalofriante: el 70% de los directores que logran estrenar una segunda película lo hacen en un plazo de 3 a 5 años, pero solo el 20% consigue una tercera en la misma década. Mientras, plataformas como Netflix invirtieron 17.000 millones de dólares en contenido en 2023, según Variety, atrayendo a creadores que, como Linares, ven en ellas la única vía para sobrevivir.

Ver  🔥 Erazo en racha: Frickson domina la caja misteriosa y avanza al top 9 de MasterChef Celebrity

La pregunta incómoda sigue en el aire: ¿Es justo culpar al público por preferir el “pan bimbo” cuando el sistema solo ofrece migajas a la mayoría?

El precedente que explica la polémica: cuando el cine europeo se fracturó en los 90

La comparación de Oliver Laxe entre el cine comercial y el «pan bimbo» no es un ataque aislado, sino el eco de un debate que dividió al cine europeo hace tres décadas. En 1995, el director Lars von Trier y su colega Thomas Vinterberg lanzaron el Manifiesto Dogma 95, un texto radical que rechazaba los efectos especiales, la música no diegética y cualquier «artificio» que alejará al cine de su esencia «pura». Su lema, «la pureza es un mito, pero vale la pena luchar por ella», caló hondo en festivales como Cannes, donde películas como *Festen* (1998) —rodada con cámara en mano y luz natural— ganaron el Premio del Jurado. Sin embargo, el movimiento también generó una brecha: mientras Dogma 95 se convertía en un fenómeno de crítica (con 34 películas oficiales entre 1998 y 2005), la taquilla europea seguía dominada por comedias románticas y blockbusters estadounidenses. El paralelo con hoy es inquietante: ‘Sirat’, con su estética documental y ritmo pausado, es heredera de aquel espíritu, pero su éxito comercial (3 millones de euros) es una excepción en un mercado donde el 78% de las películas europeas no superan el millón de recaudación, según el Informe Eurimages 2023.

El conflicto actual repite, casi calcado, el de los 90. Entonces, directores como Jean-Luc Godard acusaron a los firmantes del Dogma de «elitarismo»: «Exigir pureza es un lujo de quienes ya tienen financiación», declaró en 1997 durante una mesa redonda en la Cinemateca Francesa. Los datos le daban razón: de los 10 cineastas más asociados al movimiento, 7 (incluido von Trier) contaban con subsidios estatales o coproducciones con televisiones públicas. Hoy, la paradoja es similar: Laxe critica el «pan bimbo» desde una película financiada por Movistar Plus+ y respaldada por una campaña de 30 publicistas, mientras el 60% de los directores europeos (según el Observatorio Audiovisual) no logra estrenar una segunda película por falta de recursos. La diferencia clave está en las plataformas: en los 90, la televisión pública era el «salvavidas»; hoy, Netflix y Amazon Prime ocupan ese rol, pero con un modelo que prioriza el algoritmo sobre el riesgo creativo.

Ver  "¡Cuenca rompe el molde!": Récord Guinness con el mote pata gigante
Época «Cine puro» (crítica) «Cine comercial» (taquilla) Financiación dominante
Años 90 Dogma 95 (Festen, Los idiotas) El quinto elemento (Luc Besson, 1997: 263M$) Televisiones públicas (ARD, Canal+)
2020s Sirat (Laxe, 2024: 3M€) Red Notice (Netflix, 2021: 364M$) Plataformas (Netflix, Movistar+, Amazon)

¿Hacia un nuevo Dogma 2024? La trampa de la pureza en tiempos de algoritmos

El riesgo ahora es que la polémica de Laxe quede en un debate estéril, igual que ocurrió con el Dogma 95: mientras sus defensores ganaban festivales, el cine europeo perdía cuota de mercado (pasó del 32% en 1996 al 24% en 2005, según Eurimages). La pregunta urgente no es si el público prefiere «pan bimbo», sino qué modelo puede sostener un cine de autor sin condenar a sus creadores a la precariedad. El antecedente de los 90 sugiere que, sin alternativas concretas, las proclamas de pureza acaban siendo un privilegio de quienes ya tienen un lugar en la mesa—como von Trier entonces o Laxe ahora. Mientras, la mayoría sigue luchando por estrenar una segunda película.

Referencia de contenido: aquí

Categorías